Quirónsalud
Blog de Cardiología de los Hospitales Quirónsalud Alicante, Murcia, Torrevieja, Valencia, Costa Adeje y Vida
Texto elaborado por el doctor Juan Martínez León, Cirujano cardiaco del Hospital Quirónsalud Valencia
La cirugía de la aorta es un procedimiento clave en el tratamiento de diversas enfermedades que afectan a esta arteria principal del organismo. La aorta presenta numerosas patologías que pueden comprometer gravemente la vida del paciente si no se tratan a tiempo.
La aorta es el vaso sanguíneo encargado de transportar la sangre desde el corazón hacia el resto del cuerpo. Por ello es una estructura que soporta grandes cargas mecánicas que requieren que su estructura este en perfectas condiciones. Cuando esta estructura se debilita o se altera, pueden desarrollarse enfermedades como el aneurisma de aorta u otras formas de patología aórtica, que requieren una valoración especializada y, en muchos casos, tratamiento quirúrgico.

La palabra aneurisma ya es conocida por el público en general como una patología que implica un riesgo vital importante. Por ello la patología aortica requiere unos adecuados medios diagnósticos que permitan identificarla y cuantificarla para determinar el momento oportuno de su tratamiento.
Gracias a los avances en cirugía cardiovascular, estas intervenciones son hoy más seguras y eficaces, con mejores resultados y una recuperación más controlada y lo que es mas importante sirven para evitar un número considerable de fallecimientos cuando ocurre alguna complicación.
Anatómicamente la aorta se subdivide en varias regiones con implicaciones diagnósticas y terapéuticas diferentes.
La aorta ascendente, contempla la raíz aortica , importante porque de ella nacen las arterias coronarias y la aorta ascendente propiamente dicha también conocida como porción tubular. Es el primer tramo de la aorta, que se origina directamente en el ventrículo izquierdo del corazón. Su función es distribuir la sangre oxigenada hacia el resto del organismo, soportando una presión elevada en cada latido cardíaco.
Debido a esta presión constante, la pared de la aorta puede debilitarse con el tiempo, especialmente en presencia de factores de riesgo como:
Estas condiciones pueden dar lugar a diferentes formas de patología aórtica, siendo el aneurisma de aorta una de las más frecuentes.
Si. Además de la aorta ascendente existen otras tres regiones anatómicas de la aorta:
El cayado o arco aórtico, esta porción se caracteriza poque de ella salen los "troncos supraaorticos" aquellas arterias que van al cerebro y los brazos por lo que su patología aunque menos frecuente que la de la aorta ascendente, tiene una gran trascendencia.
Posteriormente nos encontramos con la aorta descendente o aorta torácica y que finaliza en el diafragma.
Finalmente tenemos la aorta abdominal que tiene a su vez dos subzonas , la superior que podríamos llamar aorta "vísceral" porque de ella salen las arterias de irrigan las vísceras abdominales (Intestino, Higado, riñones) y la inferior, "aorta infrarrenal" que es la inmediata a su bifurcación y que es en términos cuantitativos la más frecuentemente afectada por patologías como los aneurismas.
El aneurisma de aorta consiste en una dilatación anormal de la pared de la arteria, que pierde su resistencia y se ensancha progresivamente. Los aneurismas de aorta pueden aparecer y aparecen en cualquiera de sus porciones anatómicas. Esta dilatación puede evolucionar de forma silenciosa durante años y desgraciadamente su primera manifestación es la rotura.
El principal riesgo de un aneurisma es su posible rotura o disección (desgarro de la pared aórtica), situaciones que constituyen una emergencia médica grave y que tienen una elevadísima mortalidad si no son tratadas de forma inmediata.
En muchos casos, el aneurisma no produce síntomas y se detecta de forma incidental en pruebas de imagen como ecocardiogramas, TAC o resonancia magnética. Cuando aparecen síntomas, pueden incluir:
Por este motivo, el seguimiento y control de los aneurismas es fundamental para decidir el momento óptimo de intervención.
La indicación de cirugía depende principalmente del tamaño de la aorta, la velocidad de crecimiento del aneurisma y las características del paciente.
En el caso de la aorta ascendente, de forma general, la cirugía está indicada en los siguientes casos:
La decisión siempre debe ser individualizada y tomada por un equipo especializado en patología aórtica
La cirugía de la aorta ascendente es un procedimiento complejo que se realiza en centros especializados de cirugía cardiovascular.
Consiste en sustituir el segmento de aorta dilatado o dañado por un injerto sintético (prótesis), que permite restablecer la función normal del vaso y prevenir complicaciones graves. (Hoy en día se trata también de forma simultanea la patología del cayado mediante la técnica denominada ("Trompa de elefante")
En algunos casos, la intervención puede incluir:
La cirugía se realiza bajo anestesia general y, habitualmente, con circulación extracorpórea. La duración y complejidad dependen de cada caso.
Tras la intervención, el paciente permanece unos días en la unidad de cuidados intensivos, seguido de ingreso en planta hospitalaria. La recuperación completa puede alcanzarse en un plazo corto si como en nuestro centro Quirónsalud Valencia, esta cirugía se realiza siempre que es posible con una técnica mínimamente invasiva, miniesternotomia, que conserva la porción inferior del esternón.
En el post-operatorio tardío es fundamental seguir un control estricto por parte de su equipo y por parte del paciente controlar todos los factores de riesgo:
El seguimiento a largo plazo es clave para garantizar la correcta evolución del paciente y detectar posibles complicaciones de forma precoz.
Si. En centros altamente especializados, como Quironsalud Valencia, en casos seleccionados se pueden realizar procedimientos endovasculaes (mediante catéter) también realizados por un equipo multidisciplinar encabezado por Cirugía Cardiovascular.
La clave de la Cirugía de la Aorta está en un diagnóstico precoz, un seguimiento adecuado y una correcta indicación quirúrgica. Ante la sospecha o diagnóstico de dilatación aórtica, es fundamental acudir a un equipo especializado , dotado de los últimos sistemas de diagnostico (TAC, Resionancia, Ecografia trnsesofagica)que valore cada caso de forma individualizada y determine el mejor momento para intervenir.
Texto elaborado por especialista el doctor Vicente Massucco, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Torrevieja
El dolor en el pecho es uno de los síntomas que más preocupación genera tanto en pacientes como en profesionales sanitarios. Puede estar relacionado con problemas cardíacos graves, como un infarto, pero también con múltiples causas no cardíacas que no suponen un riesgo vital.
Diferenciar entre una angina de pecho, un infarto de miocardio o un origen no cardíaco es fundamental para actuar con rapidez y evitar complicaciones. Por ello, conocer las características de cada tipo de dolor torácico puede ayudar a identificar cuándo es necesario acudir de forma urgente al médico.

El dolor torácico no es un síntoma único, sino una percepción que puede variar ampliamente entre pacientes. Puede describirse como opresión, presión, ardor, pinchazo o sensación de peso, y su localización puede ser central, lateral o incluso irradiarse hacia otras zonas del cuerpo.
Además, su interpretación clínica depende de varios factores:
Desde el punto de vista médico, siempre es prioritario descartar causas cardíacas, especialmente cuando el dolor es opresivo o se asocia a otros síntomas. Sin embargo, una gran parte de los casos corresponde a causas benignas o no cardíacas, lo que hace necesario un buen diagnóstico diferencial.
La angina de pecho es una manifestación de la enfermedad coronaria y se produce cuando el flujo de sangre hacia el corazón es insuficiente de forma transitoria. Esto genera una falta de oxígeno en el músculo cardíaco, provocando dolor.
Se caracteriza típicamente por:
El dolor puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, cuello, mandíbula o espalda, lo que puede aumentar la sensación de alarma en el paciente.
Es importante entender que la angina no es un evento aislado sin importancia, sino una señal de que existe una alteración en las arterias coronarias. Por ello, requiere estudio y seguimiento para prevenir complicaciones mayores como el infarto.
El infarto de miocardio representa una de las principales causas de mortalidad cardiovascular. Se produce cuando una arteria coronaria se obstruye completamente, interrumpiendo el flujo sanguíneo y causando daño irreversible en el músculo cardíaco.
Los síntomas de infarto suelen ser más intensos, prolongados y progresivos que los de la angina. Entre los más característicos destacan:
En algunos pacientes, los síntomas pueden ser atípicos. Por ejemplo, puede aparecer solo como fatiga, molestias digestivas o dolor en la espalda. Esto es más frecuente en mujeres, personas mayores y pacientes diabéticos.
El infarto es una emergencia médica, y cada minuto cuenta. La atención precoz permite reducir el daño cardíaco y mejorar significativamente el pronóstico.
Una gran proporción de los casos de dolor en el pecho no está relacionada con el corazón. Identificar estas causas no cardíacas es importante para evitar alarmas innecesarias, aunque siempre deben valorarse adecuadamente.
Causas más frecuentes:
Aunque el diagnóstico definitivo siempre debe hacerlo un profesional, existen ciertas características que orientan hacia un origen más preocupante:
Por el contrario, un dolor muy localizado, que cambia con el movimiento o la respiración, suele tener un origen no cardíaco.
El dolor en el pecho es un síntoma que no debe subestimarse. Puede deberse a múltiples causas, desde problemas leves hasta situaciones de riesgo vital como el infarto de miocardio.
Diferenciar entre angina de pecho, síntomas de infarto y otras causas de dolor torácico es esencial para actuar de forma adecuada. Ante la duda, siempre es recomendable consultar con un profesional sanitario.
Una valoración médica a tiempo puede marcar la diferencia, permitiendo un diagnóstico precoz y un tratamiento eficaz que mejore el pronóstico y la calidad de vida del paciente.
Más información en el Hospital Quirónsalud Torrevieja
Texto elaborado por Alejandro Pascual, cardiólogo de Quirónsalud Alicante
La hipertensión arterial es una de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las más silenciosas. Muchas personas conviven con presión arterial alta sin ser conscientes de ello, lo que aumenta el riesgo de complicaciones graves si no se detecta y controla a tiempo.
A menudo se habla de la hipertensión como un "enemigo silencioso", ya que en sus fases iniciales puede no presentar síntomas evidentes. Sin embargo, su impacto sobre el organismo es progresivo y puede afectar a órganos vitales como el corazón, el cerebro o los riñones.

Uno de los principales problemas de la hipertensión arterial es que no siempre provoca señales claras. Aun así, en algunos casos pueden aparecer los llamados tensión alta síntomas, que incluyen dolor de cabeza, mareos, sensación de falta de aire o visión borrosa.
Es importante tener en cuenta que estos síntomas no son exclusivos de la hipertensión y que, en muchas ocasiones, la presión arterial alta no produce ninguna molestia. Por ello, la única forma fiable de detectarla es mediante la medición periódica de la tensión arterial.
Cuando la hipertensión arterial no está controlada, aumenta significativamente el riesgo cardiovascular. Esto significa que se incrementa la probabilidad de sufrir enfermedades como infarto de miocardio, ictus o insuficiencia cardíaca.
La presión arterial alta ejerce una sobrecarga constante sobre los vasos sanguíneos y el corazón, lo que provoca un deterioro progresivo. Con el tiempo, este daño puede tener consecuencias graves, incluso en personas que aparentemente se encuentran bien.
El control de la hipertensión arterial se basa en una combinación de hábitos de vida saludables y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. Mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de sal, realizar ejercicio físico de forma regular y evitar el tabaco son medidas clave para reducir la presión arterial alta.
Además, el seguimiento médico es fundamental para evaluar la evolución y ajustar el tratamiento cuando sea necesario. Controlar la tensión no solo ayuda a evitar complicaciones, sino que también mejora la calidad de vida y reduce el riesgo cardiovascular a largo plazo.
La hipertensión arterial es una enfermedad frecuente pero controlable. Reconocer los posibles tensión alta síntomas, vigilar la presión arterial alta y actuar sobre los factores de riesgo permite prevenir complicaciones y proteger la salud cardiovascular.
La detección precoz y el seguimiento adecuado son las mejores herramientas para mantener la tensión bajo control y reducir el impacto del riesgo cardiovascular.
Texto elaborado por el doctor Matías Pérez Paredes, jefe del Servicio de Cardiología del hospital Quirónsalud Murcia
Cansarse ligeramente al realizar un esfuerzo intenso puede ser normal. Lo que no debemos considerar normal es que aparezca sensación de falta de aire al caminar distancias habituales, subir un solo tramo de escaleras o realizar actividades que hasta hace poco se hacían sin dificultad.
En la consulta de cardiología hay una frase muy frecuente: "Doctor, antes podía hacerlo y ahora me ahogo". Ese cambio respecto a la situación previa es, muchas veces, la pista más importante.
La disnea de esfuerzo —la sensación de falta de aire durante la actividad física— es uno de los síntomas más comunes en la práctica clínica diaria. Puede tener múltiples causas, desde problemas respiratorios hasta desacondicionamiento físico. Sin embargo, en determinados pacientes puede ser la primera manifestación de una enfermedad cardíaca.
Otra pista que puede orientarnos hacia un origen cardíaco es que la falta de aire se acompañe de aumento de peso, especialmente por edema en las piernas, o que se intensifique al acostarse —cuando el paciente necesita dormir con más de una almohada— o incluso que le despierte de madrugada obligándole a incorporarse para respirar mejor.
El corazón y los pulmones trabajan de forma coordinada. Cuando el corazón pierde eficacia para bombear la sangre o para llenarse adecuadamente, aumenta la presión en la circulación pulmonar. Esa presión elevada dificulta el intercambio normal de oxígeno y genera sensación de ahogo, especialmente cuando el organismo necesita mayor aporte sanguíneo, como ocurre al caminar o subir escaleras.
Esto puede suceder tanto cuando el corazón pierde fuerza de contracción como cuando el músculo cardíaco se vuelve más rígido y no se relaja correctamente. En ambos casos, el síntoma predominante suele ser la disnea. Con frecuencia, esta falta de aire es el primer signo de insuficiencia cardíaca en fases iniciales, incluso antes de que aparezcan otros síntomas más evidentes.
Conviene consultar cuando:
Estos síntomas no siempre indican un problema grave, pero sí justifican una valoración médica.
La insuficiencia cardíaca es la causa más frecuente de disnea de origen cardíaco. También pueden provocarla la cardiopatía isquémica (enfermedad de las arterias coronarias), las enfermedades valvulares o determinadas alteraciones del ritmo.
Es importante recordar que en personas con factores de riesgo cardiovascular —hipertensión, diabetes, tabaquismo, colesterol elevado o antecedentes familiares— la probabilidad de que el origen sea cardíaco es mayor, por lo que la evaluación debe ser especialmente cuidadosa.
El diagnóstico comienza escuchando al paciente. La historia clínica sigue siendo la herramienta más valiosa para orientar el origen del problema. A partir de ahí, el electrocardiograma, la ecocardiografía y determinados análisis permiten confirmar o descartar una causa cardíaca.
En ocasiones pueden ser necesarias pruebas adicionales, siempre dirigidas a identificar la causa concreta y descartar otras posibles explicaciones, como patología pulmonar, metabólica o del aparato locomotor.
La buena noticia es que hoy disponemos de tratamientos muy eficaces que no solo mejoran los síntomas, sino que también reducen hospitalizaciones y mejoran el pronóstico cuando se inician de manera precoz.
Además del tratamiento farmacológico, las recomendaciones sobre ejercicio adaptado, control de la presión arterial, peso y hábitos de vida son fundamentales.
No todo cansancio es cardíaco. Pero la disnea progresiva nunca debe normalizarse ni atribuirse simplemente a la edad. Comparar la capacidad funcional actual con la de meses atrás suele ser la clave para detectar el problema a tiempo, así como la aparición de síntomas acompañantes.
Ante la duda, una valoración cardiológica puede aportar tranquilidad o permitir actuar de forma precoz. En enfermedades cardiovasculares, el diagnóstico temprano marca la diferencia.
Texto elaborado por la doctora Catheline Lauwers, jefa del Servicio de Cardiologia del hospital Quirónsalud Valencia
La resonancia magnética cardíaca es una de las técnicas más avanzadas en cardiología moderna. Se trata de una prueba de imagen cardíaca que permite estudiar con gran precisión la estructura y función del corazón sin utilizar radiación ionizante. En los últimos años, la resonancia magnética cardiaca se ha convertido en una herramienta fundamental para el diagnóstico de enfermedades complejas, especialmente cuando otras pruebas no aportan información suficiente.
Gracias a su alta resolución y capacidad para caracterizar tejidos, esta prueba permite detectar inflamación, cicatrices, fibrosis miocárdica y alteraciones funcionales con un nivel de detalle superior a muchas otras técnicas de imagen.

La resonancia magnética cardíaca utiliza un potente campo magnético y ondas de radio para generar imágenes detalladas del corazón en movimiento.No emplea radiación, lo que la convierte en una técnica segura.
Durante el estudio, se obtienen múltiples secuencias que permiten evaluar el tamaño de las cavidades cardíacas, el grosor del músculo, la función de bombeo y la presencia de fibrosis miocárdica o inflamación. Por ello, es considerada una prueba de imagen cardíaca de referencia en muchas patologías.
La resonancia magnética cardíaca permite diagnosticar una amplia variedad de enfermedades cardiovasculares. Entre las principales indicaciones destacan las miocardiopatías, donde es clave para diferenciar formas hipertróficas, dilatadas o restrictivas.
También es fundamental en el diagnóstico de miocarditis, ya que permite visualizar inflamación activa del músculo cardíaco. En el contexto de cardiopatía isquémica, esta técnica identifica cicatrices tras un infarto y evalúa la viabilidad miocárdica, determinando si determinadas zonas del corazón pueden recuperar función tras una revascularización.
Además, resulta útil en el estudio de arritmias complejas, enfermedades infiltrativas y en la valoración avanzada de la insuficiencia cardíaca, fundamentalmente por su poder de detección de fibrosis ( áreas de cicatrices) y detección de inflamación activa del musculo del corazón
En cardiología, la resonancia magnética cardíaca está indicada cuando existen dudas diagnósticas tras otras pruebas. Se solicita con frecuencia ante sospecha de miocarditis, evaluación detallada de miocardiopatías o estudio de insuficiencia cardíaca de origen no aclarado, ( dado que se podría asociar a enfermedades que producen depósito de sustancias anómalas en el musculo cardiaca o miocardio).
También se emplea para valorar secuelas de cardiopatía isquémica, analizar la viabilidad miocárdica antes de intervenciones y estudiar ciertas arritmias que pueden tener un origen estructural.
La resonancia magnética cardíaca se realiza en una sala especializada. El paciente se tumba en una camilla que se introduce en el equipo. Es necesario permanecer inmóvil y realizar pequeñas pausas respiratorias guiadas por el técnico.
En muchos casos se administra contraste intravenoso para identificar fibrosis miocárdica o inflamación. La duración habitual oscila entre 30 y 60 minutos, dependiendo del protocolo y la complejidad del estudio.
En caso que el paciente presente clautrofobia, habrá un anestesiólogo con el, que le administre una suave sedación.
La resonancia magnética cardiaca es una prueba segura y no invasiva. No utiliza radiación y tiene un excelente perfil de seguridad. Sin embargo, puede estar contraindicada en pacientes con determinados dispositivos no compatibles.
El contraste utilizado suele ser bien tolerado, aunque debe valorarse cuidadosamente en pacientes con insuficiencia renal avanzada.
En comparación con otras pruebas de imagen cardíaca, la resonancia magnética cardíaca ofrece una mayor precisión en la caracterización del tejido. Permite diferenciar músculo sano de zonas con fibrosis miocárdica y evaluar con exactitud la función ventricular.
Por estas razones, es considerada una herramienta esencial en unidades avanzadas de cardiología.
Las imágenes obtenidas son analizadas por especialistas en cardiología e imagen avanzada. El informe permite confirmar diagnósticos, ajustar tratamientos y planificar intervenciones cuando es necesario.
En muchos casos, la resonancia magnética cardíaca cambia de forma significativa el enfoque terapéutico del paciente.
La resonancia magnética cardíaca es una herramienta diagnóstica clave en cardiología moderna. Su capacidad para detectar miocardiopatías, miocarditis, cardiopatía isquémica y fibrosis miocárdica la convierte en una prueba de imagen cardíaca imprescindible.
Ante síntomas persistentes o alteraciones en otras pruebas, el especialista puede indicar una resonancia magnética cardiaca para obtener un diagnóstico más preciso y personalizado.
Solicita mas información en el hospital Quirónsalud Valencia
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