Trombofilia
La trombofilia es una afección que aumenta el riesgo de que se formen coágulos en la sangre. Puede ser hereditaria o adquirida después del nacimiento.
Síntomas y causas
La trombofilia es una patología que hace que la sangre se coagule muy rápidamente, por lo que aumentan las probabilidades de que se formen coágulos que no se disuelven fácilmente (trombos). Las consecuencias de esta trombosis pueden ser muy graves para la salud, ya que los vasos sanguíneos quedan parcial o totalmente bloqueados.
Aunque es una enfermedad que no tiene cura, el pronóstico es bueno cuando se detecta a tiempo y se sigue un tratamiento específico, además de hacer cambios en el estilo de vida.
Síntomas
Los síntomas más característicos de la trombofilia son:
- Trombosis venosa profunda: formación de un trombo en una vena profunda, normalmente, de las piernas o la pelvis.
- Hinchazón en las piernas acompañada de dolor y enrojecimiento.
- Sensación de pesadez.
- Dolor intenso y súbito en un brazo, una pierna o el abdomen.
- Venas dilatadas.
- Embolia pulmonar: bloqueo de una arteria pulmonar por un coágulo sanguíneo que llega desde las piernas o la pelvis.
- Falta de aire repentina.
- Tos con sangre.
- Dolor en el pecho.
- Abortos recurrentes.
Causas
La trombofilia se clasifica en dos tipos principales, dependiendo de sus causas:
- Trombofilia hereditaria o congénita: se hereda un gen que aumenta la producción de las proteínas que forman coágulos o que provoca una mayor generación de aquellas que se encargan de detener la coagulación. Se trata de una condición que se tiene desde el nacimiento.
- Mutación del factor V Leiden: es la trombofilia hereditaria más común. La proteína C, que es un anticoagulante natural, no inactiva el factor V (proteína que ayuda a la coagulación sanguínea). Aumenta el riesgo de trombosis venosa profunda.
- Mutación del gen de la protrombina (G20210A): aumentan los niveles en sangre de protrombina, que es una proteína producida por el hígado que funciona como precursora de la coagulación. Suele propiciar la embolia pulmonar, la trombosis venosa profunda y los abortos espontáneos.
- Deficiencia de antitrombina III: es un tipo muy raro de trombofilia, pero más grave, ya que suele asociarse a otros trastornos de la coagulación. Hay poca cantidad de proteína antitrombina III en la sangre, por lo que hay un desequilibrio entre el sangrado y la coagulación.
- Deficiencia de proteína C: es poco común. Aumenta el riesgo de coágulos sanguíneos recurrentes, ya que esta proteína es un anticoagulante natural.
- Deficiencia de proteína S: tampoco es una condición común. La proteína S, junto con la C, inactiva los factores de coagulación, por lo que previene la formación de trombos. Al haber una carencia, la protección pierde eficacia.
- Trombofilia adquirida: es la más frecuente. Se da como consecuencia de diversos factores, como el estilo de vida, determinados medicamentos o algunas enfermedades.
- Síndrome antifosfolípido: es un trastorno autoinmune en el que el organismo ataca a los fosfolípidos, compuestos que forman las membranas donde se ensamblan los factores de coagulación. Como consecuencia aumenta la tendencia a que se formen trombos.
- Cáncer: las células cancerosas liberan sustancias, como el factor tisular, que activan la coagulación, por lo que se genera un estado de hipercoagulabilidad que espesa la sangre y favorece que se formen coágulos.
- Terapia hormonal y anticonceptivos orales: las hormonas (sobre todo los estrógenos) aumentan el riesgo de formación de coágulos sanguíneos, sobre todo si se toman de forma oral. Cuando se administran vía transdérmica en forma de parches, son más seguros porque la sangre absorbe una cantidad menor.
- Inmovilización prolongada: permanecer mucho tiempo en reposo, sin movimiento de las piernas, hace que la sangre se espese y, por lo tanto, aumente el riesgo de que ser formen coágulos.
Factores de riesgo
El riesgo trombofilia está relacionado con las causas que lo provocan. Las probabilidades de padecerla aumentan en estos casos:
- Edad: es más frecuente en edades avanzadas.
- Predisposición genética:
- Tener la mutación del factor V Leiden.
- Contar con la mutación del gen de la protrombina (G20210A).
- Presentar un déficit de antitrombina III, proteína C o proteína S.
- Periodos largos de inmovilidad debido a:
- Hospitalización prolongada.
- Reposo facultativo.
- Viajes largos.
- Sedentarismo.
- Cirugía mayor.
- Traumatismos.
- Cáncer, sobre todo, de páncreas, estómago, colon, recto, pulmón, riñón, ovario y cerebro.
- Obesidad.
- Tabaquismo.
- Embarazo y puerperio.
- Síndrome antifosfolípido.
- Medicación con componentes hormonales.
- Tener un catéter venoso central.
Complicaciones
La trombofilia se asocia con las siguientes complicaciones:
- Trombosis venosa profunda.
- Embolia pulmonar.
- Accidente cerebrovascular.
- Abortos espontáneos.
- Preeclampsia: síndrome que se produce a partir de la semana 20 de embarazo o después del parto que se caracteriza por elevar la tensión arterial y mostrar signos de daño renal o hepático.
- Retraso en el crecimiento intrauterino.
- Parto prematuro.
Prevención
Aunque no siempre se puede prevenir la trombofilia, se puede reducir el riesgo de que se formen coágulos llevando un estilo de vida saludable. En general, se recomienda:
- Practicar ejercicio de forma regular.
- No fumar.
- Mantener un peso adecuado.
- Seguir una dieta equilibrada.
- Controlar los niveles de colesterol.
- Mantenerse hidratado.
- Levantarse y caminar cada una o dos horas cuando se permanece sentado mucho tiempo.
- En casos de riesgo, utilizar medias de compresión.
- En la medida de lo posible, moverse cuanto antes después de una cirugía.
¿Qué médico trata la trombofilia?
La trombofilia se diagnostica y se trata en las especialidades de Hematología y Hemoterapia, Genética, Inmunología y Reproducción asistida. Los estudios diagnósticos se llevan a cabo en la especialidad de análisis clínicos y bioquímica clínica.
Diagnóstico
El diagnóstico de la trombofilia se lleva a cabo mediante pruebas de laboratorio en las que, además de confirmar la enfermedad, se determina su tipo para poder tratarla de forma adecuada. Solamente es necesario tomar una muestra de sangre del paciente para analizarla posteriormente. El estudio genético de trombofilia requiere un abordaje multidisciplinar que incluye:
- Pruebas genéticas: se llevan a cabo para detectar si hay mutaciones genéticas que aumentan el riesgo de formar coágulos. Se suele utilizar la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) en la que se amplifican unos segmentos concretos de ADN para buscar posibles variantes relacionadas con la trombofilia. Con este estudio se encuentran las mutaciones del factor V Leiden y de la protrombina.
- Pruebas de coagulación: se comprueban los niveles de antitrombina III, proteína C y proteína S. Además, se miden los tiempos de coagulación:
- Tiempo de protrombina (TP): valora la función de los factores de coagulación que produce el hígado. Determina la velocidad a la que se coagula la sangre para comprobar si se encuentra dentro de los valores normales.
- Tiempo de tromboplastina parcial activada (TTPa): establece el tiempo que tarda la sangre en coagularse teniendo en cuenta la cascada de coagulación, que son las reacciones bioquímicas que tienen lugar para detener el sangrado cuando se produce una lesión.
- Pruebas de anticuerpos antifosfolípidos (AAF): detectan si están presentes en la sangre los anticuerpos anticardiolipinas, anti-beta-2-glicoproteína I y anticoagulante lúpico (AL), que aumentan la predisposición a formar coágulos.
Tratamiento
El tratamiento principal para la trombofilia es farmacológico. Por norma general, se administran anticoagulantes, como la heparina, vía intravenosa. En los últimos años ha aumentado la prescripción de rivaroxabán y apixabán, que se toman de forma oral. En mujeres embarazadas, suelen utilizarse dosis bajas de aspirina para mejorar el flujo sanguíneo.
El uso de medias de compresión mejora la circulación de la sangre y previene la formación de coágulos. Los pacientes con trombofilia deben utilizarlas cuando prevean estar sentados durante mucho tiempo, después de cirugías mayores o durante el embarazo.
Aquellos pacientes con trombofilia que no han presentado ningún episodio de trombosis no suelen ser tratados de forma crónica. Normalmente, se utiliza la medicación cuando hay un riesgo mayor de que se formen trombos, como viajes largos, cirugías o embarazo.
Los controles periódicos y un estilo de vida saludable es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes y reducir el riesgo de trombosis.



































































































