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El hasta ahora conocido como síndrome de ovario poliquístico ha pasado a denominarse Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino, un cambio que busca reflejar de forma más precisa la complejidad de esta alteración hormonal y metabólica. No se trata únicamente de un problema ginecológico ni de la presencia de "quistes" en el ovario, "sino de una condición crónica que puede afectar al ciclo menstrual, al metabolismo, a la piel, al peso, al cabello y también a la fertilidad" señala la doctora Aída Cadenas, especialista en Endocrinología del Hospital Quirónsalud Bizkaia.

Según el consenso internacional publicado en 2026, el cambio de denominación busca reflejar mejor que no se trata solo de un problema ovárico, sino de una alteración endocrina y metabólica. Se trata, además, de una patología frecuente, que afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres en el mundo. Para la doctora Cadenas, esta nueva denominación supone "un punto de inflexión" porque ayuda a entender que "no estamos solo ante un problema ginecológico, sino ante una condición hormonal y metabólica más compleja".

Uno de los aspectos que más confusión ha generado durante años es el propio término "ovario poliquístico". Según explica la doctora Cadenas, "al contrario de lo que inducía a pensar el nombre, realmente no existen quistes en el ovario, sino folículos inmaduros que en una ecografía pueden recordar a un quiste sin serlo".

Síntomas que parecían aislados, pero pueden estar relacionados

El Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino puede manifestarse de formas muy distintas. Reglas irregulares, acné, exceso de vello en zonas poco habituales, caída de cabello con patrón similar al masculino, dificultad para perder peso, acumulación de grasa abdominal, ataques de hambre, cansancio o problemas de fertilidad pueden formar parte de un mismo cuadro clínico. "Ha costado identificar este síndrome porque no siempre es fácil relacionar todo lo que lleva asociado. Hay que ir a buscarlo, porque si no lo sospechas no lo diagnosticas", señala la especialista.

En la base de este trastorno pueden confluir alteraciones del ciclo menstrual y resistencia a la insulina. Esta resistencia hace que el organismo necesite producir más insulina para mantener el equilibrio, lo que puede desencadenar alteraciones metabólicas y hormonales, entre ellas un aumento de andrógenos, hormonas habitualmente más elevadas en los hombres. "Para todos estos síntomas hay una explicación bioquímica, hormonal, que antes no se tenía en cuenta. Hay que desenredar esa madeja, diagnosticar y llegar al fondo de la cuestión", subraya la doctora Cadenas.

Una enfermedad crónica que requiere abordaje multidisciplinar

La especialista insiste en que el cambio de nombre debe ayudar también a mejorar el manejo clínico de las pacientes. Durante años, muchas mujeres han vivido sus síntomas como problemas separados o han recibido respuestas parciales desde distintas consultas. El nuevo enfoque refuerza la necesidad de trabajar de forma coordinada entre Endocrinología, Ginecología, Atención Primaria y, en función de cada caso, Nutrición, Dermatología o Salud Mental. "Es necesario remar en la misma dirección y trabajar en equipo, porque uno de los grandes problemas está en el infradiagnóstico: no estamos viendo a todas las pacientes que deberíamos", advierte.

El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración y pruebas analíticas específicas, que pueden valorar alteraciones hormonales, exceso de andrógenos, resistencia a la insulina u otros parámetros. La especialista recuerda que también existen casos más silenciosos, en los que no aparecen todos los síntomas clásicos. Antecedentes familiares de diabetes, primera regla temprana o diabetes gestacional pueden ser datos que ayuden a sospecharlo.

El papel de los hábitos en el control de los síntomas

El Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino no cuenta actualmente con un tratamiento curativo único. El abordaje depende de los síntomas, la edad, el deseo reproductivo y el perfil metabólico de cada paciente. Aun así, la doctora Cadenas recuerda que hay una base común: mejorar hábitos de vida, especialmente alimentación y ejercicio. "La base siempre es la misma: unos buenos hábitos, tanto de nutrición, apostando por la dieta mediterránea, como practicar ejercicio de fuerza, porque es el que ha demostrado que disminuye la resistencia a la insulina", explica.

En algunos casos, pueden indicarse anticonceptivos con efecto antiandrogénico para tratar síntomas relacionados con el exceso de hormona masculina. Si existe deseo de embarazo, el abordaje será diferente y se orientará a regular la ovulación y mejorar el entorno hormonal. Además, en los últimos años han aparecido nuevas opciones terapéuticas para determinados perfiles de pacientes, siempre bajo indicación y seguimiento médico. La doctora Cadenas recomienda a las mujeres con síntomas compatibles que consulten con profesionales sanitarios y eviten buscar respuestas únicamente en internet y las redes sociales. "Podemos ayudarles, sin duda", concluye.