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Blog del Dr. Francois Peinado. Urología. Hospital Universitario Ruber Juan Bravo

  • Enfermedad de Peyronie en España: primer registro nacional de la enfermedad

    La enfermedad de Peyronie continúa siendo una patología relativamente desconocida para buena parte de la población, pese a que puede alterar de manera importante la vida sexual, la percepción corporal y la calidad de vida de los hombres que la padecen. Se caracteriza por la aparición de una zona de fibrosis o placa en la túnica albugínea del pene que puede provocar curvatura durante la erección, acortamiento, estrechamientos o deformidades, dolor y, en algunos pacientes, disfunción eréctil.

    Con el objetivo de conocer mejor cómo se presenta realmente esta enfermedad en nuestro país, cómo la estamos tratando y qué resultados perciben los propios pacientes, he coordinado a nivel nacional un estudio multicéntrico que constituye el primer gran registro prospectivo español de enfermedad de Peyronie de estas características.

    El trabajo, que he liderado como primer autor y autor de correspondencia, reunió a especialistas de algunos de los principales centros de andrología y urología de España. En su desarrollo tuve además la colaboración especialmente estrecha del Dr. Javier Romero-Otero, del Hospital Universitario 12 de Octubre, que participó de forma destacada en la coordinación científica y en el desarrollo del proyecto, junto con un amplio grupo de urólogos y andrólogos españoles.

    El resultado ha sido el estudio "Peyronie’s disease in Spain: a prospective study", publicado en 2026 en Sexual Medicine, revista científica de la International Society for Sexual Medicine. El trabajo recoge información de 601 hombres atendidos en 15 centros españoles, lo que representa la mayor cohorte de pacientes con enfermedad de Peyronie estudiada hasta ahora en nuestro país.

    Enfermedad de Peyronie en España_1Enfermedad de Peyronie en España_1

    Una fotografía de la enfermedad de Peyronie en la vida real

    Uno de los aspectos que considero más importantes de este trabajo es que no se trata de una revisión teórica ni de pacientes seleccionados para probar un determinado tratamiento. Es un estudio prospectivo y multicéntrico realizado sobre pacientes atendidos en la práctica clínica habitual.

    Se incluyeron hombres mayores de 18 años con un diagnóstico confirmado de enfermedad de Peyronie que todavía no habían recibido un tratamiento específico para la enfermedad. De esta manera pudimos obtener una imagen bastante fiel de cómo llegan estos pacientes por primera vez a nuestras consultas: qué edad tienen, cuánto tiempo llevan con la enfermedad, qué tipo de deformidad presentan, cuál es su función eréctil y qué enfermedades asociadas aparecen con mayor frecuencia.

    La edad media representativa de estos pacientes se situó alrededor de los 57 años, aunque evidentemente la enfermedad puede aparecer tanto antes como después. El tiempo transcurrido desde el comienzo de los síntomas hasta la valoración era de aproximadamente 12 meses.

    Este dato es importante. La enfermedad de Peyronie no debería contemplarse únicamente cuando la curvatura ya está completamente establecida. Aproximadamente un 42 % de los hombres estudiados todavía se encontraba en la denominada fase activa o inflamatoria, en la que pueden existir dolor y cambios progresivos en la deformidad.

    Peyronie no significa solamente tener el pene curvado

    Uno de los errores más frecuentes es reducir la enfermedad de Peyronie a una simple desviación del pene.

    En realidad, puede producir una combinación de problemas: curvatura, pérdida de longitud, estrechamientos, deformidad en reloj de arena, dificultad para mantener relaciones sexuales y, en algunos casos, disfunción eréctil.

    En nuestro registro encontramos una placa palpable en algo más del 82 % de los pacientes, localizada predominantemente en la cara dorsal del pene. Entre los pacientes en los que se realizó una medición específica de la curvatura, la mayoría presentaba deformidades de intensidad moderada, aunque encontramos también casos con curvaturas superiores a 60º, 90º e incluso más grados. Aproximadamente un 9 % presentaba además una deformidad en reloj de arena.

    Estos datos son importantes porque dos hombres con el diagnóstico de "Peyronie" pueden tener enfermedades completamente diferentes desde el punto de vista funcional. Una curvatura dorsal de 30 grados con buenas erecciones no plantea el mismo problema que una deformidad compleja de 80 grados, pérdida importante de longitud, estrechamiento del cuerpo del pene y disfunción eréctil.

    Por eso el tratamiento no debería establecerse simplemente en función de que exista o no una placa. Hay que estudiar la geometría completa del pene y, sobre todo, cómo afecta esa deformidad a la vida sexual del paciente.

    La repercusión psicológica forma parte de la enfermedad

    Otro de los mensajes fundamentales del estudio es que Peyronie no es únicamente una enfermedad anatómica. Los pacientes completaron cuestionarios específicos destinados a estudiar tanto la función eréctil como el impacto de la enfermedad. Los resultados confirmaron algo que vemos diariamente en la consulta: el aspecto del pene, la pérdida de longitud y las dificultades para mantener determinadas posiciones durante las relaciones sexuales pueden afectar considerablemente a la seguridad y a la percepción que el hombre tiene de sí mismo.

    En algunos pacientes aparece preocupación constante por el aspecto del pene, disminución de la actividad sexual, miedo a que la penetración sea dolorosa o imposible y deterioro de la relación de pareja.

    Por este motivo, cuando evaluamos a un paciente con Peyronie, no basta con medir los grados de curvatura. Debemos preguntarle qué le preocupa realmente. Para algunos hombres será la curvatura; para otros, la pérdida de longitud; para otros, la dificultad de penetración o la calidad de la erección.

    La indicación de tratamiento debe tener en cuenta todo este conjunto.

    Enfermedad de Peyronie y salud cardiovascular y metabólica

    El registro también nos permitió estudiar las enfermedades asociadas.

    Encontramos hipercolesterolemia en aproximadamente el 30 % de los pacientes, hipertensión arterial en el 27 % y diabetes en el 15 %.

    Esto no significa que estas enfermedades sean necesariamente la causa directa de Peyronie. Sin embargo, existe desde hace años un interés creciente por la posible relación entre alteraciones vasculares, metabólicas, procesos de cicatrización anómalos y fibrosis.

    La teoría más aceptada sobre el origen de la enfermedad considera que determinados traumatismos o microtraumatismos repetidos sobre la túnica albugínea durante las relaciones sexuales pueden desencadenar, en hombres predispuestos, una respuesta anormal de reparación y fibrosis. Probablemente no exista una única causa. La edad, la susceptibilidad individual, los factores metabólicos, la calidad de los tejidos y los microtraumatismos pueden actuar conjuntamente.

    ¿Cómo se está tratando la enfermedad de Peyronie en España?

    Una de las aportaciones más interesantes del registro fue conocer qué tratamientos se estaban utilizando realmente en nuestro país.

    En el periodo analizado, las estrategias no quirúrgicas más frecuentes fueron la terapia de tracción peneana, utilizada en aproximadamente el 36 % de los pacientes; las inyecciones intraplaca de colagenasa, en alrededor del 29 %; y el tadalafilo diario, en aproximadamente el 23 %.

    También aparecieron tratamientos como pentoxifilina, vitamina E, L-arginina, ondas de choque y otras opciones, aunque con una utilización considerablemente menor.

    Este resultado pone de manifiesto uno de los problemas históricos de la enfermedad de Peyronie: durante décadas se han utilizado numerosos tratamientos con niveles de evidencia científica muy diferentes. Nuestro trabajo demuestra que en la práctica clínica existe una importante heterogeneidad terapéutica. Y precisamente una de las conclusiones del estudio es la necesidad de avanzar hacia protocolos de tratamiento más claros y basados en la evidencia disponible.

    No todo tratamiento que se ha utilizado tradicionalmente para Peyronie ha demostrado realmente modificar la enfermedad.

    Enfermedad de Peyronie en España_2Enfermedad de Peyronie en España_2

    El papel de la tracción peneana

    La terapia de tracción aparece como una de las estrategias conservadoras más empleadas.

    Conceptualmente tiene sentido: aplicar una fuerza mecánica mantenida sobre los tejidos puede favorecer una remodelación progresiva y ayudar a preservar o recuperar parcialmente longitud, además de mejorar la curvatura en determinados pacientes. Sin embargo, tampoco puede presentarse como una solución universal. Su eficacia depende de la fase de la enfermedad, el tipo de deformidad, el dispositivo utilizado, la duración diaria del tratamiento y, sobre todo, del cumplimiento por parte del paciente.

    En mi práctica clínica considero particularmente importante diferenciar qué pacientes pueden beneficiarse de una estrategia conservadora y cuáles presentan una deformidad estructural que difícilmente va a corregirse suficientemente sin cirugía.

    ¿Cuándo termina siendo necesaria la cirugía?

    La cirugía sigue teniendo un papel fundamental cuando la enfermedad se ha estabilizado y la deformidad impide o dificulta significativamente las relaciones sexuales.

    En nuestro registro, el intervalo medio desde el inicio de la enfermedad hasta la cirugía fue de aproximadamente 18 meses.

    La técnica quirúrgica empleada con mayor frecuencia fue la plicatura peneana, aunque también se realizaron cirugías de incisión de placa, técnicas con injerto y, en determinados pacientes con disfunción eréctil asociada, implante de prótesis de pene.

    La elección de una técnica u otra debe individualizarse cuidadosamente.

    Las técnicas de plicatura permiten corregir eficazmente muchas curvaturas, pero lo hacen acortando el lado más largo del pene. Por ello, en pacientes con pérdida importante de longitud, deformidades severas o determinadas características anatómicas, puede resultar más adecuado emplear técnicas de alargamiento del lado corto mediante incisión de la túnica e injerto.

    Y cuando existe una disfunción eréctil grave que no responde adecuadamente al tratamiento médico, la prótesis de pene puede permitir tratar simultáneamente la rigidez y la deformidad.

    No existe, por tanto, una única "operación de Peyronie". Existen diferentes herramientas quirúrgicas que deben adaptarse a la anatomía, la función eréctil y las expectativas de cada paciente.

    Los resultados quirúrgicos fueron buenos, pero la cirugía no es inocua

    Entre los pacientes con datos quirúrgicos disponibles, aproximadamente el 80 % consiguió una corrección completa o casi completa de la curvatura, definida como una desviación residual igual o inferior a 15 grados.

    También se registraron complicaciones postoperatorias, en su mayoría hematomas o problemas menores de la herida, lo que recuerda que cualquier procedimiento reconstructivo del pene debe realizarse con una indicación adecuada y explicando previamente al paciente los posibles riesgos.

    La cirugía de Peyronie puede producir acortamiento, alteraciones de sensibilidad, disfunción eréctil, curvatura residual u otras complicaciones. El objetivo no consiste solamente en dejar un pene visualmente recto, sino en conseguir un pene funcional con el mejor equilibrio posible entre longitud, rigidez, sensibilidad y satisfacción del paciente.

    ¿Quedaron satisfechos los pacientes?

    Este fue otro aspecto particularmente interesante del registro.

    Entre los pacientes con información de seguimiento disponible, algo más de la mitad consideraba que su pene estaba completamente o casi completamente recto. Cerca del 58 % refería mantener relaciones sexuales satisfactorias, y aproximadamente nueve de cada diez pacientes que respondieron a esta pregunta manifestaron que volverían a elegir el mismo tratamiento.

    Sin embargo, estos datos deben interpretarse con prudencia. El número de pacientes con cuestionarios completos de seguimiento fue mucho menor que el de la cohorte inicial y no se trataba de un estudio diseñado para comparar de forma aleatorizada cirugía frente a tratamientos conservadores.

    Por eso no debemos concluir simplemente que "la cirugía es mejor". Lo que sí podemos afirmar es que, cuando la cirugía está correctamente indicada y seleccionamos adecuadamente la técnica, puede conseguir un grado elevado de corrección y satisfacción.

    Un problema todavía infradiagnosticado

    Uno de los aspectos que vemos repetidamente en la consulta es que muchos hombres tardan meses en acudir al especialista.

    Algunos piensan que la curvatura desaparecerá espontáneamente. Otros sienten vergüenza. En ocasiones reciben inicialmente un diagnóstico de simple disfunción eréctil sin evaluar adecuadamente la deformidad.

    Nuestro registro muestra una duración mediana de la enfermedad de aproximadamente un año antes de la inclusión en el estudio. Esto debería hacernos reflexionar. Una valoración precoz no significa que haya que operar antes. Al contrario: significa estudiar bien al paciente desde el inicio, establecer en qué fase se encuentra la enfermedad, medir correctamente la deformidad, valorar la calidad de la erección y decidir si es necesario tratar, observar o realizar seguimiento.

    La importancia de medir correctamente la deformidad

    Otro resultado interesante es que la evaluación de la curvatura se realizó fundamentalmente mediante fotografías del pene en máxima erección tomadas desde diferentes posiciones, siguiendo el método clásico descrito por Kelami.

    En nuestra práctica considero que la evaluación debería ser lo más objetiva y reproducible posible. No basta con que el paciente diga que el pene "se ha torcido mucho más". Debemos intentar documentar los grados de curvatura, su dirección, la longitud peneana, la localización de la placa y la presencia de deformidades como estrechamiento, reloj de arena o efecto bisagra.

    Cuando está indicado, la ecografía peneana puede aportar información adicional sobre la placa, su localización y la presencia de calcificación.

    Cuanto mejor caractericemos la deformidad antes de tratar, más razonable será la elección terapéutica y más realistas serán las expectativas.

    Lo que nos enseña este primer gran registro español

    Para mí, una de las principales enseñanzas del estudio es que la enfermedad de Peyronie es mucho más heterogénea de lo que puede parecer.

    No existe un "paciente típico" al que podamos aplicar el mismo tratamiento. Hay hombres en fase activa y dolorosa y otros con una enfermedad estabilizada desde hace años. Hay curvaturas leves y deformidades superiores a 90 grados. Algunos mantienen erecciones completamente normales y otros presentan una disfunción eréctil severa. Algunos están fundamentalmente preocupados por la curvatura; otros, por la pérdida de longitud o por la apariencia del pene.

    El tratamiento moderno de la enfermedad debe abandonar progresivamente los algoritmos demasiado simplistas y dirigirse hacia una medicina personalizada.

    También debemos ser críticos con tratamientos que se han mantenido durante años pese a disponer de poca evidencia científica. El propio estudio concluye que en la práctica clínica española se ha utilizado una gran variedad de tratamientos y que algunos cuentan con un respaldo científico limitado, lo que refuerza la necesidad de mejorar la formación, la investigación y la estandarización de los protocolos.

    Investigar Peyronie significa también escuchar al paciente

    Existe finalmente otro aspecto que considero esencial.

    Durante muchos años, los resultados de la cirugía de Peyronie se expresaban fundamentalmente en grados de corrección de la curvatura. Pero para el paciente el resultado es mucho más complejo. Quiere saber cómo quedará la longitud de su pene, si podrá mantener relaciones sexuales, si conservará la sensibilidad, cómo serán sus erecciones y si volverá a sentirse cómodo con su cuerpo. Por eso la investigación futura debe combinar medidas anatómicas objetivas con resultados comunicados directamente por los pacientes.

    En este registro intentamos precisamente incorporar esa visión.

    Un proyecto de colaboración nacional

    Este trabajo tampoco habría sido posible sin la colaboración de numerosos centros y especialistas españoles.

    Coordinar a nivel nacional un registro prospectivo de 601 pacientes procedentes de 15 centros de andrología nos ha permitido disponer por primera vez de una visión amplia de cómo se manifiesta y cómo se trata la enfermedad de Peyronie en nuestro entorno.

    He tenido la oportunidad de liderar y escribir este proyecto como primer autor, desde su conceptualización hasta el análisis y supervisión final, contando especialmente con la colaboración del Dr. Javier Romero-Otero y de un amplio grupo de urólogos y andrólogos españoles que hicieron posible la recogida de los datos.

    Más allá de las cifras, creo que su principal valor es que nos permite conocer mejor a nuestros pacientes. Y conocer mejor una enfermedad es siempre el primer paso para tratarla mejor.

    La enfermedad de Peyronie sigue planteando numerosas preguntas sin resolver. Necesitamos estudios con seguimientos más prolongados, mejores sistemas de medición, registros prospectivos más amplios y comparaciones rigurosas entre tratamientos.

    Pero disponer ya de una cohorte española de más de 600 pacientes constituye un paso importante. Nuestro objetivo final no debería ser simplemente conseguir que un pene esté más recto. Debemos intentar preservar o recuperar, siempre que sea posible, función sexual, longitud, rigidez, confianza y calidad de vida.

    Ese es, en definitiva, el verdadero objetivo del tratamiento de la enfermedad de Peyronie.

    Referencia científica

    Peinado-Ibarra F, García-Gómez B, Alonso-Isa M, et al. Peyronie’s disease in Spain: a prospective study. Sexual Medicine. 2026;14(4):qfag006. DOI: 10.1093/sexmed/qfag006. Publicado el 11 de mayo de 2026.

  • Cirugía compleja con injerto en Peyronie (II parte)

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    Para proseguir con este artículo, la disfunción eréctil postoperatoria es uno de los puntos más delicados. Entre los hombres que tenían una función eréctil normal antes de la cirugía, el 22,2% desarrolló disfunción eréctil nueva tras la intervención. La mayoría pudo manejarse con fármacos como los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, aunque algunos necesitaron tratamientos más avanzados, como inyecciones intracavernosas o incluso una prótesis de pene secundaria. Este dato no debe utilizarse para asustar, pero sí para informar con honestidad.

    Uno de los hallazgos más interesantes del trabajo es que la disfunción eréctil postoperatoria no dependió principalmente del tamaño del injerto ni de que la deformidad fuera compleja. Lo que más se asoció al riesgo de disfunción eréctil fue la presencia de enfermedad cardiovascular, diabetes u otros factores metabólicos. De hecho, el análisis multivariable mostró que la enfermedad cardiovascular o la diabetes se asociaban de forma significativa con la disfunción eréctil postoperatoria, con una odds ratio de 6,19. Además, el 72,3% de los pacientes que desarrollaron disfunción eréctil tenía factores de riesgo cardiovascular o diabetes.

    Este punto cambia la forma de interpretar la cirugía. No todo deterioro de la erección después de una intervención debe atribuirse exclusivamente al bisturí. En muchos hombres, la enfermedad de Peyronie convive con una salud vascular deteriorada. La erección es un fenómeno vascular muy sensible, y la diabetes, la hipertensión, el tabaco, la obesidad, la enfermedad coronaria o la resistencia a la insulina pueden condicionar el resultado final. Por tanto, la evaluación cardiovascular y metabólica debe formar parte de la valoración preoperatoria.

    Curiosamente, entre los hombres que ya tenían disfunción eréctil antes de la cirugía, el 37% refirió mejoría de la función eréctil después de la intervención. Esto puede explicarse porque, en algunos pacientes, el problema principal no es solo vascular, sino mecánico: la curvatura, el dolor, el estrechamiento o la deformidad impiden una relación sexual eficaz. Al corregir la anatomía, algunos hombres recuperan confianza, mejoran la penetración y perciben mejor función sexual. Aun así, este dato debe interpretarse con prudencia, porque no significa que la cirugía con injerto sea un tratamiento de la disfunción eréctil. Si la disfunción eréctil es severa o no responde a fármacos, la opción más lógica suele ser la prótesis de pene.

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    Las complicaciones quirúrgicas fueron relativamente bajas. En el seguimiento, las complicaciones ocurrieron en el 4,4% de los pacientes. Las infecciones de herida fueron del 1,4%, los hematomas o colecciones que requirieron drenaje fueron poco frecuentes, y solo un 0,3% precisó evacuación quirúrgica de un hematoma. La reoperación fue necesaria en el 8,5% de los pacientes, por motivos como corrección de curvatura residual, tratamiento de disfunción eréctil o procedimientos relacionados con longitud o pene enterrado.

    El estudio también aporta una enseñanza muy práctica: los pacientes con curvaturas más severas parecieron estar más satisfechos después de la cirugía. Esto tiene sentido. Cuando la deformidad inicial es muy limitante, la mejoría funcional se percibe de manera más clara. En cambio, un paciente con una curvatura menos dramática puede tener expectativas más exigentes respecto a longitud, sensibilidad o rectitud. Por eso, en la consulta es fundamental individualizar la indicación y explicar con detalle qué puede y qué no puede conseguir la cirugía.

    Desde el punto de vista clínico, este artículo refuerza varias ideas. La primera es que la incisión de placa con injerto es una técnica útil para Peyronie severa o compleja en pacientes bien seleccionados. La segunda es que debe realizarse preferentemente en centros con experiencia en cirugía andrológica reconstructiva. No es una cirugía menor ni puramente estética: exige una adecuada valoración de la curvatura, de la placa, de la longitud, de la función eréctil y de las expectativas del paciente. La tercera es que la salud metabólica y cardiovascular importa tanto como la técnica quirúrgica. Un paciente con diabetes mal controlada, hipertensión, tabaquismo, obesidad abdominal o enfermedad coronaria no tiene el mismo pronóstico eréctil que un paciente vascularmente sano.

    En la práctica, antes de indicar una cirugía con injerto conviene realizar una historia sexual detallada, valorar la calidad de las erecciones, documentar la curvatura con fotografías adecuadas o erección inducida, medir la longitud peneana estirada y considerar un Doppler peneano cuando existe duda sobre la función vascular. También es razonable valorar factores de riesgo cardiometabólico: glucosa, HbA1c, perfil lipídico, presión arterial, tabaco, obesidad abdominal y antecedentes cardiovasculares. En algunos pacientes, optimizar estos factores antes de la cirugía puede mejorar el resultado funcional y reducir el riesgo de disfunción eréctil posterior.

    El protocolo de rehabilitación utilizado en el estudio también es interesante. Todos los pacientes realizaron rehabilitación peneana postoperatoria con tadalafilo 5 mg diario desde la segunda semana y terapia con dispositivo de vacío durante 10 minutos diarios desde la tercera semana, durante tres meses. Aunque cada caso debe individualizarse, esta estrategia tiene lógica: favorecer oxigenación, elasticidad tisular y recuperación funcional durante la fase de cicatrización.

    Para el paciente, el mensaje final debe ser equilibrado. La cirugía con incisión de placa e injerto puede ofrecer muy buenos resultados en manos expertas: alta satisfacción, alta tasa de recuperación de relaciones sexuales y buena corrección de deformidades severas. Pero no es una cirugía milagrosa. Puede haber pérdida percibida de longitud, cambios de sensibilidad, curvatura residual, necesidad de tratamientos para la erección o incluso reintervención. Por eso, el éxito no depende solo de operar bien, sino de seleccionar bien, medir bien, informar bien y cuidar la salud vascular del paciente.

    La enfermedad de Peyronie no debe entenderse únicamente como una cicatriz localizada en el pene. En muchos hombres es también una oportunidad para revisar la salud sexual, vascular y metabólica. Cuando un paciente consulta por curvatura peneana, no basta con medir los grados de desviación. Hay que valorar la erección, el riesgo cardiovascular, la diabetes, el estilo de vida y el impacto psicológico. Esa visión integral es, probablemente, una de las principales lecciones de este estudio.

    En nuestra unidad de cirugía compleja de Peyronie, que tengo el privilegio de dirigir, valoramos cada caso de forma individualizada, porque no todas las curvaturas ni todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento. En los casos más complejos —curvaturas severas, deformidades en reloj de arena, estrechamientos o pérdida importante de longitud— una parte muy relevante de las cirugías que realizamos se basa en técnicas reconstructivas con incisión de la placa e injerto, siempre que la función eréctil lo permita y tras una valoración detallada. El objetivo no es solo corregir la curvatura, sino recuperar una vida sexual funcional, segura y realista. Los pacientes con enfermedad de Peyronie que tengan dudas sobre su caso pueden solicitar una valoración especializada para estudiar qué opción terapéutica es la más adecuada.

    Referencia

    Sarna S, Pang KH, Christopher AN, Ralph DJ, Muneer A, Alnajjar HM. Plaque incision and grafting for Peyronie’s disease: 15-year experience and functional outcomes from a high-volume andrology centre. IJIR: Your Sexual Medicine Journal. 2026. doi:10.1038/s41443-026-01296-7. https://rdcu.be/fou9uEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Cirugía compleja con injerto en Peyronie (I parte)

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    La enfermedad de Peyronie es una alteración cicatricial del pene en la que se forma una placa fibrosa en la túnica albugínea, la capa que rodea los cuerpos cavernosos. Esa placa puede producir dolor, curvatura durante la erección, acortamiento, estrechamiento del pene o deformidades en "reloj de arena". En muchos hombres, el problema no es solo anatómico: puede dificultar o impedir la penetración, afectar a la autoestima y generar ansiedad sexual.

    Un estudio reciente publicado en IJIR: Your Sexual Medicine Journal analiza una de las técnicas quirúrgicas más importantes para los casos avanzados de enfermedad de Peyronie: la incisión de la placa con injerto, conocida en inglés como plaque incision and grafting o PIG. El trabajo recoge la experiencia de 15 años de un centro andrológico de alto volumen en Londres, con 325 pacientes operados entre 2009 y 2024. Es una de las series más amplias publicadas sobre esta técnica y aporta datos muy útiles para entender qué puede esperar un paciente cuando se somete a este tipo de cirugía.

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    La cirugía de Peyronie no es igual para todos los pacientes. En términos generales, existen tres grandes opciones quirúrgicas. La primera es la plicatura, que corrige la curvatura acortando el lado más largo del pene. Es una técnica eficaz, pero puede producir una pérdida de longitud. La segunda es la incisión de la placa con injerto, que busca liberar la zona retraída y cubrir el defecto con un material biológico. La tercera es el implante de prótesis de pene, especialmente indicado cuando además de la curvatura existe una disfunción eréctil importante que no responde bien al tratamiento médico.

    La técnica analizada en este estudio, la incisión de placa con injerto, se reserva habitualmente para pacientes con curvaturas severas, deformidades complejas, estrechamiento del pene, reloj de arena o pérdida importante de longitud, siempre que la función eréctil esté razonablemente conservada. Es decir, no es una cirugía para todos los casos de Peyronie, sino para aquellos en los que la deformidad es suficientemente importante y el objetivo principal es recuperar una erección funcional para la penetración intentando preservar la longitud.

    En este estudio, la edad media de los pacientes fue de 54 años. La curvatura preoperatoria mediana era de 80 grados, lo que indica que se trataba de casos muy severos. Casi el 90% de los pacientes presentaba curvatura dorsal, y el 46,8% tenía deformidades complejas, como estrechamiento del pene o deformidad en reloj de arena. Estos datos son importantes porque muestran que la técnica se aplicó en pacientes con una enfermedad avanzada, no en curvaturas leves o moderadas.

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    Los resultados funcionales fueron buenos. El 87% de los pacientes se declaró satisfecho con el resultado y el 90,1% volvió a mantener relaciones sexuales con penetración. Desde un punto de vista práctico, este es probablemente el dato más importante: la cirugía no busca conseguir un pene "perfecto" desde el punto de vista geométrico, sino permitir una relación sexual funcional y satisfactoria. En enfermedad de Peyronie avanzada, este matiz es fundamental para evitar expectativas irreales.

    El estudio también mostró que todos los pacientes con datos intraoperatorios disponibles quedaron funcionalmente rectos tras la cirugía, considerando como éxito una curvatura residual de 20 grados o menos. Este umbral se acepta habitualmente porque una pequeña curvatura residual suele permitir relaciones sexuales sin dificultad significativa. En la práctica clínica, conviene explicar al paciente que el objetivo de la cirugía es corregir la deformidad de forma suficiente para recuperar la función, no necesariamente dejar una rectitud matemática absoluta.

    Un aspecto muy relevante del estudio es la longitud del pene. La medición intraoperatoria mostró un cambio medio de +0,2 cm, es decir, una conservación o mínima ganancia de longitud en quirófano. Sin embargo, el 29,4% de los pacientes refirió después una percepción de reducción de longitud. Esta aparente contradicción es muy importante. La enfermedad de Peyronie ya puede haber producido acortamiento antes de la cirugía, y además el proceso de cicatrización posterior, la fibrosis y la remodelación del injerto pueden influir en la percepción final del paciente. Por eso, antes de operar, hay que hablar de longitud con mucha claridad. La cirugía puede preservar mejor la longitud que una plicatura en casos seleccionados, pero no garantiza recuperar el tamaño previo a la enfermedad.

    Otro dato importante fue la sensibilidad. El 15,4% de los pacientes refirió disminución de sensibilidad en el glande o el pene, aunque en la mayoría fue transitoria: el 73,3% de los casos se recuperó. Esta información debe formar parte del consentimiento informado, especialmente en pacientes muy preocupados por la sensibilidad sexual.

    En nuestra unidad de cirugía compleja de Peyronie, que tengo el privilegio de dirigir, valoramos cada caso de forma individualizada, porque no todas las curvaturas ni todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento. En los casos más complejos —curvaturas severas, deformidades en reloj de arena, estrechamientos o pérdida importante de longitud— una parte muy relevante de las cirugías que realizamos se basa en técnicas reconstructivas con incisión de la placa e injerto, siempre que la función eréctil lo permita y tras una valoración detallada. El objetivo no es solo corregir la curvatura, sino recuperar una vida sexual funcional, segura y realista. Los pacientes con enfermedad de Peyronie que tengan dudas sobre su caso pueden solicitar una valoración especializada para estudiar qué opción terapéutica es la más adecuada.

    Referencia: Sarna S, Pang KH, Christopher AN, Ralph DJ, Muneer A, Alnajjar HM. Plaque incision and grafting for Peyronie’s disease: 15-year experience and functional outcomes from a high-volume andrology centre. IJIR: Your Sexual Medicine Journal. 2026. doi:10.1038/s41443-026-01296-7. https://rdcu.be/fou9uEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Alargamiento de pene (II parte)

    Alargamiento de peneAlargamiento de pene

    Lo que NO se puede conseguir y sus riesgos

    La comunidad científica es categórica al advertir que no existen píldoras, lociones, cremas ni rutinas de ejercicios manuales que posean la capacidad de alterar permanentemente la longitud estructural del pene. Cualquier suplemento oral o producto tópico que prometa un crecimiento milagroso suele estar compuesto, en el mejor de los casos, por ingredientes que mejoran transitoriamente el flujo sanguíneo y la calidad de la erección, pero jamás generan un aumento real de tejido.

    Asimismo, la inyección de sustancias y rellenos permanentes como la silicona líquida, la vaselina o los aceites de parafina está absolutamente contraindicada y es fuertemente condenada por la medicina moderna. El cuerpo humano es incapaz de metabolizar estos materiales exógenos, lo que inevitablemente desencadena reacciones inmunológicas severas. Estas prácticas clandestinas provocan la formación de granulomas, inflamación crónica, necrosis de la piel y deformidades irreversibles que destruyen la funcionalidad del órgano. En un número trágicamente alto de casos, el único tratamiento posible para estas complicaciones es la cirugía reconstructiva compleja o la amputación parcial del miembro.

    La cirugía y la realidad del estado flácido

    Cuando los pacientes deciden recurrir a la cirugía de alargamiento (un procedimiento conocido médicamente como sección del ligamento suspensorio o ligamentolisis), se enfrentan a una limitación biomecánica ineludible que deben comprender a cabalidad. Este procedimiento se basa en cortar el ligamento que ancla y estabiliza la base de los cuerpos cavernosos del pene al hueso púbico.

    Al liberar este fuerte anclaje ligamentoso, el órgano cede por gravedad, permitiendo que una porción interna del pene se proyecte hacia el exterior. Sin embargo, la gran advertencia médica es que este alargamiento se consigue básica y casi exclusivamente en estado flácido. La intervención puede añadir entre 1 y 2 centímetros visuales al pene cuando está en reposo, pero no aumenta en absoluto la longitud estructural del pene durante el estado de erección.

    Más aún, al cortar este pilar fundamental de soporte, el pene erecto puede perder su ángulo de elevación natural y su estabilidad intrínseca si no se realizan otras maniobras durante la cirugía como el anclaje del mismo. Esto provoca que el órgano se vuelva inestable, incontrolable o con un efecto de "bamboleo" durante la penetración, lo cual incrementa el riesgo de lesiones físicas y reduce drásticamente la funcionalidad y la satisfacción durante el acto sexual.

    En conclusión, si bien la medicina estética urológica actual cuenta con herramientas para modificar la apariencia del pene en estado de reposo y aumentar su circunferencia de forma temporal, la capacidad para crear un pene anatómica y funcionalmente más largo durante una erección sigue siendo una imposibilidad biológica. En la gran mayoría de los casos, la intervención más efectiva y segura no requiere de bisturí ni inyecciones, sino de una correcta educación anatómica, apoyo psicológico y una reestructuración de la percepción corporal.

    Referencias Bibliográficas

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    2. All Sizes Matter. (2021). Does it really matter? The stats you must know.
    3. Abu-Ghname, A. et al. (2020). Augmentation Phalloplasty for Acquired Penile Shortening: A Systematic Review of Techniques, Outcomes, Patient Satisfaction, and Limitations.
    4. Malik, R. (Video educacional). Can Penile Traction Devices Really Make Your Penis Bigger?
    5. ESSM & IBSA Webinar. (2022). Penile size dissatisfaction from physiology to management.
    6. Malik, R. (Video educacional). Longer Penis Without Surgery? Tips How to Increase Your Penile Size.
    7. Directrices científicas sobre el tratamiento del pene oculto/enterrado (Buried Penis) en el paciente prepuberal.
    8. Moon, D. G., & Kwak, T. I. (2016). Penile Girth Enhancement with Injectable HA Gel. En: Penile Augmentation (Springer).
    9. Park, J. K., & Shin, Y. S. (2016). Artificial Oil Injection: Complication and Management. En: Penile Augmentation (Springer).
    10. Chung, W. S., & Kim, J. Y. (2016). Penile Lengthening with Ligament Release and V-Y Advancement Flap. En: Penile Augmentation (Springer).
    11. Perito, P. (SMSNA Webinar). Penile Augmentation: The Good, the Bad, and the Ugly.
    12. Dewitte, M. (2024). Penile size dissatisfaction: (going beyond) the role of the mental health professional. The Journal of Sexual Medicine.
    13. Sharp, G., & Oates, J. (2019). Sociocultural influences on men's penis size perceptions and decisions to undergo penile augmentation.
    14. Sandoval, M. (2020). Secretos para tener un pene grande: Cómo agrandar el pene permanentemente con los métodos ocultos de la industria.
  • Alargamiento de pene (I parte)

    La preocupación por el tamaño de los genitales es una de las consultas más frecuentes en la medicina sexual masculina. A pesar de la vasta cantidad de información y desinformación disponible, el enfoque médico sobre el alargamiento requiere una evaluación rigurosa de lo que es anatómica y fisiológicamente posible. Este artículo desglosa la realidad clínica, psicológica y quirúrgica de los procedimientos de mejora genital.

    AlargadorAlargador

    La percepción del tamaño y el trastorno dismórfico

    Desde una perspectiva puramente anatómica y estadística, la inmensa mayoría de los hombres que buscan intervenciones de alargamiento poseen dimensiones que caen perfectamente dentro del rango de la normalidad. Las evaluaciones antropométricas a gran escala, que han recopilado datos de miles de sujetos, establecen que el tamaño promedio de un pene erecto a nivel mundial oscila entre los 13 y 15 centímetros de longitud. Clínicamente, el diagnóstico de un verdadero "micropene" se reserva estrictamente para aquellos casos en los que la longitud máxima estirada o en erección es inferior a 7.5 centímetros. Esta es una condición médica infrecuente que suele estar asociada a deficiencias hormonales o genéticas durante el desarrollo fetal, y afecta a menos del 1% de la población.

    Sin embargo, la percepción distorsionada sobre el propio cuerpo ha dado lugar a un aumento alarmante de la ansiedad por el tamaño. Esta insatisfacción constante y angustiante se clasifica a menudo como trastorno dismórfico peneano. En los pacientes que lo padecen, la preocupación es puramente subjetiva; el problema no reside en la anatomía física ni en la funcionalidad del órgano, sino en la salud mental y la autopercepción. Por ello, los protocolos médicos recomiendan encarecidamente que estos pacientes reciban evaluación y apoyo psicológico antes de considerar cualquier tipo de intervención invasiva, dado que la cirugía en estos casos no suele aliviar la insatisfacción subyacente y puede empeorar el cuadro.

    Métodos complementarios de alargamiento:

    Dentro del ámbito de la medicina basada en la evidencia, existen métodos seguros que ofrecen resultados medibles, aunque siempre dentro de márgenes modestos:

    1. Pérdida de peso y modificación del estilo de vida: en hombres con sobrepeso u obesidad, el pene puede quedar parcial o totalmente enterrado bajo una gruesa almohadilla de grasa suprapúbica. La reducción drástica de peso corporal o la intervención mediante liposucción o abdominoplastia de esta zona específica no estimula el crecimiento del tejido cavernoso, pero sí "desentierra" la base del órgano. Este abordaje puede revelar hasta 2.5 centímetros de longitud funcional que ya existían, pero permanecían ocultos bajo el panículo adiposo.
    2. Dispositivos de tracción: basados en el principio clínico de la mecanotransducción (la aplicación de tensión mecánica continua que induce el crecimiento celular y la remodelación de los tejidos), los aparatos de tracción médica (extensores de pene) pueden lograr un aumento real de las dimensiones. Las investigaciones científicas demuestran ganancias que van de 1.5 a 2 centímetros en la longitud estirada. No obstante, este método exige un compromiso extremo, requiriendo un uso meticuloso de varias horas diarias durante un periodo ininterrumpido de al menos seis meses.

    Referencias Bibliográficas

    1. Trost, L. et al. (2024). Cosmetic penile enhancement procedures: An SMSNA position statement. The Journal of Sexual Medicine.
    2. All Sizes Matter. (2021). Does it really matter? The stats you must know.
    3. Abu-Ghname, A. et al. (2020). Augmentation Phalloplasty for Acquired Penile Shortening: A Systematic Review of Techniques, Outcomes, Patient Satisfaction, and Limitations.
    4. Malik, R. (Video educacional). Can Penile Traction Devices Really Make Your Penis Bigger?
    5. ESSM & IBSA Webinar. (2022). Penile size dissatisfaction from physiology to management.
    6. Malik, R. (Video educacional). Longer Penis Without Surgery? Tips How to Increase Your Penile Size.
    7. Directrices científicas sobre el tratamiento del pene oculto/enterrado (Buried Penis) en el paciente prepuberal.
    8. Moon, D. G., & Kwak, T. I. (2016). Penile Girth Enhancement with Injectable HA Gel. En: Penile Augmentation (Springer).
    9. Park, J. K., & Shin, Y. S. (2016). Artificial Oil Injection: Complication and Management. En: Penile Augmentation (Springer).
    10. Chung, W. S., & Kim, J. Y. (2016). Penile Lengthening with Ligament Release and V-Y Advancement Flap. En: Penile Augmentation (Springer).
    11. Perito, P. (SMSNA Webinar). Penile Augmentation: The Good, the Bad, and the Ugly.
    12. Dewitte, M. (2024). Penile size dissatisfaction: (going beyond) the role of the mental health professional. The Journal of Sexual Medicine.
    13. Sharp, G., & Oates, J. (2019). Sociocultural influences on men's penis size perceptions and decisions to undergo penile augmentation.
    14. Sandoval, M. (2020). Secretos para tener un pene grande: Cómo agrandar el pene permanentemente con los métodos ocultos de la industria.
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