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La enfermedad tromboembólica venosa es la formación de un coágulo de sangre, o trombo, en el sistema venoso. Sus dos manifestaciones principales son la trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar. La primera suele afectar a las venas profundas de las piernas o de la pelvis; la segunda se produce cuando una parte del trombo se desprende y llega a las arterias pulmonares, donde dificulta la circulación de la sangre. Ambas pueden aparecer juntas y la embolia pulmonar puede llegar a poner en riesgo la vida. Se estima que afecta cada año a entre una y dos personas por cada mil habitantes, aunque la frecuencia varía según la edad y las características de la población. Esta dolencia puede aparecer a cualquier edad, pero el riesgo aumenta progresivamente con los años y es especialmente elevado en las personas mayores. "Ser joven no excluye la enfermedad, sobre todo si existen factores que predisponen", advierte el jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar y el Hospital Quirónsalud Marbella, Fernando Gallardo, quien apunta que se trata de una dolencia "relevante tanto por sus complicaciones inmediatas como por las secuelas que puede dejar a largo plazo".

El especialista señala que los factores de riesgo principales son "la inmovilización prolongada, los traumatismos, el cáncer, la obesidad y haber sufrido una trombosis anteriormente". También influyen, recuerda, "el embarazo y el posparto, los tratamientos con estrógenos y algunas alteraciones hereditarias o adquiridas de la coagulación.

Si bien el Dr. Gallardo previene de que los síntomas pueden ser a veces "poco llamativos" e incluso "estar ausentes", debemos sospechar una trombosis venosa profunda "cuando aparece hinchazón reciente de una pierna, dolor, aumento de temperatura o cambios de color, especialmente si una extremidad está claramente más hinchada que la otra". Ante estos signos, el médico considera "necesaria" una valoración médica "urgente, preferiblemente el mismo día, sin esperar a una consulta programada". Si aparece falta de aire repentina, dolor torácico, tos con sangre, desmayo o un deterioro brusco del estado general, "debemos acudir inmediatamente a urgencias o llamar al 112 por la posibilidad de una embolia pulmonar". A continuación, el especialista en Angiología y Cirugía Vascular "participa en el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de la trombosis y de sus posibles secuelas", especifica el Dr. Gallardo.

Una valoración clínica estructurada, pruebas de laboratorio y técnicas de imagen permiten confirmar o descartar la enfermedad con mayor rapidez. La ecografía Doppler es la prueba principal para estudiar una posible trombosis en las piernas; el dímero D ayuda a descartar la enfermedad en determinados pacientes, pero un resultado elevado no confirma por sí solo una trombosis; y el angio-TAC es una herramienta fundamental ante la sospecha de embolia pulmonar. Cuando necesitamos estudiar las venas de la pelvis o planificar una reconstrucción compleja, podemos recurrir a un TAC o una resonancia con estudio venoso. En intervenciones seleccionadas, la ecografía intravascular permite examinar la vena desde su interior y precisar una obstrucción y las dimensiones del stent.

La prevención pasa por "mantener una actividad física regular, evitar periodos largos de inmovilidad y controlar el peso. Durante los viajes prolongados, conviene caminar periódicamente y mover los tobillos y las piernas. En pacientes hospitalizados o que van a operarse, debemos valorar el riesgo individual e indicar, cuando corresponda, anticoagulantes preventivos y medidas mecánicas. "Estas medidas deben adaptarse a cada paciente", puntualiza el Dr. Gallardo.


Tratamiento

En cuanto al tratamiento, su base es la anticoagulación, evitando que el trombo crezca y reduciendo el riesgo de embolia pulmonar y de nuevas trombosis mientras el organismo lo va reabsorbiendo. "En trombosis extensas que afectan a las venas ilíacas y femorales, con síntomas importantes, podemos valorar la extracción del trombo mediante catéteres o su disolución con fármacos administrados localmente", señala el Dr. Gallardo, mientras que, en determinadas embolias pulmonares graves, "pueden ser necesarias medidas de reperfusión urgentes", especifica.

La angioplastia venosa consiste en introducir un catéter con un balón que se infla en el segmento estrechado para ampliar la vena. Cuando existe una obstrucción ilíaca significativa, suele ser necesario colocar, además, un stent, una malla metálica que mantiene abierto el vaso.

La angioplastia puede estar indicada cuando queda una obstrucción relevante después de retirar un trombo o cuando una obstrucción crónica provoca síntomas importantes, como edema persistente, dolor al caminar o úlceras venosas. La decisión depende de la repercusión clínica, la anatomía y la posibilidad de mejorar el retorno venoso. "En pacientes bien seleccionados, recuperar la circulación venosa puede reducir la hinchazón y el dolor, mejorar la capacidad para caminar y favorecer la cicatrización de las úlceras relacionadas con la obstrucción", señala. En el caso concreto del Síndrome de May-Thurner, cuando la arteria ilíaca común derecha comprime la vena ilíaca común izquierda contra la columna, la angioplastia con stent "puede corregir la obstrucción de base. Una compresión encontrada de forma casual, sin síntomas ni repercusión, no justifica por sí sola colocar un stent preventivo", detalla el médico.

En determinados casos, se produce el denominado síndrome postrombótico, una secuela de la trombosis que puede provocar edema, pesadez, dolor, cambios en la piel y, en los casos más graves, úlceras. En algunas trombosis iliofemorales, las técnicas de retirada precoz del trombo pueden aliviar los síntomas y reducir la gravedad de estas secuelas, pero no eliminan el riesgo y el stent por sí solo no tiene por qué prevenir este síndrome.

"Después de la intervención es esencial cumplir el tratamiento antitrombótico indicado y acudir a los controles clínicos y ecográficos para comprobar que la vena y el stent siguen abiertos", señala el Dr. Gallardo, quien también recomienda "caminar con regularidad, evitar la inmovilidad prolongada y utilizar compresión cuando esté indicada para controlar los síntomas. Una nueva hinchazón o dolor exige una valoración rápida; la falta de aire o el dolor torácico requieren atención urgente", detalla el especialista.