Dedos en garra
Los dedos en garra hacen referencia a una enfermedad que provoca que los dedos de los pies estén constantemente flexionados hacia abajo, por lo que adquieren un aspecto similar al de una garra.
Síntomas y causas
Los dedos en garra son una patología por la que los dedos de los pies están continuamente flexionados hacia abajo, de tal forma que la extremidad adquiere la apariencia de una garra.
Conviene destacar la diferencia entre los dedos en garra y otras afecciones similares:
- Dedos en garra: afecta a las dos articulaciones del dedo. Hay una hiperextensión de la articulación metatarsofalángica (la que articula el hueso del pie con los dedos) y una flexión de las articulaciones interfalángica proximal (la articulación del dedo más cercana al pie) y distal (la más cercana a la uña).
- Dedos en mazo: solamente permanece flexionada la articulación interfalángica distal.
- Dedos en martillo: la articulación interfalángica proximal se mantiene flexionada.
Los dedos con tres huesos y dos articulaciones, es decir, todos los del pie excepto el hallux (dedo gordo), pueden verse afectados por esta condición, aunque es más frecuente en el segundo, el tercer y el cuarto dedo.
El pronóstico de los dedos en garra suele ser bueno si se diagnostica a tiempo, ya que existen diversos tratamientos muy eficaces que devuelven al pie su anatomía y su funcionalidad iniciales sin complicaciones.
Síntomas
El síntoma característico de los dedos en garra es la deformación de las articulaciones. Como se produce de forma paulatina, es probable que no sea evidente hasta que ha pasado un tiempo desde que los dedos comenzaron a desviarse. En este tiempo, se manifiestan otros síntomas, como:
- Durezas.
- Callos en la base del dedo.
- Engrosamiento del pulpejo, que es la parte carnosa del dedo.
- Ampollas en las zonas en las que los dedos rozan en exceso con el calzado.
- Dificultad para estirar los dedos.
- Dolor al mover los dedos o cuando se ejerce presión sobre ellos.
- Dificultad para caminar.
Causas
Los dedos en garra pueden originarse por diversas causas. Entre las más destacadas están:
- Calzado inadecuado: los zapatos de tacón, muy ajustados o con la punta estrecha que comprime los dedos y puede provocar un desequilibrio entre los tendones y los músculos del pie.
- Neuropatía periférica: daño en los nervios de los pies, que puede causar debilidad muscular.
- Factores congénitos: aunque no es muy común, algunos casos de dedos en garra tienen un componente hereditario.
Factores de riesgo
Los factores que aumentan el riesgo de tener los dedos en garra son:
- Edad avanzada: los músculos y los nervios se vuelven más débiles con el paso del tiempo.
- Lesiones en los nervios del pie por cirugías, traumatismos o enfermedades.
- Antecedentes familiares.
- Algunas enfermedades crónicas que provocan la degeneración de los tendones y las articulaciones: diabetes, artritis, esclerosis múltiple.
- Alteraciones en la anatomía del pie: juanetes, pies planos, pies cavos, pies valgos o malformaciones óseas.
Complicaciones
Las complicaciones de los dedos en garra suelen producirse cuando no se recibe el tratamiento adecuado, las más frecuentes son:
- Dolor crónico.
- Rigidez fija: resulta imposible estirar el dedo.
- Alteración de la marcha: la inestabilidad deriva en dificultad para caminar, ya que disminuye la capacidad de propulsión.
- Dificultad para encontrar calzado.
- Lesiones en la piel debidas al roce del calzado (ampollas, callosidades, durezas) aumentando el riesgo de infecciones y úlceras en pacientes diabéticos.
Prevención
La mejor forma de prevenir los dedos en garra, aunque no siempre es posible, es utilizar calzado cómodo que no oprima los dedos, de tacón bajo y con buena sujeción.
¿Qué médico trata los dedos en garra?
Los dedos en garra se tratan en la especialidad de Podología yTraumatología y Cirugía ortopédica.
Diagnóstico
El diagnóstico de los dedos en garra es clínico, ya que se basa en los síntomas y el examen físico:
- Anamnesis: en primer lugar, el especialista recopila toda la información relevante sobre los antecedentes médicos y familiares del paciente, los síntomas que ha percibido, su estilo de vida y su estado de salud.
- Observación del aspecto del pie, especialmente de los dedos.
- Palpación para comprobar la flexibilidad de los dedos y si hay dolor al presionar en algún punto o ante el movimiento.
Para descartar otras afecciones o detectar la causa subyacente, es posible que se hagan pruebas adicionales:
- Estudio de la conducción nerviosa y electromiografía: se utiliza para confirmar o descartar daño en los nervios y, si el resultado es positivo, determinar cuál es el afectado. Se aplican pulsos de corriente en algunos puntos del pie para estimular los nervios. Unos electrodos colocados en la piel recogen la actividad para medir el tiempo que tardan los nervios en transmitir el impulso recibido.
- Radiografías: proporcionan imágenes de la estructura ósea del pie, por lo que ayuda a determinar si hay malformaciones, fracturas o patologías como la artritis.
- Análisis de sangre: sirve para obtener información sobre la salud del paciente y es fundamental para diagnosticar enfermedades como la diabetes o los procesos inflamatorios.
Tratamiento
El tratamiento de los dedos en garra es diferente dependiendo de la gravedad de cada caso. Normalmente, se comienza con un abordaje conservador que incluye las siguientes recomendaciones:
- Uso de calzado cómodo, con puntera ancha y tacón bajo.
- Órtesis correctoras: ayudan a que los dedos se coloquen en su posición natural, por lo que se alivia la presión sobre ellos y se corrige la pisada.
- Separadores de dedos para que se alineen y reducir la fricción.
- Protectores de gel para evitar el roce y la aparición de callos.
- Almohadillas para elevar la zona metatarsal (parte delantera de la planta del pie) y aliviar la presión sobre los dedos.
- Férulas de sujeción: suelen estar fabricadas con bandas elásticas que hacen que los dedos se mantengan rectos.
- Ejercicios específicos de estiramiento de los dedos o para fortalecer los músculos que intervienen en la extensión de los dedos.
- Infiltración de corticoides: se inyecta el fármaco directamente en la articulación de los dedos para aliviar el dolor y reducir la inflamación.
- Cirugía: es el último recurso, cuando los tratamientos anteriores no han dado buenos resultados. Normalmente, la intervención consiste en corregir las deformidades, alargar los tendones o reposicionar los dedos.






































































































