Fiebre
La fiebre es la elevación de la temperatura corporal por encima de lo normal, que son 37°C. Normalmente, es la respuesta del organismo ante una enfermedad.
Síntomas y causas
El cuerpo humano mantiene su temperatura, por norma general, en 37°C. La fiebre aparece cuando esta temperatura se eleva por encima de los 38°C como consecuencia de una respuesta del sistema inmunitario. La fiebre, por lo tanto, es un signo de enfermedad, aunque no siempre indica que sea de gravedad.
Aunque una temperatura superior a 37,5°C suele considerarse febrícula, también puede ser normal entre las 4 y las 6 de la tarde, ya que la temperatura del cuerpo humano no es estable y suele ser más baja a primera hora de la mañana y más alta a media tarde. Por lo tanto, la hipertermia entre 37,5°C y 38°C no se considera un indicativo de enfermedad aunque conviene vigilarla para comprobar su evolución.
La fiebre puede ser de distintos tipos dependiendo del patrón que presente:
- Fiebre intermitente: se presenta solamente durante varias horas del día.
- Fiebre ondulante: consiste en periodos de fiebre que duran unos días y luego desaparecen durante varias semanas para volver a aparecer de nuevo.
- Fiebre remitente: tiene oscilaciones notables a lo largo del día, pero nunca baja a los valores normales.
- Fiebre vespertina: febrícula que se manifiesta por la tarde o la noche de forma consistente durante varios días seguidos.
- Fiebre psicógena: la temperatura corporal aumenta de forma puntual ante factores psicológicos.
- Fiebre prolongada: se mantiene una temperatura alta durante más de 3 semanas seguidas.
La fiebre es una aliada del organismo para combatir las enfermedades, por lo que se recomienda no tratarla si no causa excesivo malestar o no está asociada a otros síntomas. De este modo, se favorece la recuperación. El pronóstico de la fiebre está asociado a la enfermedad subyacente, ya que no es una patología en sí misma.
Síntomas
Los síntomas principales de la fiebre son:
- Aumento de la temperatura corporal.
- Somnolencia.
- Escalofríos.
- Dolor muscular generalizado.
- Dolor articular.
- Debilidad.
- Falta de apetito.
- En ocasiones, dolor de cabeza.
- En los mayores, suelen ser comunes los delirios y la irritabilidad.
- En los niños, es frecuente que se presenten convulsiones que pueden durar varios minutos, pero son inofensivas.
Causas
El objetivo del ascenso de la temperatura corporal es combatir los microorganismos que producen determinadas patologías. Por lo tanto, la fiebre tiene múltiples causas, ya que son muchas las enfermedades por las que se desencadena. Entre las más frecuentes, están:
- Infecciones.
- Enfermedades inflamatorias.
- Trastornos inmunitarios.
- Coágulos de sangre.
- Cáncer (fiebre tumoral).
- Exposición a un calor excesivo.
- Algunos medicamentos: antibióticos, antihipertensivos, anticonvulsivos.
- Reacción ante determinadas vacunas: triple vírica (sarampión, rubeola y paperas), meningococo B, DTP (difteria, tétanos, tos ferina), neumococo, gripe, COVID.
El tipo de fiebre que presenta el paciente puede ser un indicio de la causa que la provoca. Algunas de las más frecuentes son:
- Fiebre intermitente: faringitis, amigdalitis, gripe, neumonía, sepsis.
- Fiebre ondulante: brucelosis (infección bacteriana que los animales transmiten a los humanos).
- Fiebre remitente: tuberculosis, paludismo, fiebre tifoidea, virus zika, virus ébola, dengue, endocarditis bacteriana, abscesos profundos, artritis reumatoide, vasculitis, linfomas, leucemias.
- Fiebre vespertina: infecciones de las vías urinarias, mononucleosis, VIH.
- Fiebre psicógena: estrés, ansiedad, emociones intensas.
- Fiebre prolongada: tumores sólidos, linfomas, enfermedades inflamatorias intestinales, infecciones por hongos, hipertiroidismo.
Factores de riesgo
El riesgo de contraer una enfermedad que se manifieste con fiebre aumenta en estos casos:
- Estar en contacto con un foco de infección.
- Tener un catéter intravenoso.
- Llevar una sonda urinaria.
- Estar conectado a ventilación mecánica.
- Viajar a zonas endémicas donde la infección es frecuente.
- Exposición a insectos o animales que pueden transmitir enfermedades.
- Tener el sistema inmunitario debilitado.
- Tomar drogas ilícitas.
Complicaciones
La fiebre alta, a partir de los 40°C, puede causar complicaciones. Algunas de las más destacadas son:
- Convulsiones febriles: son habituales en niños de entre 6 meses y 5 años. Se presentan cuando hay una subida brusca de la temperatura, aunque requieren atención y son alarmantes, no suponen un riesgo para la salud.
- Deshidratación: es la consecuencia de la pérdida de líquidos por la sudoración y el aumento de la frecuencia respiratoria.
- Daño cardiaco o pulmonar en pacientes con patologías previas, ya que tanto la frecuencia del corazón como la respiratoria aumentan.
- Alteraciones mentales: confusión, delirio o empeoramiento del estado mental en pacientes con demencia.
- Las temperaturas entre 41°C y 42°C pueden afectar al sistema nervioso central, causar daño muscular o provocar un fallo orgánico.
- A partir de los 42°C, la fiebre puede provocar un estado de coma.
- Si la temperatura es superior a 43°C, puede causar la muerte.
¿Qué médico trata la fiebre?
En la mayoría de los casos, la fiebre se trata en las especialidades de Medicina familiar y comunitaria, Pediatría y sus áreas específicas o Enfermedades infecciosas. También pueden intervenir una gran variedad de especialistas, dependiendo de la causa subyacente.
Diagnóstico
El diagnóstico de la fiebre suele hacerse en casa, con ayuda de un termómetro. La forma más adecuada de tomar la temperatura es la siguiente:
- En la boca: colocar el sensor debajo de la lengua y cerrar la boca, utilizando los labios para evitar que el termómetro se mueva. La temperatura promedio es de 37°C.
- En la axila: poner el sensor en la axila y presionar con el brazo para mantenerlo en su sitio. El rango de temperatura normal es de 36°C a 37°C, ya que suele ser más baja que la tomada en la boca.
- El recto: es una forma habitual en bebés y niños, que no pueden mantener el termómetro en las posiciones anteriores. En estos casos, lubricar el sensor e introducirlo en el ano, con el niño tumbado bocabajo. Es importante que no entren más de 2 centímetros del dispositivo en el canal anal. La temperatura es más alta que en la boca y la axila, por lo que puede ser normal incluso 37,5°C.
En la consulta, el especialista hace algunas pruebas para detectar las causas más habituales de la fiebre:
- Examen físico:
- Se observan la nariz, la garganta y los oídos.
- Se palpan el cuello y las axilas.
- Se revisa el estado de la piel.
- Se auscultan el corazón y los pulmones.
- Se comprueba el estado general del paciente y su vitalidad.
- Toma de muestras: se recogen las secreciones de la garganta y la nariz para analizarlas en el laboratorio y detectar enfermedades infecciosas.
- Análisis de sangre: proporciona información relevante sobre el estado de salud del paciente y la presencia de procesos inflamatorios o infecciosos.
- Radiografía de tóraxRadiografía de tóraxRadiografía : muestra imágenes del estado de los pulmones.
Ante fiebre de larga duración sin causa aparente, se solicitan pueblas complementarias en otras especialidades para determinar la enfermedad subyacente.
Tratamiento
La fiebre leve o moderada (hasta 39°C) que no causa malestar ni está acompañada de otros síntomas no conviene tratarla, ya que se podrían enmascarar signos relevantes para el diagnóstico o entorpecer el proceso de sanación del organismo. Si se necesita un tratamiento, puede aplicarse en casa:
- Descansar, ya que la temperatura corporal aumenta con la actividad física.
- Beber abundantes líquidos para propiciar la bajada de la temperatura y recuperar el agua perdida con la sudoración.
- Mantener un ambiente fresco en casa.
- Utilizar ropa liviana.
- Dormir poco abrigado, suele ser suficiente con una sábana.
- Tomar medicamentos de venta libre, normalmente, paracetamol o ibuprofeno.
La fiebre alta (a partir de los 39°C o 40°C) es un signo de alarma que requiere atención médica. En estos casos, tras determinar la causa de la fiebre, el especialista pauta la medicación necesaria para curarla, por ejemplo, antibióticos. Si la fiebre no remite, es habitual recomendar la alternancia de paracetamol e ibuprofeno para potenciar sus efectos.
En los bebés y los niños, la necesidad de tratamiento es diferente que en los adultos:
- Menores de 3 meses: se debe acudir al especialista incluso si no se presentan síntomas asociados.
- Entre 3 y 6 meses:
- Menos de 39°C: guardar reposo y beber líquidos. Si el bebé presenta irritabilidad o está alterado, se recomienda visitar al médico.
- Más de 39°C: ir al médico o hacer una consulta telefónica.
- Entre 6 y 24 meses:
- Administrar la medicación pautada por el especialista para estos casos (paracetamol o ibuprofeno). Es importante evitar la aspirina en los menores.
- Mantener una hidratación adecuada.
- Vestir con ropa ligera.
- Si la fiebre no remite en 24 horas, acudir al médico.
- A partir de los 2 años: seguir las mismas recomendaciones que para los adultos, ya que el riesgo de una enfermedad infecciosa potencialmente grave ha disminuido, además de que el sistema inmunitario está fortalecido. Aun así, es conveniente consultar con el pediatra, aunque sea por teléfono, dentro de las primeras 24 o 48 horas.
La fiebre en el embarazo también requiere atención inmediata cuando es superior a 38°C, ya que la temperatura elevada puede provocar un aborto espontáneo o causar malformaciones en el feto, sobre todo en el primer trimestre.
En aquellos casos en los que la fiebre es el indicativo de una patología grave, el especialista determinará cuál es el tratamiento más adecuado.










































































































