
Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, el Hospital Quirónsalud del Vallès pone el foco en la importancia de adquirir hábitos saludables desde la infancia, una etapa en la que la alimentación no solo debe cubrir las necesidades nutricionales propias del crecimiento, sino que también contribuye a construir preferencias, rutinas y una relación con la comida que puede mantenerse a lo largo de los años.
Favorecer una alimentación variada y equilibrada implica no solo escoger qué alimentos se ofrecen, sino también cómo se organizan las comidas, cómo se introducen nuevos sabores y texturas y qué relación se establece con la comida dentro de la familia.
"En la infancia el apetito no es constante: puede cambiar según la etapa de crecimiento, la actividad o incluso de un día a otro. Por eso no debemos esperar que un niño coma siempre la misma cantidad, sino observar su evolución global y respetar sus señales de hambre y saciedad", explica el Dr. Henry José Marcano, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud del Vallès.
Aprender a comer también forma parte del desarrollo
Las necesidades alimentarias cambian a lo largo de la infancia. La edad, el ritmo de crecimiento, la actividad física y las circunstancias individuales condicionan tanto la cantidad como el tipo de alimentos que puede necesitar cada niño.
A medida que se incorporan nuevos alimentos, es habitual que aparezcan preferencias o rechazo hacia determinados sabores y texturas. Estas respuestas pueden formar parte del proceso de aprendizaje y no siempre indican que exista un problema.
Por ello, ofrecer variedad de forma progresiva y mantener cierta regularidad en las comidas puede ayudar a familiarizar al niño con distintos alimentos sin convertir cada comida en una situación de presión o conflicto.
"Ante el rechazo de un alimento, insistir o convertirlo en una negociación suele hacer que la atención se centre todavía más en ese rechazo. Es preferible seguir ofreciéndolo de forma natural dentro de una alimentación variada y permitir que el niño vaya familiarizándose con él a su ritmo", señala el especialista.
Hábitos que se construyen en casa
El entorno familiar influye de forma importante en la manera en la que los niños aprenden a alimentarse. Algunas pautas sencillas pueden contribuir a establecer una relación más saludable con la comida:
- Mantener, en la medida de lo posible, horarios regulares.
- Ofrecer una alimentación variada y adecuada a la edad.
- Favorecer el consumo de alimentos frescos y poco procesados dentro de una dieta equilibrada.
- Evitar utilizar la comida de forma habitual como premio o castigo.
- Respetar las señales de hambre y saciedad.
- Compartir las comidas en familia cuando sea posible y favorecer un ambiente tranquilo.
Los adultos actúan además como referencia. Los hábitos que el niño observa en casa pueden influir en sus propias elecciones y en la forma en la que se relaciona con determinados alimentos.
Cuando comer se convierte en una dificultad
Las variaciones de apetito y las preferencias alimentarias pueden formar parte del crecimiento. Sin embargo, un rechazo muy marcado o prolongado de numerosos alimentos, las dificultades para comer o tragar, los síntomas digestivos recurrentes o los cambios en el crecimiento requieren una valoración más detallada.
También conviene evitar eliminar grupos completos de alimentos por iniciativa propia, especialmente si existe sospecha de alergia, intolerancia u otro problema relacionado con la alimentación.
"El objetivo a largo plazo no es conseguir una dieta perfecta, sino que el niño vaya adquiriendo autonomía y aprenda a reconocer sus propias sensaciones de hambre y saciedad dentro de una alimentación variada. La forma en la que acompañamos ese aprendizaje es tan importante como los alimentos que ofrecemos", concluye el Dr. Marcano.





















