Dr. APereira (4)Dr. APereira (4)

El final del verano es un buen momento para prestar especial atención al estado de la piel y detectar posibles cambios que hayan podido pasar inadvertidos durante los meses de mayor exposición solar.

La aparición de nuevas manchas, cambios en los lunares, heridas que no terminan de curar o zonas ásperas y descamativas son algunas de las señales que conviene vigilar y, ante cualquier lesión sospechosa, consultar con un especialista. Así lo explica el especialista Antonio Pereira González, recientemente incorporado al Servicio de Dermatología del Hospital Quirónsalud Huelva.Este enlace se abrirá en una ventana nueva

Durante el verano se acumula una mayor exposición a la radiación ultravioleta debido al aumento del tiempo que pasamos al aire libre. Sus efectos pueden manifestarse a corto y largo plazo en forma de quemaduras solares, cambios en la pigmentación, sequedad o alteraciones en la textura de la piel. A largo plazo, la exposición repetida favorece el fotoenvejecimiento, con la aparición de arrugas, manchas y pérdida de elasticidad, además de incrementar el riesgo de desarrollar lesiones precancerosas y cáncer de piel.

En este sentido, el especialista recuerda que ’la piel tiene memoria’, una expresión que hace referencia al carácter acumulativo del daño provocado por la radiación solar a lo largo de la vida. ‘Las exposiciones que recibimos pueden producir daños en el ADN de las células cutáneas y aumentar el riesgo de desarrollar lesiones precancerosas y cáncer de piel’, señala el doctor Pereira, quien advierte de que no haber sufrido una quemadura visible no significa que la piel no haya sufrido daño.

La autoexploración, una herramienta sencilla de prevención

Una de las principales recomendaciones es conocer la propia piel y revisarla periódicamente. El dermatólogo aconseja realizar una autoexploración sistemática delante de un espejo, observando toda la superficie corporal y no únicamente las zonas habitualmente expuestas al sol.

Esta revisión debe incluir áreas a las que se suele prestar menos atención, como el cuero cabelludo, la espalda, las plantas de los pies, los espacios entre los dedos o la zona posterior de las orejas. Como referencia práctica, puede realizarse aproximadamente una vez al mes, especialmente en personas con numerosos lunares o con factores de riesgo.

Entre las señales que deben motivar una consulta dermatológica se encuentran los lunares que crecen o cambian de forma o color, las lesiones que presentan varios colores o aquellas que comienzan a comportarse de manera diferente al resto. También es importante atender al denominado ‘signo del patito feo’, que hace referencia a una lesión claramente distinta de los demás lunares de una misma persona.

Sin embargo, no todos los cánceres de piel se manifiestan como lunares oscuros. ‘Una herida que no cura, una costra persistente, una lesión que sangra repetidamente o una zona áspera o descamativa que no desaparece también deberían ser valorada’, explica el especialista.

La regla ABCDE para vigilar los lunares

Como herramienta sencilla para facilitar la autoexploración, el doctor Pereira recuerda la regla ABCDE: A de asimetría; B de bordes irregulares; C de varios colores; D de diámetro, especialmente si supera los seis milímetros; y E de evolución. Esta última característica resulta especialmente relevante, ya que cualquier lesión que experimente cambios debe ser objeto de atención. Además, existen melanomas de menos de seis milímetros, por lo que el tamaño de una lesión no debe valorarse de manera aislada.

Las personas con muchos lunares o lunares atípicos, antecedentes personales o familiares de melanoma o cáncer de piel, piel y ojos claros, antecedentes de quemaduras solares importantes o una elevada exposición solar acumulada presentan un mayor riesgo. También requieren especial vigilancia las personas en situación de inmunosupresión y aquellas que han estado expuestas a radiación ultravioleta procedente de cabinas de bronceado.

La detección precoz es especialmente importante. Según explica el dermatólogo, cuando un cáncer de piel se diagnostica en sus fases iniciales, generalmente puede tratarse de una forma más sencilla y con mayores posibilidades de curación. En el caso del melanoma, el pronóstico está estrechamente relacionado con el estadio y la profundidad alcanzada por el tumor en el momento del diagnóstico.

Protección solar más allá del verano

La prevención, además, no debe terminar con la llegada del otoño. El especialista insiste en la necesidad de mantener una adecuada protección frente al sol durante todo el año, evitar las quemaduras solares y las cabinas de bronceado y conocer la propia piel para identificar posibles cambios.

La fotoprotección tampoco se limita al uso de crema solar. Buscar la sombra, evitar las horas de mayor radiación, utilizar ropa adecuada, sombrero y gafas de sol y consultar el índice ultravioleta forman parte de una estrategia completa de protección.

‘Disfrutar del sol y proteger nuestra piel son perfectamente compatibles’, concluye el doctor Pereira.

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