¿Cambios al caminar, al escribir o al dormir? Cómo reconocer el párkinson en sus fases iniciales

¿Cambios al caminar, al escribir o al dormir? Cómo reconocer el párkinson en sus fases iniciales

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22 de abril de 2026
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Cambiar la forma de caminar, notar la letra más pequeña o empezar a dormir peor no suelen ser señales que uno relacione de entrada con una enfermedad neurológica. Sin embargo, en el párkinson, algunas de las primeras manifestaciones pueden aparecer precisamente así, de forma discreta, progresiva y poco llamativa.

En España conviven con esta enfermedad más de 160.000 personas, según la Federación Española de Párkinson, mientras que la Sociedad Española de Neurología sitúa la cifra en torno a 200.000 y estima unos 10.000 nuevos diagnósticos al año.

"En las fases iniciales no siempre vemos un signo claramente orientador, sino pequeños cambios que empiezan a repetirse y a tener impacto en la vida diaria. La clave está en no normalizar cambios que se mantienen o que empiezan a alterar funciones cotidianas", explica el Dr. Ernest Balaguer, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitari General de Catalunya.


Cuando los primeros signos no son los más evidentes

El párkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que se produce por la pérdida de neuronas que fabrican dopamina, una sustancia esencial para regular el movimiento. La disminución de este neurotransmisor altera los circuitos cerebrales implicados en la coordinación motora, pero también puede afectar a otras funciones del organismo.

Hoy se sabe que combina síntomas motores y síntomas no motores, y que ambos pueden aparecer en distintos momentos de la evolución. Mientras los primeros afectan sobre todo al movimiento, los segundos pueden repercutir en funciones como el sueño, el olfato, el tránsito intestinal, la energía o el estado de ánimo, y también condicionar de forma importante la calidad de vida.


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"Lo más importante no es un síntoma aislado, sino la persistencia de ciertos cambios y la forma en que se combinan entre sí. Es ese patrón el que puede hacer recomendable una valoración neurológica", destaca el Dr. Balaguer.


Cómo se diagnostica y qué opciones terapéuticas existen

Ante síntomas persistentes que interfieren en la vida diaria, lo recomendable es consultar primero con atención primaria, que valorará la derivación a neurología. El diagnóstico del párkinson es fundamentalmente clínico y se basa en la historia clínica de la persona, junto con una exploración física y neurológica exhaustiva realizada por un especialista, preferiblemente con experiencia en trastornos del movimiento.

En la actualidad no existe un análisis de sangre, un marcador de laboratorio o una prueba de neuroimagen que confirme por sí sola la enfermedad de forma concluyente. La valoración diagnóstica se apoya en la detección de síntomas motores como la bradicinesia o lentitud de movimientos, acompañada de otros signos como el temblor en reposo, la rigidez muscular o la inestabilidad postural. Además, una parte esencial del proceso consiste en descartar otras enfermedades que pueden compartir síntomas similares, como algunos parkinsonismos o párkinson plus, mediante analíticas, pruebas de imagen y seguimiento clínico.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento se orienta a controlar los síntomas y a preservar la autonomía y la calidad de vida. La base del manejo sigue siendo el tratamiento farmacológico, que se ajusta de forma individualizada según la fase de la enfermedad y la respuesta de cada paciente. En fases más avanzadas, cuando aparecen fluctuaciones motoras o periodos "OFF", pueden utilizarse terapias de rescate o tratamientos de segunda línea, incluidos sistemas de perfusión continua y, en determinados casos, opciones quirúrgicas como la estimulación cerebral profunda.

Junto al tratamiento farmacológico, el abordaje del párkinson requiere seguimiento especializado y una atención continuada que también dé valor a la rehabilitación, al ejercicio, a la logopedia y al acompañamiento del paciente y su entorno. La adherencia al tratamiento y una buena comunicación con neurología son claves para ajustar el manejo a lo largo de la evolución de la enfermedad.


Investigación e innovación terapéutica

En las últimas dos décadas, la investigación está abriendo nuevas vías terapéuticas orientadas a actuar sobre mecanismos más específicos de la enfermedad. En esa línea, el Hospital Universitari General de Catalunya participa en el ensayo REASON, un estudio pionero dirigido a la causa genética más frecuente del párkinson, el gen LRRK2.

"Ser el primer centro español activado para el ensayo REASON nos ha permitido participar en una línea de investigación especialmente innovadora, centrada en estrategias dirigidas a mecanismos concretos del párkinson y con potencial para modificar su evolución en el futuro", apunta el jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitari General de Catalunya, que además es el director de Investigación del centro y responsable de la Unidad de Investigación Clínica (UDIC).

A la mejora en la identificación precoz y en el control de los síntomas se suma ahora un horizonte más prometedor, en el que las terapias dirigidas a mecanismos concretos de la enfermedad empiezan a marcar una nueva línea de trabajo.

"El futuro del párkinson pasa no solo por diagnosticar antes y tratar mejor, sino también por avanzar hacia terapias capaces de actuar sobre la evolución de la enfermedad. En ese camino, la investigación clínica y el seguimiento especializado son dos elementos clave para ofrecer a los pacientes una atención cada vez más precisa y con más perspectivas", concluye el Dr. Balaguer.

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