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Con la llegada del otoño y el invierno aumentan las infecciones respiratorias. El resfriado común, la bronquitis y la bronquiolitis suelen confundirse porque comparten síntomas, pero no son lo mismo. Saber distinguirlas ayuda a cuidarse mejor en casa y a reconocer cuándo es necesario consultar.


¿Qué diferencia a cada una?

La clave está en la parte del aparato respiratorio que se ve afectada y en quién la sufre:

  • Resfriado común: infección vírica de las vías respiratorias altas (nariz y garganta). Es la más frecuente y afecta a personas de todas las edades.
  • Bronquitis aguda: inflamación de los bronquios, los conductos que llevan el aire a los pulmones. Suele aparecer tras un resfriado y es más habitual en niños grandes y en adultos.
  • Bronquiolitis: infección de los bronquiolos, las ramificaciones respiratorias más pequeñas de los bronquios. Afecta sobre todo a bebés menores de dos años y su principal causa con virus, como por ejemplo el virus respiratorio sincitial (VRS).

"Las tres suelen estar causadas por virus, pero no afectan igual a un niño grande que a un lactante, cuyas vías respiratorias son mucho más estrechas", explica el Dr. Goran Ristic, Jefe del servicio de pediatría del Hospital Universitari El Pilar.


¿Cómo reconocer los síntomas?

El resfriado se manifiesta con congestión nasal, mocos, estornudos, dolor de garganta y, a veces, unas décimas de fiebre. Suele mejorar en una semana o diez días.

En la bronquitis, el síntoma principal es la tos, con o sin flemas, que puede acompañarse de molestias en el pecho y cansancio. Esta tos puede prolongarse hasta tres semanas, aunque el resto de síntomas haya desaparecido.

La bronquiolitis empieza como un catarro, pero en pocos días puede aparecer tos persistente, pitos al respirar y dificultad respiratoria. Es frecuente que el bebé coma menos o rechace las tomas.


¿Cómo se tratan?

En la mayoría de los casos, el tratamiento consiste en aliviar los síntomas mientras el organismo combate la infección. Descanso, buena hidratación y, en los niños pequeños, lavados nasales y tomas más frecuentes y de menor cantidad. Al tratarse de infecciones víricas, los antibióticos no son eficaces y solo deben utilizarse si el médico lo indica.

"Es importante no automedicarse, y menos en niños. Cualquier fármaco debe pautarlo un profesional sanitario", recuerda el especialista.


¿Cuándo hay que consultar?

Conviene acudir al médico o a urgencias ante estas señales:

  • Dificultad para respirar, respiración muy rápida o hundimiento de las costillas al coger aire.
  • Color azulado en labios o uñas.
  • En bebés, rechazo de las tomas, menos pañales mojados o somnolencia excesiva.
  • Fiebre alta que no cede o que aparece tras varios días de mejoría.

Tos que dura más de tres semanas o se acompaña de sangre.


¿Se pueden prevenir?

Algunas medidas sencillas reducen el contagio, lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar, ventilar los espacios cerrados y evitar el contacto de los bebés con personas resfriadas. En los lactantes, la inmunización frente al VRS incluida en las campañas de salud pública es una herramienta clave para prevenir la bronquiolitis.

"La prevención y la detección precoz de los signos de alarma marcan la diferencia, sobre todo en los más pequeños", concluye el Dr. Ristic.