
Reconocer los primeros cambios clínicos puede marcar una diferencia importante en la evolución de la enfermedad de Alzheimer, ya que un diagnóstico temprano permite iniciar cuanto antes las medidas terapéuticas y de estimulación adecuadas y planificar los cuidados que necesitará la persona. Entre el 35 y el 40% de los casos permanece sin diagnosticar y, por tanto, sin tratar, según destaca el doctor José María Jiménez Páez
, geriatra del Hospital Quirónsalud Córdoba
y del Centro Médico Quirónsalud Jaén.
El doctor Jiménez Paéz, que es también facultativo de Urgencias
del Hospital Quirónsalud Córdoba, explica, con motivo de la celebración hoy del Día Mundial del Alzheimer, que el envejecimiento progresivo de la población hará que el impacto de esta enfermedad siga aumentando en las próximas décadas. Las previsiones de la Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA) apuntan a que en 2050 España podría alcanzar los 3,6 millones de personas afectadas por Alzheimer, el triple de la cifra actual de 1,2 millones aproximadamente, mientras se estima que el número de personas en el mundo podría superar los 130 millones.
Ante esta evolución, el doctor Jiménez Páez considera especialmente importante mejorar la detección de los primeros síntomas y evitar que determinados cambios se atribuyan únicamente al envejecimiento. "Es fundamental no normalizar determinados cambios pensando que son propios de la edad y consultar cuando aparecen señales que puedan hacer sospechar un deterioro cognitivo", explica.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente a la memoria y a otras capacidades cognitivas, pero sus consecuencias van mucho más allá de los olvidos. A medida que avanza puede interferir en la autonomía, la comunicación, la capacidad para realizar actividades cotidianas y la conducta, repercutiendo también de forma importante en el entorno familiar.
Entre los síntomas que pueden alertar se encuentran los olvidos frecuentes de hechos recientes, la repetición de preguntas o historias, la pérdida habitual de objetos, dificultades para encontrar palabras, problemas para realizar tareas conocidas o alteraciones en la orientación, el cálculo y la capacidad de razonamiento. También pueden aparecer cambios en el estado de ánimo o en la conducta. No todos estos síntomas implican necesariamente la existencia de Alzheimer, pero sí justifican una valoración médica que permita determinar su origen.
El diagnóstico temprano resulta especialmente relevante porque permite conocer mejor la situación de la persona, establecer un plan de actuación individualizado y abordar desde fases iniciales aspectos relacionados con la salud, la funcionalidad y el bienestar emocional. Además, facilita la planificación de los cuidados y la toma de decisiones junto con la familia.
Aunque la edad es uno de los principales factores de riesgo del Alzheimer y existen otros elementos que no pueden modificarse, hay factores sobre los que sí es posible actuar. El doctor Jiménez Páez insiste en la importancia de mantener hábitos saludables a lo largo de la vida, con especial atención al control de la hipertensión, la diabetes y el colesterol, además de seguir una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico de forma habitual, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, cuidar el descanso y mantener una vida social activa.
El abordaje del Alzheimer requiere además una atención multidisciplinar y continuada con Neurología, Medicina de Familia, Geriatría y Salud Mental. El seguimiento permite adaptar las intervenciones a las distintas fases de la enfermedad y detectar de manera precoz los cambios que puedan aparecer.
El cuidador, una figura que también necesita cuidados
La enfermedad no afecta únicamente a quien la padece. La evolución progresiva del Alzheimer hace que la familia, y especialmente la persona que asume el papel de cuidador principal, tenga que afrontar una importante carga física y emocional. Por ello, el especialista considera esencial prestar atención también a sus necesidades y evitar que el cuidado del familiar termine provocando un deterioro de su propia salud.
"El cuidador puede llegar a olvidarse de sí mismo porque toda su atención está centrada en la persona enferma", señala el doctor Jiménez Páez. El cansancio, la falta de descanso, el estrés mantenido, los cambios en el sueño, la pérdida de apetito o el aislamiento social pueden ser señales de sobrecarga que requieren atención.
En este sentido, el acompañamiento debe mantenerse durante todo el proceso y también después del fallecimiento del familiar. "Cuando termina una etapa tan intensa de cuidados puede aparecer un vacío muy importante, por lo que tampoco debemos olvidarnos de esa persona cuando deja de ejercer su papel de cuidador", apunta.






















