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Los eclipses solares despiertan siempre una gran expectación. Sin embargo, detrás de este espectáculo astronómico existe un riesgo que muchas personas desconocen: mirar directamente al Sol sin la protección adecuada puede provocar daños en la retina que no generan dolor inmediato y cuyos síntomas pueden aparecer horas o incluso días después.

Según explica el doctor Carlos Barnés, jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Universitari Dexeus, la lesión más frecuente asociada a una exposición directa al Sol es la retinopatía solar, una quemadura de la retina causada por la radiación solar.

"El gran peligro es que la retina no tiene receptores del dolor. Una persona puede estar sufriendo una quemadura grave en la retina sin notar ninguna molestia en ese mismo instante", advierte el doctor Barnés.

¿Qué ocurre cuando miramos un eclipse solar sin protección?

Mirar directamente al Sol puede provocar una lesión en la retina, la capa del ojo responsable de captar las imágenes y enviarlas al cerebro. Esta lesión, conocida como retinopatía solar, se produce cuando la radiación solar daña las células fotorreceptoras, especialmente las situadas en la mácula, la zona que permite la visión central y de mayor precisión.

La gravedad del daño dependerá del tiempo de exposición y de la intensidad de la radiación recibida. En algunos casos puede haber una recuperación parcial, aunque también pueden producirse secuelas permanentes e irreversibles.

Uno de los aspectos más preocupantes es que los síntomas no suelen aparecer de forma inmediata. Lo habitual es que se manifiesten entre 24 y 48 horas después de la exposición. Los signos más frecuentes son visión borrosa, disminución de la agudeza visual, dificultad para leer, alteraciones en la percepción de los colores, aparición de una mancha oscura en el centro de la visión y distorsión de las imágenes.

"Muchas personas creen que, al reducirse la luz durante el eclipse, también disminuye el riesgo para los ojos. Sin embargo, la radiación sigue siendo suficiente para provocar daños importantes en la retina", señala el doctor Barnés.

¿Quiénes deben extremar las precauciones?

Aunque cualquier persona puede sufrir una lesión ocular si observa el Sol sin protección, existen grupos especialmente vulnerables. Es el caso de los niños y adolescentes, ya que sus ojos permiten un mayor paso de la radiación hacia la retina. También deben extremar las precauciones las personas aficionadas a la fotografía o la astronomía que utilicen cámaras, prismáticos o telescopios sin los filtros solares específicos para estos dispositivos.

Los especialistas recuerdan además que los daños asociados a la observación inadecuada de eclipses no son algo excepcional. Tras eclipses anteriores, numerosos pacientes acudieron a consulta días después por presentar visión borrosa, manchas en el campo visual o distorsión de las imágenes tras haber utilizado sistemas de protección inadecuados.

Cómo observar un eclipse solar de forma segura

La recomendación principal es utilizar exclusivamente gafas homologadas para la observación solar que cumplan la normativa ISO 12312-2. Antes de usarlas, conviene comprobar que no estén rayadas, perforadas o deterioradas.

También es importante evitar métodos caseros o soluciones improvisadas. Las gafas de sol convencionales, los cristales ahumados, las radiografías o los filtros no certificados no protegen frente a la radiación solar y pueden generar una falsa sensación de seguridad.

"Las gafas de sol convencionales, por oscuras que sean, no sirven para observar un eclipse. La única opción segura es utilizar gafas específicamente diseñadas y homologadas para este fin", insiste el doctor Barnés.

Además, se recomienda no mirar al Sol de manera continuada, incluso utilizando gafas homologadas, y realizar descansos visuales de forma periódica durante la observación.

Si tras observar el eclipse aparecen síntomas como visión borrosa, dificultad para enfocar, alteraciones en la percepción de los colores, manchas en el centro del campo visual o distorsión de las imágenes, es recomendable consultar con un oftalmólogo para valorar el alcance de la lesión y realizar el seguimiento adecuado.