El calor y el corazón: quién debe extremar las precauciones

Las altas temperaturas propias del verano suponen un desafío para el organismo. Aunque cualquier persona puede verse afectada por el calor extremo, existen determinados grupos de población en los que el riesgo es mayor, especialmente aquellas personas con enfermedades cardiovasculares. La evidencia disponible muestra que, a medida que sube la temperatura, aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares, por lo que conviene anticiparse y extremar la prevención en las personas más vulnerables.
Cuando aumenta la temperatura ambiental, el cuerpo activa mecanismos para mantener estable la temperatura corporal. Entre ellos destacan la vasodilatación (dilatación de los vasos sanguíneos) y el aumento de la sudoración. Este proceso redistribuye sangre hacia la piel para facilitar la pérdida de calor, reduce el volumen circulante y obliga al corazón a incrementar la frecuencia cardiaca y el trabajo cardíaco, con mayor demanda de oxígeno del miocardio; en personas con patologías previas, esta adaptación puede favorecer la descompensación.
El Dr. Albert Massó, cardiólogo del Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona nos explica que "los pacientes con insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica, hipertensión arterial o antecedentes de ictus deben prestar especial atención durante los episodios de calor intenso. También son más vulnerables los mayores de 65 años, ya que con la edad disminuye la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal".
La deshidratación es uno de los principales riesgos. La pérdida excesiva de líquidos y sales minerales puede provocar una bajada de la tensión arterial, mareos, alteraciones del ritmo cardiaco e incluso descompensaciones en pacientes con enfermedades cardiovasculares. "Algunas medicaciones, como determinados diuréticos, pueden incrementar además esta predisposición" apunta el doctor Massó.
Para minimizar riesgos, es fundamental mantener una adecuada hidratación, incluso sin sensación de sed. Asimismo, conviene evitar la exposición directa al sol durante las horas centrales del día, permanecer en espacios frescos (idealmente climatizados) y utilizar ropa ligera y transpirable.
Otra recomendación importante es adaptar la actividad física a las condiciones climáticas. Durante el verano, es preferible realizar ejercicio a primera hora de la mañana o al anochecer, cuando las temperaturas son más suaves. Ante síntomas como fatiga intensa, dificultad para respirar, dolor torácico o mareos persistentes, se debe buscar atención médica de manera inmediata.
El calor puede afectar significativamente al sistema cardiovascular, especialmente en personas con factores de riesgo. Adoptar medidas preventivas y seguir las indicaciones del especialista permite disfrutar del verano con mayor seguridad y mantener la salud cardiaca protegida frente a las altas temperaturas.






