Hepatitis B y C, dos infecciones que pueden avanzar en silencio y detectarse con una analítica

La hepatitis B y la hepatitis C son dos infecciones víricas que pueden afectar al hígado y evolucionar sin síntomas claros durante años. Con motivo del Día Mundial contra la Hepatitis, que se celebra cada 28 de julio, conviene recordar la importancia de detectarlas a tiempo para evitar complicaciones.
En España, la hepatitis C activa se sitúa en el 0,14% de la población, con una tasa de curación superior al 94%, según el Ministerio de Sanidad. Aun así, se estima que cerca de 13.000 personas siguen sin diagnosticar. En el caso de la hepatitis B, presenta una baja prevalencia (~500 casos anuales), principalmente en adultos no vacunados correctamente en la infancia.
"Una de las principales dificultades es que estas infecciones pueden pasar desapercibidas durante mucho tiempo. Una analítica alterada, un antecedente de riesgo o una infección antigua no estudiada pueden ser la pista que permita diagnosticar antes de que haya daño hepático avanzado", explica la Dra. Victoria Andreu, jefa de Servicio del área de Aparato Digestivo del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Dos virus distintos que afectan al hígado
En ambos casos se trata de infecciones víricas que producen inflamación del hígado, pero, aunque afectan al mismo órgano, no tienen la misma forma de transmisión, prevención ni tratamiento.
- Hepatitis B: puede presentarse como una infección aguda y resolverse, aunque en algunos casos puede cronificarse y requerir control médico. Además, cuenta con vacuna, una herramienta clave para prevenir la infección. Se transmite a través de la sangre y de determinados fluidos corporales.
- Hepatitis C: tiene mayor tendencia a hacerse crónica si no se diagnostica y trata. Actualmente existen tratamientos muy eficaces que permiten curar la infección en la mayoría de los casos, siempre que se detecte y se aborde de forma adecuada. Su transmisión es principalmente por contacto con sangre infectada.
"El primer paso es saber qué virus está implicado y cómo está el hígado. En la hepatitis B hay que comprobar la situación inmunitaria, valorar la necesidad de seguimiento y prevenir la transmisión; en la hepatitis C, confirmar el diagnóstico permite plantear un tratamiento curativo en muchos pacientes", señala la Dra. Andreu.
¿Cuándo conviene consultar con un especialista?
Estas infecciones no siempre producen síntomas en fases iniciales. Cuando aparecen, suelen ser poco específicos y pueden confundirse con otros procesos digestivos o infecciosos.
Conviene pedir valoración si se presentan signos como cansancio intenso sin causa clara; coloración amarillenta de la piel o los ojos; orina oscura; dolor abdominal persistente; pérdida de apetito; náuseas o malestar mantenido.
También puede ser recomendable consultar si existen alteraciones en las pruebas hepáticas, antecedentes médicos, contacto previo con material punzante o, por ejemplo, tatuajes o piercings realizados sin garantías de esterilización.
La analítica como punto de partida
El diagnóstico se realiza principalmente mediante análisis de sangre. Esta prueba permite confirmar o descartar la infección, identificar el tipo de virus y valorar si existe actividad viral. En algunos casos, el estudio puede completarse con pruebas de imagen, como una ecografía, o con pruebas dirigidas a valorar la fibrosis hepática.
A partir de estos resultados, el especialista puede decidir si el paciente necesita seguimiento periódico, tratamiento o medidas específicas para reducir el riesgo de transmisión y proteger la salud hepática a largo plazo.
"Detectar la infección de forma precoz permite conocer cómo se encuentra el hígado y decidir qué necesita cada persona en función del tipo de virus, la actividad de la infección y el grado de afectación hepática", apunta la especialista. "Ese abordaje individualizado es lo que permite actuar a tiempo y evitar que el diagnóstico llegue cuando ya existen complicaciones", concluye la jefa de Servicio del área de Aparato Digestivo del Hospital Universitari Sagrat Cor.






