
Las personas con diabetes saben que un buen control de la enfermedad es importante para proteger la salud cardiovascular, renal o visual. Sin embargo, muchas desconocen que los pies también pueden verse afectados con el paso de los años.
La hiperglucemia mantenida puede provocar alteraciones en los nervios y en la circulación sanguínea que aumentan el riesgo de desarrollar lo que se conoce como pie diabético, una de las complicaciones más frecuentes y potencialmente más graves de la diabetes.
¿Qué es el pie diabético?
El pie diabético es una complicación que puede aparecer cuando la diabetes daña los nervios y los vasos sanguíneos de las extremidades inferiores.
Como consecuencia, el paciente puede perder sensibilidad en los pies y presentar dificultades en la circulación, lo que favorece la aparición de heridas, úlceras e infecciones que pasan desapercibidas y tienen una peor capacidad de cicatrización.
Por este motivo, una pequeña rozadura, una ampolla o una lesión aparentemente insignificante pueden convertirse en un problema importante si no se detectan y tratan a tiempo.
"Muchas personas con diabetes no son conscientes de que una pequeña herida o rozadura puede convertirse en una complicación importante si no se detecta a tiempo. Por eso, la prevención y la revisión periódica de los pies son fundamentales", explica María Valero, nutricionista especializada en diabetes.
¿Por qué aparece?
Dos de las principales complicaciones relacionadas con el pie diabético son la neuropatía diabética y la vasculopatía diabética.
La neuropatía afecta al sistema nervioso y reduce progresivamente la sensibilidad de los pies. Esto puede hacer que la persona no perciba correctamente el dolor, el calor, el frío o pequeñas lesiones.
Por otro lado, la vasculopatía diabética afecta a la circulación sanguínea y dificulta la llegada de sangre a los tejidos, retrasando la cicatrización y aumentando el riesgo de infecciones.
La combinación de ambos factores explica por qué algunas lesiones pueden evolucionar con rapidez si no se identifican de forma precoz.
Señales de alerta que conviene vigilar
Aunque algunas personas no presentan síntomas evidentes, existen señales que deben motivar una consulta médica:
- Pérdida de sensibilidad en los pies.
- Hormigueo o sensación de adormecimiento.
- Cambios de coloración en la piel.
- Heridas que tardan en cicatrizar.
- Aparición de ampollas, rozaduras o úlceras.
- Dolor al caminar o sensación de pies fríos.
Ante cualquiera de estas situaciones es recomendable consultar con el especialista para realizar una valoración específica.
Cómo cuidar los pies si tienes diabetes
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar complicaciones.
Los especialistas recomiendan:
- Revisar los pies diariamente para detectar heridas, grietas o cambios en la piel.
- Mantener una buena higiene y secar cuidadosamente los espacios entre los dedos.
- Utilizar calzado cómodo y adecuado.
- Evitar caminar descalzo.
- Mantener un buen control de la glucemia.
- Consultar ante cualquier lesión, aunque parezca pequeña.
Además, es importante revisar periódicamente el estado del calzado para evitar zonas de roce o presión excesiva.
"El mejor tratamiento del pie diabético es la prevención. Un buen control de la glucosa, junto con unos cuidados adecuados y revisiones periódicas, ayuda a reducir significativamente el riesgo de complicaciones", destaca María Valero, nutricionista del Hospital Universitari Dexeus.
La importancia de una revisión anual
Todas las personas con diabetes deberían realizar una exploración periódica de los pies para identificar posibles factores de riesgo antes de que aparezcan complicaciones.
Estas revisiones permiten evaluar la sensibilidad, la circulación y el estado general de los pies, facilitando la detección precoz de problemas que pueden tratarse antes de que evolucionen.
La prevención, el autocuidado y el seguimiento médico regular son claves para reducir el riesgo de lesiones y mantener la salud de los pies a largo plazo.





















