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Blog de Salud y bienestar mental del Hospital Quirónsalud Digital

  • 7 causas de la esquizofrenia no relacionadas con la genética

    Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico adjunto en Hospital Quirónsalud Digital

    La esquizofrenia es un trastorno mental complejo en cuyo desarrollo intervienen diferentes factores. La genética tiene un papel relevante, es decir, las personas con determinados antecedentes familiares pueden presentar un mayor riesgo de desarrollar el trastorno. Sin embargo, tener una predisposición genética no significa necesariamente que la persona vaya a desarrollar esquizofrenia.esquizofreniaesquizofrenia

    La evidencia científica indica que también intervienen factores ambientales, psicológicos y relacionados con el consumo de determinadas sustancias. Estos factores pueden aumentar el riesgo, especialmente en personas que ya presentan cierta vulnerabilidad. Por ello, más que hablar de una única causa, es más adecuado hablar de un origen multifactorial de la esquizofrenia.

    Principales causas y factores de riesgo de la esquizofrenia

    Aunque algunos factores pueden incrementar significativamente el riesgo, es importante aclarar que ninguno de ellos provoca necesariamente esquizofrenia por sí solo. Entre los factores no genéticos más relevantes encontramos los siguientes:

    1. Consumo de drogas

    El consumo de determinadas sustancias psicoactivas se relaciona con un mayor riesgo de presentar síntomas psicóticos y, en determinadas circunstancias, de desarrollar un trastorno psicótico persistente.

    Entre las sustancias que presentan una asociación especialmente relevante se encuentra el cannabis, sobre todo cuando se consume de forma frecuente, desde edades tempranas o con productos con una elevada concentración de THC. También se ha observado una relación entre psicosis y sustancias estimulantes como las anfetaminas y la cocaína, así como con alucinógenos y otras drogas.

    En algunos casos, el consumo puede desencadenar un episodio psicótico que desaparece al abandonar la sustancia; en otros, puede actuar como factor precipitante de un trastorno psicótico en personas especialmente vulnerables.

    2. Traumas

    ¿Un trauma puede causar esquizofrenia? Por sí solo, un acontecimiento traumático no suele considerarse una causa directa de esquizofrenia, pero determinadas experiencias adversas pueden incrementar el riesgo.

    El abuso físico, emocional o sexual, la negligencia durante la infancia, el acoso, la violencia o la exposición prolongada a situaciones de estrés intenso se han asociado con una mayor probabilidad de desarrollar síntomas psicóticos.

    Además, el estrés puede actuar como factor precipitante en personas con una vulnerabilidad previa, especialmente cuando se combina con otros factores de riesgo.

    3. Complicaciones durante el embarazo y el nacimiento

    Determinadas complicaciones obstétricas, como algunas infecciones durante el embarazo, problemas relacionados con el desarrollo fetal o ciertas complicaciones en el nacimiento, se han asociado con un incremento del riesgo de desarrollar posteriormente trastornos psicóticos.

    Esto no significa que estas circunstancias determinen el futuro psicológico de una persona, sino que pueden contribuir, junto con otros factores, a aumentar su vulnerabilidad.

    4. Estrés intenso y prolongado

    Las situaciones de estrés mantenido pueden afectar al funcionamiento cerebral y emocional. Aunque el estrés no es una causa única de esquizofrenia, puede actuar como factor precipitante de síntomas psicóticos, especialmente en personas vulnerables.

    5. Aislamiento social

    La falta de relaciones sociales significativas y el aislamiento mantenido se han relacionado con un mayor riesgo de problemas de salud mental y también con la aparición o empeoramiento de síntomas psicóticos. Además, en ocasiones el aislamiento puede ser tanto un factor de riesgo como una consecuencia de los primeros síntomas del trastorno.

    6. Alteraciones del desarrollo cerebral

    El desarrollo cerebral es un proceso complejo que se prolonga durante la infancia, la adolescencia y la juventud. Diferentes factores ambientales pueden influir en este proceso y contribuir a una mayor vulnerabilidad a los trastornos psicóticos.

    7. Entornos sociales adversos

    La exposición prolongada a situaciones de exclusión social, discriminación, precariedad o condiciones de vida altamente estresantes se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar síntomas psicóticos. Estos factores pueden interactuar con la vulnerabilidad individual y con otras circunstancias ambientales.

    ¿El alcohol puede causar esquizofrenia?

    El alcohol no se considera una causa directa de esquizofrenia, pero su consumo excesivo puede empeorar la salud mental y aumentar determinados riesgos. En personas con esquizofrenia, además, el consumo de alcohol puede favorecer las recaídas, interferir con el tratamiento y dificultar la recuperación.

    Es importante diferenciar entre una psicosis inducida por sustancias y la esquizofrenia. Ambas pueden presentar síntomas similares, pero su origen, evolución y tratamiento pueden ser diferentes.

    En definitiva, la esquizofrenia no suele aparecer como consecuencia de un único factor. Se trata de un trastorno multifactorial en el que interactúan diferentes elementos biológicos, psicológicos y ambientales. Reducir factores de riesgo modificables, como el consumo de drogas, y consultar con un especialistaEste enlace se abrirá en una ventana nueva ante la aparición de síntomas psicóticos permite favorecer una detección y una intervención tempranas, aspectos fundamentales para mejorar el pronóstico.

  • La psicología del duelo: cómo gestionar la pérdida de un familiar

    Francisco Gerecitano Lozano, psicólogo sanitario en Hospital Quirónsalud Digital

    Hubo un tiempo en que el duelo se llevaba puesto. La ropa negra, los espejos cubiertos, la casa sin música: el dolor tenía uniforme, tenía plazo y tenía testigos. Hemos ido desmontando esos rituales uno a uno y hemos ganado libertad, pero hemos perdido algo: el permiso para no estar bien durante el tiempo que haga falta.

    ¿Qué es el duelo en psicología?

    Desde la psicología, el duelo se define como el proceso de adaptación que sigue a la pérdida de un vínculo significativo. No es un sinónimo elegante de tristeza: es un trabajo. La mente tiene que aprender a habitar un mundo del que falta alguien, y ese aprendizaje ocupa el cuerpo tanto como la cabeza: insomnio, falta de apetito, un cansancio que no cede con el descanso.

    Conviene decirlo claro: el duelo no es un trastorno mental. El DSM-5-TR lo considera una respuesta esperable ante la pérdida. Cada persona lo atraviesa a su ritmo, y ese ritmo depende del vínculo que existía, de cómo se produjo la muerte y del apoyo con el que se cuenta.

    dueloduelo

    Fases del duelo psicológico

    El modelo más citado es el de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, que en 1969 describió cinco fases:

    1. Negación

    La mente amortigua lo que todavía no puede sostener: se sigue poniendo un plato de más en la mesa.

    2. Ira

    Llega la rabia y con ella la necesidad de un culpable: los médicos, uno mismo, el propio fallecido por haberse ido.

    3. Negociación

    La cabeza reescribe el pasado buscando el punto exacto donde todo pudo torcerse.

    4. Depresión

    Se apaga la actividad. La ausencia deja de ser una noticia y pasa a ser un paisaje.

    5. Aceptación

    No es olvidar ni dejar de doler. Es que la pérdida, por fin, cabe dentro de una vida.

    Ahora bien, se han divulgado tanto que hay quien teme estar haciendo el duelo mal al no reconocerlas en orden. Lo que la psicología del duelo ha aprendido desde entonces es claro: no hay un orden fijo ni un calendario. Se solapan, se saltan, vuelven cuando parecían superadas. Son un mapa aproximado, no un itinerario obligatorio.

    El duelo patológico o no resuelto

    Casi siempre el dolor termina reordenándose solo: no desaparece, pero deja sitio. En torno a una de cada diez personas adultas en duelo, sin embargo, el proceso se enquista. El DSM-5-TR incorporó en 2022 el trastorno de duelo prolongado: se diagnostica cuando, pasado al menos un año desde la muerte (seis meses en niños y adolescentes), persisten un anhelo intenso del fallecido o una preocupación constante por él, junto a un malestar que impide hacer vida normal.

    Las señales que deben alertar son el aislamiento sostenido, la culpa que no cede y los dos extremos del recuerdo: la casa donde se ha borrado todo rastro del ausente y la casa convertida en museo.

    Apoyo psicológico para superar la pérdida de un familiar

    Pedir ayuda no es admitir un fracaso. La terapia de duelo no borra la pérdida ni acelera el proceso: ofrece un lugar donde poner palabras a lo que duele y ordenar la culpa. Si quieres saber cómo ayuda la terapia a superar el duelo o dar el paso con una terapia especializada para superar el dueloEste enlace se abrirá en una ventana nueva, disponible también en modalidad online.

    Superar el duelo no es dejar de querer a quien se fue, sino aprender a quererlo de otra manera. La clave está en no atravesarlo a solas: sostener los vínculos, respetar los propios tiempos y pedir ayuda cuando el dolor deja de moverse. Si crees que tú o alguien cercano lleváis demasiado tiempo detenidos en el mismo punto, acudid a profesionales de la salud mental.

  • ¿Es igual el TDAH en adultos que en niños?

    Francisco Gerecitano Lozano, psicólogo general sanitario en Hospital Quirónsalud Digital

    El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) suele asociarse casi automáticamente a la infancia, pero la realidad es que no desaparece con la edad: se transforma. Cada vez se diagnostica con más frecuencia el TDAH en adultos, muchas veces, años después de que los síntomas hayan estado presentes sin nombre ni explicación. Entender cómo se manifiesta en cada etapa vital es clave para identificarlo a tiempo y abordarlo con las herramientas adecuadas.

    TDAH adultos vs niñosTDAH adultos vs niños

    El DSM-5 define el TDAH como un patrón persistente de inatención o hiperactividad-impulsividad que interfiere en el funcionamiento diario, con síntomas presentes desde antes de los 12 años y en dos o más contextos (hogar, escuela, trabajo o relaciones sociales). Un detalle normativo resulta revelador: el manual exige seis o más síntomas en menores de 17 años, pero solo cinco o más a partir de esa edad, reflejo de que la propia expresión del trastorno cambia con el desarrollo.

    Características principales del TDAH en adultos

    El TDAH en adultos rara vez se presenta como la hiperactividad motora visible que asociamos a la infancia; en su lugar, suele manifestarse como inquietud interna, dificultad para mantener la atención en tareas prolongadas, procrastinación crónica, problemas de organización y gestión del tiempo e impulsividad en decisiones cotidianas. Muchos adultos refieren también dificultades para regular sus emociones y baja tolerancia a la frustración, con una autopercepción de «no rendir lo que debería» que puede derivar en ansiedad o baja autoestima si no se identifica el origen.

    Características principales del TDAH en niños

    En el caso del TDAH en niños, los síntomas suelen ser más visibles y externalizados: dificultad para permanecer sentados, exceso de movimiento, interrupciones frecuentes, dificultad para seguir instrucciones y problemas de rendimiento escolar, algo que se agudiza en momentos de cambio de rutina como la vuelta al colegio. La impulsividad se traduce en conductas más evidentes —hablar sin esperar turno, dificultad para esperar— y la falta de atención suele detectarse antes gracias al contexto escolar, que exige sostener la concentración durante periodos prolongados.

    Diferencias entre el TDAH en adultos y en niños

    Aunque el trastorno comparte una base neurobiológica común, su expresión cambia con la maduración cerebral y las exigencias del entorno. Estas son algunas de las diferencias más relevantes:

    1. Visibilidad de los síntomas

    En la infancia, la hiperactividad es motora y llamativa; en los adultos, esa energía se interioriza en forma de inquietud mental, lo que dificulta el diagnóstico al ser menos evidente para el entorno.

    2. Impacto Funcional

    En los niños, afecta sobre todo al ámbito escolar y familiar; en los adultos, al ámbito laboral, las finanzas personales y las relaciones de pareja.

    3. Comorbilidad

    El TDAH en adultos suele venir acompañado de ansiedad, baja autoestima o síntomas depresivos acumulados tras años de dificultades no comprendidas, algo menos frecuente en la infancia.

    4. Momento y vía de diagnóstico

    Los niños suelen diagnosticarse a partir de la observación escolar y familiar; los adultos, en cambio, llegan a menudo a consulta por otro motivo —estrés, ansiedad— y es ahí donde se descubre un TDAH nunca identificado.

    Reconocer que el TDAH en adultos y en niños no se manifiesta igual es fundamental para no pasar por alto casos que llevan años sin diagnosticar. Un tratamiento del TDAH ajustadoEste enlace se abrirá en una ventana nueva a cada etapa vital permite comprender el trastorno más allá del estigma y ofrecer estrategias reales de mejora, en la infancia y en la vida adulta.

  • ¿En qué se diferencian la obsesión y la compulsión en el TOC?

    Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico adjunto en Hospital Quirónsalud Digital

    El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es uno de los problemas de salud mental más conocidos, aunque también uno de los más malinterpretados. En el lenguaje cotidiano es frecuente utilizar expresiones como «soy un poco obsesivo» o «tengo TOC con el orden» para referirse a preferencias personales o rasgos de personalidad. Sin embargo, el TOC es un trastorno psicológico que puede generar un elevado nivel de sufrimiento e interferir de forma significativa en la vida cotidiana.TOCTOC

    Una de las principales características del TOC es la presencia de obsesiones y compulsiones. Aunque ambos conceptos están estrechamente relacionados, no significan lo mismo y cumplen funciones diferentes dentro del trastorno. Comprender esta diferencia es fundamental para identificar el problema y favorecer un tratamiento adecuado.

    ¿Qué es el TOC?

    El trastorno obsesivo-compulsivo es un trastorno mental caracterizado por la aparición de obsesiones, compulsiones o ambas. Estas manifestaciones consumen una cantidad importante de tiempo, generan un intenso malestar emocional y afectan al funcionamiento personal, familiar, social o laboral.

    Las personas con TOC suelen reconocer que sus pensamientos o conductas son excesivos o poco racionales. Sin embargo, esta conciencia no suele ser suficiente para detenerlos. El problema no reside en la falta de voluntad, sino en un funcionamiento psicológico en el que la ansiedad y la necesidad de aliviarla mantienen el ciclo del trastorno.

    Aunque las manifestaciones pueden variar ampliamente entre personas, las obsesiones suelen girar en torno a temas como la contaminación, el miedo a causar daño, la necesidad de simetría o los pensamientos de contenido agresivo, sexual o religioso. Las compulsiones, por su parte, pueden incluir conductas como el lavado excesivo, la comprobación repetida, el orden, la repetición de acciones o rituales mentales como contar, rezar o repetir determinadas palabras de forma silenciosa.

    La obsesión en el TOC

    Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos que aparecen de manera involuntaria, repetitiva e intrusiva. La persona no desea tener estos contenidos mentales y suele vivirlos como desagradables, angustiantes o incompatibles con sus propios valores.

    Es importante destacar que todas las personas experimentan pensamientos extraños o indeseados en algún momento. La diferencia es que, en el TOC, estos pensamientos adquieren un significado exagerado y son interpretados como peligrosos, inaceptables o con una alta probabilidad de hacerse realidad.

    Por ejemplo, una madre puede experimentar de forma repentina la imagen de hacer daño a su hijo. En el contexto del TOC, este pensamiento no refleja un deseo real ni una intención de actuar, sino precisamente lo contrario: genera un intenso miedo porque contradice profundamente sus valores y su forma de ser. Cuanto mayor es el esfuerzo por eliminar el pensamiento o comprobar que no supone un peligro, mayor suele ser su frecuencia e intensidad.

    Las obsesiones provocan emociones muy intensas, especialmente ansiedad, culpa, vergüenza o incertidumbre. Como consecuencia, la persona busca diferentes estrategias para reducir ese malestar, dando lugar a la aparición de las compulsiones.

    La compulsión en el TOC

    Las compulsiones son conductas o actos mentales repetitivos que la persona realiza con el objetivo de disminuir la ansiedad provocada por las obsesiones o prevenir un supuesto peligro.

    Aunque pueden proporcionar un alivio temporal, este efecto dura poco tiempo. El cerebro aprende que la reducción de la ansiedad se debe al ritual realizado, lo que aumenta la probabilidad de repetirlo cada vez que aparece la obsesión. De esta forma se establece un círculo vicioso que mantiene el trastorno.

    Las compulsiones pueden ser visibles, como lavarse las manos repetidamente, revisar una y otra vez si la puerta está cerrada o comprobar constantemente que los electrodomésticos están apagados. Sin embargo, también existen compulsiones mentales que pasan desapercibidas para quienes rodean a la persona, como repetir frases internamente, analizar recuerdos para asegurarse de que no ocurrió nada malo, buscar una certeza absoluta o neutralizar un pensamiento mediante otro.

    Un aspecto especialmente relevante es que las compulsiones no suelen guardar una relación lógica o proporcional con el riesgo real que intentan evitar. Aun así, la persona siente una fuerte necesidad de realizarlas porque experimenta una intensa sensación de responsabilidad o de amenaza si no lo hace.

    Diferencias entre la obsesión y la compulsión

    La diferencia fundamental entre ambos conceptos radica en la función que desempeñan dentro del trastorno.

    La obsesión constituye el origen del malestar. Es un pensamiento, una imagen o un impulso involuntario que desencadena ansiedad, miedo o incertidumbre. La compulsión aparece como una respuesta destinada a aliviar esas emociones desagradables o reducir la percepción de peligro. En otras palabras, la obsesión es aquello que la persona piensa sin querer pensar, mientras que la compulsión es aquello que siente la necesidad de hacer para intentar sentirse mejor. Sin embargo, esta estrategia solo proporciona un alivio momentáneo y contribuye a mantener el problema a largo plazo.

    Comprender la diferencia entre una obsesión y una compulsión ayuda a entender mejor qué es realmente el trastorno obsesivo-compulsivo y por qué resulta tan difícil para quienes lo padecen dejar de realizar determinados rituales. No se trata de una cuestión de falta de autocontrol o de voluntad, sino de un trastorno en el que la ansiedad y la necesidad de obtener certeza mantienen un patrón de funcionamiento muy específico. Además, diferenciarlas resulta especialmente importante porque el tratamiento psicológico no se centra únicamente en eliminar los pensamientos intrusivos, algo que, además, resulta imposible, sino en modificar la relación que la persona establece con ellos y reducir la necesidad de responder mediante compulsiones.

    Finalmente, es importante recordar que el TOC puede manifestarse de formas muy diferentes y que no siempre está relacionado con el orden o la limpieza, como suele reflejarse en el imaginario colectivo. Cuando los pensamientos intrusivos o las conductas repetitivas comienzan a interferir en la vida diaria, generan un elevado malestar o limitan el funcionamiento personal, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental. Un diagnóstico precoz y un tratamiento basado en la evidencia permiten reducir significativamente los síntomas y mejorar la calidad de vida de la persona afectada.


  • 5 señales de que tu pareja sufre depresión

    Adriana Atencio Antoranz, psicóloga adjunta a la Unidad de Salud Mental y Bienestar de Hospital Digital Quirónsalud

    Convivir con alguien que atraviesa una depresión puede resultar incomprensible. A veces, no hay un detonante claro ni una tristeza evidente cuando se presenta una reacción o un episodio depresivo. Aprender a reconocer las señales de depresión a tiempo permite acompañar mejor y animar a buscar ayuda antes de que el malestar se agudice, ya que la tendencia es pensar que el otro está mal por algo que uno dijo o hizo y, aunque sea con la mejor de las intenciones, hacer cosas para que mejore y no ver resultados, crea impotencia y frustración. Como consecuencia, el malestar persiste porque no se ha precisado su causa, su mecanismo y los recursos reales de afrontamiento. Depresión parejaDepresión pareja

    A continuación, describimos cinco señales que conviene observar en tu pareja, sin alarmarse, pero también sin restarles importancia. Conocerlas te permitirá no personalizar su malestar y tomar la distancia necesaria para poder, paradójicamente, estar emocionalmente más cerca, aunque no se pueda comprender del todo.

    1. Pierde el interés por lo que antes disfrutaba

    Uno de los indicios más frecuentes es la pérdida de interés o de placer por casi todo. Aficiones, planes con amigos, intimidad o proyectos que antes le ilusionaban dejan de resultar atractivos. No es pereza ni un bajón puntual, sino una desconexión sostenida de lo que daba sentido al día a día.

    2. Cambios en el sueño y la energía

    Puedes notar que tu pareja duerme muchas más horas de lo habitual o, al contrario, se despierta de madrugada sin poder volver a dormir. A ello se suma un cansancio que no mejora con el reposo y la sensación de que cualquier tarea cotidiana exige un esfuerzo enorme.

    3. Irritabilidad y distancia emocional

    El imaginario colectivo asocia depresión con hipersensibilidad y llanto excesivo, pero no toda depresión se expresa con llanto. Muchas veces aparece como irritabilidad, respuestas cortantes o un repliegue silencioso. La persona se muestra distante, evita las conversaciones y parece ausente incluso estando presente. Este cambio en el vínculo suele ser una de las señales de depresión que más afecta a la relación de pareja.

    4. Autocrítica y pensamientos negativos

    Algunas afirmaciones contundentes, como «soy una carga», «no valgo para nada» o «todo me sale mal», son repetidas con frecuencia y muchas veces se piensan que tienen la función de manipular. Las personas con depresión suelen distorsionar la forma de verse a sí mismos y de imaginar el futuro. Si notas que tu pareja se castiga constantemente o ha perdido la esperanza, es importante tomárselo en serio.

    5. Descuido del cuidado personal y de la rutina

    Cuando el malestar se sostiene en el tiempo, suele reflejarse en lo cotidiano: descuidar la higiene, la alimentación, las responsabilidades o el propio aspecto. No es dejadez, sino la dificultad real de sostener el funcionamiento diario cuando la energía y la motivación están bajo mínimos.

    ¿La depresión se manifiesta igual en hombres y mujeres?

    Aunque el trastorno es el mismo, la manera de expresarlo puede variar. Conocer estas diferencias ayuda a no pasar por alto lo que está ocurriendo.

    Señales de depresión en hombres

    Las señales de depresión en hombres tienden a manifestarse hacia fuera: irritabilidad, enfado, conductas de riesgo, mayor consumo de alcohol o una entrega excesiva al trabajo. La tristeza suele quedar oculta tras la rabia o la evitación, lo que dificulta identificar el problema y pedir ayuda.

    Señales de depresión en mujeres

    Las señales de depresión en mujeres incluyen con más frecuencia tristeza expresada, llanto, sentimientos de culpa y rumiación, es decir, dar vueltas una y otra vez a los mismos pensamientos. También suele ser más habitual que verbalicen cómo se sienten, aunque no siempre sucede.

    Tener esta información ayuda a orientar la función de qué podemos hacer, en las consultas notamos cierta confusión que, por desconocimiento, a veces termina cronificando el malestar sin querer y deteriorando los lazos de pareja y los familiares. La depresión se puede confundir con ciertos aspectos actitudinales que pueden parecerse en la superficie. La manipulación o el victimismo persistente suelen ser selectivos: aparecen ante determinadas personas, se orientan a obtener algo como atención, control o eludir una responsabilidad y dejan de estar cuando dejan de tener la función inicial. La depresión, en cambio, es sostenida y transversal, es decir, acompaña a la persona en casi todos los ámbitos de su vida, no se da según quién mire y se acompaña de cambios físicos reales en el sueño, el apetito y la energía. Aun así, distinguirlas es difícil y pueden coexistir, así que, más que etiquetar a tu pareja, lo útil es valorar el conjunto de señales a lo largo del tiempo y, ante la duda, buscar una valoración especializada.

    La utilidad de estar bien informado es facilitar el acompañamiento emocional y animar a pedir ayuda cuando los apoyos que ofrecemos resulten escasos. La depresión tiene tratamientoEste enlace se abrirá en una ventana nueva y, cuanto antes se aborde, mejor es el pronóstico; esta guía para afrontar la depresión puede orientaros a ambos.

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Sobre este blog

La salud mental influye en las relaciones sociales y en el bienestar emocional. Cuidarla resulta fundamental para alcanzar la serenidad y la calidad de vida que todos buscamos. En este blog, profesionales expertos en psicología y psiquiatría nos invitan a profundizar en los distintos aspectos que influyen en la salud y bienestar mental con el objetivo de comprenderla, cuidarla y desterrar tabúes y estigmas.

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Sana-MentePsiquiatría y Psicología delHospital Quirónsalud Digital
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