Pediatría
¿Qué es la fiebre?
La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de 38ºC. Se trata de un síntoma que indica que el organismo está respondiendo frente a una agresión, generalmente de origen infeccioso.
En la mayoría de los casos, la causa son infecciones leves, sobre todo víricas. La fiebre es un mecanismo de defensa y no implica necesariamente gravedad.
¿Qué hacer en casa cuando tiene fiebre?
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El objetivo principal es mejorar el bienestar del niño o niña, tratando el malestar asociado y no la fiebre en sí misma.
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Es importante asegurar una adecuada hidratación, mantener una temperatura ambiental agradable y evitar el exceso de abrigo.
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Se pueden utilizar antitérmicos como paracetamol o ibuprofeno, siguiendo las dosis indicadas por su pediatra cada 6–8 horas.
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No se recomienda alternar ambos antitérmicos de forma sistemática, salvo indicación médica o si el malestar reaparece antes del tiempo habitual.
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No es recomendable utilizar medidas físicas como baños fríos o paños húmedos, ya que no resultan eficaces y pueden ser incómodos.
¿Cuándo consultar en un servicio de urgencias?
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Si el niño o niña está muy decaído, poco reactivo o excesivamente irritable.
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Si presenta dificultad para respirar.
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Si aparecen manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas (petequias).
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Si no tolera alimentos ni líquidos.
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En menores de 2 meses o niños con enfermedades que afecten a su sistema inmunitario.
¿Debemos ofrecerle alguna alimentación especial?
Es habitual que el niño tenga menos apetito durante los episodios febriles, por lo que no debe forzarse la ingesta.
Se recomienda asegurar un adecuado aporte de líquidos para mantener una buena hidratación.
¿Cuál es la evolución esperable?
La duración de la fiebre puede variar según la causa, aunque lo más frecuente es que dure entre 2 y 4 días. En algunos casos puede prolongarse más tiempo sin que ello implique mayor gravedad.
Los antitérmicos ayudan a disminuir la temperatura y mejorar el estado general, pero no eliminan la causa de la fiebre, por lo que esta puede reaparecer una vez pasa su efecto. La persistencia de fiebre tras administrar un antitérmico es habitual y no indica necesariamente una evolución desfavorable.
No suele ser necesario acudir a urgencias si el niño se encuentra activo, con buen estado general y responde adecuadamente a las medidas habituales. Se recomienda consultar con el pediatra si la fiebre persiste o genera preocupación.
Recuerda
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La fiebre es un mecanismo de defensa y no siempre indica gravedad.
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Es fundamental tratar el malestar con antitérmicos y mantener una buena hidratación.
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No sobreabrigar y mantener al niño en un ambiente ventilado y confortable ayuda a mejorar su estado.
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Si presenta empeoramiento o signos de alarma, consulta con un profesional sanitario.
Fuente: Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP)
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