Endometriosis y adenomiosis: cómo la alimentación puede ayudar a mejorar los síntomas

La adenomiosis y la endometriosis son dos patologías ginecológicas frecuentes que comparten síntomas y mecanismos inflamatorios, aunque no son lo mismo.
La adenomiosis se produce cuando el tejido que recubre el interior del útero (endometrio) crece dentro del músculo uterino. Este crecimiento provoca un engrosamiento del útero y puede traducirse en dolor menstrual intenso, sangrados abundantes o sensación de presión pélvica. Aunque su causa exacta no se conoce, se ha relacionado con alteraciones hormonales especialmente con los estrógenos, inflamación uterina crónica o antecedentes de partos y cirugías uterinas.
En la endometriosis, en cambio, aparece tejido similar al endometrio fuera del útero, como en los ovarios o el peritoneo. Este tejido también responde a los cambios hormonales del ciclo menstrual, lo que genera inflamación y dolor. Se han descrito posibles factores implicados como la menstruación retrógrada, alteraciones del sistema inmunológico, factores hormonales y predisposición genética.
En ambas patologías, la inflamación y el desequilibrio hormonal desempeñan un papel clave. Por eso, además del tratamiento ginecológico indicado en cada caso, la alimentación puede convertirse en una herramienta complementaria para ayudar a modular estos procesos.
"La alimentación no sustituye al tratamiento médico, pero sí puede ayudarnos a reducir la inflamación, favorecer el equilibrio hormonal y mejorar síntomas como el dolor o el sangrado abundante", explica María Valero, dietista-nutricionista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitari Dexeus. "Un enfoque individualizado permite adaptar la pauta nutricional a la sintomatología y al momento vital de cada mujer".
La evidencia actual apunta a que un patrón de alimentación antiinflamatorio, rico en antioxidantes y en ácidos grasos omega-3, puede contribuir a mejorar la sintomatología. Se recomienda priorizar:
- Frutos rojos y cítricos
- Verduras de hoja verde
- Pescado azul
- Frutos secos y semillas (como lino o chía molidas)
- Aceite de oliva virgen
- Especias como cúrcuma y jengibre
Estos alimentos ayudan a reducir la inflamación del tejido uterino y favorecen un entorno hormonal más equilibrado.
Al mismo tiempo, aumentar el consumo de fibra —a través de legumbres, cereales integrales, verduras y fruta— puede favorecer la eliminación del exceso de estrógenos, hormona implicada en la evolución de ambas patologías. Evitar el estreñimiento, mantener una buena hidratación y cuidar el descanso también forman parte de este enfoque integral.
En paralelo, se aconseja moderar el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares refinados, harinas blancas, alcohol, carnes rojas y productos cárnicos procesados, ya que pueden favorecer procesos inflamatorios o interferir en el metabolismo hormonal.
En el caso de la endometriosis, otro elemento a tener en cuenta es la histamina, una molécula relacionada con la inflamación y la activación del dolor. Se ha observado que las lesiones endometriósicas presentan mayor presencia de células inflamatorias y que los estrógenos pueden estimular este proceso.
Por ello, en algunas mujeres puede resultar útil limitar alimentos que favorecen su liberación o acumulación, como el alcohol, los ahumados, las conservas o ciertos lácteos curados, y priorizar alimentos frescos y poco procesados. Esta recomendación, no obstante, debe individualizarse y realizarse bajo supervisión profesional.
Otro aspecto relevante son las prostaglandinas, sustancias derivadas de los ácidos grasos que influyen en la contracción del útero y en la percepción del dolor. Una dieta rica en omega-3 —presente en el pescado azul, las nueces o las semillas— favorece la producción de prostaglandinas con efecto antiinflamatorio y puede ayudar a reducir la intensidad del dolor menstrual.
"Cada mujer responde de forma distinta. Por eso es importante valorar el contexto clínico completo y diseñar un plan personalizado que complemente el tratamiento ginecológico", añade Valero.
La adenomiosis y la endometriosis no deben normalizarse ni vivirse en silencio. Un diagnóstico adecuado y un abordaje integral —médico y nutricional— pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.
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