El insomnio aumenta en una sociedad que nunca se apaga

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9 de abril de 2026
Hospital Quirónsalud del Vallèsen/health-centers/hospital-quironsalud-valles
Unidad del sueñoen/specialities/unidad-sueno

La dificultad para dormir se ha convertido en un problema cada vez más frecuente. El ritmo de vida acelerado, la hiperconectividad y el uso constante de pantallas están modificando profundamente nuestros hábitos de descanso y favoreciendo la aparición del insomnio.

Cada vez más personas luchan a diario por conciliar el sueño. Este trastorno, uno de los más prevalentes relacionados con el descanso, afecta a un número creciente de población y ya no es exclusivo de determinadas edades. Los especialistas advierten de que los cambios sociales y tecnológicos están alterando los ritmos naturales del organismo y dificultando la desconexión necesaria para dormir bien.

La doctora Carla Estivill, directora de la Unidad del Sueño, del Hospital Quironsalud del Vallès, explica que en los últimos años han observado un cambio claro en el perfil de los pacientes. "Durante mucho tiempo se normalizaba no dormir bien. Existía un importante infradiagnóstico, especialmente en casos de ronquido e insomnio", señala. Aunque sigue siendo frecuente, hoy se conoce mejor su impacto: no solo genera cansancio o somnolencia, sino que también puede afectar a la salud cardiovascular.


Trastornos del sueño: un origen mayoritariamente neurológico

En centros especializados como en la Unidad del sueño del Hospital Quironsalud el Vallès se diagnostican y tratan múltiples patologías relacionadas con el descanso. "Existen más de treinta trastornos del sueño y, en la mayoría de casos, su origen es neurológico", explica la doctora. Para su evaluación se utilizan distintas pruebas, entre ellas la polisomnografía nocturna, que permite analizar durante una noche completa la estructura y las fases del sueño del paciente.

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el notable incremento de casos entre personas jóvenes. "En la última década hemos detectado un aumento muy importante de insomnio en pacientes jóvenes que antes no acudían a consulta", afirma Estivill. Según indica, este grupo ha crecido aproximadamente un 40%, una evolución asociada al contexto social actual.

El insomnio rara vez aparece de manera aislada. "No es una enfermedad en sí misma, sino la consecuencia de algo que no se está construyendo correctamente", explica la especialista. Detrás del problema suelen estar factores emocionales, circunstancias personales o una mala gestión del estrés.


Vivir conectados las 24 horas

Entre los cambios más relevantes, Estivill destaca la posibilidad de ser productivos de forma permanente. Trabajar fuera de horario, revisar el móvil de manera constante o consumir contenido digital a cualquier hora rompe los ritmos naturales del organismo. "No nos permitimos parar. No existe un momento real para no hacer nada", afirma.

Este fenómeno afecta especialmente a la población joven, muy adaptada a este contexto social. Sin embargo, los hábitos han cambiado en todas las edades. La falta de espacios de desconexión impide que el cerebro descanse correctamente. "Estamos enganchados, pero la tecnología quiere nuestro tiempo. Son auténticos ladrones de tiempo y debemos aprender a controlarlo", advierte Estivill.

Recuperar esos momentos de pausa es clave para evitar la hiperactivación del sistema nervioso, un aspecto del que muchos jóvenes aún no son plenamente conscientes.


El impacto de las pantallas en el sueño

El uso de dispositivos electrónicos antes de dormir es uno de los factores que más influye en la calidad del descanso. Las pantallas no solo prolongan la actividad mental, sino que también interfieren directamente en los mecanismos fisiológicos del sueño.

"Estamos exponiéndonos a una luz que el cerebro interpreta como una señal de alerta", explica Estivill. El inicio del sueño se produce cuando disminuye la luz y el cerebro comienza a liberar melatonina. "Con las pantallas no le estamos enviando el mensaje adecuado", recalca.

Durante el día, el organismo está preparado para la actividad y la productividad, mientras que por la noche debería entrar en un estado opuesto. Si no existe una transición progresiva hacia el reposo, el sistema nervioso permanece acelerado y disminuye la capacidad de desconectar.

Por este motivo, se recomienda dedicar las últimas horas del día a actividades relajantes, como la lectura. Sin embargo, el hábito más común sigue siendo consultar el móvil antes de acostarse. Según señala Estivill, estudios indican que el 94% de la población duerme con el teléfono en la mesilla de noche.

Este comportamiento retrasa la hora de ir a dormir y reduce el tiempo total de descanso. "De media, se pierden unos 45 minutos de sueño", explica. Esta falta de descanso puede traducirse al día siguiente en somnolencia, irritabilidad, dificultades emocionales y un ciclo progresivo de privación de sueño.


¿Cuántas horas necesitamos dormir?

Las necesidades de sueño varían según la edad y el nivel de actividad, aunque existen recomendaciones generales. "El sueño funciona como un taller de reparación de todo lo que hacemos durante el día", explica Estivill. Durante la noche se recupera energía y el cerebro consolida el aprendizaje y la memoria.

En adultos, la media recomendada se sitúa entre siete y ocho horas diarias, aunque puede haber ligeras variaciones según la persona o el sexo.


Cuándo es momento de consultar

No todas las noches de mal descanso indican un trastorno. Situaciones puntuales como una cena copiosa, una noche de ocio o una etapa de estrés personal pueden alterar el sueño de forma transitoria. "Dormir bien significa conciliar el sueño con facilidad y no despertarse durante la noche", explica Estivill. Los despertares ocasionales no son preocupantes si se vuelve a dormir sin dificultad.

El problema aparece cuando las dificultades se repiten con frecuencia. "Hablamos de insomnio leve o moderado cuando se presentan episodios un par de veces al mes", señala. En estos casos, la doctora recomienda valorar, siempre con asesoramiento profesional, el uso de suplementos naturales con efecto relajante. El insomnio crónico se define cuando los síntomas aparecen al menos tres días por semana durante tres meses.


Consecuencias de no dormir bien

Dormir poco o mal de manera continuada tiene efectos físicos, emocionales y cognitivos. A corto plazo, impacta directamente en el estado de ánimo. "Las personas se sienten irascibles, pesimistas, con menos motivación y con dificultades en las relaciones", explica Estivill.

También se ve afectado el rendimiento mental: disminuye la concentración, aumentan los errores y se dificulta la toma de decisiones. A medio y largo plazo, el insomnio puede incrementar el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Uno de los mitos más extendidos es pensar que la calidad del sueño es más importante que la cantidad. "La biología humana no evoluciona al ritmo de la sociedad", afirma la doctora. Las necesidades de descanso siguen siendo las mismas, aunque el estilo de vida haya cambiado.

El tratamiento del insomnio depende de su causa. Existen terapias como el tratamiento cognitivo-conductual, de carácter no farmacológico, que puede resultar eficaz en un porcentaje importante de pacientes, aunque requiere tiempo y constancia. También existen abordajes farmacológicos, siempre bajo criterio médico. En cualquier caso, el objetivo debe ser tratar la causa y no solo aliviar los síntomas.

La especialista recuerda que el descanso no depende únicamente de lo que ocurre antes de ir a dormir. Mantener actividad física, exponerse a la luz natural, evitar el sedentarismo y respetar los horarios de comida también influyen en la calidad del sueño.


Investigación: hacia tratamientos más precisos

La investigación sobre el sueño continúa avanzando. En los últimos años se han identificado nuevos mecanismos implicados en la regulación del descanso. Tradicionalmente, muchos tratamientos se han centrado en actuar de forma general sobre el sistema nervioso, como ocurre con las benzodiazepinas.

Actualmente, la investigación se orienta hacia terapias más específicas, dirigidas a receptores concretos relacionados con el sueño, como las orexinas, con el objetivo de lograr tratamientos más precisos y con menos efectos secundarios.

En esta línea, un estudio realizado en peces cebra y publicado en Current Biology, con participación del CSIC, ha identificado un circuito cerebral que funciona como un "botón biológico" del sueño. Los investigadores analizaron neuronas del hipotálamo implicadas en la regulación del descanso y observaron que se activan especialmente tras periodos prolongados de vigilia, ayudando a medir la necesidad acumulada de dormir.

Aunque los humanos no comparten exactamente las mismas moléculas, el investigador del CSIC Josep Rotllant señala que este sistema podría formar parte de un mecanismo evolutivo común. Comprender su funcionamiento abre nuevas posibilidades para el desarrollo de futuros tratamientos del insomnio.


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