La obesidad como enfermedad crónica: una mirada clínica para entenderla en el marco del Día Mundial contra la Obesidad

La obesidad como enfermedad crónica: una mirada clínica para entenderla en el marco del Día Mundial contra la Obesidad

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4 de marzo de 2026
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El Día Mundial contra la Obesidad invita a abordar esta realidad con rigor y sin estigmas. Hablamos de una enfermedad crónica basada en la adiposidad, de origen multifactorial, y que hoy representa uno de los grandes retos de salud pública por su elevada prevalencia y por su relación con complicaciones cardiometabólicas y biomecánicas y mortalidad.

Además, es un tema que suele estar rodeado de mensajes simplificados —dietas "milagro", promesas rápidas o soluciones aisladas— que generan confusión y frustración. En el entorno sanitario, el enfoque es distinto: entender qué factores están influyendo en cada persona, reducir riesgos y sostener mejoras en el tiempo.

"Es importante comprender que la obesidad es una patología multicausal, en la que influyen factores biológicos, metabólicos, genéticos, psicológicos y del entorno. En consulta trabajamos para entender qué está pasando en cada caso y qué objetivos de salud son realistas y sostenibles", explica la Dra. Laura Tuneu, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitari Sagrat Cor.


Qué es la obesidad y por qué hablamos de cronicidad

La obesidad se define como un exceso de grasa corporal que puede afectar a la salud. Se considera crónica porque, en la mayoría de los casos, requiere una estrategia de manejo continuada: no es un proceso "agudo" que se resuelva de forma definitiva con una intervención puntual.

Esto se debe a que el organismo puede activar mecanismos de adaptación tras la pérdida de peso —cambios en señales de hambre y saciedad, en el gasto energético o en la regulación metabólica— que favorecen la recuperación ponderal si no hay seguimiento y ajuste del plan. Por eso, el tratamiento efectivo se apoya en continuidad asistencial y en una combinación de herramientas terapéuticas.

"En consulta, es frecuente que las personas lleguen con dudas tras exponerse a mensajes simplificados sobre dietas, ejercicio o fármacos. En cambio, el abordaje sanitario parte de una idea clave: la obesidad no se explica por un único factor y requiere evaluación, objetivos realistas y seguimiento en el tiempo", subraya la especialista.


Un diagnóstico basado en una evaluación clínica completa, no en un único indicador

En la práctica clínica, el peso es un dato relevante, pero no es el único. Una valoración adecuada debe incorporar medidas que estimen el riesgo y el impacto de la adiposidad en la salud. Por eso, en los controles se recomienda medir el IMC y también la circunferencia de la cintura de forma sistemática, idealmente en cada revisión.

En consultas especializadas, puede añadirse el estudio de composición corporal para diferenciar masa grasa y masa libre de grasa. A su vez, la historia clínica debe explorar aspectos que influyen de forma determinante en el manejo: historia ponderal, patrón de alimentación, hábitos de vida, sueño, ansiedad, medicación que pueda favorecer ganancia de peso y despistaje de complicaciones o comorbilidades.

"Cuando recibimos a un paciente en consulta la pregunta no es solo ‘cuánto pesa’, sino ‘cómo está afectando esa adiposidad a su salud’ y qué barreras reales existen para mejorar. La evaluación nos ayuda a definir prioridades clínicas y a seleccionar el abordaje más adecuado para cada perfil", señala la Dra. Laura Tuneu.


Un abordaje escalonado, multidisciplinar y sostenido

No existe una única solución. El tratamiento se adapta a la gravedad, las comorbilidades y el contexto de cada persona, integrando herramientas de manera progresiva. Sin embargo, lo que sí es fundamental es que los objetivos deben ser realistas, personalizados y vinculados a las complicaciones presentes.

La base es siempre el abordaje del estilo de vida, con un patrón alimentario sostenible y una prescripción de actividad física adaptada. En nuestro entorno, la dieta mediterránea hipocalórica se considera una de las opciones más recomendadas por su evidencia y por su encaje cultural, y el ejercicio debe combinar componente aeróbico y trabajo de fuerza, ajustando intensidad y progresión a cada caso.

Cuando es necesario, se integra apoyo conductual y psicológico para mejorar adherencia y abordar factores como ansiedad, hambre emocional o patrones de conducta que dificultan el seguimiento. Este aspecto en muchos pacientes es determinante para consolidar el plan terapéutico en el tiempo.

En pacientes con obesidad el tratamiento farmacológico suele ser útil, siempre como complemento a los cambios de estilo de vida y bajo supervisión especializada, valorando beneficios, riesgos y comorbilidades.

Y en casos obesidad grave, la cirugía bariátrica/metabólica es una herramienta eficaz, pero requiere criterios clínicos claros y seguimiento multidisciplinar a largo plazo para prevenir déficits nutricionales y evitar recuperación ponderal.

"Los avances terapéuticos han ampliado opciones, pero ninguna funciona sola. Lo importante es construir un plan aplicable y sostenible. No se trata de perfección en poco tiempo, sino de consistencia. Cuando la persona entiende su enfermedad y participa en decisiones realistas, disminuye la frustración y mejora el pronóstico", concluye la jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitari Sagrat Cor.


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