SIBO: una alteración digestiva cada vez más consultada que requiere diagnóstico médico

Las molestias digestivas como la hinchazón abdominal, los gases, las digestiones pesadas o los cambios en el ritmo intestinal se han convertido en uno de los motivos de consulta más frecuentes en las consultas de aparato digestivo. El ritmo de vida actual —comidas rápidas, horarios irregulares, consumo de alimentos procesados y niveles elevados de estrés— influye de forma directa en la función digestiva y en el equilibrio de la microbiota intestinal.
En este contexto, la salud digestiva ha ganado protagonismo dentro del bienestar global. El intestino se describe cada vez más como un "segundo cerebro", por su estrecha relación con el sistema nervioso y el estado emocional. Conceptos como "microbiota", "intestino permeable" o "SIBO" se han popularizado, aunque no siempre con el necesario contexto clínico.
"El intestino alberga de forma natural bacterias que cumplen funciones esenciales. El problema aparece cuando ese equilibrio se altera y determinados microorganismos proliferan en zonas donde no deberían", explica la Dra. Victòria Andreu, jefa del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Qué es el SIBO y cuál es su incidencia
El término SIBO hace referencia a las siglas en inglés Small Intestinal Bacterial Overgrowth, es decir, la presencia de un exceso de bacterias en el intestino delgado (ID).
La prevalencia de SIBO descrita varia según la población estudiada y el método/criterios diagnósticos utilizados, siendo sobrestimada en estudios que se basan en tests de aliento (40 %) en comparación con el cultivo de aspirado (19 %), otra técnica de medición invasiva según el documento de posicionamiento conjunto de la Sociedad Española de Patologia Digestiva (SEPD) y la Asociación Española de Neurogastroenterologia y Motilidad (ASENEM).
El SIBO aparece cuando bacterias propias del colon ascienden hasta el intestino delgado y alteran este equilibrio. Este sobrecrecimiento bacteriano provoca una fermentación anómala de los nutrientes —especialmente de hidratos de carbono y azúcares—, lo que genera una producción excesiva de gases y síntomas digestivos inespecíficos.
En función del gas predominante producido por las bacterias, se distinguen distintas tipologías:
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El SIBO por metano, que suele asociarse a estreñimiento;
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El SIBO por hidrógeno, más relacionado con diarrea, aunque también puede cursar con estreñimiento o alternancia;
"Se trata de una forma concreta de disbiosis, es decir, un desequilibrio de la microbiota. Puede estar relacionado con cirugías intestinales, alteraciones de la motilidad o enfermedades digestivas crónicas" "Por eso, es clave valorar el contexto de cada persona antes de atribuir todos los síntomas a un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado", subraya la doctora Andreu.
Síntomas frecuentes y por qué se confunden con otras patologías
Las manifestaciones más habituales del SIBO incluyen:
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Distensión abdominal.
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Sensación de hinchazón o pesadez tras las comidas.
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Aumento de gases y borborigmos.
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Digestiones lentas o incómodas.
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Diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos.
El problema es que estos síntomas son muy inespecíficos. Trastornos como el síndrome de intestino irritable, la dispepsia funcional, algunas intolerancias alimentarias o incluso cambios en la dieta y el estrés pueden cursar de forma prácticamente idéntica.
"Es importante recordar que no todo cuadro de hinchazón o malestar digestivo es SIBO. Existen otros desequilibrios de la microbiota y muchas patologías digestivas que pueden producir síntomas muy similares", apunta la Dra. Andreu. "Por eso es tan relevante una valoración clínica completa antes de centrarlo todo en un único diagnóstico", sostiene.
Cómo se diagnostica: más allá de un simple test
En la práctica clínica, el método más utilizado es el test de aire espirado, prueba indirecta de bajo riesgo y bajo coste, que consiste en administrar un sustrato (habitualmente glucosa) y medir en el aire exhalado la concentración de hidrógeno y metano, gases producidos por la fermentación bacteriana. La prueba se basa en que las células humanas no producen hidrógeno ni metano por lo que la detección de estos gases en el aliento es un indicador indirecto de fermentación bacteriana.
Las sociedades científicas recomiendan que esta prueba se realice con criterios claros y que los resultados sean interpretados por personal médico con experiencia, ya que hasta un 20 % de personas sanas pueden presentar un test positivo sin tener síntomas.
"El diagnóstico no se basa en una prueba aislada, sino en la integración de síntomas, antecedentes y resultados. Esa visión global es la que nos permite saber cuándo un SIBO es realmente clínicamente relevante", insiste la especialista.
Abordaje y tratamiento individualizado
El objetivo del tratamiento es reducir síntomas, corregir déficits nutricionales y abordar las causas subyacentes. En función del caso, el plan puede incluir:
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Abordaje de factores de base: mejorar la motilidad intestinal, revisar medicación que pueda estar influyendo, corregir déficits nutricionales o tratar enfermedades digestivas de base (celiaquía, enfermedad inflamatoria, etc.).
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Tratamiento farmacológico: en algunos casos se pautan antibióticos dirigidos al sobrecrecimiento bacteriano, siempre con indicación clara y durante un tiempo limitado. Las sociedades científicas insisten en evitar el uso sistemático de antibióticos en patologías funcionales muy prevalentes, como el síndrome de intestino irritable, para no dañar aún más la microbiota ni favorecer resistencias.
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Ajustes dietéticos: evitar excesos de ciertos azúcares y alimentos muy fermentables, siempre guiado por profesionales. Las dietas muy restrictivas (como algunas versiones extremas de dietas bajas en FODMAP) pueden aliviar de forma temporal meteorismo y distensión. Pero, precisamente por su carácter restrictivo, existe el riesgo de empeorar las sintomatología si no se controla bien.
"Cada plan debe ser individualizado. Hay pacientes en los que basta con ajustar dieta y hábitos; en otros, necesitamos añadir tratamiento farmacológico o combinar distintas estrategias. Lo importante es no aplicar soluciones estándar", concluye la jefa del Servicio de Aparato Digestivo.
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