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Blog del servicio de Geriatría de los Hospitales Quirónsalud Alicante, Torrevieja, Murcia, Valencia, Tenerife, Costa Adeje y Vida

  • Deterioro funcional tras una hospitalización: cómo prevenirlo

    Texto elaborado por José María Gómez-Reino, geriatra del Hospital Quirónsalud Torrevieja

    El deterioro funcional ancianos tras una hospitalización es una complicación frecuente y de gran relevancia clínica, que puede condicionar la pérdida de independencia y un empeoramiento significativo de la calidad de vida. Incluso ingresos hospitalarios breves por patologías agudas pueden desencadenar una disminución de la capacidad funcional previa, especialmente en pacientes frágiles.

    Este fenómeno forma parte de lo que se conoce como síndrome posthospitalización, un conjunto de alteraciones físicas, cognitivas y emocionales que aparecen tras el alta y que incrementan el riesgo de dependencia, reingresos y mortalidad. Su prevención debe iniciarse desde el mismo momento del ingreso hospitalario.


    Alta hospitalariaAlta hospitalaria

    Factores que contribuyen al deterioro funcional

    El deterioro funcional ancianos es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí. Durante la hospitalización, los pacientes mayores están expuestos a situaciones que favorecen la pérdida de capacidad funcional.

    Entre los principales factores destacan:

    • Inmovilización prolongada o reposo en cama.
    • Desnutrición o ingesta insuficiente.
    • Presencia de enfermedades agudas graves.
    • Polimedicación y efectos secundarios de fármacos.
    • Entorno hospitalario poco adaptado a la persona mayor.

    Además, el estrés asociado al ingreso hospitalario puede agravar la fragilidad del paciente y favorecer la aparición del síndrome posthospitalización.

    Consecuencias del deterioro funcional

    Las consecuencias del deterioro funcional ancianospueden ser graves y, en muchos casos, irreversibles si no se actúa de forma precoz. La pérdida de capacidad para realizar actividades básicas de la vida diaria, como caminar, vestirse o alimentarse, es una de las manifestaciones más frecuentes.

    Otras consecuencias relevantes incluyen:

    • Mayor riesgo de caídas tras el alta.
    • Incremento de la dependencia para actividades cotidianas.
    • Aparición o empeoramiento del deterioro cognitivo.
    • Mayor probabilidad de institucionalización.
    • Aumento de los reingresos hospitalarios.

    El síndrome posthospitalización también se asocia a una recuperación más lenta y a una mayor vulnerabilidad frente a nuevas enfermedades.

    Estrategias de prevención durante la hospitalización

    La prevención del deterioro funcional ancianos debe comenzar desde el ingreso hospitalario, mediante la implementación de medidas orientadas a mantener la movilidad y la autonomía del paciente.

    Entre las estrategias más eficaces se encuentran:

    • Fomentar la movilización precoz y evitar el reposo innecesario.
    • Garantizar una adecuada ingesta nutricional.
    • Revisar y ajustar la medicación de forma individualizada.
    • Adaptar el entorno hospitalario para favorecer la orientación y seguridad.
    • Implicar al paciente en su propio cuidado en la medida de lo posible.

    Estas intervenciones ayudan a reducir el impacto del ingreso y a prevenir el desarrollo del síndrome posthospitalización.

    Importancia de la rehabilitación y el ejercicio

    La recuperación funcional tras el alta hospitalaria requiere un enfoque activo, en el que la rehabilitación desempeña un papel fundamental. El ejercicio físico adaptado es una herramienta clave para mejorar la fuerza, el equilibrio y la movilidad.

    Programas de rehabilitación individualizados permiten:

    • Recuperar la capacidad para caminar.
    • Mejorar la autonomía en actividades básicas.
    • Reducir el riesgo de caídas.
    • Aumentar la confianza del paciente en sus capacidades.

    La continuidad de estas intervenciones tras el alta es esencial para minimizar el deterioro funcional ancianos y favorecer la recuperación.

    Seguimiento tras el alta hospitalaria

    El periodo posterior al alta es especialmente crítico, ya que es cuando se manifiestan muchas de las consecuencias del síndrome posthospitalización. Un seguimiento adecuado permite detectar precozmente problemas y actuar de forma oportuna.

    Es recomendable:

    • Realizar una valoración geriátrica integral tras el alta.
    • Coordinar la atención entre hospital y atención primaria.
    • Supervisar la evolución funcional del paciente.
    • Ajustar el tratamiento según la situación clínica.

    La implicación de la familia y cuidadores es clave para garantizar el cumplimiento de las recomendaciones y detectar signos de alarma.

    El deterioro funcional ancianos tras una hospitalización es un problema frecuente pero potencialmente prevenible. La identificación precoz de los factores de riesgo, junto con la implementación de medidas durante el ingreso y un adecuado seguimiento tras el alta, permiten reducir su impacto. Abordar el síndrome posthospitalización desde una perspectiva integral y multidisciplinar es fundamental para preservar la autonomía y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.


    Más información en el Hospital Quirónsalud Torrevieja

  • Polifarmacia en personas mayores: riesgos y cómo controlarla

    Texto elaborado por el doctor José María Gómez-Reino, geriatra del Hospital quirónsalud Torrevieja

    La polifarmacia ancianos es una situación cada vez más frecuente debido al aumento de la esperanza de vida y a la presencia de múltiples enfermedades crónicas en una misma persona. Se considera polifarmacia cuando un paciente utiliza varios medicamentos de forma simultánea, habitualmente cinco o más, durante un período prolongado.

    Aunque muchos tratamientos son necesarios para controlar enfermedades como la hipertensión, la diabetes o las patologías cardiovasculares, el uso excesivo de fármacos puede aumentar el riesgo de complicaciones y afectar negativamente a la calidad de vida. Por ello, el adecuado manejo de la medicación mayoresconstituye uno de los pilares fundamentales de la atención geriátrica.

    PolifarmaciaPolifarmacia

    Qué es la polifarmacia

    La polifarmacia no siempre implica un problema médico. En numerosos casos, la combinación de varios medicamentos es necesaria para tratar diferentes enfermedades de manera eficaz. Sin embargo, a medida que aumenta el número de fármacos prescritos, también se incrementa el riesgo de interacciones, efectos adversos y errores en la toma de la medicación.

    Las personas mayores presentan además cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que pueden modificar la forma en que el organismo absorbe, distribuye y elimina los medicamentos, haciendo que algunos tratamientos resulten más difíciles de controlar.

    Riesgos asociados a la polifarmacia

    Los principales problemas relacionados con la polifarmacia ancianos incluyen:

    • Aparición de efectos secundarios.
    • Interacciones entre medicamentos.
    • Mayor riesgo de caídas.
    • Confusión y deterioro cognitivo.
    • Ingresos hospitalarios evitables.
    • Problemas de adherencia al tratamiento.

    En algunos pacientes, los síntomas derivados de los propios medicamentos pueden confundirse con nuevas enfermedades, lo que puede llevar a la prescripción de fármacos adicionales y generar un círculo difícil de romper.

    Factores que favorecen la polifarmacia

    Existen diferentes circunstancias que pueden contribuir al uso excesivo de medicamentos en las personas mayores.

    Entre las más habituales destacan:

    • Presencia de múltiples enfermedades crónicas.
    • Atención por varios especialistas de forma simultánea.
    • Automedicación.
    • Uso prolongado de tratamientos sin revisión periódica.


    • Consumo de suplementos o productos naturales junto con la medicación habitual.

    La correcta coordinación entre profesionales sanitarios resulta fundamental para evitar duplicidades y tratamientos innecesarios.

    Cómo controlar la medicación en mayores

    La revisión periódica de la medicación mayores permite identificar fármacos que pueden suspenderse, sustituirse o ajustarse según la situación clínica del paciente.

    Algunas medidas recomendadas incluyen:

    • Mantener una lista actualizada de todos los medicamentos.
    • Revisar regularmente las prescripciones médicas.
    • Evitar la automedicación.
    • Informar al médico sobre cualquier efecto adverso.
    • Simplificar los tratamientos cuando sea posible.

    La participación activa del paciente y de sus familiares también contribuye a mejorar la seguridad y el cumplimiento terapéutico.

    Importancia de la valoración geriátrica

    La valoración geriátrica integral permite analizar de forma conjunta las enfermedades, la capacidad funcional, el estado cognitivo y los tratamientos que recibe cada persona.

    Gracias a esta evaluación es posible detectar situaciones de riesgo relacionadas con la polifarmacia ancianos y diseñar estrategias personalizadas que favorezcan un uso más seguro y eficaz de la medicación mayores.

    Cuándo consultar con un especialista

    Es recomendable solicitar una revisión médica cuando aparecen síntomas como mareos, somnolencia excesiva, caídas repetidas, confusión, pérdida de apetito o dificultades para seguir correctamente los tratamientos prescritos.

    Un control adecuado de la polifarmacia ancianos permite reducir complicaciones, mejorar la calidad de vida y optimizar el manejo de la medicación mayores, garantizando que cada tratamiento aporte un beneficio real para la salud del paciente.

    Más información en el hospital Quirónsalud Torrevieja

  • Deshidratación en personas mayores: señales de alerta poco evidentes

    Texto elaborado por el doctor Óscar Blasco, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Tenerife

    La deshidratación en ancianos constituye un problema clínico relevante en la práctica geriátrica, con una elevada prevalencia y un impacto significativo en la morbimortalidad. A menudo pasa desapercibida debido a la presentación atípica de sus síntomas, lo que retrasa su diagnóstico y tratamiento. En el envejecimiento, diversos cambios fisiológicos y sociales contribuyen a una menor ingesta de líquidos y a un mayor riesgo de desequilibrio hídrico.

    Deshidratacion en persona mayoresDeshidratacion en persona mayores

    Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento

    Con el paso de los años, el organismo experimenta una reducción del contenido total de agua corporal, acompañada de una disminución de la masa muscular. Además, la función renal se deteriora progresivamente, reduciendo la capacidad de concentrar la orina y conservar agua. Otro aspecto clave es la alteración del mecanismo de la sed, lo que hace que muchas personas mayores no perciban la necesidad de beber líquidos. Por ello, la hidratación de nuestros mayores debe ser considerada una prioridad en el cuidado diario.

    Asimismo, se producen cambios hormonales que afectan la regulación del equilibrio hídrico, como la menor respuesta a la hormona antidiurética. Todo ello incrementa la vulnerabilidad ante situaciones de estrés fisiológico, como infecciones o temperaturas elevadas.

    Factores de riesgo en la población mayor


    Existen múltiples factores que favorecen la aparición de deshidratación en ancianos. Entre ellos destacan las enfermedades crónicas como la insuficiencia cardíaca, la enfermedad renal o la diabetes mellitus. El uso de determinados fármacos, especialmente diuréticos, laxantes o algunos antihipertensivos, también contribuye a la pérdida de líquidos.

    Otros factores incluyen la dependencia funcional, las dificultades para acceder a bebidas, los trastornos de la deglución y el deterioro cognitivo. En estos casos, la falta de autonomía limita la capacidad de mantener una adecuada hidratación de los mayores, siendo imprescindible la intervención de sus cuidadores y los profesionales sanitarios.

    Manifestaciones clínicas poco evidentes

    Uno de los aspectos más relevantes es que la deshidratación en ancianos no siempre se manifiesta con los síntomas clásicos. En lugar de sed intensa, pueden aparecer signos inespecíficos como apatía, confusión, somnolencia o deterioro funcional. Estos síntomas pueden confundirse fácilmente con otras patologías o atribuirse al envejecimiento normal.

    También es frecuente observar mareos, caídas, estreñimiento o empeoramiento del estado general. A nivel físico, pueden detectarse mucosas secas, disminución de la elasticidad cutánea o cambios en el color de la orina. Sin embargo, estos signos no siempre son evidentes, lo que dificulta el diagnóstico precoz.

    Complicaciones asociadas

    La falta de una adecuada hidratación en las personas mayores puede dar lugar a complicaciones importantes. Entre ellas se incluyen infecciones urinarias, insuficiencia renal aguda, alteraciones electrolíticas y episodios de delirium. Además, la deshidratación incrementa el riesgo de hospitalización y prolonga la estancia hospitalaria cuando esta ocurre.

    En pacientes frágiles, incluso una deshidratación leve puede desencadenar un deterioro significativo del estado funcional, afectando su autonomía y calidad de vida. Por ello, la prevención y detección temprana son fundamentales en la práctica geriátrica.

    Estrategias de prevención y manejo

    El abordaje de la deshidratación en ancianos debe ser integral y adaptado a las características de cada paciente. Es recomendable fomentar la ingesta regular de líquidos, estableciendo rutinas a lo largo del día, incluso en ausencia de sensación de sed. También es útil ofrecer bebidas variadas y adaptadas a los gustos individuales, sin perder de vista sus comorbilidades.

    La incorporación de alimentos ricos en agua, como frutas, verduras o caldos, puede contribuir a mejorar la hidratación de las personas mayores. En pacientes con disfagia, es necesario adaptar la textura de los líquidos para garantizar una ingesta segura.

    El papel de los cuidadores es esencial, especialmente en personas con deterioro cognitivo o dependencia. Asimismo, es importante revisar periódicamente la medicación y ajustar aquellos tratamientos que puedan favorecer la pérdida de líquidos.

    La deshidratación en ancianos es una condición frecuente pero prevenible, cuyo impacto puede ser significativo si no se detecta a tiempo. La identificación de factores de riesgo, junto con la vigilancia de signos clínicos sutiles, permite una intervención precoz. Promover una adecuada hidratación de nuestros mayores es una medida sencilla pero fundamental para mejorar la salud, la funcionalidad y la calidad de vida reduciendo la incidencia de complicaciones prevenibles en la población geriátrica.

  • Fragilidad en la persona mayor: claves desde la geriatría

    Texto elaborado por el doctor Juan Ramón Doménech, geriatra del Centro Médico Quirónsalud Mercado de Colon

    El envejecimiento es un proceso natural, pero no todas las personas mayores envejecen de la misma manera. En la práctica clínica de la geriatría, uno de los conceptos más relevantes es la fragilidad en la persona mayor, una condición que va más allá del simple paso del tiempo y que implica una mayor vulnerabilidad ante cualquier situación de estrés.

    El síndrome de fragilidad se define como un estado en el que el organismo presenta una disminución de sus reservas fisiológicas, lo que reduce su capacidad de respuesta frente a enfermedades, caídas o incluso cambios aparentemente leves en su entorno y que esta asociado a resultados adversos en salud, entre ellos la dependencia funcional. Desde el punto de vista de la geriatría, no se trata de una enfermedad concreta, sino de un conjunto de manifestaciones que reflejan un deterioro progresivo de múltiples áreas y que por tanto requiere una valoración integral o multidimensional.

    Fragilidad AncianosFragilidad Ancianos

    ¿Qué es la fragilidad en la persona mayor?

    La fragilidad en la persona mayor es un estado clínico caracterizado por una menor capacidad de adaptación del organismo. Este concepto es clave dentro de la geriatría, ya que permite identificar a pacientes con mayor riesgo de sufrir eventos adversos.

    En la consulta, este síndrome de fragilidad suele identificarse a través de señales como la pérdida de peso no intencionada, el cansancio persistente, la disminución de la fuerza muscular, una marcha más lenta o una menor actividad física. Aunque pueden parecer signos propios de la edad, su presencia conjunta puede indicar una situación de fragilidad que conviene abordar de forma precoz.

    Importancia del diagnóstico en geriatría

    La detección precoz de la fragilidad en la persona mayor es fundamental, ya que el síndrome de fragilidad está estrechamente relacionado con un mayor riesgo de caídas, hospitalizaciones, pérdida de autonomía, desarrollo de discapacidad y mortalidad. Por este motivo, la geriatría pone el foco en la prevención y en la identificación temprana de esta condición, que permita intervenir de forma multidimensional y prolongar la autonomía y calidad de vida de la persona mayor.





    Diversos factores pueden favorecer su aparición, como la presencia de enfermedades crónicas, la malnutrición, el sedentarismo, el aislamiento social, los trastornos del ánimo o el deterioro cognitivo. En este contexto, la geriatría aborda al paciente de forma integral, teniendo en cuenta no solo sus patologías, sino su estado físico y funcional, su entorno social, su situación emocional y cognitiva y su estado nutricional. Resulta también importante evaluar la polifarmacia y otros síndromes geriátricos especialmente prevalentes en el paciente mayor.

    Prevención y abordaje del síndrome de fragilidad

    A pesar de su impacto, el síndrome de fragilidad puede prevenirse e incluso revertirse en muchos casos. La evidencia científica respalda intervenciones basadas en el ejercicio físico adaptado, especialmente el entrenamiento de fuerza, una alimentación equilibrada con un adecuado aporte proteico, la revisión de tratamientos farmacológicos y el fomento de la actividad social y cognitiva.

    El objetivo de la geriatría no es únicamente tratar enfermedades, sino preservar la funcionalidad y la calidad de vida. Por ello, actuar sobre la fragilidad en la persona mayor de forma precoz permite mejorar significativamente el pronóstico.

    La fragilidad en la persona mayor representa uno de los principales retos actuales de la geriatría. La identificación temprana del síndrome de fragilidad y un abordaje adecuado permiten favorecer un envejecimiento más activo y saludable y prolongar la autonomía y calidad de vida.

    Más información en el hospital Quirónsalud Valencia

  • Cuidar hoy para proteger mañana: cómo prevenir caídas en personas mayores con fragilidad

    Texto elaborado por el doctor Israel Puell, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Quirónsalud Torrevieja

    Las caídas representan uno de los principales problemas de salud en las personas mayores, especialmente en aquellas que presentan fragilidad. La prevención de caídas en personas mayores frágiles es una prioridad dentro de la geriatría, ya que estos eventos pueden desencadenar consecuencias graves como fracturas, hospitalizaciones o pérdida de autonomía.

    El riesgo de caída no depende únicamente de la edad, sino de una combinación de factores físicos, cognitivos y ambientales. Por ello, abordar la prevención de caídas en personas mayores frágiles requiere una visión integral que tenga en cuenta tanto el estado de salud de la persona como su entorno.

    Caidas en ancianosCaidas en ancianos

    Factores que aumentan el riesgo de caídas

    En la práctica clínica, se observa que las personas mayores con fragilidad presentan alteraciones en la fuerza muscular, el equilibrio y la marcha, lo que incrementa notablemente el riesgo de caídas. A esto se suman factores como el uso de múltiples medicamentos, problemas de visión, enfermedades crónicas o el deterioro cognitivo.

    Desde la perspectiva de la geriatría, también es fundamental analizar el entorno. Un domicilio no adaptado puede convertirse en un elemento de riesgo, por lo que garantizar un hogar seguro es clave para reducir la probabilidad de caídas.

    Importancia del ejercicio en la prevención

    Uno de los pilares fundamentales en la prevención de caídas en personas mayores frágiles es la actividad física. En concreto, los ejercicios de equilibrio para mayores han demostrado ser especialmente eficaces para mejorar la estabilidad, la coordinación y la confianza al caminar.

    El entrenamiento debe ser adaptado a las capacidades de cada persona y supervisado por profesionales cuando sea necesario. La mejora del equilibrio y de la fuerza muscular no solo reduce el riesgo de caídas, sino que también contribuye a mantener la independencia funcional.

    Adaptación del entorno: clave para un hogar seguro

    Además del ejercicio, la adecuación del domicilio juega un papel esencial. Crear un hogar seguro implica eliminar obstáculos, mejorar la iluminación, instalar apoyos en zonas como el baño y evitar superficies resbaladizas.

    En el abordaje geriátrico, pequeñas modificaciones en el entorno pueden tener un gran impacto en la prevención de caídas en personas mayores frágiles, ya que reducen riesgos cotidianos que a menudo pasan desapercibidos.

    La prevención de caídas en personas mayores frágiles es un objetivo fundamental en la geriatría moderna. La combinación de intervenciones dirigidas al ejercicio, especialmente los ejercicios de equilibrio para mayores, junto con la adaptación del entorno para lograr un hogar seguro, permite reducir significativamente el riesgo de caídas y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

    Más información en el hospital Quirónsalud Torrevieja

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