Del colegio al instituto: cómo acompañar el impacto emocional del paso a la ESO

Nuevos compañeros y profesores, una organización diferente y una mayor responsabilidad sobre horarios, materiales y tareas forman parte del inicio de la Educación Secundaria Obligatoria.
Algunos menores afrontan esta etapa con ilusión y curiosidad, mientras que otros pueden experimentar incertidumbre, tristeza, irritabilidad o miedo a no encajar. También influye cómo se produce el cambio: comenzar junto a amigos o hermanos, conocer previamente el centro o, por el contrario, llegar sin referencias conocidas puede hacer que la adaptación sea muy diferente.
"No podemos esperar la misma respuesta en todos los adolescentes. Hay quienes se desenvuelven con facilidad ante los cambios y otros que necesitan más tiempo y apoyo. Lo importante es observar cómo lo está viviendo cada uno y ofrecerle un entorno en el que pueda expresar sus dudas o preocupaciones sin sentirse juzgado", explica Rocío Rosés, jefa del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Más autonomía, pero todavía con acompañamiento
En el instituto se espera que el alumnado sea más independiente: debe organizar distintas asignaturas, responder ante varios profesores y gestionar con mayor autonomía los deberes y los exámenes. Sin embargo, estas capacidades se adquieren de forma progresiva.
Durante las primeras semanas puede ser útil ayudarles a organizar horarios, anticipar tareas o establecer rutinas de estudio y descanso. También puede ser positivo facilitarles cierto margen de decisión en aspectos relacionados con esta nueva etapa, de manera que puedan ganar seguridad y sensación de control.
"Acompañar no significa supervisar cada paso. Podemos estar disponibles, preguntar qué necesitan y ofrecer herramientas para organizarse, pero dejando progresivamente que sean ellos quienes asuman responsabilidades", señala la especialista.
El peso de las nuevas relaciones sociales
Durante la adolescencia, la pertenencia al grupo adquiere una especial relevancia. Llegar a un centro nuevo puede despertar preocupación por hacer amistades, conservar las anteriores o encontrar un lugar dentro de la clase. Para algunos será un proceso rápido, mientras que otros necesitarán más tiempo para ganar confianza y establecer nuevos vínculos.
Conviene interesarse por cómo está viviendo el adolescente sus primeros días sin convertir cada conversación en un interrogatorio. Escuchar y reconocer sus preocupaciones facilita que continúe compartiendo lo que le ocurre. Por el contrario, expresiones como "no pasa nada", "todos hemos pasado por esto" o las comparaciones con hermanos y compañeros pueden hacerle sentir que aquello que le preocupa no es importante.
Además, el malestar no siempre se manifiesta de forma evidente. En algunos adolescentes, la tristeza o la preocupación pueden expresarse a través de irritabilidad, enfado o cambios de comportamiento. Antes de interpretarlos únicamente como rebeldía o falta de interés, conviene valorar qué puede haber detrás.
¿Qué cambios requieren mayor atención?
Los primeros días pueden acompañarse de nervios, cansancio, cambios de humor o cierta resistencia ante las nuevas rutinas. En muchos casos, estas reacciones disminuyen a medida que el adolescente conoce el centro, establece vínculos y gana seguridad.
Conviene prestar mayor atención cuando el malestar es intenso, se mantiene en el tiempo o empieza a interferir de forma clara en su vida cotidiana. Entre las señales que pueden justificar una valoración se encuentran:
- Rechazo persistente a acudir al instituto o ausencias frecuentes.
- Aislamiento progresivo o dificultades importantes para relacionarse.
- Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
- Alteraciones mantenidas del sueño, el apetito o el estado de ánimo.
- Irritabilidad o cambios de comportamiento persistentes que afectan a su funcionamiento habitual.
Estas manifestaciones pueden responder a situaciones diferentes. Por eso, antes de atribuirlas a falta de esfuerzo, desmotivación o un problema de conducta, es importante intentar comprender qué está ocurriendo en el ámbito académico, familiar y social. La comunicación con el tutor o el equipo educativo también puede ayudar a obtener una visión más completa.
"A veces el adolescente está haciendo un esfuerzo importante por adaptarse y lo expresa en casa con más cansancio, irritabilidad o necesidad de aislarse. Lo que nos debe hacer mirar más de cerca es que ese cambio se mantenga, vaya a más o empiece a afectar a su sueño, sus relaciones, sus estudios o sus ganas de acudir al instituto", concluye Rosés.





