Cerca de 40 profesionales de distintos países participan en un curso europeo de ablación tiroidea en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos
El hospital acogió una formación europea en técnicas mínimamente invasivas para el tratamiento de nódulos tiroideos

- La formación actualizó conocimientos sobre una técnica que permite tratar determinados nódulos tiroideos sin cirugía abierta
- El programa combinó sesiones teóricas y talleres prácticos sobre radiofrecuencia y microondas para mejorar la selección de pacientes y el manejo de estos procedimientos
El Hospital Universitario Rey Juan Carlos
-hospital público de la Comunidad de Madrid- acogió en octubre un curso de la Escuela Europea de Radiología Intervencionista (ESIR) dedicado a la ablación térmica de tiroides. La formación reunió a cerca de 40 profesionales sanitarios de distintos países para compartir conocimientos y experiencias sobre una técnica mínimamente invasiva que permite tratar determinados nódulos tiroideos sin necesidad de cirugía abierta.
El encuentro contó principalmente con radiólogos intervencionistas, además de cirujanos generales y endocrinólogos. Aunque la mayoría de los asistentes procedían de Europa, también participaron especialistas de Oriente Medio, Asia, Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica, favoreciendo el intercambio de experiencias entre profesionales de distintos entornos sanitarios.
La organización local estuvo a cargo del Dr. Eduardo Crespo, jefe del Departamento de Radiología Vascular e Intervencionista, y del Dr. Antonio Hermosín, jefe de este servicio en el centro mostoleño. "Acoger este curso nos permite compartir nuestra experiencia y reforzar la proyección internacional y docente del hospital. Es el resultado de años de trabajo en este campo con un volumen creciente de pacientes tratados y una participación continuada en cursos europeos, talleres prácticos y formación de otros especialistas", explica el Dr. Crespo.
Una alternativa mínimamente invasiva para determinados nódulos tiroideos
La ablación térmica permite reducir el tamaño de determinados nódulos tiroideos mediante la aplicación de calor sin necesidad de realizar una intervención quirúrgica abierta. Para ello, se introduce una aguja fina a través de la piel hasta alcanzar el nódulo bajo control ecográfico continuo. Mediante radiofrecuencia o microondas se genera calor que destruye el tejido tratado, que posteriormente se reabsorbe y disminuye progresivamente de tamaño.
El procedimiento se realiza habitualmente con anestesia local y permite que el paciente reciba el alta el mismo día de la intervención. Además, al actuar directamente sobre el nódulo, busca preservar el tejido tiroideo sano y mantener la función de la glándula. La indicación más consolidada es el tratamiento de nódulos benignos que provocan molestias, como presión en el cuello o dificultad al tragar, o que generan un problema estético. También puede utilizarse en determinados nódulos que producen hormonas en exceso.
"En pacientes bien seleccionados, la ablación puede ser una alternativa a la cirugía desde el principio, no únicamente cuando existe un riesgo quirúrgico elevado. Evita una incisión en el cuello, permite conservar el tejido tiroideo sano y favorece una recuperación rápida", señala el Dr. Hermosín. La elección del tratamiento debe adaptarse a las características de cada caso. En algunos pacientes, la cirugía u otras opciones pueden resultar más adecuadas, mientras que muchos nódulos benignos que no producen síntomas solo necesitan seguimiento.
La importancia de la selección del paciente y del seguimiento
Los estudios científicos publicados muestran que la ablación térmica puede reducir de forma importante el volumen de los nódulos y mejorar los síntomas asociados. "En el caso de la radiofrecuencia, la literatura científica recoge reducciones medias de volumen cercanas al 70-80 por ciento al año, aunque los resultados dependen, entre otros factores, del tamaño y la composición del nódulo y de la extensión del tratamiento", comenta el jefe de departamento.
La eficacia no se valora únicamente por la reducción de tamaño. También se tienen en cuenta la mejoría de las molestias, la conservación de la función tiroidea y la posible aparición de complicaciones. Por ello, el procedimiento requiere seguimiento clínico y ecográfico y, cuando está indicado, controles analíticos. En algunos casos puede ser necesario repetir el tratamiento si la respuesta es insuficiente o el nódulo vuelve a crecer.
Aunque las complicaciones graves son poco frecuentes, pueden aparecer dolor, hematomas o alteraciones de la voz. La experiencia del equipo, la planificación y el control ecográfico durante todo el procedimiento son fundamentales para reducir los riesgos. "Tan importante como conocer la técnica es saber qué pacientes pueden beneficiarse de ella y cuándo conviene recurrir a otra alternativa. La selección adecuada y el seguimiento son fundamentales para conseguir buenos resultados y garantizar la seguridad", apunta el Dr. Hermosín.
Formación práctica para perfeccionar la técnica
El programa combinó sesiones teóricas con talleres prácticos sobre ablación por radiofrecuencia y microondas. Durante estas sesiones, los especialistas pudieron practicar con modelos de tiroides el manejo de los dispositivos y la coordinación entre el aplicador y la imagen ecográfica. Este entrenamiento permite familiarizarse con el procedimiento en un entorno controlado, comprender las particularidades de cada tecnología y reconocer los cambios que se producen durante la aplicación de energía. La formación práctica debe completarse con experiencia clínica supervisada para trasladar estos conocimientos a la atención de los pacientes.
El curso también abordó las posibilidades de la ablación en determinadas lesiones malignas. Como indica el jefe del servicio, "en estos casos, su aplicación es más selectiva y puede valorarse en algunos carcinomas papilares muy pequeños y de bajo riesgo, tras una evaluación especializada y teniendo en cuenta otras opciones como la vigilancia activa o la cirugía".
A diferencia del tratamiento de los nódulos benignos, en el que se busca principalmente reducir el volumen y aliviar los síntomas, el abordaje de una lesión maligna exige una valoración específica de los riesgos y un seguimiento riguroso. La ablación tampoco proporciona una pieza quirúrgica completa para su análisis, por lo que no es adecuada para todos los tumores.
Experiencia clínica y colaboración entre especialidades
La celebración de este curso se enmarca en la experiencia del Hospital Universitario Rey Juan Carlos en el tratamiento de nódulos tiroideos mediante técnicas de ablación y en su actividad docente dirigida a otros profesionales.
La evolución de estos procedimientos pasa por seguir mejorando la selección de pacientes, la formación de los especialistas y la evaluación de los resultados. En este sentido, la coordinación entre los servicios de Radiología Intervencionista, Endocrinología y Cirugía General y Digestiva permite valorar las distintas alternativas y adaptar el tratamiento a las necesidades de cada persona. "El objetivo es que los pacientes que cumplan los criterios adecuados puedan beneficiarse de opciones terapéuticas menos invasivas, con una recuperación habitualmente rápida y preservando, siempre que sea posible, la función tiroidea", concluye el Dr. Crespo.



