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¿Qué es la hepatitis vírica?

La hepatitis vírica es una inflamación del hígado causada por distintos virus. Puede producir una infección aguda, que en muchos casos se resuelve de forma espontánea, o evolucionar hacia una enfermedad crónica y causar daño hepático progresivo si no se diagnostica y trata adecuadamente.

Con motivo del Día Mundial contra la Hepatitis, que se celebra cada 28 de julio, conviene recordar que la detección precoz es clave para prevenir complicaciones como la cirrosis o el cáncer de hígado. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de 5.000 personas contraen una hepatitis vírica cada día en el mundo.

"Muchas personas conviven con una hepatitis vírica sin saberlo, ya que la enfermedad puede permanecer sin síntomas durante años. Por ello, el diagnóstico precoz es fundamental para proteger la salud del hígado y evitar complicaciones", explica el Dr. José Wálter Huamán, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya.


Tipos de hepatitis vírica y vías de transmisión

El hígado cumple funciones esenciales: participa en el metabolismo, ayuda a procesar nutrientes y medicamentos, produce sustancias necesarias para la digestión y contribuye a eliminar productos de desecho. Cuando se inflama, su funcionamiento puede verse afectado.

Existen cinco virus principales que causan hepatitis: A, B, C, D y E. Aunque todos afectan al hígado, presentan diferencias importantes en su forma de transmisión, evolución, prevención y tratamiento.

Hepatitis A. Se transmite principalmente por vía fecal-oral, al ingerir agua o alimentos contaminados. Suele causar una infección aguda y no evoluciona a hepatitis crónica. Existe una vacuna eficaz para prevenirla.

Hepatitis B. Puede transmitirse de madre a hijo durante el parto, por contacto con sangre o determinados fluidos corporales, por relaciones sexuales sin protección, por compartir agujas o jeringuillas, o mediante procedimientos realizados con material no estéril. Puede cronificarse, especialmente cuando la infección se adquiere en la infancia. La vacunación es la medida preventiva más eficaz.

Hepatitis C. Se transmite fundamentalmente por contacto con sangre infectada. El riesgo se asocia, entre otras situaciones, al uso compartido de material para inyección de drogas, a procedimientos sanitarios o estéticos realizados sin las medidas adecuadas de esterilización y, en algunos contextos, a prácticas sexuales con riesgo de exposición a sangre. En países como España, donde la sangre donada se analiza de forma sistemática, la transfusión ya no constituye una vía habitual de contagio. No existe vacuna, pero los tratamientos antivirales actuales consiguen curar la infección en la gran mayoría de los pacientes.

Hepatitis D. Solo puede afectar a personas que tienen infección por el virus de la hepatitis B, ya que necesita este virus para replicarse. Puede transmitirse por vías similares a la hepatitis B y se asocia a una evolución potencialmente más grave. La vacuna contra la hepatitis B también previene la hepatitis D.

Hepatitis E. Se transmite principalmente por agua contaminada, especialmente en zonas con deficiencias de saneamiento. También puede adquirirse por el consumo de carne o productos de origen animal crudos o insuficientemente cocinados, sobre todo de cerdo o caza silvestre. Habitualmente provoca una infección aguda, aunque puede ser más grave en mujeres embarazadas y en personas inmunodeprimidas.


¿Cuáles son los principales síntomas?

Uno de los principales problemas de las hepatitis víricas es que muchas personas no presentan síntomas, especialmente en las fases iniciales o en las infecciones crónicas. Cuando aparecen, suelen ser inespecíficos y pueden confundirse con otros procesos digestivos o infecciosos.

Los síntomas más frecuentes incluyen:

  • Cansancio intenso.

  • Fiebre o malestar general.

  • Náuseas y vómitos.

  • Dolor o molestia abdominal.

  • Pérdida de apetito.

  • Dolores musculares o articulares.

  • Ictericia, es decir, color amarillento de la piel y los ojos.

  • Orina oscura.

  • Heces de color claro.

"En muchas ocasiones, la hepatitis se detecta porque una analítica muestra alteraciones en las transaminasas y no porque el paciente presente síntomas. Sin embargo, unas transaminasas normales no excluyen por completo una hepatitis crónica, por lo que es importante valorar las pruebas adecuadas cuando existen factores de riesgo", señala el especialista.


¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable consultar con el médico ante síntomas compatibles con hepatitis, especialmente si se acompañan de ictericia, orina oscura, heces claras, dolor abdominal persistente o cansancio intenso sin una causa aparente.

También puede ser aconsejable realizar pruebas diagnósticas cuando existen factores de riesgo, como exposición a sangre, procedimientos sanitarios, odontológicos, tatuajes o piercings realizados sin garantías de esterilización, uso compartido de agujas u objetos cortantes, relaciones sexuales con riesgo de exposición, convivencia con una persona con hepatitis B o haber residido en zonas con una elevada prevalencia de hepatitis víricas.


¿Cómo se puede prevenir?

La prevención depende del tipo de hepatitis y de su vía de transmisión.

En las hepatitis A y E, son fundamentales el lavado de manos, el consumo de agua segura, una adecuada manipulación de los alimentos y evitar el consumo de productos crudos o insuficientemente cocinados cuando exista riesgo.

En las hepatitis B, C y D, es importante evitar el contacto con sangre contaminada. No deben compartirse agujas, jeringuillas, cuchillas de afeitar ni otros objetos cortantes. Los tatuajes, piercings y procedimientos sanitarios deben realizarse siempre con material estéril y por profesionales cualificados.

La vacunación protege frente a las hepatitis A y B. Además, al prevenir la hepatitis B, también protege frente a la hepatitis D. Actualmente no existe vacuna frente a la hepatitis C, aunque dispone de tratamientos muy eficaces que permiten curar la infección en la mayoría de los casos.

"La hepatitis vírica es prevenible y, en muchos casos, tratable o curable. El principal reto sigue siendo diagnosticarla a tiempo, antes de que produzca un daño irreversible en el hígado. La prevención, las revisiones médicas y el acceso a los tratamientos actuales permiten evitar gran parte de sus complicaciones", afirma el Dr. José Wálter Huamán, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya.