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Entrenar durante años a alta intensidad no solo cambia los músculos o la capacidad pulmonar, también modifica el corazón. Como cualquier otro músculo, se adapta al esfuerzo y aprende a trabajar de forma más eficiente. Saber diferenciar esa adaptación de un problema cardíaco es una de las claves de la cardiología deportiva.


¿Cómo cambia el corazón de un deportista?

Tras años de entrenamiento, sobre todo en deportes de resistencia como el ciclismo, el atletismo, la natación o el remo, las cavidades del corazón (especialmente el ventrículo izquierdo) pueden aumentar de tamaño y el músculo cardíaco puede engrosarse de forma moderada.

El resultado es un corazón que expulsa más sangre en cada latido. Por eso los deportistas suelen tener una frecuencia cardíaca en reposo más baja, necesitan menos latidos para hacer el mismo trabajo. Además, la adaptación varía según la disciplina, los deportes de resistencia tienden a dilatar las cavidades, mientras que el entrenamiento de fuerza favorece más el engrosamiento de las paredes.


¿Más ejercicio es siempre mejor?

No necesariamente. Las cargas muy elevadas durante años pueden asociarse a cambios más marcados en el corazón o a algunas arritmias. Por eso conviene consultar con un especialista ante síntomas como:

  • Desmayo durante o después del ejercicio.
  • Dolor en el pecho.
  • Palpitaciones.
  • Falta de aire desproporcionada al esfuerzo.
  • Bajada del rendimiento sin una causa clara.

¿Para qué sirve un reconocimiento cardiológico?

"Con estas revisiones queremos detectar si el deportista profesional tiene alguna enfermedad cardíaca de base y, de este modo, disminuir el riesgo de que sufra un problema cardiovascular mientras entrena o compite", explica la Dra. Elena Díaz Peláez, cardióloga del Hospital Universitari Quirónsalud Badalona.

La evaluación empieza con una historia clínica que busca síntomas de alarma y antecedentes familiares de cardiopatía o muerte súbita. A partir de ahí, se combinan varias pruebas:

  • Electrocardiograma: registra la actividad eléctrica del corazón. Debe interpretarse teniendo en cuenta que el entrenamiento también produce cambios en esta prueba.
  • Ecocardiografía: mediante ultrasonidos, permite ver el tamaño y el grosor de las cavidades, cómo se contrae el corazón y cómo funcionan las válvulas.
  • Prueba de esfuerzo (ergometría): controla el electrocardiograma y la presión arterial mientras aumenta la intensidad del ejercicio, ya que algunas alteraciones solo aparecen con el esfuerzo.

Sobre la ecocardiografía, la especialista señala: "Esta prueba resulta muy útil cuando la historia clínica, la exploración o el electrocardiograma despiertan alguna duda, porque nos permite distinguir si los cambios del corazón se deben al entrenamiento o a una enfermedad estructural".


¿Cada cuánto hay que revisarse?

No existe una frecuencia única. Depende de la edad, el deporte que se practica, los antecedentes médicos y los resultados de las revisiones anteriores. En el deporte de élite es habitual realizarlas al inicio de cada temporada.


¿Qué podemos aprender del deportista de élite?

No hace falta entrenar como un profesional para cuidar el corazón. Lo importante es la constancia, hacer actividad física de forma regular, aumentar la intensidad poco a poco, respetar el descanso y cuidar otros hábitos como el sueño y la alimentación. Y, sobre todo, no normalizar síntomas que no son propios del esfuerzo.


En resumen

El corazón del deportista se adapta al entrenamiento para ser más eficiente, pero esa adaptación tiene límites. Los controles cardiológicos permiten distinguir lo normal de lo que no lo es y practicar deporte con seguridad.

"Rendir a un nivel excepcional no descarta que exista una enfermedad cardiovascular sin síntomas. Las revisiones cardiológicas sirven precisamente para identificar estos casos, hacer el seguimiento y aplicar el tratamiento que corresponda, de modo que el deportista pueda seguir practicando su deporte con seguridad", concluye la Dra. Díaz.