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¿Te molestan los ojos al final del día? ¿Notas escozor, sensación de arenilla o lagrimeo constante cuando trabajas delante del ordenador? Aunque muchas personas los consideran síntomas pasajeros, podrían ser signos de una enfermedad cada vez más frecuente: el ojo seco.

Se estima que millones de personas conviven con esta patología, cuya prevalencia ha aumentado en los últimos años debido al uso intensivo de dispositivos digitales, el envejecimiento de la población y la exposición continuada a ambientes secos o climatizados.

Según explica el Dr. Carles Barnés, jefe de servicio de oftalmología del Hospital Universitari Dexeus, «el ojo seco es una enfermedad de la superficie ocular que aparece cuando se altera la calidad o la cantidad de la lágrima, provocando inflamación e inestabilidad en la protección natural del ojo».

Una de las creencias más extendidas es que el ojo seco es un problema menor. Sin embargo, los especialistas advierten de que se trata de una enfermedad crónica que puede afectar significativamente a la calidad de vida.

Sus síntomas más frecuentes incluyen:

  • Sensación de arenilla o cuerpo extraño.
  • Escozor y picor.
  • Enrojecimiento ocular.
  • Fatiga visual.
  • Visión borrosa fluctuante.
  • Lagrimeo excesivo.

«En algunos pacientes, las molestias llegan a interferir en actividades tan cotidianas como leer, utilizar pantallas durante largos periodos o conducir, especialmente por la noche», señala el Dr. Barnés.

Aunque pueda parecer contradictorio, uno de los síntomas más habituales del ojo seco es precisamente el exceso de lagrimeo.

«Es uno de los mitos más frecuentes que vemos en consulta. Cuando la superficie ocular está irritada por la sequedad, el ojo puede producir una lágrima refleja que no tiene la calidad suficiente para resolver el problema de fondo», explica el especialista.

Por este motivo, tener los ojos llorosos no excluye la posibilidad de sufrir ojo seco.

La enfermedad puede desarrollarse por diferentes causas y, en muchos casos, intervienen varios factores al mismo tiempo.

Entre los más frecuentes destacan:

  • El envejecimiento.
  • El uso prolongado de pantallas.
  • Los ambientes con aire acondicionado o calefacción.
  • Los cambios hormonales, especialmente durante la menopausia.
  • El uso continuado de lentes de contacto.
  • Algunos medicamentos.
  • Enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögren.

A pesar de la elevada prevalencia del ojo seco, los especialistas insisten en que no hay que resignarse a convivir con las molestias: hoy en día existen tratamientos muy eficaces, adaptados a cada causa y cada paciente, que permiten controlar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida. Por ello es fundamental acudir al oftalmólogo ante los primeros síntomas persistentes, en lugar de recurrir únicamente a la automedicación.

Los expertos recomiendan acudir al oftalmólogo cuando las molestias son persistentes, interfieren en la vida cotidiana o no mejoran con el uso habitual de lágrimas artificiales.

El diagnóstico se realiza mediante una exploración oftalmológica específica que permite analizar la producción y estabilidad de la lágrima, además del estado de las glándulas que participan en su correcta función.

En los últimos años han surgido además nuevas opciones terapéuticas dirigidas a tratar el origen del problema. Es el caso de la luz pulsada intensa (IPL), una tecnología no invasiva especialmente indicada para los pacientes cuyo ojo seco está causado por una disfunción de las glándulas de Meibomio, la causa más frecuente de esta enfermedad. Este tratamiento actúa sobre los mecanismos inflamatorios asociados y ayuda a restaurar el buen funcionamiento de estas glándulas, mejorando así la calidad de la lágrima.

Además de los tratamientos médicos indicados por el especialista, existen medidas sencillas que pueden contribuir a aliviar los síntomas:

  • Aplicar la regla 20-20-20 durante el uso de pantallas.
  • Parpadear de forma consciente y completa.
  • Mantener una correcta hidratación.
  • Evitar corrientes directas de aire.
  • Utilizar humidificadores en ambientes secos.
  • Limitar el uso prolongado de lentes de contacto.
  • Seguir una alimentación rica en omega-3.

«Aunque a menudo se considera una molestia menor, el ojo seco puede tener un impacto importante en el bienestar y la calidad visual. Por eso es fundamental diagnosticar su causa y ofrecer un tratamiento adaptado a cada paciente», concluye el Dr. Barnés.