Polimiositis

Información sobre las causas, los síntomas, los estudios diagnósticos y los tratamientos de la inflamación de los músculos esqueléticos.

Síntomas y causas

La polimiositis es la inflamación crónica de los músculos esqueléticos, que son aquellos que están unidos a los huesos y se encargan de propiciar el movimiento voluntario del cuerpo. Esta patología provoca debilidad muscular extrema y fatiga.

El pronóstico de la polimiositis es variable, ya que depende de su grado de evolución y las características del paciente. En la mayoría de los casos, el tratamiento contribuye a la recuperación de la fuerza muscular, por lo que se puede recuperar la rutina sin que la calidad o la esperanza de vida se vean afectadas.

Síntomas

Los síntomas más destacados de la polimiositis son:

  • Debilidad muscular: se presenta de forma simétrica en ambos lados del cuerpo y evoluciona progresivamente. Es más frecuente en los hombros, las caderas y los muslos (músculos proximales).
  • Rigidez matutina muscular y/o articular (al despertar o tras periodos de inactividad).
  • Fatiga generalizada.
  • Dificultad para respirar.
  • Disfagia: dificultad para tragar, cuando se ven afectados los músculos de la deglución.
  • Alteraciones de la voz.
  • Malestar general.
  • Dolor muscular.
  • Fiebre.
  • Pérdida progresiva de peso.

Causas

Las causas de la polimiositis no están del todo claras, aunque se engloba dentro de las miopatías inflamatorias idiopáticas porque los estudios apuntan a que se trata de una enfermedad autoinmune por la que el sistema inmunológico ataca por error a los músculos del cuerpo.

Esta reacción puede estar asociada a:

  • Anomalía de las células T (un tipo de glóbulos blancos) que ataca a antígenos musculares no identificados, provocando inflamación.
  • Infección vírica.
  • Trastorno del tejido conectivo
  • Algunos tipos de cáncer.

Factores de riesgo

El riesgo de tener polimiositis aumenta en los siguientes casos:

  • Edad: se suele dar entre los 30 y los 60 años, aunque es más habitual a partir de los 50.
  • Sexo: es más frecuente en las mujeres.
  • Predisposición genética.
  • Enfermedades autoinmunes: lupus eritematoso sistémico, síndrome de Sjögren, artritis reumatoide, esclerodermia.
  • Infecciones persistentes.
  • VIH.

Complicaciones

La polimiositis puede causar las siguientes complicaciones:

  • Malnutrición derivada de los problemas para tragar.
  • Neumonía por aspiración (paso de alimentos o saliva a los pulmones).
  • Problemas cardiacos (miocarditis, arritmias).
  • Insuficiencia respiratoria.
  • Calcificaciones musculares.
  • Atrofia muscular.

Prevención

Al tratarse de una afección de origen autoinmune, la polimiositis no se puede prevenir.

¿Qué médico trata la polimiositis?

La polimiositis es una enfermedad propia de la reumatología en cuyo tratamiento intervienen especialistas en fisioterapia y, en ocasiones, logopedia.

Diagnóstico

El diagnóstico de la polimiositis requiere un enfoque integral en el que se combinan distintos abordajes. Los más habituales son:

  • Examen físico: se valoran los síntomas y se evalúan tanto la fuerza muscular como la función articular.
  • Análisis de sangre: los niveles elevados de creatina quinasa (CK) y aldolasa en el torrente sanguíneo son un indicio de inflamación muscular. Además, se pueden detectar anticuerpos asociados a las miopatías inflamatorias y a la polimiositis.
  • Electromiografía (EMG): se coloca un electrodo en el músculo con ayuda de una aguja fina para medir la actividad eléctrica del músculo cuando se tensa o se relaja. Los cambios en el patrón son un indicio de patología muscular.
  • Resonancia magnética: las imágenes obtenidas mediante ondas de radio y un campo electromagnético permiten detectar procesos inflamatorios.
  • Biopsia: se toma una muestra de tejido del músculo para analizarla en el laboratorio. Los siguientes hallazgos son un indicio de polimiositis:
    • Daños tisulares.
    • Células inflamatorias (linfocitos, macrófagos).
    • Expresión de MHC-I en fibras musculares intactas.
    • Atrofia muscular.
    • Necrosis: muerte celular.

La polimiositis se puede clasificar en tres tipos diferentes según los criterios de Bohan y Peter de certeza diagnóstica:

  • Polimiositis definida: la enfermedad está confirmada debido a los siguientes resultados (se cumplen los cuatro criterios):
    • Clínica: debilidad muscular y niveles altos de enzimas musculares en la sangre.
    • EMG: patrón electromiográfico propio de una patología muscular.
    • Biopsia: hallazgos de inflamación y daño muscular.
  • Polimiositis probable: las posibilidades de enfermedad son elevadas basándose en dos perfiles (se cumplen 3 de los 4 criterios):
    • Clínica propia de la enfermedad y EMG compatible, pero pocos indicios de proceso inflamatorio en la biopsia.
    • Clínica atípica para polimiositis, resultados de la EMG compatibles y evidencias de inflamación y necrosis en la biopsia.
  • Polimiositis posible: es factible que exista la enfermedad porque los resultados indican que tanto la clínica como la EMG son compatibles, pero la biopsia es normal (se cumplen 2 de los 4 criterios).

Tratamiento

La polimiositis no tiene cura, por lo que los tratamientos están enfocados en controlar y paliar los síntomas. Los más eficaces para mejorar la calidad de vida de los pacientes son:

  • Medicación con fármacos:
    • Corticoesteroides para reducir la inflamación. Con posibilidad de reducción gradual de dosis en caso de control de síntomas.
    • Inmunosupresores para evitar que el sistema inmunitario ataque indebidamente a los músculos. De este modo, se minimiza el daño muscular.
  • Agentes biológicos: se emplean microorganismos para afrontar los síntomas cuando los fármacos no han conseguido los resultados esperados.
  • Fisioterapia: se combinan los ejercicios y la terapia manual para mantener la fuerza, la flexibilidad y el rango de movimiento de los músculos. A largo plazo, previene la atrofia muscular.
  • Terapia del habla: se enseñan estrategias para compensar los cambios musculares que interfieren en la forma de tragar y hablar.

La polimiositis es una enfermedad crónica, por lo que necesita un tratamiento de por vida y las consiguientes revisiones médicas para controlar su evolución y ajustar la terapia si es preciso. En estas consultas periódicas se presta especial atención al estado nutricional del paciente, ya que puede verse afectado debido a las dificultades para tragar.

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