Imágenes de varias de las actividades organizadas en la Jornada por el Día Internacional de las Personas Mayores en el HUIEImágenes de varias de las actividades organizadas en la Jornada por el Día Internacional de las Personas Mayores en el HUIE
  • La jornada permitió experimentar algunas de las dificultades asociadas al envejecimiento a través de un simulador gerontológico y conocer las posibilidades de la realidad virtual en la atención a las personas mayores
  • El encuentro incluyó valoraciones geriátricas funcionales para detectar de forma precoz cambios en la movilidad y la autonomía y favorecer intervenciones individualizadas

¿Qué ocurriría si, de repente, caminar, levantarse de una silla o realizar una tarea cotidiana se convirtiera en un pequeño desafío? Con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, que se celebró el pasado jueves, día 1 de octubre, el Hospital Universitario Infanta ElenaEste enlace se abrirá en una ventana nueva -perteneciente a la red sanitaria pública de la Comunidad de Madrid (Sermas)- propuso una forma diferente de acercarse al envejecimiento invitando a pacientes, familiares y cuidadores a experimentar algunas de las dificultades que pueden acompañar a esta etapa de la vida y a conocer herramientas para cuidar mejor de las personas mayores.

La jornada, celebrada en el hall principal del hospital valdemoreño, y en la que participaron numerosos pacientes y visitantes, incluyó una experiencia inmersiva con gafas de realidad virtual, valoraciones geriátricas funcionales, un simulador gerontológico para sensibilizar a familiares y cuidadores, y un espacio de salud.

Ponerse en los zapatos de una persona mayor

Una de las experiencias más llamativas de la jornada fue el simulador gerontológico GERT, una propuesta de sensibilización para familiares y cuidadores impulsada por la Concejalía de Salud del Ayuntamiento de Valdemoro.

El simulador incorpora diferentes elementos que dificultan movimientos y tareas habituales. Un peto añade peso sobre la espalda y limita los movimientos, mientras que unas estructuras rígidas en las rodillas y unos pesos en los pies hacen que caminar, levantarse o desplazarse requiera un esfuerzo mucho mayor. A ello se suman unas gafas que simulan alteraciones visuales, como las cataratas o la degeneración macular, y unos guantes que provocan temblores y dificultan realizar tareas sencillas con las manos. De este modo, acciones que normalmente se realizan sin pensar se convierten en pequeños retos y permiten acercarse a sensaciones como el cansancio, la inseguridad o la frustración que pueden experimentar algunas personas mayores.

La Dra. María Herrera, jefa del Servicio de Geriatría del hospital valdemoreño, destacó el valor de ponerse en esa situación para comprender mejor a quienes reciben cuidados. "Experimentarlo en primera persona cambia la mirada: nos ayuda a ser más pacientes, más empáticos y compasivos a la hora de cuidar", señaló. Para la especialista, este tipo de iniciativas pueden ser especialmente útiles para los profesionales que trabajan con personas mayores. "A veces, para cuidar mejor, primero necesitamos intentar ponernos en los zapatos de quien tenemos delante", explicó.

Una ventana a recuerdos y lugares importantes

La jornada también permitió acercarse a las posibilidades de las gafas de realidad virtual aplicadas a la atención de las personas mayores. A través de estos entornos, pueden trabajarse destrezas, coordinación, atención y memoria, además de plantear actividades que favorezcan la movilidad de una manera diferente y estimulante. Pero su utilidad, según la Dra. Herrera, puede ir más allá de lo físico y lo cognitivo. "La aplicación de gafas de realidad virtual en Geriatría puede convertirse en una ventana hacia experiencias, recuerdos y emociones", aseguró.

Y es que, en Geriatría y Cuidados Paliativos, esta tecnología puede acercar a algunos pacientes a lugares con un significado especial en sus vidas cuando regresar físicamente ya no resulta posible. Puede permitirles volver a contemplar paisajes, recorrer espacios vinculados a su historia o reencontrarse simbólicamente con su tierra. "No sustituye estar allí. No pretende hacerlo", señaló la especialista. Sin embargo, puede proporcionar un momento de conexión y serenidad cuando la distancia o la enfermedad hacen imposible regresar, "porque cuidar también significa acompañar, motivar, recordar y escuchar lo que sigue siendo importante para cada persona."

Detectar pequeños cambios antes de que se conviertan en un problema

El programa incluyó también una valoración geriátrica funcional orientada a conocer mejor las capacidades de cada persona y detectar de forma precoz posibles cambios relacionados con la movilidad y la autonomía. Entre las herramientas utilizadas en la valoración geriátrica se encuentra el Short Physical Performance Battery (SPPB), que permite evaluar aspectos como la velocidad de la marcha, el equilibrio, la fuerza muscular y la capacidad para levantarse de una silla. También se utiliza el Índice de Barthel para valorar la autonomía en las actividades básicas de la vida diaria.

"Buscamos detectar precozmente pequeños cambios que podrían anunciar fragilidad o deterioro funcional", indicó la Dra. Herrera. Esta identificación permite actuar antes y establecer intervenciones individualizadas orientadas a mantener o recuperar la máxima autonomía posible. En este sentido, la especialista recordó que es importante observar cambios respecto a la situación habitual de cada persona, como caminar más despacio, perder fuerza, sufrir varias caídas o tener dificultades para levantarse. También conviene prestar atención cuando una persona deja de salir, cocinar, comprar o realizar actividades que anteriormente hacía de manera independiente.

Envejecer no significa hacerse dependiente

La jornada sirvió también para desmontar algunas ideas asociadas al envejecimiento. Para la jefa del Servicio de Geriatría, uno de los principales mensajes es que envejecer no significa necesariamente enfermar, deteriorarse o hacerse dependiente. Así, la especialista defendió la necesidad de evitar la sobreprotección y respetar las capacidades de cada persona. "Hacer sistemáticamente las cosas por una persona que todavía puede hacerlas puede favorecer la pérdida de autonomía", advirtió.

También destacó la importancia de combatir el edadismo y de no infravalorar las capacidades de las personas mayores. "Aun siendo mayor, se sigue aprendiendo, cuidando, creando, decidiendo y contribuyendo a sus familias y a la sociedad", subrayó.

Por ello, el envejecimiento activo pasa por mantener aquellas actividades que tienen sentido para cada persona, desde la actividad física y el entrenamiento de las capacidades cognitivas hasta las aficiones, las relaciones sociales, el aprendizaje o sentirse útil. En ese sentido, la especialista recordó que nunca es demasiado tarde para incorporar una rutina individualizada que combine actividad física, cognitiva y relaciones personales.

Cuidar también significa mirar a la persona en su conjunto

La jornada quiso poner de relieve una visión integral del envejecimiento, en la que la valoración de las capacidades, la prevención de la fragilidad y el cuidado de las necesidades físicas, cognitivas, emocionales y sociales forman parte de una misma atención. "En Geriatría no valoramos la edad o una enfermedad, vemos a la persona en su conjunto", indicó la Dra. Herrera al destacar la importancia de adaptar las intervenciones a la situación y a los objetivos de cada persona.

Con esta jornada, el Hospital Universitario Infanta Elena ha acercado a pacientes, familiares y cuidadores diferentes herramientas para comprender mejor las necesidades de las personas mayores y favorecer una mirada más cercana hacia el envejecimiento, poniendo en valor la autonomía, la dignidad y la capacidad de cada persona para seguir haciendo aquello que es importante para ella.