Cuando el cansancio o el dolor persisten: cómo entender dos enfermedades complejas e invisibles

Cuando el cansancio o el dolor persisten: cómo entender dos enfermedades complejas e invisibles

FibromialgiaFibromialgia
13 de mayo de 2026
Hospital Universitari General de Catalunyaen/health-centers/hospital-universitari-general-catalunya
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El dolor generalizado y el cansancio persistente son síntomas que muchas personas experimentan en algún momento, pero cuando se mantienen en el tiempo y no mejoran con el descanso pueden estar relacionados con enfermedades como la fibromialgia o el síndrome de fatiga crónica. Ambas comparten un rasgo importante: no siempre se ven desde fuera, pero pueden tener un impacto muy claro en la vida cotidiana.

La fibromialgia afecta a más de 900.000 personas en España, según la Sociedad Española de Reumatología. En el caso del síndrome de fatiga crónica, se calcula que en nuestro país lo padecen entre 120.000 y 200.000 personas. Se trata de una enfermedad compleja, de causa neuroinflamatoria, que provoca un cansancio físico extremo y que afecta mayoritariamente a mujeres.

"Se trata de enfermedades complejas, sin una causa única identificada y con síntomas que no siempre son visibles, pero que impactan de forma importante en el día a día de quienes las padecen", explica la Dra. Nuria Martí, jefa del Servicio de Reumatología del Hospital Universitari General de Catalunya.


Dos enfermedades distintas que pueden compartir síntomas

La fibromialgia se caracteriza sobre todo por un dolor musculoesquelético generalizado, que puede describirse como una presión intensa, una quemazón o una sensación persistente de malestar en distintas partes del cuerpo. A menudo se acompaña de fatiga, sueño no reparador, rigidez y dificultades cognitivas.

El síndrome de fatiga crónica, por su parte, se manifiesta principalmente como un cansancio extremo que no mejora con el descanso y que limita la capacidad para realizar actividades cotidianas. Este agotamiento puede ir acompañado de dolor muscular, cefaleas o problemas de concentración.

La fibromialgia se caracteriza sobre todo por un dolor musculoesquelético generalizado, que puede describirse como una presión intensa, una quemazón o una sensación persistente de malestar en distintas partes del cuerpo. A menudo se acompaña de fatiga, sueño no reparador, rigidez y dificultades cognitivas.

"Lo que vemos en consulta es que no siempre se presentan de una forma nítida. Hay pacientes en los que predomina el dolor, otros en los que el síntoma más incapacitante es la fatiga y otros en los que ambas dimensiones conviven y se condicionan mutuamente", señala la especialista.


Mucho más que dolor o agotamiento

Estas enfermedades no afectan solo a nivel físico. Entre los síntomas que con más frecuencia refieren los pacientes están el dolor muscular generalizado, el agotamiento continuo, los trastornos del sueño, la dificultad para concentrarse, los fallos de memoria, la rigidez o una sensación de hipersensibilidad que puede hacer más difícil mantener un ritmo de vida normal.

Esa combinación de síntomas puede repercutir en el trabajo, en la vida social, en la rutina familiar y en la percepción de autonomía. No se trata solo de convivir con molestias, sino de hacerlo con enfermedades que a menudo condicionan la energía disponible, el descanso y la capacidad de adaptación del paciente.

"Uno de los principales retos es que los síntomas son constantes y afectan tanto a nivel físico como mental, lo que puede interferir en la vida personal, social y laboral", apunta la Dra. Martí.


Un diagnóstico que exige escuchar bien al paciente

Ni la fibromialgia ni el síndrome de fatiga crónica cuentan con una prueba única que permita confirmarlos por sí sola. El diagnóstico se apoya en la evaluación clínica, en la historia del paciente y en la exclusión de otras patologías que pueden dar síntomas parecidos.

En la práctica, más que buscar una única señal concluyente, lo importante es interpretar bien el conjunto de síntomas, su evolución y el modo en que están afectando a la vida diaria. Por eso, la consulta y la escucha clínica tienen un papel especialmente relevante.

"En este tipo de enfermedades, escuchar al paciente es esencial. Muchas veces el diagnóstico no depende de una prueba concreta, sino de entender bien el patrón de síntomas y cómo están interfiriendo en su vida diaria", explica la especialista.


El reto de convivir con una enfermedad invisible

Aunque no existe una cura definitiva, sí hay estrategias que ayudan a controlar los síntomas y a mejorar la calidad de vida. El abordaje suele ser individualizado y se centra en tres pilares:

  • Mejorar la calidad del sueño

  • Mantener la actividad física adaptada

  • Reducir el dolor

El tratamiento puede incluir medicación, siempre ajustada a cada caso, junto con cambios en el estilo de vida. Mantenerse activo dentro de las posibilidades de cada persona es clave, ya que el reposo prolongado puede empeorar la fatiga y el dolor. Además, el apoyo del entorno familiar y social desempeña un papel importante en el manejo de estas patologías.

"Un enfoque integral, que combine tratamiento médico, hábitos saludables y apoyo emocional, es fundamental para ayudar a los pacientes a convivir mejor con la enfermedad", concluye la Dra. Nuria Martí, jefa del Servicio de Reumatología del Hospital Universitari General de Catalunya.

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