Cansancio, palidez, mareos o falta de aire: cuándo puede haber una falta de hierro detrás

Sentirse cansado de forma habitual, notar mareos o fatigarse al realizar esfuerzos cotidianos son molestias que pueden tener múltiples causas. Sin embargo, cuando estos síntomas persisten o se acompañan de palidez, debilidad o falta de concentración, pueden estar relacionados con un déficit de hierro en el organismo.
Una de las consecuencias más frecuentes de esta carencia es la anemia ferropénica, que aparece cuando la falta de hierro dificulta la producción de hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno a los tejidos.
"Uno de los problemas de la anemia ferropénica es que puede desarrollarse de forma progresiva y sus síntomas confundirse con el cansancio habitual. Por eso, cuando la fatiga persiste o empieza a limitar actividades que antes se realizaban sin dificultad, conviene estudiar qué está ocurriendo", explica la Dra. Maricel Subirá, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari General de Catalunya.
¿Qué síntomas pueden indicar una falta de hierro?
La intensidad de los síntomas depende del grado de anemia y de su evolución. En fases iniciales, las molestias pueden ser leves o incluso pasar desapercibidas, mientras que, a medida que progresa, pueden aparecer manifestaciones como:
- Cansancio persistente y sensación de debilidad.
- Palidez de la piel.
- Mareos, aturdimiento o dolor de cabeza.
- Falta de aire al realizar esfuerzos habituales.
- Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca.
- Dificultad para concentrarse.
- Caída del cabello o uñas quebradizas.
Estas señales no son exclusivas de la anemia ferropénica y también pueden aparecer en otras alteraciones de salud. Además, es posible presentar déficit de hierro sin haber desarrollado todavía anemia, por lo que resulta importante valorar el conjunto de síntomas.
¿Por qué se produce la anemia ferropénica?
La falta de hierro puede deberse a una ingesta insuficiente, a dificultades para absorberlo o a pérdidas de sangre mantenidas. También puede aparecer en periodos en los que el organismo necesita un mayor aporte de este mineral.
Entre los factores más habituales destacan las menstruaciones abundantes, el embarazo, las etapas de crecimiento, los sangrados digestivos y determinadas enfermedades intestinales que dificultan la absorción de nutrientes.
"Es importante tener en cuenta que la falta de hierro no siempre significa que exista una alimentación inadecuada. En determinadas circunstancias, el organismo necesita más hierro del habitual y, aunque la dieta sea equilibrada, puede no ser suficiente para cubrir esas necesidades", comenta la especialista.
Alimentación: cómo favorecer la absorción del hierro
Mantener una dieta equilibrada es una de las principales recomendaciones para prevenir déficits nutricionales. El hierro de los alimentos se presenta en dos formas: hierro hemo, procedente de alimentos de origen animal, y hierro no hemo, presente principalmente en legumbres, frutos secos, verduras y cereales enriquecidos.
El organismo absorbe mejor el hierro hemo, aunque existen combinaciones alimentarias que ayudan a aprovechar el hierro de origen vegetal:
- Combinar legumbres o verduras ricas en hierro con alimentos que aporten vitamina C, como tomate, pimiento, kiwi o naranja.
- Incluir una alimentación variada con fuentes de hierro de origen animal y vegetal.
- Evitar consumir café o té junto con las comidas principales ricas en hierro, ya que pueden dificultar su absorción.
- Valorar alimentos enriquecidos en hierro cuando resulte adecuado.
Cuándo consultar y cómo se trata
Conviene consultar cuando el cansancio, los mareos o la falta de aire persisten, empeoran o dificultan las actividades cotidianas. Si aparecen síntomas como dolor torácico, dificultad respiratoria intensa o desmayo, es necesaria una valoración médica urgente.
El diagnóstico de la anemia ferropénica se realiza mediante un análisis de sangre que permite comprobar los niveles de hemoglobina y las reservas de hierro. Una vez confirmada, es importante identificar su causa para orientar el tratamiento, que puede incluir cambios en la alimentación o suplementos de hierro, siempre bajo supervisión médica.
"No todas las anemias se deben a una falta de hierro, por lo que tomar suplementos sin conocer la causa puede resultar innecesario y retrasar el diagnóstico adecuado. Antes de iniciar cualquier tratamiento, es fundamental confirmar el déficit y valorar qué lo está provocando", concluye la Dra. Subirá, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari General de Catalunya.




