
El fútbol femenino ha crecido de forma imparable en los últimos años, tanto en número de jugadoras como en nivel de exigencia. Este avance ha puesto el foco en una cuestión clave: el cuerpo de la futbolista responde a la carga, al juego y a las lesiones de una manera propia. Entender estas diferencias es el primer paso para cuidar su salud y prolongar su carrera deportiva.
¿Se lesionan igual las futbolistas que los futbolistas?
En términos globales, el número de lesiones es similar en ambos casos. Lo que cambia es en qué zonas se producen y, sobre todo, su gravedad.
"En el fútbol femenino no hay más lesiones que en el masculino, pero sí son distintas: cambia dónde aparecen y, especialmente, lo serias que pueden llegar a ser", explica el Dr. Gonzalo Samitier, jefe del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Universitari Quirónsalud Badalona.
¿Por qué la rodilla es el punto más vulnerable?
La gran diferencia respecto al fútbol masculino está en la rodilla. La rotura del ligamento cruzado anterior es entre dos y tres veces más frecuente en las futbolistas. Influyen varios factores:
- La anatomía propia de la mujer.
- El control neuromuscular, es decir, cómo se coordinan músculos y articulaciones en cada movimiento.
- El entorno hormonal.
- Las condiciones de práctica: superficies, calendario, desplazamientos, material y recursos médicos.
La mayoría de estas roturas se producen sin contacto directo o tras un pequeño desequilibrio, en acciones de defensa o de presión, con el pie fijo en el suelo y la mirada puesta en el balón o en la rival.
"Que buena parte de estas lesiones ocurra sin choque con otra jugadora tiene una lectura positiva: si depende del propio gesto, se puede entrenar y, por tanto, prevenir", señala el traumatólogo.
¿Cuáles son las lesiones más habituales?
Aunque la rotura del cruzado solo supone el 2% de los casos, obliga a parar una media de 292 días, por lo que puede condicionar toda una temporada. Un equipo femenino de élite registra alrededor de 35 lesiones por temporada. Las más comunes son:
- Lesiones de isquiotibiales (músculos de la parte posterior del muslo), en torno al 12%.
- Lesiones de cuádriceps (parte delantera del muslo), cerca del 11%.
- Esguince de tobillo, la lesión articular más frecuente.
- Molestias en los aductores y dolor en la parte delantera de la rodilla.
¿Qué relación tienen la alimentación y la menstruación con las fracturas?
Las fracturas por estrés, causadas por la acumulación de cargas repetidas sin un golpe concreto que las explique, son mucho más frecuentes en las mujeres. Existe evidencia sólida que las vincula con el déficit energético (una alimentación insuficiente para el esfuerzo realizado), la disminución de la densidad ósea y las alteraciones menstruales. En las deportistas sin menstruación, su frecuencia ronda el 32%, frente al 6% de las que tienen ciclos regulares.
"Preguntar a las jugadoras por su alimentación y por su ciclo menstrual debería formar parte de cualquier revisión rutinaria, en todas las categorías, y no esperar a que aparezca una fractura", advierte el especialista.
¿Por qué no sirve copiar el entrenamiento masculino?
"La diferencia entre el fútbol masculino y el femenino no es de cantidad, sino de naturaleza. Aplicar el mismo modelo es el peor enfoque posible", subraya el doctor. Según el especialista, los errores más habituales son:
- Reducir el trabajo de fuerza por miedo a la carga, cuando un entrenamiento bien planificado es precisamente la mejor protección.
- Trasladar el calendario y las exigencias del fútbol masculino a un entorno que, en ocasiones, todavía no cuenta con los mismos recursos médicos, instalaciones y material.
En resumen
El cuerpo femenino necesita un enfoque propio en el fútbol, basado en datos individuales de cada jugadora, un seguimiento continuado durante la temporada y una prevención específica.
"No se trata de proteger a las futbolistas del fútbol, sino de construir un modelo pensado para ellas, con seguimiento y prevención desde el primer día", concluye el Dr. Samitier.






















