Quemaduras solares en verano: cómo actuar cuando la piel se enrojece y qué señales requieren valoración médica

El verano suele implicar una mayor exposición al sol. Las salidas a la playa, las excursiones a la montaña, los baños en la piscina o las actividades al aire libre aumentan el tiempo que la piel permanece expuesta a la radiación solar.
Tomar el sol de forma prudente puede formar parte de una rutina saludable, siempre que se haga con medidas adecuadas de protección. Sin embargo, una exposición excesiva puede provocar quemaduras solares, una lesión de la piel que a menudo se infravalora cuando solo aparece enrojecimiento.
¿Qué es una quemadura solar?
Las quemaduras solares se producen cuando la radiación ultravioleta supera la capacidad natural de protección de la piel y daña sus células. La intensidad puede variar según el tiempo de exposición, el tipo de piel, la hora del día o el uso adecuado o no de fotoprotección.
Los síntomas más frecuentes son enrojecimiento; dolor o sensación de quemazón; calor en la piel; hinchazón; picor; ampollas, en casos más intensos o descamación posterior. En algunas personas, tras exposiciones prolongadas, pueden aparecer además malestar general, escalofríos, dolor de cabeza o sensación de debilidad, signos que conviene vigilar.
"Una quemadura solar no es solo una piel enrojecida por haber tomado demasiado el sol. Es una respuesta inflamatoria de la piel al daño producido por la radiación ultravioleta. Por eso, aunque el aspecto pueda parecer leve al principio, conviene observar cómo evoluciona en las horas posteriores", explica la Dra. Montserrat Salleras, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Cómo actuar ante una quemadura
Ante una quemadura solar, la primera medida es retirarse del sol y evitar nuevas exposiciones mientras la piel se recupera. Continuar al aire libre sin protección puede empeorar la lesión, aunque el enrojecimiento parezca leve al principio.
También puede ayudar refrescar la zona con duchas de agua fresca o compresas frías, sin aplicar hielo directamente sobre la piel. Mantener una buena hidratación, bebiendo agua con frecuencia, es importante, especialmente si la quemadura afecta a una superficie amplia.
Para aliviar la tirantez y favorecer la recuperación, se pueden aplicar lociones hidratantes con antiinflamatorios. Conviene evitar productos irritantes, perfumes o exfoliantes sobre la zona afectada.
Si aparecen ampollas, deben pincharse con una aguja estéril, drenando su contenido y dejando la superficie de la ampolla sobre la superficie, ya que actúa como una barrera de protección de la piel y retirarla dejaría una erosión que puede aumentar el riesgo de infección.
"La piel quemada necesita tiempo para repararse. Durante esos días no se debe volver a exponer la zona al sol, y es importante evitar remedios caseros agresivos o productos que puedan irritar más la piel", señala la Dra. Salleras.
Prevención y cuándo consultar
La prevención es la medida más eficaz frente a las quemaduras solares. Para reducir el riesgo, se recomienda utilizar fotoprotector de amplio espectro, aplicarlo en cantidad suficiente y reaplicarlo de forma periódica, especialmente después del baño, el sudor o el secado con toalla. También conviene evitar las horas centrales del día, buscar sombra y utilizar ropa, sombrero y gafas de sol homologadas.
Aunque la piel suele recuperarse de una quemadura leve en unos días, el daño solar acumulado puede tener consecuencias a largo plazo. Las quemaduras, especialmente si son repetidas, se relacionan con fotoenvejecimiento y con un mayor riesgo de lesiones cutáneas, incluido el cáncer de piel.
"Ante una quemadura solar, lo importante es valorar la intensidad, la extensión y los síntomas asociados. Una quemadura leve puede manejarse con cuidados básicos, pero si hay ampollas extensas, fiebre, malestar o signos de infección, la valoración médica permite prevenir complicaciones y orientar el cuidado adecuado", concluye la jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.






