Del calor al frío en segundos: por qué los cambios de temperatura pueden agravar tos, rinitis o asma

En verano es habitual pasar en pocos segundos de un ambiente muy caluroso a otro con aire acondicionado, o al contrario. Ocurre al entrar en centros comerciales, cines, supermercados, oficinas, coches o transporte público, y aunque muchas veces se percibe como una simple incomodidad, estos contrastes pueden afectar a las vías respiratorias.
En la mayoría de las personas, estos cambios producen molestias leves y transitorias. Sin embargo, en quienes tienen rinitis, asma, alergias, EPOC u otras enfermedades respiratorias, el aire frío y seco puede irritar las mucosas y favorecer la aparición o el empeoramiento de síntomas.
"Los cambios bruscos de temperatura pueden actuar como desencadenante en personas con una vía respiratoria más sensible. En estos casos, lo importante es diferenciar una reacción puntual al frío o conviene valorar el control de la enfermedad de base", explica la Dra. Aitziber Salazar, jefa de servicio del área de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud del Vallès.
¿Cómo afecta a nuestro cuerpo este contraste?
El organismo trabaja de forma constante para mantener una temperatura interna estable. Cuando se producen cambios ambientales bruscos, el cuerpo activa mecanismos de adaptación para conservar o disipar calor, como modificar la circulación periférica, ajustar la sudoración o cambiar el patrón respiratorio.
En la nariz, la garganta y los bronquios, el contraste térmico puede resecar e irritar las mucosas. Esto puede favorecer sensación de sequedad, carraspeo, tos, estornudos o congestión nasal, especialmente cuando el aire frío se combina con ambientes secos o con exposición directa al aire acondicionado.
El paso repentino del calor al frío puede provocar una respuesta normal de adaptación, como la vasoconstricción. En personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, estos cambios pueden notarse más y conviene prestar atención si aparecen síntomas que no ceden o se repiten", apunta la Dra. Salazar.
¿Quiénes pueden ser más vulnerables?
Los bebés, los niños pequeños y las personas mayores son más sensibles porque pueden tener una menor capacidad de adaptación a los cambios ambientales.
Conviene extremar la precaución también en personas con enfermedades respiratorias, alergias, asma, EPOC, patologías cardiacas o un sistema inmunológico debilitado.
"En pacientes con enfermedades respiratorias, el aire acondicionado no debe verse como el único problema. A menudo influyen varios factores a la vez: aire frío y seco, cambios de humedad, exposición a irritantes, infecciones previas o un tratamiento que no está suficientemente ajustado", señala la especialista.
Minimizar el impacto de los contrastes térmicos
Algunas medidas sencillas pueden ayudar a reducir la irritación respiratoria durante los meses de verano:
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Evitar temperaturas excesivamente bajas en el aire acondicionado.
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Dirigir el flujo de aire para que no impacte directamente sobre la cara o el pecho.
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Mantener una hidratación adecuada, especialmente en ambientes secos.
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Cubrirse ligeramente al entrar en espacios muy fríos.
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Ventilar los espacios cerrados de forma regular.
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Evitar, cuando sea posible, cambios extremos de temperatura.
En personas con enfermedades respiratorias diagnosticadas, es importante seguir el tratamiento indicado por su médico y no modificarlo ni suspenderlo por cuenta propia, aunque los síntomas parezcan leves o se atribuyan al ambiente.
¿Cuándo conviene consultar?
Conviene consultar si la tos, la rinitis, la congestión o la dificultad respiratoria persisten durante varios días, empeoran o se repiten con frecuencia tras la exposición a cambios bruscos de temperatura. También si los síntomas interfieren en el descanso, la actividad diaria o el control habitual de una enfermedad respiratoria previa.
La valoración debe ser más rápida si aparece dificultad para respirar, sibilancias, opresión en el pecho, fiebre persistente, decaimiento importante o sensación de falta de aire. En personas con asma, EPOC o enfermedades cardiacas, cualquier empeoramiento significativo debe valorarse de forma individual.
"Consultar no significa alarmarse, sino entender si los síntomas corresponden a una irritación pasajera o a una descompensación respiratoria que requiere ajustar el abordaje. Esa diferencia es clave para evitar que episodios repetidos de tos, rinitis o dificultad respiratoria se normalicen durante el verano", concluye la Dra. Salazar.






