Sangrados que duran más de lo habitual y cuándo conviene descartar un trastorno de la coagulación

Sangrados que duran más de lo habitual y cuándo conviene descartar un trastorno de la coagulación

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16 de abril de 2026
Hospital Universitari General de Catalunyaes/red-centros/hospital-universitari-general-catalunya
Hematología y Hemoterapiaes/especialidades/hematologia-hemoterapia

Los sangrados forman parte de la vida cotidiana y, en la mayoría de los casos, una pequeña herida, un golpe o una intervención menor se resuelven sin complicaciones. Sin embargo, cuando esos episodios se repiten, duran más de lo esperado o aparecen con una intensidad poco habitual, conviene valorar si detrás puede existir un trastorno de la coagulación.

Entre estas alteraciones, la hemofilia es una de las más conocidas. Se trata de una enfermedad congénita poco frecuente causada por la deficiencia de los factores VIII o IX de la coagulación. Según la Federación Española de Hemofilia, más de 3.000 personas conviven con hemofilia en España. Aunque muchos casos se diagnostican en la infancia, las formas leves pueden pasar más desapercibidas y detectarse más tarde.

"Muchos casos leves no se detectan hasta que aparece un sangrado tras una extracción dental, una cirugía o un golpe que evoluciona peor de lo esperado. Ahí es donde la historia clínica adquiere un valor fundamental", explica la Dra. Maricel Subirá, jefa de Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari General de Catalunya.


Cuando la coagulación no funciona como debería

La hemofilia es un trastorno hereditario de la coagulación en el que la sangre tiene dificultades para detener una hemorragia de forma normal. Esto ocurre porque falta o no funciona correctamente uno de los factores de coagulación, unas proteínas esenciales para formar el coágulo y frenar el sangrado.

En la hemofilia A, el déficit afecta al factor VIII, y en la hemofilia B, al factor IX. Al estar vinculada al cromosoma X, la enfermedad afecta principalmente a los hombres, mientras que las mujeres suelen ser portadoras, aunque no siempre existen antecedentes familiares conocidos. De hecho, en algunos casos el diagnóstico llega sin que la familia supiera previamente que existía esta alteración.

Eso no significa que la persona sangre más rápido, sino que el organismo tarda más en detener el sangrado. En las formas graves, los hematomas espontáneos o tras traumatismos mínimos pueden aparecer desde los primeros meses de vida. En los casos moderados y leves, en cambio, la enfermedad puede pasar más desapercibida y manifestarse sobre todo después de procedimientos dentales, cirugías o golpes.

"En hemofilia, el problema no siempre se reconoce por la intensidad inicial del sangrado, sino porque ese sangrado tarda más de lo esperado en resolverse o reaparece en situaciones donde no sería habitual", señala la Dra. Subirá.


Señales que pueden marcar la diferencia

Más allá de un episodio puntual, hay ciertos patrones que pueden hacer sospechar un trastorno de la coagulación. Entre los más habituales se encuentran:

  • la aparición frecuente de hematomas sin causa clara o tras golpes leves.

  • los sangrados que tardan más de lo habitual en detenerse.

  • los episodios repetidos de sangrado nasal.

  • el sangrado excesivo tras extracciones dentales u otros procedimientos.

En el caso de la hemofilia, además, existe una manifestación especialmente característica: el sangrado dentro de una articulación, conocido como hemartrosis, que afecta sobre todo a tobillos, rodillas y codos. Estas hemorragias articulares son más habituales en las formas graves y, cuando se repiten, pueden acabar produciendo daño articular irreversible. También pueden aparecer hemorragias musculares y, con menos frecuencia, sangrados graves en otras localizaciones.

"Cuando un sangrado se repite, es desproporcionado para la causa que lo desencadena o afecta a articulaciones y músculos, conviene descartar si existe un trastorno de la coagulación de base", apunta la especialista.


Qué ocurre cuando se confirma el diagnóstico

Cuando existe sospecha de hemofilia, el primer paso es revisar la historia clínica, los antecedentes personales o familiares de sangrado y realizar un estudio básico de coagulación. A partir de ahí, si hay indicios, se solicitan pruebas más específicas para medir los niveles de los factores VIII y IX y confirmar el diagnóstico. En algunos casos, también puede ser necesario completar el estudio con pruebas genéticas.

Una vez confirmado, el tratamiento se orienta a corregir el déficit del factor de coagulación. Puede administrarse de forma puntual ante un sangrado o antes de una intervención, pero también de manera preventiva en los casos más graves para reducir complicaciones, sobre todo articulares. En algunas formas leves, además, pueden utilizarse otros fármacos según cada caso.

A partir de ese momento, el manejo de la hemofilia no consiste solo en tratar un episodio cuando aparece, sino en aprender a convivir con la enfermedad con seguridad. Para ello, es importante contar con seguimiento especializado, anticiparse a posibles complicaciones y ofrecer al paciente y a su entorno la información necesaria para afrontar el día a día con más tranquilidad y confianza.

"Con un diagnóstico adecuado, seguimiento y educación sanitaria, muchas personas con hemofilia pueden llevar una vida activa. La clave está en no normalizar signos que se repiten y consultar cuando un sangrado no evoluciona como debería", concluye la Dra. Maricel Subirá.

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