Quirónsalud
Blog de la Unidad de Cefaleas del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
La fotofobia es uno de los síntomas más prevalentes e incapacitantes de la migraña. Aparece en hasta el 80–90 % de los pacientes durante el ataque y persiste, con menor intensidad, en los períodos interictales. Sin embargo, durante décadas se trató como un epifenómeno clínico de escaso interés fisiopatológico.
Hoy sabemos que no es así. Los avances en neurociencia ocular y en el estudio de las vías de procesamiento lumínico han revelado que la sensibilidad a la luz en la migraña no es uniforme: depende de la longitud de onda, es decir, del color. Esta característica -la fotofobia cromáticamente selectiva- tiene implicaciones diagnósticas, terapéuticas y preventivas que el clínico debería conocer.
Este artículo revisa la neurobiología de la fotofobia en la migraña con énfasis en el papel del espectro cromático, los mecanismos retinales y talamocorticales implicados, y las aplicaciones clínicas derivadas de esos hallazgos.
Bases anatómicas: más allá de conos y bastones
Durante mucho tiempo se asumió que la fotofobia migrañosa era mediada exclusivamente por las células fotorreceptoras clásicas: los conos (visión fotópica, encargados de discriminar color) y los bastones (visión escotópica, sensibles a la intensidad luminosa). Sin embargo, este modelo dejaba sin explicar un hallazgo clínico crucial: pacientes con ceguera completa por degeneración retiniana severa seguían experimentando exacerbación del dolor migrañoso ante la exposición a la luz.
Este paradójico fenómeno señaló la participación de un tercer tipo celular: las células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles (ipRGC, del inglés intrinsically photosensitive retinal ganglion cells).
Las ipRGC y la melanopsina
Las ipRGC son células no formadoras de imagen que contienen melanopsina, un fotopigmento con máxima sensibilidad a longitudes de onda en el rango azul-verde (aproximadamente 480–490 nm). A diferencia de conos y bastones, las ipRGC no codifican detalles visuales con alta resolución espaciotemporal, sino que detectan cambios en la iluminación ambiental y regulan funciones no visuales como el ritmo circadiano, el reflejo pupilar y -de forma central en la migraña- la transmisión de señales nociceptivas lumínicas.
El grupo de Rami Burstein (Beth Israel Deaconess Medical Center / Harvard Medical School) demostró que las ipRGC proyectan hacia el tálamo posterior, una región implicada en el procesamiento del dolor. Esta proyección retino-talámica constituye la vía anatómica por la cual la luz exacerba el dolor durante la crisis migrañosa.
El papel del tálamo: la encrucijada entre luz y dolor
El tálamo no es solo una estación de relevo sensorial: en el contexto de la migraña, actúa como integrador de señales nociceptivas trigemino-vasculares y señales lumínicas provenientes de la retina.
Las neuronas trigeminovasculares talámicas se activan durante la crisis migrañosa por señales dural-sensitivas; sin embargo, su actividad se ve significativamente incrementada por la exposición a la luz. Este fenómeno explica por qué la fotofobia no es simplemente un síntoma visual, sino una respuesta dolorosa de naturaleza neurológica central.
Estudios con modelos animales de migraña mostraron que:
Fotofobia cromáticamente selectiva: ¿qué colores duelen más?
El hallazgo más relevante para la práctica clínica es que no todos los colores tienen el mismo efecto sobre el dolor migrañoso. El grupo de Burstein realizó una serie de estudios en los que pacientes con migraña activa fueron expuestos a diferentes colores de luz (azul, verde, ámbar, rojo y blanco) en condiciones controladas de intensidad luminosa.
Los resultados fueron consistentes:
A alta intensidad luminosa (equivalente a una oficina bien iluminada), casi el 80 % de los pacientes reportaron incremento del dolor con todos los colores excepto el verde. De forma inesperada, la luz verde a baja intensidad redujo el dolor en aproximadamente un 20 % de los participantes en el estudio pivotal.
Mecanismo de la preferencia por el verde
La explicación radica en la electrofisiología retinal y cortical comparada entre colores:
La hipótesis más aceptada es que el verde activa de forma mínima tanto a las ipRGC (cuya máxima sensibilidad está en el azul) como a los conos L (sensibles al rojo). Al no saturar ninguno de los dos sistemas fotorreceptores, la señal resultante que llega al tálamo trigeminovascular es significativamente menor, reduciendo así la amplificación del dolor.
Investigaciones más recientes (2022) añadieron un mecanismo opioidérgico: la luz verde parece inducir la liberación de proteínas en la retina que activan receptores opioides en el encéfalo, contribuyendo a la reducción de la percepción del dolor.
Un estudio adicional de 2023 identificó que un subconjunto de neuronas en el núcleo geniculado ventrolateral (vLGN) del tálamo es clave en el efecto analgésico del verde. Estas neuronas expresan proencefalina (precursora de encefalina), lo que conecta la vía visual con el sistema opioide endógeno.
Fotofobia intercrítica: la sensibilidad que persiste
Un aspecto frecuentemente subestimado es que la fotofobia no se limita al período ictal. Estudios con pacientes migrañosos en períodos interictales demostraron que mantienen umbrales de incomodidad lumínica significativamente más bajos que los controles sanos, especialmente ante longitudes de onda cortas (azul) y largas (rojo).
Esto sugiere un estado de sensibilización central crónica en las vías retino-talamocorticales de estos pacientes, que no desaparece entre los ataques. Este hallazgo tiene implicaciones prácticas: las intervenciones basadas en el manejo espectral de la luz podrían ser relevantes no solo durante la crisis, sino también como estrategia preventiva continua.
La luz fluorescente, LED y las pantallas digitales
En la práctica clínica, los pacientes señalan con frecuencia que las luces fluorescentes, los monitores de computadora y la iluminación LED son desencadenantes o amplificadores de sus crisis. Esto tiene una base espectral concreta:
El fenómeno del parpadeo de alta frecuencia (flickering) de algunas luces fluorescentes añade otra dimensión: la variación rápida de intensidad puede funcionar como desencadenante independientemente del color, aunque la combinación de parpadeo y espectro azul resulta especialmente problemática.
Aplicaciones clínicas
Las lentes con tinte FL-41 son una de las intervenciones mejor estudiadas para la fotofobia migrañosa. Estos filtros bloquean selectivamente el rango de 480–520 nm (azul-verde), que corresponde precisamente al espectro de máxima activación de las ipRGC.
Evidencia disponible:
Consideración clínica: Las lentes muy oscuras usadas de forma continua en interiores pueden inducir adaptación crónica a la oscuridad, paradójicamente incrementando la sensibilidad lumínica a largo plazo. Se recomienda uso selectivo (entornos con alta carga de luz azul, pantallas) más que uso continuo.
Los estudios de Burstein y colaboradores han inspirado el desarrollo de lámparas de luz verde de banda estrecha (~520–530 nm) con baja luminancia, destinadas a su uso durante la crisis migrañosa.
Un ensayo abierto con 181 participantes mostró que 2 horas de exposición a luz verde durante la crisis migrañosa mejoraron la percepción del dolor en el 55 % de los eventos registrados. Un estudio previo con 29 pacientes durante 10 semanas de uso diario (1–2 horas en sala oscura) reportó:
Estos datos, aunque prometedores, provienen de muestras reducidas y diseños abiertos. Actualmente se llevan a cabo ensayos controlados aleatorizados, incluyendo combinaciones con estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS). La evidencia no es aún suficiente para incluir esta intervención en guías de práctica clínica, pero su perfil de seguridad la posiciona como una opción complementaria razonable de discutir con el paciente.
Más allá de los dispositivos específicos, el clínico puede orientar al paciente hacia modificaciones prácticas del entorno:
Implicaciones diagnósticas
La fotofobia cromáticamente selectiva tiene un valor diagnóstico subvalorado. En la práctica clínica, la evaluación estándar se limita a preguntar si el paciente tiene "sensibilidad a la luz", sin caracterizar el tipo de luz que provoca mayor discomfort.
Algunos puntos de interés diagnóstico:
Perspectivas futuras
La investigación en este campo se dirige hacia varias líneas de gran interés clínico:
Cronoterapia lumínica personalizada. La heterogeneidad interindividual en la sensibilidad espectral sugiere que los perfiles de respuesta a distintos colores podrían usarse para ajustar estrategias terapéuticas personalizadas.
Modulación de las ipRGC como diana terapéutica. La melanopsina y las vías de señalización de las ipRGC representan dianas moleculares potenciales para el desarrollo de nuevos fármacos preventivos.
Integración del eje retina-tálamo-hipotálamo. Estudios recientes han señalado que la vía lumínica también activa el hipotálamo, lo que conecta la fotofobia con la regulación autonómica (lagrimeo, diaforesis, náusea) observada durante las crisis. Esta conexión tálamo-hipotalámica podría explicar la constelación de síntomas autonómicos asociados a la exposición lumínica en pacientes migrañosos.
Biomarcadores pupilométricos. La respuesta pupilar a la luz de distintas longitudes de onda (pupilometría cromática) está siendo explorada como marcador no invasivo de la función de las ipRGC y podría tener utilidad diagnóstica y de monitorización en el futuro.
Conclusiones
La influencia del color en la migraña no es un fenómeno trivial ni meramente subjetivo: tiene una base neurobiológica robusta, mediada por vías retino-talamocorticales específicas y por la activación diferencial de los sistemas fotorreceptores retinianos según la longitud de onda.
Los puntos clave para el clínico son:
La luz que duele -y la que alivia- tiene un espectro. Conocerlo forma parte del abordaje contemporáneo de la migraña
Dr. Jaime Rodríguez Vico
Neurólogo especialista en cefaleas
Coordinador de la Unidad de Cefaleas
Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
Referencias:
La migraña afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el mundo. Aunque existen medicamentos eficaces, muchos pacientes no los toleran bien o no obtienen suficiente alivio. Por eso los médicos buscan alternativas.
Una de las más prometedoras es la estimulación magnética transcraneal, conocida como TMS.
¿Qué es la TMS y cómo actúa en la migraña?
La TMS es una técnica que aplica pulsos de energía magnética sobre el cuero cabelludo, de forma completamente indolora y sin necesidad de cirugía ni medicación. Estos pulsos modulan la actividad eléctrica de ciertas zonas del cerebro.
En la migraña, el principal objetivo es interrumpir un fenómeno llamado Depresión Cortical Propagada (DCP): una ola de actividad eléctrica anormal que recorre la superficie del cerebro y que es responsable del aura (las luces, los puntos ciegos o el hormigueo que algunos pacientes sienten antes del dolor). La TMS actúa directamente sobre esta ola para detenerla o reducirla.
Además, la TMS repetitiva estimula una zona del cerebro que ayuda a regular el dolor de forma natural: la corteza prefrontal dorsolateral.
Dos tipos de TMS: ¿para qué sirve cada uno?
¿Qué dicen los estudios?
La investigación sobre TMS en migraña lleva más de 20 años avanzando. Estos son los hallazgos más importantes:
El primer ensayo clínico riguroso, publicado en The Lancet Neurology en 2010, demostró que la TMS era significativamente más eficaz que el placebo para aliviar el dolor al inicio del ataque en pacientes con migraña con aura.
Un análisis anterior (Lan et al., 2017) que reunió 5 ensayos con 313 pacientes concluyó que la TMS es eficaz para el tratamiento agudo de la migraña con aura. La revisión más reciente sobre neuromodulación (Cocores et al., Current Pain and Headache Reports, 2025) confirma que la TMS sigue siendo una de las opciones no farmacológicas más consolidadas.
¿Está aprobada y es segura?
La TMS de pulso único cuenta con autorización de la Food and Drug Administration (FDA) americana para el tratamiento agudo y preventivo de la migraña.
En general, es considerada una técnica segura y bien tolerada: los efectos secundarios, cuando aparecen, suelen ser leves (ligero malestar en el cuero cabelludo o sensación de calor).
No obstante, la European Headache Federation señala que la evidencia para la TMS en migraña crónica todavía no es suficiente para recomendarla de forma rutinaria en todos los pacientes, y pide más estudios que evalúen su seguridad a largo plazo.
¿Qué falta aún por saber?
Lo que debe saber como paciente
La TMS es una alternativa real y avalada científicamente, especialmente útil si usted no tolera bien los medicamentos, tiene contraindicaciones para los triptanes, o simplemente busca una opción sin fármacos, siempre valorada y prescrita por un especialista.
Si sufre migraña con aura o migraña crónica frecuente, puede preguntar a su neurólogo o especialista en cefaleas. No todas las personas responden igual, y la elección siempre debe hacerse de forma personalizada.
La ciencia avanza, y con ella, sus opciones de tratamiento.
Dr. Jaime Rodríguez Vico
Neurólogo especialista en cefaleas
Coordinador de la Unidad de Cefaleas
Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
REFERENCIAS CIENTÍFICAS
1. Brighina F, et al. rTMS of the prefrontal cortex in the treatment of chronic migraine: a pilot
study. J Neurol Sci. 2004;227(1):67–71. doi:10.1016/j.jns.2004.08.008
2. Lipton RB, Dodick DW, Silberstein SD, et al. Single-pulse transcranial magnetic stimulation
for acute treatment of migraine with aura: a randomised, double-blind, parallel-group,
sham-controlled trial. Lancet Neurol. 2010;9(4):373–380. doi:10.1016/S1474-
4422(10)70054-5
3. Zhong J, et al. Efficacy of repetitive transcranial magnetic stimulation on chronic migraine:
A meta-analysis. Front Neurol. 2022;13:1050090. doi:10.3389/fneur.2022.1050090
4. Lan L, Zhang X, Li X, Rong X, Peng Y. The efficacy of transcranial magnetic stimulation on
migraine: a meta-analysis of randomized controlled trials. J Headache Pain. 2017;18(1):86.
doi:10.1186/s10194-017-0792-4
5. Cocores AN, Smirnoff L, Greco G, Herrera R, Monteith TS. Update on Neuromodulation for
Migraine and Other Primary Headache Disorders: Recent Advances and New Indications.
Curr Pain Headache Rep. 2025;29(1):47. doi:10.1007/s11916-024-01314-7
6. Bhola R, et al. Single-pulse transcranial magnetic stimulation (sTMS) for the acute
treatment of migraine: evaluation of outcome data for the UK post-market pilot program. J
Headache Pain. 2015;16:535. doi:10.1186/s10194-015-0535-3
La migraña es mucho más que un dolor de cabeza. Se trata de una enfermedad neurológica compleja en la que intervienen múltiples factores, como la excitabilidad cerebral, la inflamación y la regulación del dolor. En este contexto, cada vez hay más evidencia de que el ejercicio físico puede desempeñar un papel importante en su control.
Pero, ¿es siempre beneficioso? ¿Puede también desencadenar crisis? ¿Qué tipo de ejercicio es el más recomendable?
¿Qué le ocurre al cerebro cuando hacemos ejercicio?
Cuando realizamos actividad física de forma regular, se producen cambios positivos en el cerebro:
Todos estos efectos son especialmente relevantes en la migraña, ya que esta enfermedad se asocia a una mayor sensibilidad del cerebro y a alteraciones en los mecanismos de control del dolor.
Ejercicio y migraña: ¿qué dice la evidencia?
Diversos estudios han demostrado que el ejercicio regular puede:
De hecho, algunos trabajos sugieren que el efecto del ejercicio aeróbico puede ser comparable al de ciertos tratamientos preventivos en pacientes seleccionados.
Uno de los mecanismos clave es la reducción de la inflamación y la modulación del sistema trigeminovascular, implicado directamente en la migraña. También se ha observado que el ejercicio puede aumentar el umbral a partir del cual se desencadena una crisis.
¿Puede el ejercicio provocar migraña?
Sí, en algunos pacientes el ejercicio puede actuar como desencadenante. Esto ocurre aproximadamente en un 30–40% de los casos.
Suele estar relacionado con:
En estos casos, se cree que intervienen factores como el aumento del lactato, cambios metabólicos o una activación excesiva del sistema nervioso.
Por tanto, no se trata de evitar el ejercicio, sino de adaptarlo.
¿Qué tipo de ejercicio es mejor?
Ejercicio aeróbico (el más recomendable)
Incluye actividades como caminar a buen ritmo, correr, nadar o montar en bicicleta.
Es el tipo de ejercicio con mayor evidencia en migraña y se asocia a:
Ejercicio anaeróbico o de alta intensidad
Como el entrenamiento tipo HIIT o el levantamiento de pesas intensas.
Puede ser beneficioso, pero:
El ejercicio como parte del tratamiento
El ejercicio debe considerarse una herramienta terapéutica más en el manejo de la migraña.
Puede utilizarse:
Además, tiene beneficios adicionales importantes:
Recomendaciones prácticas
Si tienes migraña y quieres empezar a hacer ejercicio:
Si el ejercicio desencadena crisis, es importante comentarlo con tu neurólogo para ajustar el tipo o la intensidad.
En resumen
El ejercicio físico, bien pautado, es una herramienta eficaz y segura para mejorar la migraña. Actúa sobre múltiples mecanismos del cerebro y puede reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis.
No obstante, como cualquier tratamiento, debe adaptarse a cada paciente.
Dr. Jaime Rodríguez Vico
Neurólogo especialista en cefaleas
Coordinador de la Unidad de Cefaleas
Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
Bibliografía
Claves para saber cuándo consultar y cuándo no alarmarse
El dolor de cabeza es uno de los motivos más frecuentes de consulta médica. La mayoría de las personas lo experimentan en algún momento de su vida y, en la gran mayoría de los casos, no se relaciona con enfermedades graves.
Sin embargo, existen algunas situaciones en las que un dolor de cabeza puede ser diferente a lo habitual y requiere valoración médica.
Conocer estas señales ayuda a evitar alarmas innecesarias, pero también a actuar a tiempo cuando es importante.
La mayoría de los dolores de cabeza son benignos
Las cefaleas más frecuentes son:
Estas se denominan cefaleas primarias, lo que significa que el dolor es la propia enfermedad y no está causado por otro problema neurológico.
Aunque pueden ser muy incapacitantes, no suelen suponer un riesgo vital.
Señales de alarma: cuándo acudir a urgencias
Es importante consultar de forma urgente si aparece alguno de estos síntomas:
Dolor de inicio brusco y muy intenso
Un dolor que alcanza su máxima intensidad en segundos o minutos puede requerir descartar causas graves.
Dolor con síntomas neurológicos
Como dificultad para hablar, debilidad en una parte del cuerpo, visión doble o confusión.
Dolor con fiebre alta y rigidez de cuello
Puede ser necesario descartar infecciones del sistema nervioso.
Dolor tras un traumatismo craneal. Especialmente si empeora progresivamente o se acompaña de vómitos o somnolencia.
Dolor de cabeza de inicio reciente a partir de los 50 años. Siempre debe valorarse médicamente.
Dolor claramente distinto al habitual
Un cambio importante en las características de una cefalea conocida también justifica consulta.
Cuándo consultar sin urgencia
No todos los dolores de cabeza requieren acudir a urgencias, pero sí es recomendable consultar si:
Un diagnóstico adecuado permite iniciar tratamientos que pueden reducir significativamente la frecuencia y la intensidad del dolor.
No normalizar el dolor mejora el pronóstico
Muchas personas conviven con cefaleas durante años sin consultar. Esto puede favorecer:
Hoy existen tratamientos eficaces, tanto para aliviar las crisis como para prevenirlas.
En resumen
La mayoría de los dolores de cabeza no son peligrosos.
Sin embargo, reconocer las señales de alarma permite actuar con rapidez cuando es necesario.
Ante cualquier duda, consultar con un profesional sanitario es la mejor forma de recibir un diagnóstico adecuado y mejorar la calidad de vida.
Dr. Jaime Rodríguez Vico
Neurólogo especialista en cefaleas
Coordinador de la Unidad de Cefaleas
Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
La neuralgia del trigémino es una de las causas más intensas de dolor facial. Aunque no es frecuente, quienes la padecen describen el dolor como descargas eléctricas, punzadas o latigazos, de aparición brusca y muy incapacitantes. La buena noticia es que existen tratamientos eficaces, y un diagnóstico correcto marca la diferencia.
Desde las unidades de cefaleas y dolor facial, sabemos que una información clara reduce la ansiedad y facilita el abordaje adecuado.
¿Qué es el nervio trigémino?
El nervio trigémino es el principal nervio sensitivo de la cara. Se divide en tres ramas:
• Oftálmica (V1): frente, ojo y cuero cabelludo
• Maxilar (V2): mejilla, labio superior, dientes superiores
• Mandibular (V3): mandíbula, dientes inferiores, lengua
La neuralgia del trigémino aparece cuando este nervio envía señales de dolor de forma anómala, sin que exista una lesión visible en la cara.
¿Cómo es el dolor de la neuralgia del trigémino?
El dolor tiene características muy definidas:
• Es unilateral (afecta solo a un lado de la cara)
• Aparece en crisis breves, de segundos a pocos minutos
• Se describe como una descarga eléctrica intensa
• Puede repetirse muchas veces al día
• Se desencadena con estímulos cotidianos:
o Hablar
o Masticar
o Lavarse los dientes
o Afeitarse
o El roce del aire o la piel
Entre las crisis, muchas personas están completamente bien, aunque en algunos casos existe un dolor continuo de fondo.
Tipos de neuralgia del trigémino
Desde el punto de vista clínico, distinguimos dos formas principales:
Neuralgia del trigémino tipo 1
• Dolor exclusivamente en crisis
• Sin dolor entre los episodios
• Es la forma más conocida y frecuente
Neuralgia del trigémino tipo 2
• Existe un dolor continuo o casi continuo, más sordo o quemante
• Sobre ese dolor basal aparecen crisis más intensas
• Puede ser más difícil de tratar y suele aparecer tras años de evolución
Esta distinción es importante porque influye en el tratamiento y en la respuesta a algunas terapias.
¿Por qué se produce?
En muchos pacientes, la causa es una compresión del nervio por un vaso sanguíneo en su salida del cerebro. Este contacto mantenido puede alterar la conducción normal del nervio y provocar dolor. Forma "clásica".
En otros casos, la neuralgia puede ser secundaria a:
• Esclerosis múltiple
• Tumores o lesiones del sistema nervioso
• Cirugía o traumatismos previos (menos frecuente)
En un porcentaje pequeño, no se identifica una causa clara, aunque el dolor sea típico. Forma idiopática.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la descripción del dolor. No existe una analítica ni una prueba simple que lo confirme.
No obstante, siempre es necesario realizar una resonancia magnética cerebral, con especial atención al nervio trigémino, para:
• Confirmar o descartar causas secundarias
• Identificar una posible compresión vascular
• Elegir el tratamiento más adecuado
Por ello, es clave la valoración por un neurólogo con experiencia en dolor facial.
Tratamiento: hay opciones eficaces
Tratamiento farmacológico
Es la primera línea y suele ser muy eficaz:
• Fármacos antiepilépticos. Estos medicamentos no se usan por epilepsia, sino porque estabilizan la actividad del nervio. Ajustar la dosis correctamente y vigilar efectos secundarios es esencial.
Tratamientos intervencionistas y quirúrgicos
Cuando el tratamiento médico no es suficiente o no se tolera, existen alternativas:
• Descompresión microvascular
Cirugía dirigida a separar el vaso que comprime el nervio.
• Técnicas percutáneas
Procedimientos menos invasivos que actúan directamente sobre el nervio.
• Radiocirugía en casos seleccionados.
La elección depende del tipo de neuralgia, la edad, el estado general y las preferencias del paciente.
Vivir con neuralgia del trigémino
El impacto emocional de esta enfermedad es importante. El miedo al dolor puede llevar a:
• Evitar comer o hablar
• Aislamiento social
• Ansiedad o síntomas depresivos
Por eso, el abordaje debe ser integral, combinando:
• Tratamiento médico adecuado
• Seguimiento especializado
• Apoyo emocional cuando sea necesario.
Un mensaje clave para los pacientes
La neuralgia del trigémino es una enfermedad real, reconocida y tratable.
Un diagnóstico precoz y un seguimiento en una unidad especializada mejoran claramente el pronóstico y la calidad de vida.
Si presenta un dolor facial intenso, en descargas, que se repite y se desencadena con gestos cotidianos, no lo normalice ni lo atribuya solo a problemas dentales: consulte con un especialista.
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