Golpe de calor: cómo reconocerlo a tiempo y cuándo pedir ayuda médica

La predicción estacional de la Agencia Estatal de Meteorología para los meses de junio, julio y agosto apunta a una mayor probabilidad de temperaturas por encima de lo habitual en España. En un contexto de episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos, estos pueden provocar desde molestias leves, como cansancio, sed intensa o mareo, hasta cuadros potencialmente graves.
Entre ellos, el golpe de calor es una urgencia médica que se produce cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta aumenta de forma descontrolada.
"El golpe de calor no debe entenderse como un mareo más por calor. Es una situación potencialmente grave en la que la temperatura corporal aumenta de forma descontrolada y pueden verse afectados órganos como el cerebro, los riñones, el hígado, los pulmones o la musculatura. Ante la sospecha, no hay que esperar a ver si la persona mejora: hay que pedir ayuda médica de inmediato", afirma la Dra. Aitziber Salazar, jefa de Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud del Vallès.
Por qué se produce
Un golpe de calor se manifiesta cuando fallan los mecanismos que permiten al cuerpo regular su temperatura, como la sudoración o la redistribución del flujo sanguíneo. Suele asociarse a temperaturas elevadas, humedad ambiental, exposición prolongada al calor o práctica de ejercicio intenso en ambientes calurosos.
El riesgo aumenta en niños pequeños, personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, personas con movilidad reducida, trabajadores expuestos al calor, deportistas y quienes toman determinados medicamentos que pueden interferir en la hidratación o en la regulación de la temperatura corporal.
También conviene prestar especial atención a personas que viven solas o en viviendas mal ventiladas, así como a quienes no perciben bien la sed o tienen más dificultad para desplazarse a espacios frescos.
Señales de alerta
En fases iniciales, el calor puede provocar síntomas como sed intensa, cansancio, debilidad, dolor de cabeza, mareo, calambres, náuseas o malestar general. Estos signos deben tomarse en serio, especialmente si aparecen durante una exposición prolongada al sol, en un espacio muy caluroso o tras realizar actividad física.
Hay síntomas que obligan a actuar con urgencia porque pueden indicar un golpe de calor:
- Confusión, desorientación o somnolencia intensa.
- Pérdida de conciencia o desmayo.
- Convulsiones.
- Piel muy caliente, con o sin sudoración.
- Temperatura corporal muy elevada.
- Vómitos persistentes.
- Dificultad para mantenerse de pie o falta de coordinación.
- Empeoramiento rápido del estado general.
"Si una persona está confusa, muy somnolienta, se desmaya, convulsiona o no responde con normalidad, hay que llamar al 112. En estos casos, la rapidez es fundamental para iniciar medidas de enfriamiento y reducir el riesgo de complicaciones", señala la Dra. Salazar.
Qué hacer ante una sospecha de golpe de calor
Ante una posible situación de golpe de calor, lo primero es pedir ayuda médica llamando al 112. Mientras llegan los servicios de emergencia, se debe trasladar a la persona a un lugar fresco, sombreado o climatizado, aflojarle la ropa y empezar a bajar la temperatura corporal con medidas sencillas, como aplicar paños húmedos, refrescar la piel con agua o favorecer la ventilación.
Si la persona está consciente y puede tragar con normalidad, se le puede ofrecer agua en pequeños sorbos, sin forzar. En cambio, no debe darse de beber a una persona inconsciente, confusa, muy somnolienta o con vómitos, por el riesgo de atragantamiento. Si pierde el conocimiento pero respira, debe colocarse en posición lateral de seguridad.
Cuándo acudir a consulta
Además de las situaciones que requieren llamar al 112, conviene consultar con un profesional sanitario si los síntomas relacionados con el calor no mejoran tras descansar, hidratarse y permanecer en un ambiente fresco, o si aparecen mareos repetidos, debilidad marcada, dolor de cabeza intenso, calambres persistentes o sensación de agotamiento que impide continuar con la actividad habitual.
En personas mayores, niños, embarazadas, pacientes con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes o tratamientos crónicos, la consulta debe hacerse con especial prudencia, incluso ante síntomas aparentemente leves.
Para reducir el riesgo durante los días de calor intenso, se recomienda beber agua con frecuencia, evitar alcohol y bebidas muy azucaradas, permanecer en espacios frescos, evitar esfuerzos en las horas centrales del día, usar ropa ligera y transpirable, protegerse del sol y prestar atención a personas vulnerables del entorno.
"Ante la duda, es preferible consultar. Muchas veces no estamos ante un golpe de calor establecido, sino ante un cuadro de agotamiento, deshidratación o descompensación de una enfermedad previa. Valorar al paciente permite actuar antes de que el problema avance y ajustar las recomendaciones según su situación clínica", concluye la jefa de Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud del Vallès.






