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    <title>El neuropediatra</title>
    <link>https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra</link>
    
    <description>Blog del Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas. Neurología. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo y Olympia Centro Médico Pozuelo</description>
    <language>es-es</language>
    <copyright>&#169; 2026 Quir&#243;nsalud - Todos los derechos reservados</copyright>
    <generator>Proxia&#169; Premium Edition 2017</generator>
    <managingEditor>juanp.martinez@quironsalud.es</managingEditor>
    <pubDate>Thu, 01 Jan 1970 12:00:00 +0100</pubDate>
    <lastBuildDate>Wed, 24 Jun 2026 02:10:28 +0200</lastBuildDate>
    <docs>http://blogs.law.harvard.edu/tech/rss</docs>
    
    
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        <title>TDAH en verano: guía práctica para familias</title>
        
		
		
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            <![CDATA[<category>TDAH</category><category>verano</category><category>guía para padres</category><category>neuropediatra</category><category>Quirónsalud</category><category>Hospital Universitario Ruber Juan Bravo</category><category>Olympia Centro Médico Pozuelo</category><category>Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas</category><title>TDAH en verano: guía práctica para familias</title><description><![CDATA[<p class="cmParagraph"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927288-Manejo%20TDAH%20verano_1.png?width=347.996&amp;height=261.979&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="347.996" height="261.979" alt="Manejo TDAH verano_1"/></p>
<p class="cmParagraph cmAligncenter">Enlace al <strong>video explicativo</strong>: <strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Hxh9dqaCLs0" title="" target="_blank">https://www.youtube.com/watch?v=Hxh9dqaCLs0</a></strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927289-Manejo%20TDAH%20verano_2.png?width=753&amp;height=424&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="753" height="424" alt="Manejo TDAH verano_2"/></strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Cada mes de junio muchas familias plantean la misma pregunta en la consulta: <strong>«¿Qué hacemos con el TDAH durante el verano?»</strong>. ¿Conviene suspender la medicación? ¿Es bueno dejar descansar al niño? ¿Le vendrá bien un campamento? ¿Debe seguir estudiando? ¿Hay que mantener horarios o podemos relajarlos?</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La respuesta es sencilla de formular, aunque no siempre de aplicar: <strong>depende del niño</strong>. No existe una receta universal. El objetivo no es convertir el verano en una prolongación del colegio, pero tampoco dejarlo todo al azar: <strong>actualmente disponemos de una cantidad considerable de evidencia científica que permite orientar a las familias y evitar algunos errores frecuentes.</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Durante años se habló del verano como una especie de "pausa terapéutica". Al desaparecer los deberes y los exámenes, parecía que el TDAH también quedaba en suspenso. Sin embargo, el colegio es solo uno de los escenarios donde se manifiesta. La impulsividad, las dificultades para organizarse, la baja tolerancia a la frustración o los problemas para regularse pueden seguir presentes en casa, con los hermanos, en los viajes, en los campamentos o en la convivencia diaria.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La buena noticia es que el verano también puede ser una gran oportunidad. Con menos presión académica, muchas familias pueden trabajar aspectos que durante el curso quedan tapados por los deberes: autonomía, habilidades sociales, autoestima, deporte, sueño y relación familiar.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927290-Manejo%20TDAH%20verano_3.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_3"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Por eso, el objetivo del verano no debería ser "olvidarse del TDAH", sino <strong>aprovechar un entorno más flexible para fortalecer habilidades que el niño necesitará durante todo el año.</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Para conseguirlo, conviene organizar el verano alrededor de cinco claves sencillas:</p>
<ul class=" cmAlignjustify">
<li>Mantener una estructura flexible, con horarios razonables y rutinas previsibles.</li>
<li>Elegir bien las actividades de verano, campamentos o planes organizados.</li>
<li>Decidir la pauta de medicación de forma individualizada, <strong>siempre con el neuropediatra/psiquiatra infantil.</strong></li>
<li>Favorecer actividad física diaria y tiempo al aire libre, cuyos beneficios son conocidos.</li>
<li>Proteger el sueño, limitar pantallas por la noche y cuidar la convivencia familiar.</li>
</ul>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927291-Manejo%20TDAH%20verano_4.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_4"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El mejor verano para un niño con TDAH no es necesariamente el más relajado, sino el que consigue combinar diversión, autonomía, movimiento, descanso y una estructura suficiente para que pueda funcionar mejor.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Cinco ideas prácticas para empezar este verano</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Mantener una hora razonable para acostarse y levantarse, aunque sea más flexible que durante el curso.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Planificar cada día una actividad física o al aire libre.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Reducir pantallas por la noche y evitar que sean el eje de todo el verano.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Dar pequeñas responsabilidades: preparar la mochila de la piscina, ayudar en una compra o cuidar una rutina sencilla.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Buscar experiencias de éxito: deporte, música, lectura compartida, cocina, excursiones o cualquier actividad en la que el niño pueda sentirse capaz.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Los niños con TDAH suelen ir mejor cuando el verano no es completamente caótico ni completamente rígido. Necesitan descanso, juego y desconexión del colegio, pero también una organización básica que les permita anticipar qué va a ocurrir, qué se espera de ellos y cómo pueden conseguir refuerzos positivos.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Uno de los modelos más estudiados con demostración de mejoras medibles de los síntomas del TDAH,  son los llamados <em>Summer Treatment Programs</em>, o programas terapéuticos de verano. Son programas intensivos, desarrollados inicialmente por Pelham y colaboradores, dirigidos sobre todo, aunque no exclusivamente, a niños de 6 a 12 años con TDAH. Se desarrollaron inicialmente en Estados Unidos y combinan deporte, actividades académicas breves, entrenamiento en habilidades sociales, normas claras, sistemas de puntos, recompensas y trabajo con las familias. No equivalen a un campamento ordinario y no siempre son fáciles de trasladar a nuestro entorno, pero nos enseñan algo muy útil: los niños con TDAH mejoran cuando el ambiente es previsible, activo y positivo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La mayoría de los niños con TDAH pueden disfrutar de campamentos ordinarios cuando existe una supervisión adecuada y los monitores conocen sus necesidades. Conviene informar al campamento de forma clara y práctica: qué le ayuda, qué situaciones le cuestan más y qué estrategias suelen funcionar. No se trata de etiquetar al niño, sino de darle más oportunidades de éxito.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El verano también puede reforzar la autoestima. Aprender una habilidad nueva, participar en un deporte, hacer una excursión o asumir pequeñas responsabilidades puede ayudar a que el niño se vea menos definido por sus dificultades escolares y más por sus capacidades reales.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927292-Manejo%20TDAH%20verano_5.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_5"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927293-Manejo%20TDAH%20verano_6.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_6"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>En cuanto a la medicación</strong>, las llamadas <strong>"vacaciones terapéuticas"</strong> pueden ser razonables en algunos casos, por ejemplo si hay pérdida de apetito intensa y significativa, problemas de sueño de difícil control, bajo peso o, sobre todo, preocupación por el crecimiento. Pero no deberían hacerse de forma automática. Es más: <strong>las "vacaciones terapéuticas" deben ser la excepción, no la regla.</strong> La mayoría de niños siguen beneficiándose del tratamiento farmacológico aunque no tengan colegio, no solo para regular mejor la impulsividad, la convivencia, los viajes, los campamentos o las actividades sociales, sino también cuando la concentración está moderadamente afectada. <strong>No solo se aprende en el colegio.</strong> La decisión debe tomarse con el médico especialista (neuropediatra psquiatra infanto-juvenil) , valorando beneficios y riesgos en cada caso.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927294-Manejo%20TDAH%20verano_7.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_7"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>La actividad física</strong> es otro pilar fundamental. Sabemos que el ejercicio regular puede ayudar a mejorar la atención, la impulsividad, las funciones ejecutivas y el estado de ánimo. En la práctica, esto significa que el verano debería incluir movimiento diario: deporte, piscina, bicicleta, caminatas, juegos al aire libre, artes marciales o deportes de equipo. No se trata solo de "cansar al niño", sino de ayudar a su cerebro a autorregularse mejor.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>El sueño</strong> merece una atención especial. Muchos niños con TDAH tienen dificultad para dormirse, despertares, sueño insuficiente o ritmos muy retrasados. Cuando duermen mal, suelen estar más irritables, más impulsivos y con peor atención durante el día. Por eso conviene evitar que el verano se convierta en un desorden completo de horarios. Puede haber más flexibilidad que durante el curso, pero manteniendo una hora razonable de acostarse y levantarse, reduciendo pantallas por la noche y buscando luz natural por la mañana.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Los padres. El manejo del TDAH no depende solo del niño y hay evidencia científica sobre el entrenamiento conductual para padres. Las normas claras, las instrucciones breves, los refuerzos positivos, la anticipación de transiciones y la coherencia entre adultos pueden cambiar mucho el clima familiar. El verano puede ser una buena oportunidad para practicar estas estrategias sin la presión diaria de deberes y exámenes.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/tdah-verano-guia-practica-familias.ficheros/3927295-Manejo%20TDAH%20verano_8.png?width=643&amp;height=359&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImagecenter cmEmbedImagecenter" width="643" height="359" alt="Manejo TDAH verano_8"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>En resumen</strong>: <strong>el verano de un niño con TDAH debe ser más flexible que el curso escolar, pero no completamente desorganizado. El objetivo no es que estudie más ni que esté permanentemente ocupado. El objetivo es que llegue a septiembre habiendo ganado autonomía, confianza, experiencias positivas y herramientas para desenvolverse mejor en su vida diaria.</strong></p>]]></description>]]>
        </description>  
        <pubDate>Wed, 24 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate>
    </item>
    
    <item>
        <title>Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas: el antiguo síndrome de Doose (parte 2)</title>
        
		
		
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            <![CDATA[<category>Epilepsia</category><category>crisis mioclónico-atónicas</category><category>epilepsia mioclónico-astática</category><category>síndrome de Doose</category><category>déficir de GLUT1</category><category>neuropediatra</category><category>Quirónsalud</category><category>Hospital Universitario Ruber Juan Bravo</category><category>Olympia Centro Médico Pozuelo</category><category>Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas</category><title>Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas: el antiguo síndrome de Doose (parte 2)</title><description><![CDATA[<p class="cmParagraph"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/epilepsia-crisis-mioclonico-atonicas-antiguo-sindrome-e071c.ficheros/3916650-Epilepsia.jpg?width=348.987&amp;height=262.993&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImageright cmEmbedImageright" width="348.987" height="262.993" alt="Epilepsia"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La <strong>epilepsia con crisis mioclónico-atónicas</strong> es un <strong>síndrome epiléptico de la infancia</strong>. <strong>Durante muchos años se ha conocido como epilepsia mioclónico-astática o síndrome de Doose</strong>. En la clasificación actual de la ILAE se prefiere el término epilepsia con crisis mioclónico-atónicas, porque describe mejor el <strong>tipo de crisis más característico: una sacudida breve, seguida de una pérdida brusca de tono, que puede provocar una caída</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Es un <strong>síndrome poco frecuente</strong>, pero muy importante en neuropediatría porque <strong>puede comenzar de forma llamativa, con muchas crisis en poco tiempo</strong>, y porque a menudo genera gran preocupación en las familias. Además, <strong>puede confundirse con otros síndromes epilépticos de la infancia</strong>, como el <strong>síndrome de Lennox-Gastaut</strong>, el <strong>síndrome de Dravet</strong>, algunas <strong>epilepsias genéticas o metabólicas</strong>, <strong>y otros cuadros con caídas bruscas</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El objetivo de esta entrada es explicar, de forma comprensible para familias, qué es este síndrome, cómo se reconoce, qué papel tienen el EEG, la resonancia y la genética, y qué sabemos hoy sobre su evolución.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong><iframe width="425" height="344" src="//www.youtube.com/embed/ofi6XOK9x2s?rel=0&wmode=transparent&proxia" allowfullscreen="allowfullscreen" title="Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas" class="cmEmbedImage cmEmbedImagecenter cmVideo"> </iframe></strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Diagnóstico diferencial</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El <strong>diagnóstico diferencial</strong> es <strong>muy importante</strong>. Algunas epilepsias pueden parecerse mucho al inicio.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El <strong>síndrome de Lennox-Gastaut</strong> puede producir caídas y varios tipos de crisis, pero suele asociar crisis tónicas, especialmente durante el sueño, punta-onda lenta generalizada y actividad rápida paroxística en sueño.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El <strong>síndrome de Dravet</strong> suele comenzar antes, con crisis prolongadas desencadenadas por fiebre o enfermedad, a menudo durante el primer año de vida. Más adelante pueden aparecer mioclonías, pero no es típico que la crisis mioclónico-atónica sea la forma principal.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La <strong>epilepsia mioclónica del lactante</strong> puede empezar antes, pero las crisis no suelen tener la secuencia clara de sacudida seguida de pérdida de tono con caída.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">También hay que considerar <strong>epilepsias con activación por sueño, epilepsias genéticas concretas, encefalopatías epilépticas del desarrollo y enfermedades metabólicas</strong>. Entre estas últimas, una de las más importantes es el <strong>déficit de GLUT1</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Qué es el déficit de GLUT1 y por qué importa?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El déficit de GLUT1 es una <strong>enfermedad causada por alteraciones en el gen SLC2A1</strong>. Este gen participa en el transporte de glucosa al cerebro. <strong>Cuando falla, el cerebro puede recibir menos combustible del que necesita</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El déficit de GLUT1 puede parecerse a una epilepsia con crisis mioclónico-atónicas. Puede asociar crisis, ausencias, movimientos anormales, problemas de coordinación, dificultades cognitivas o empeoramiento con el ayuno o el esfuerzo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Es importante porque su diagnóstico cambia el tratamiento: <strong>la dieta cetogénica puede ser especialmente eficaz</strong>, ya que ofrece al cerebro una fuente alternativa de energía. Por eso, cuando el cuadro lo sugiere, debe considerarse de forma específica.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Tiene una causa genética?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Esta es una de las áreas que más ha cambiado en los últimos años. Antes se hablaba mucho del síndrome de Doose como si fuera una entidad bastante homogénea. Hoy sabemos que la epilepsia con crisis mioclónico-atónicas es más compleja.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>En muchos niños no se encuentra una única causa genética clara</strong>. <strong>Puede existir una predisposición familiar o poligénica</strong>, parecida a la que se observa en otras epilepsias generalizadas. En estos casos, hay una susceptibilidad genética, pero no necesariamente una mutación única que explique todo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>En otros niños sí se identifican variantes en genes concretos</strong>. No existe "el gen del síndrome de Doose". Se han descrito muchos genes posibles, relacionados con canales iónicos, receptores, sinapsis, transportadores, regulación del desarrollo cerebral y funcionamiento neuronal. Entre los genes descritos en la literatura están SLC2A1, SLC6A1, CHD2, SCN1A, SCN2A, SCN8A, SYNGAP1, STXBP1, NEXMIF y otros.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Esto no debe asustar a las familias. <strong>La genética</strong> no significa fatalidad. Significa información. <strong>Puede ayudar a confirmar una causa, orientar el pronóstico, evitar pruebas innecesarias, ajustar el seguimiento, estudiar a la familia si procede y, en algunos casos, modificar el tratamiento</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Qué prueba genética conviene?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Durante años se han usado <strong>paneles de genes de epilepsia</strong>. <strong>Son útiles, pero tienen limitaciones</strong>: pueden quedarse cortos si no incluyen genes recientemente descritos o si la cobertura técnica no es adecuada.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Por eso, cada vez <strong>se recomienda</strong> más <strong>considerar estudios genéticos amplios</strong>, especialmente el exoma, sobre todo cuando hay datos atípicos, retraso del desarrollo, epilepsia resistente, afectación cognitiva, trastornos del movimiento, antecedentes familiares relevantes o evolución no esperada.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El exoma tiene una ventaja importante: si hoy no se encuentra una causa, puede reanalizarse en el futuro, cuando se descubran nuevos genes o nuevas asociaciones clínicas.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Dicho de forma sencilla: <strong>un estudio genético negativo no descarta el diagnóstico, y un estudio positivo no determina por sí solo el futuro del niño. La genética es una pieza más del puzzle</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Cuál es el pronóstico?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>El pronóstico es variable. Algunos niños evolucionan muy bien, consiguen controlar las crisis y pueden incluso retirar medicación con el tiempo. Otros presentan epilepsia resistente, dificultades cognitivas, problemas de atención, alteraciones de conducta o discapacidad intelectual</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">En la literatura reciente se insiste en una idea muy importante: <strong>el comienzo aparatoso, con muchas crisis al principio, no siempre predice una mala evolución</strong>. En cambio, <strong>el desarrollo global del niño antes y alrededor del inicio de la epilepsia parece ser un dato pronóstico muy relevante</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Esto significa que, <strong>además de contar crisis, hay que valorar lenguaje, motricidad, conducta, atención, sueño, aprendizaje y autonomía</strong>. La pregunta no es solo "¿cuántas crisis tiene?", sino también "¿cómo está funcionando el niño?".</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>El TDAH y las dificultades ejecutivas son frecuentes</strong>. Algunos niños tienen problemas de atención, impulsividad, inquietud, planificación, conducta o regulación emocional. Estos problemas pueden mejorar al controlar las crisis, pero a veces necesitan intervención específica: apoyo escolar, neuropsicología, logopedia, terapia ocupacional, orientación familiar o tratamiento farmacológico si está indicado.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Cómo se trata?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>El tratamiento debe individualizarse</strong>. No hay una receta única válida para todos los niños.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Entre los <strong>fármacos clásicos</strong> utilizados en este síndrome están el <strong>valproato</strong>, las <strong>benzodiacepinas</strong>, la <strong>etosuximida</strong> cuando predominan ausencias, y otros fármacos según el tipo de crisis y el perfil del niño. <strong>En algunos casos pueden usarse combinaciones</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La <strong>dieta cetogénica</strong> tiene un papel importante, especialmente en casos resistentes y de forma muy especial si se sospecha o confirma déficit de GLUT1. No debe improvisarse: requiere un equipo con experiencia, seguimiento nutricional y control médico.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">También es <strong>importante evitar fármacos que puedan empeorar algunas epilepsias generalizadas</strong>, dependiendo del caso. Por eso el diagnóstico sindrómico es tan relevante: no todas las caídas ni todas las mioclonías se tratan igual.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Los tratamientos más nuevos pueden ser útiles en situaciones concretas, pero la evidencia específica</strong> para este síndrome <strong>todavía es limitada</strong>. En una entrada dirigida a familias conviene ser prudentes: lo fundamental sigue siendo diagnosticar bien, valorar el desarrollo, tratar las crisis y acompañar al niño en su conjunto.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Qué deben vigilar las familias?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Las familias deben consultar si aparecen caídas bruscas repetidas, cabezadas repentinas, sacudidas breves, episodios de desconexión, empeoramiento del equilibrio, somnolencia extraña, cambios bruscos de conducta o periodos de confusión</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>También</strong> deben <strong>vigilar el impacto en el colegio</strong>: atención, lenguaje, aprendizaje, memoria, conducta, sueño y fatiga. A veces el problema no es solo la crisis visible, sino el efecto acumulado de la actividad epiléptica, el sueño alterado, los tratamientos y la preocupación familiar.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">En los <strong>niños con caídas frecuentes</strong>, la <strong>prevención de traumatismos</strong> es esencial. Puede ser necesario adaptar actividades, valorar protección craneal en fases de muchas caídas, informar al colegio y evitar situaciones de riesgo hasta que las crisis estén mejor controladas.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Mensaje final</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>La epilepsia con crisis mioclónico-atónicas</strong>, antes llamada síndrome de Doose, <strong>es una epilepsia infantil compleja, pero reconocible. Su signo más característico es la crisis con sacudida breve y pérdida brusca de tono, que puede provocar caídas repentinas.</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Hoy sabemos que <strong>no es una enfermedad única y simple</strong>. <strong>Puede tener bases genéticas diferentes, evolución variable y necesidades distintas</strong> según cada niño. Por eso es i<strong>mportante hacer un diagnóstico cuidadoso, descartar otros síndromes, valorar el EEG, considerar la resonancia cuando proceda y no olvidar el estudio genético</strong>, especialmente si hay datos de alarma o evolución atípica.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Para las familias, el mensaje debe ser realista, pero no fatalista. <strong>Algunos niños tienen una evolución difícil al principio y luego mejoran mucho. Otros necesitan tratamientos prolongados y apoyos específicos</strong>. En todos los casos, <strong>el objetivo no es solo reducir crisis, sino proteger el desarrollo, el aprendizaje, la conducta, el sueño y la calidad de vida del niño y su familia</strong>.</p>]]></description>]]>
        </description>  
        <pubDate>Thu, 11 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate>
    </item>
    
    <item>
        <title>Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas: el antiguo síndrome de Doose (parte 1)</title>
        
		
		
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            <![CDATA[<category>Epilepsia</category><category>crisis mioclónico-atónicas</category><category>epilepsia mioclónico-astática</category><category>síndrome de Doose</category><category>neuropediatra</category><category>Quirónsalud</category><category>Hospital Universitario Ruber Juan Bravo</category><category>Olympia Centro Médico Pozuelo</category><category>Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas</category><title>Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas: el antiguo síndrome de Doose (parte 1)</title><description><![CDATA[<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/epilepsia-crisis-mioclonico-atonicas-antiguo-sindrome-doose.ficheros/3910032-Epilepsia.jpg?width=248.977&amp;height=187.983&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImageright cmEmbedImageright" width="248.977" height="187.983" alt="Epilepsia"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La <strong>epilepsia con crisis mioclónico-atónicas</strong> es un <strong>síndrome epiléptico de la infancia</strong>. <strong>Durante muchos años se ha conocido como epilepsia mioclónico-astática o síndrome de Doose</strong>. En la clasificación actual de la ILAE se prefiere el término epilepsia con crisis mioclónico-atónicas, porque describe mejor el <strong>tipo de crisis más característico: una sacudida breve, seguida de una pérdida brusca de tono, que puede provocar una caída</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Es un <strong>síndrome poco frecuente</strong>, pero muy importante en neuropediatría porque <strong>puede comenzar de forma llamativa, con muchas crisis en poco tiempo</strong>, y porque a menudo genera gran preocupación en las familias. Además, <strong>puede confundirse con otros síndromes epilépticos de la infancia</strong>, como el <strong>síndrome de Lennox-Gastaut</strong>, el <strong>síndrome de Dravet</strong>, algunas <strong>epilepsias genéticas o metabólicas</strong>, <strong>y otros cuadros con caídas bruscas</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El objetivo de esta entrada es explicar, de forma comprensible para familias, qué es este síndrome, cómo se reconoce, qué papel tienen el EEG, la resonancia y la genética, y qué sabemos hoy sobre su evolución.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong><iframe width="425" height="344" src="//www.youtube.com/embed/ofi6XOK9x2s?rel=0&wmode=transparent&proxia" allowfullscreen="allowfullscreen" title="Epilepsia con crisis mioclónico-atónicas: el antiguo síndrome de Doose" class="cmEmbedImage cmEmbedImagecenter cmVideo"> </iframe></strong></p>
<p class="cmParagraph"><strong>¿A qué edad aparece?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La epilepsia con crisis mioclónico-atónicas <strong>suele comenzar en la infancia</strong>, <strong>típicamente entre los 2 y los 5 años</strong>, aunque <strong>los criterios diagnósticos aceptan un rango aproximado entre los 6 meses y los 8 años</strong>. Es <strong>más frecuente en niños que en niñas</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Muchos niños han tenido un desarrollo previo normal. En otros puede existir algún retraso leve del lenguaje, del desarrollo motor o del aprendizaje antes del inicio de las crisis</strong>. Este dato es importante, no para alarmar, sino porque ayuda a valorar mejor el pronóstico y a decidir si conviene hacer estudios genéticos más amplios.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>También puede haber antecedentes familiares de epilepsia o de crisis febriles</strong>. Esto no significa necesariamente que la familia haya "transmitido" directamente una enfermedad concreta, sino que <strong>en algunos casos existe una predisposición genética a tener crisis</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Cómo son las crisis?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>La crisis más característica es la crisis mioclónico-atónica. Primero aparece una sacudida breve, como un sobresalto o una contracción brusca. Inmediatamente después se produce una pérdida de tono muscular</strong>. Si el niño está de pie, puede caerse al suelo; si está sentado, puede dar una cabezada brusca o desplomarse hacia delante.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Para las familias, <strong>estas crisis</strong> suelen ser muy impactantes porque las caídas pueden ser repentinas y provocar golpes. <strong>A veces se confunden con torpeza, tropiezos, desmayos o problemas de equilibrio</strong>, sobre todo al principio.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Además de las crisis mioclónico-atónicas, pueden aparecer otros tipos de crisis</strong>:</p>
<ul class=" cmAlignjustify">
<li><strong>Crisis tónico-clónicas generalizadas</strong>, a veces con fiebre.</li>
<li><strong>Crisis mioclónicas</strong>, que son sacudidas breves sin caída clara.</li>
<li><strong>Crisis atónicas</strong>, en las que predomina la pérdida brusca de tono.</li>
<li><strong>Crisis de ausencia</strong>, que no siempre son una simple "desconexión", porque pueden acompañarse de pequeños movimientos de párpados, cara o extremidades.</li>
<li><strong>Episodios de estado epiléptico no convulsivo</strong>, en los que el niño puede estar durante horas o incluso días más lento, confuso, somnoliento, inestable o con pequeñas sacudidas repetidas.</li>
</ul>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>En algunos niños el inicio es explosivo, con muchas crisis en pocos días o semanas</strong>. A esto algunos autores lo llaman una <strong>fase "tormentosa"</strong>. Aunque impresiona mucho, los estudios recientes sugieren que <strong>un inicio muy aparatoso no siempre implica un mal pronóstico por sí mismo</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Por qué se considera una encefalopatía epiléptica y del desarrollo?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Este síndrome <strong>se incluye dentro de las encefalopatías epilépticas y del desarrollo</strong>. Esta expresión puede sonar muy dura, pero conviene entenderla bien.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Significa que las crisis y las descargas epilépticas pueden interferir con el desarrollo del niño, con su atención, su lenguaje, su aprendizaje, su conducta o su sueño</strong>. <strong>También</strong> significa <strong>que en algunos niños puede existir una causa de base</strong> -por ejemplo genética- que contribuya tanto a la epilepsia como a las dificultades del desarrollo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La <strong>parte positiva</strong> de este concepto es que <strong>controlar la epilepsia puede ayudar a mejorar la evolución cognitiva y conductual</strong>. En muchos niños, cuando las crisis se controlan y el EEG mejora, también mejora la atención, el rendimiento, la conducta y el funcionamiento diario.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Por eso <strong>no hay que mirar solo las crisis. Hay que valorar al niño completo</strong>: lenguaje, motricidad, atención, conducta, sueño, aprendizaje, autonomía y estado emocional de la familia.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Qué se ve en el electroencefalograma (EEG)?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El <strong>EEG</strong> <strong>es</strong> una prueba <strong>muy importante</strong>. Lo más típico es encontrar descargas generalizadas de punta-onda o polipunta-onda, generalmente entre 2 y 6 Hz. Estas descargas pueden aumentar con el sueño, con la privación de sueño o con maniobras de activación como la hiperventilación.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">A veces las descargas generalizadas se fragmentan y pueden parecer focales o multifocales. Esto puede generar dudas, pero en este síndrome no debería existir una alteración focal persistente siempre en la misma zona. Si aparece una anomalía focal constante, hay que pensar en otras causas.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Durante una crisis mioclónico-atónica, el componente mioclónico se relaciona con una punta o polipunta generalizada; después aparece una onda lenta, que se corresponde con la pérdida de tono. En centros especializados, el <strong>vídeo-EEG con registro muscular</strong> puede demostrar esta secuencia con mucha precisión, aunque no siempre es imprescindible para el diagnóstico.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Hace falta una resonancia magnética?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La resonancia magnética cerebral suele ser normal. En mi opinión <strong>debe realizarse</strong> bien <strong>para diagnosticar el síndrome cuando el cuadro clínico y el EEG son algo atípicos</strong>, pero se realiza <strong>con frecuencia para descartar otras causas</strong>, especialmente si hay datos atípicos.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La presencia de una lesión estructural que explique las crisis obliga a replantear el diagnóstico. Lo mismo ocurre si el niño tiene crisis claramente focales, una exploración neurológica anormal o alteraciones focales persistentes en el EEG.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Cómo se diagnostica?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">El <strong>diagnóstico</strong> es <strong>clínico y electroencefalográfico</strong>. Se sospecha cuando un niño de la edad adecuada presenta crisis mioclónico-atónicas, con inicio relativamente brusco de varios tipos de crisis generalizadas, y un EEG compatible.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Hay <strong>datos que apoyan el diagnóstico</strong>:</p>
<ul class=" cmAlignjustify">
<li>Inicio en la infancia.</li>
<li>Crisis con sacudida y caída.</li>
<li>Crisis generalizadas de varios tipos.</li>
<li>EEG con descargas generalizadas.</li>
<li>Resonancia normal.</li>
<li>Ausencia de una lesión cerebral estructural que explique el cuadro.</li>
</ul>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Y hay <strong>datos que obligan a ser prudentes y pensar en otros diagnósticos</strong>:</p>
<ul class=" cmAlignjustify">
<li>Inicio antes de los 6 meses o después de los 8 años.</li>
<li>Espasmos epilépticos.</li>
<li>Crisis focales claras.</li>
<li>Crisis tónicas muy precoces, especialmente si aparecen en el primer año desde el inicio.</li>
<li>Hipsarritmia.</li>
<li>Actividad rápida paroxística generalizada durante el sueño.</li>
<li>Punta-onda lenta generalizada menor de 2,5 Hz, más típica de Lennox-Gastaut.</li>
<li>Exploración neurológica claramente anormal.</li>
<li>Deterioro del desarrollo moderado o grave antes de empezar las crisis.</li>
<li>Lesión estructural en la resonancia.</li>
</ul>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">En resumen: no basta con que un niño se caiga o tenga mioclonías. Hay que unir edad, tipo de crisis, EEG, desarrollo previo, exploración y evolución.</p>]]></description>]]>
        </description>  
        <pubDate>Wed, 03 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate>
    </item>
    
    <item>
        <title>La psicología de prescribir psicofármacos en niños y adolescentes: más allá de la receta</title>
        
		
		
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            <![CDATA[<category>Psicofármacos</category><category>infancia</category><category>adolescencia</category><category>Quirónsalud</category><category>Hospital Universitario Ruber Juan Bravo</category><category>Olympia Centro Médico Pozuelo</category><category>Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas</category><category>neuropediatra</category><title>La psicología de prescribir psicofármacos en niños y adolescentes: más allá de la receta</title><description><![CDATA[<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/psicologia-prescribir-psicofarmacos-ninos-adolescentes-alla.ficheros/3880010-Prescribir%20psicof%C3%A1rmacos.jpg?width=450&amp;height=300&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImageright " width="450" height="300" alt="Prescribir psicofármacos"/></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Prescribir un psicofármaco en la infancia y adolescencia no es un gesto meramente técnico</strong>. Una receta también comunica: cómo entendemos el malestar, qué esperamos que cambie y quién "tiene el control" del proceso. Por eso, <strong>en psicofarmacología pediátrica, el éxito depende tanto de la molécula como del contexto relacional en el que esa medicación se introduce</strong>.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Este enfoque, desarrollado con gran claridad por <strong>Pruett, Shashank, Joshi y Martín</strong> en su tratado de 2011, sigue siendo vigente porque ilumina una verdad clínica cotidiana: el tratamiento farmacológico no ocurre en el vacío, sino dentro de una alianza, una familia, una escuela y un sistema asistencial que influyen en cada decisión.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>1) La alianza terapéutica: el verdadero "vehículo" del fármaco:</strong> en la práctica real, el pilar de un tratamiento farmacológico eficaz no es solo el fármaco en sí. Es la alianza terapéutica: la calidad del vínculo, la confianza, la claridad del plan y la sensación de que estamos trabajando en la misma dirección. Una advertencia clásica lo resume bien: con demasiada frecuencia, la receta marca el final de la entrevista, cuando debería ser el inicio de una alianza.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">En pediatría esto se complica por un hecho estructural: la relación es triangular (niño&#x2013;padres&#x2013;clínico). En la preadolescencia, la alianza con cuidadores es decisiva: facilitan, supervisan, sostienen el plan. En la adolescencia, hay que reequilibrar: el profesional debe ser percibido como aliado del adolescente, no como "el agente" de padres o escuela, sin perder una supervisión razonable. Además, la alianza no siempre se "sella" en una sola visita, a veces hay que tener paciencia.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>2) ¿Qué significa tomar medicación para un niño o un adolescente? </strong>Los pacientes no toman solo una sustancia: toman también un significado. Incluso los más pequeños elaboran ideas, miedos y fantasías sobre lo que hace el medicamento y lo que dice de ellos.En los adolescentes esto es especialmente visible. Pueden mejorar clínicamente y, a la vez, sentirse incómodos con preguntas del tipo:"¿Esto soy yo&#x2026; o es el fármaco?""Si necesito pastillas, ¿significa que estoy enfermo?"</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Es importante que el niño sienta que él también participa en su mejoría. Si percibe que solo la medicación "hace el trabajo", puede dejar de reconocerse como parte activa del cambio, lo cual beneficia a su autonomía, motivación y esperanza realista. En consulta conviene explorar metáforas y temores, porque suelen ser clínicamente informativos: para algunas familias la medicación es "un veneno" o una "camisa de fuerza"; para otras, una "poción" o un "salvavidas". No se trata de discutir la metáfora, sino de entender qué revela y cómo afecta la adherencia.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>3) Los niños no son adultos chiquititos.: desarrollo, cuerpo e identidad.</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Un aspecto diferencial en pediatría es que el significado del fármaco cambia con el desarrollo. La pubertad intensifica la sensibilidad hacia el cuerpo, la imagen corporal y la pertenencia social. Por eso, cualquier medicación que afecte peso, piel, sueño, estado de ánimo o sexualidad puede vivirse con gran carga emocional (por ejemplo, la ritualización de la toma en niños pequeños -pensamiento mágico normativo-).</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Incluso la frecuencia de dosificación puede convertirse en mensaje: en un contexto de confianza puede tranquilizar; en un contexto tenso puede vivirse como intrusión o como prueba de "estar muy enfermo".</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>4) El "efecto contexto": placebo, esperanza y respuesta de significado. </strong>El principio es el Hipocrático, "lo primero, no hacer daño", más hay otro principio práctico: ofrecer cuidado con confianza y esperanza razonables. La expectativa, sostenida por una relación sólida, no es un adorno; tiene efectos reales sobre síntomas y funcionamiento: parte del efecto terapéutico no proviene solo del principio activo, sino del significado que el paciente atribuye al tratamiento, del ritual, de la narrativa compartida y de la experiencia de estar acompañado. En otras palabras: el fármaco actúa en un organismo, pero el tratamiento sucede en una persona.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>5) Familia y adherencia: no existe "solo una receta" </strong>En la mayoría de casos los padres no son observadores neutrales: son parte del tratamiento. Consienten, compran, supervisan, negocian resistencias, interpretan efectos secundarios y explican al niño por qué debe tomar algo que quizá no desea.Por eso, una alianza funcional con cuidadores no es opcional. Y también por eso conviene explorar expectativas parentales: para unos, la medicación confirma que el problema era serio; para otros, inaugura el miedo a una "enfermedad crónica" o a una etiqueta permanente.Estrategias sencillas que suelen ayudar:Reforzar logros y conductas de adherencia sin culpabilizar.Psicoeducación clara (qué esperamos, cuándo reevaluamos, qué vigilar).Simplificar pautas y anclarlas a rutinas.Ajustar formato/palatabilidad si es una barrera real.Hablar abiertamente de costes y logística si están interfiriendo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>6) Escuela y presiones externas: cuando el contexto también prescribe. </strong>La escuela es un actor central, especialmente en TDAH y conductas disruptivas: allí los síntomas se hacen visibles y afectan rendimiento, convivencia y autoestima. A veces, el entorno escolar atribuye al fármaco un poder excesivamente "específico y garantizado", y presiona para prescribir o ajustar dosis.Escuchar a los docentes puede aportar información valiosa, pero conviene sostener un marco clínico: objetivos funcionales claros, medición de cambios relevantes y decisiones basadas en formulación, no en urgencias del sistema.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">A esto se suman otras presiones: tiempos asistenciales limitados, la lógica de la "revisión de medicación" breve y, en segundo plano, el marketing farmacéutico y la desconfianza que puede generar en algunas familias. Todo ello puede erosionar la alianza si no se nombra y se maneja con transparencia.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>7) Tratamiento compartido: coordinación o fragmentación. </strong>Es frecuente que el prescriptor no sea quien hace la psicoterapia. Esto puede funcionar muy bien, pero exige coordinación real: diagnóstico compartido, objetivos compatibles, roles claros y comunicación suficiente. Cuando el tratamiento se divide sin coordinación, suele dividirse también la narrativa clínica: mensajes contradictorios, responsabilidades difusas y dificultades de adherencia. La prevención es simple en concepto (aunque exigente en práctica): plan común y comunicación estructurada.<strong> Esto es, </strong>construir relaciones con quien sostiene la vida real del paciente: familia, escuela, terapeutas, primaria.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>8) Para cerrar. </strong>La psicofarmacología pediátrica es neurobiología, sí. Pero también es vínculo, significado y contexto. Las moléculas importan; sin embargo, el modo en que una familia entiende la medicación y el lugar que el niño o el adolescente le asigna a ese tratamiento suelen decidir tanto como el principio activo.Prescribir bien implica ser "bilingüe": hablar el lenguaje de la biología y el de la psicología relacional, e integrarlos en cada acto clínico.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Referencias</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Pruett, J. R., Shashank, J., Joshi, S. V., & Martin, A. (2011). <em>Psychopharmacology for child and adolescent psychiatrists: A primer</em>. En A. Martin & F. R. Volkmar (Eds.), <strong>Lewis&#x2019;s Child and Adolescent Psychiatry: A Comprehensive Textbook</strong> (4ª ed.). Wolters Kluwer.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Martin, A., & Volkmar, F. R. (2011). <em>Lewis&#x2019;s Child and Adolescent Psychiatry: A Comprehensive Textbook</em> (4ª ed.). Wolters Kluwer.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Blackwell, B. (1989). Treatment adherence. <em>British Journal of Psychiatry</em>, 155, 142&#x2013;147.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Moerman, D. E., & Jonas, W. B. (2002). Deconstructing the placebo effect and finding the meaning response. <em>Annals of Internal Medicine</em>, 136(6), 471&#x2013;476.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Park, L. C., & Covi, L. (1965). Nonblind placebo trial: An exploration of neurotic patients&#x2019; responses to placebo when its inert content is disclosed. <em>Archives of General Psychiatry</em>, 12(3), 336&#x2013;345.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Winnicott, D. W. (1965). <em>The maturational processes and the facilitating environment</em>. Hogarth Press.</p>]]></description>]]>
        </description>  
        <pubDate>Wed, 29 Apr 2026 12:00:00 +0200</pubDate>
    </item>
    
    <item>
        <title>El neuropediatra y los trastornos del sueño: ¿cuándo y por qué consultarlo?</title>
        
		
		
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            <![CDATA[<category>Trastornos del sueño en niños</category><category>problemas de sueño</category><category>neuropediatra</category><category>Quirónsalud</category><category>Hospital Universitario Ruber Juan Bravo</category><category>Olympia Centro Médico Pozuelo</category><category>Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas</category><title>El neuropediatra y los trastornos del sueño: ¿cuándo y por qué consultarlo?</title><description><![CDATA[<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em><img src="https://www.quironsalud.com/blogs/es/neuropediatra/neuropediatra-trastornos-sueno-consultarlo.ficheros/3863396-Trastornos%20del%20sue%C3%B1o%20en%20ni%C3%B1os.jpg?width=335.98&amp;height=500&amp;aspectRatio=true" class="cmEmbedImageright " width="335.98" height="500" alt="Trastornos del sueño en niños"/></em></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em>Nuria no duerme. Y tampoco sus padres.</em></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em>Nuria tiene 8 años. Por las tardes, como todos los niños de su clase, ve vídeos en la tablet -algo de dibujos, algún vídeo corto, nada fuera de lo habitual-. Cena (rechaza el pescado y la carne: pide pizza y espaguetis). Se ducha y empieza la batalla: protestas, excusas, vasos de agua, quiero jugar, "tengo miedo"... Su madre acaba tumbándose en la cama con ella hasta que se duerme. La nota inquieta. A veces tarda más de una hora. Y dos o tres veces por semana, Nuria aparece a las 3 de la mañana en el dormitorio de sus padres.</em></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em>Nadie ha hecho nada mal. Simplemente hay algo que no encaja, y merece la pena entender qué es.</em></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Es frecuente esto?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Más de lo que parece. Los problemas de sueño afectan a uno de cada tres niños en algún momento de su infancia. La mayoría se resuelven solos o con pequeños ajustes en la rutina. Pero algunos necesitan una evaluación más completa, y ahí es donde entra el neuropediatra.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Cuándo debería consultar con un especialista?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Cuando el problema lleva <strong>más de tres meses</strong>, ocurre <strong>casi todas las noches</strong> y está <strong>afectando al niño o a la familia</strong> durante el día. Señales concretas:</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Le cuesta concentrarse en el colegio o tiene peor rendimiento</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Está más irritable, impulsivo o hiperactivo de lo habitual</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Ronca fuerte, hace pausas al respirar o suda mucho durante la noche</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Tiene episodios nocturnos que asustan: gritos, se levanta dormido, se cae de la cama</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Ninguno de estos síntomas debería normalizarse cuando es frecuente, intenso o interfiere con el día a día. Y la mayoría tienen solución.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Qué hace el neuropediatra en la consulta?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Más de lo que imaginas, y casi todo con preguntas.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">La primera visita consiste en entender bien el problema: a qué hora se acuesta, cómo es la rutina, qué pasa con las pantallas por la tarde, cómo reaccionan los padres cuando el niño no duerme, si hay ronquido, si se mueve mucho, si hay algo que le preocupe. A veces pedimos que los padres rellenen un diario de sueño durante dos semanas, porque eso nos da más información real que cualquier prueba.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">También exploramos al niño: su desarrollo, su comportamiento durante el día, y si hay algo físico &#x2014; como unas amígdalas grandes &#x2014; que pueda estar dificultando la respiración mientras duerme.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Hace falta alguna prueba?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">No siempre. La mayoría de los problemas de sueño en niños se diagnostican con la historia clínica. Pero cuando hay dudas, disponemos de pruebas específicas:</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Polisomnografía nocturna +/- test de latencias múltiples </strong>&#x2014;una noche en el laboratorio con sensores que registran el sueño del niño en detalle. Indolora y enormemente precisa en manos de un equipo especializado.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>EEG específico para epilepsia</strong> &#x2014; porque no todo lo que ocurre por la noche es un trastorno del sueño. Cuando sospechamos crisis nocturnas, solicitamos un electroencefalograma diseñado para eso: con privación de sueño, de siesta o nocturno según el caso.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Analítica de sangre</strong> &#x2014; sencilla, pero a veces la más reveladora. Hay pequeños hallazgos que a veces cambian el diagnóstico o el tratamiento por completo.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Pruebas excepcionales, que se piden muy raramente</strong> &#x2014; Resonancia magnética cerebral y/o cervical, entre otras pruebas complementarias, en función de sospecha.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>Derivación a otorrinolaringología</strong> &#x2014; cuando la polisomnografía confirma una apnea obstructiva del sueño y se valora una intervención sobre la vía aérea. A veces a otros profesionales (genetista, neumólogo, etcétera).</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Tiene solución?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Casi siempre, sí.El tratamiento depende del problema. A veces son cambios en la rutina y en cómo responden los padres por la noche &#x2014; estrategias sencillas con evidencia sólida detrás. A veces es terapia cognitivo-conductual para un adolescente que lleva meses sin poder apagar la cabeza al acostarse. Y a veces es algo físico que, una vez identificado y tratado, cambia radicalmente el día a día del niño y de toda la familia.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify">Lo importante es no normalizar lo que no es normal. El sueño no es un lujo: es donde el cerebro de un niño consolida lo que aprendió, regula sus emociones y, literalmente, crece.</p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><strong>¿Y Nuria?</strong></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em>Una analítica sencilla mostró la ferritina por los suelos. Nuria tenía una ferropenia que nadie había relacionado con su sueño &#x2014; y que explicaba, al menos en parte, por qué no podía quedarse quieta en su cama por la noche y conciliar el sueño. Con hierro, unos cambios en la rutina y entender cómo respondía su madre ante los despertares, las noches de la familia cambiaron. </em></p>
<p class="cmParagraph cmAlignjustify"><em>Sin nada raro. Solo saber dónde mirar.</em></p>
<p class="cmParagraph cmAligncenter"><strong><em>Enlace con algunos trucos para mejorar el sueño en nuestros niños/</em></strong><strong><em>adolescentes</em></strong></p>
<p class="cmParagraph cmAligncenter"><a href="https://youtu.be/kAfczIhUSeY" title="" target="_blank"><strong><em>https://youtu.be/kAfczIhUSeY</em></strong></a></p>]]></description>]]>
        </description>  
        <pubDate>Wed, 08 Apr 2026 12:00:00 +0200</pubDate>
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