Glioblastoma
Toda la información sobre los síntomas, el diagnóstico, los tratamientos y el pronóstico del cáncer que afecta a las células que protegen las neuronas.
Síntomas y causas
El glioblastoma, conocido anteriormente como glioblastoma multiforme, es un tipo de cáncer que se da en el cerebro o la médula espinal. Los tumores se originan en las células gliales, encargadas de proteger, nutrir y dar soporte a las neuronas.
Aunque a veces se confunden, el glioma y el glioblastoma no son lo mismo. Mientras que el glioma es cualquier tumor que se forma en las células gliales, el glioblastoma es un tipo de glioma que se caracteriza por su crecimiento rápido y su alto grado de malignidad. En definitiva, el glioblastoma es un glioma de grado IV.
Los glioblastomas pueden ser de dos tipos según sus características:
- Glioblastomas de bajo grado (I y II): el aspecto celular es prácticamente normal. Su crecimiento es lento y menos agresivo.
- Glioblastomas de alto grado (II, y IV): los tumores crecen muy rápido y son muy agresivos. Su composición celular es muy diferente a las células sanas.
Existen dos tipos de glioblastomas dependiendo de su evolución:
- Glioblastoma primario: es el más común (alrededor del 90 %). Tiene un desarrollo rápido y surge de novo, es decir, sin que haya un glioma previo más pequeño y menos maligno.
- Glioblastoma secundario: es la evolución de un tumor de crecimiento lento. Son menos agresivos que los anteriores.
El pronóstico del glioblastoma suele ser desfavorable, aunque varía mucho en función de las características del paciente y del grado de malignidad del tumor. La tasa de supervivencia a cinco años suele variar entre un 20 % y un 24 %, ya que es un cáncer muy resistente a la terapia. Los tratamientos actuales son capaces de ralentizar el crecimiento de estos tumores y reducir los síntomas, pero la esperanza de vida media se sitúa entre los 12 y los 15 meses desde el diagnóstico. Actualmente, están abiertos diversos estudios científicos para encontrar una terapia más eficaz frente a los glioblastomas.
Síntomas
Los síntomas habituales del glioblastoma son:
- Cefalea (de mayor intensidad en la mañana).
- Somnolencia.
- Náuseas y vómitos.
- Convulsiones.
- Deterioro de la capacidad cognitiva.
- Pérdida de memoria.
- Problemas de equilibrio o coordinación.
- Irritabilidad, cambios en la personalidad.
- Hemorragia.
- Reducción de la sensibilidad táctil.
- Dependiendo de la localización, síntomas específicos como:
- Dificultad para hablar.
- Pérdida de fuerza unilateral.
- Alteración del campo visual.
Causas
Se desconocen las causas concretas por las que se forma un glioblastoma.
El cáncer, en general, se desarrolla cuando el ADN celular cambia y las células cancerosas comienzan a crecer más rápido de lo normal y a sobrevivir durante más tiempo que las células sanas. Como consecuencia, se acumulan formando acúmulos de tejido que se conocen como tumores.
Factores de riesgo
Aunque no se saben los motivos exactos por los que se genera un glioblastoma, los estudios indican algunos factores comunes en los pacientes y que, por lo tanto, se considera que aumentan el riesgo de padecerlo:
- Edad: es más frecuente en personas de entre 55 y 75 años, aunque los glioblastomas secundarios suelen darse en pacientes más jóvenes.
- Enfermedades degenerativas cerebrales.
- Exposición a la radiación, normalmente, tratamientos con radioterapia en la cabeza para tratar otras afecciones.
- Sistema inmunitario debilitado.
- Antecedentes familiares de:
- Glioblastoma.
- Neurofibromatosis tipo 1 o tipo 2.
- Esclerosis tuberosa.
- Síndrome de Von Hippel-Lindau.
- Síndrome de Li-Fraumeni.
- Síndrome de Turcot.
Complicaciones
Las complicaciones derivadas de un glioblastoma suelen ser graves. Las más destacadas son:
- Daños cognitivos: confusión, deterioro de la memoria, dificultad de concentración, alteraciones del lenguaje o falta de razonamiento.
- Daños psicológicos: cambios de personalidad, ansiedad o depresión.
- Edema: inflamación y acumulación de líquido en el tejido cerebral.
- Hidrocefalia: acumulación de líquido cefalorraquídeo en los ventrículos del cerebro.
- Convulsiones, pérdida de conciencia o alteraciones sensoriales.
- Muerte.
Prevención
El glioblastoma no se puede prevenir. Aun así, se recomienda adoptar un estilo de vida saludable y evitar la exposición a radiación ionizante para reducir el riesgo.
¿Qué médico trata el glioblastoma?
El tratamiento del glioblastoma requiere la colaboración de especialistas en neurología, neurocirugía, oncología médica y
Diagnóstico
Tras la anamnesis, en la que se estudian los antecedentes médicos y familiares del paciente junto con los síntomas que presenta, se llevan a cabo una serie de pruebas para diagnosticar el glioblastoma multiforme. Las más frecuentes son:
- Examen neurológico: se evalúan diversos aspectos:
- Función motora: fuerza, reflejos y sensibilidad de las extremidades.
- Coordinación.
- Equilibrio.
- Pares craneales: visión, audición, capacidad de movimiento facial.
- Estado cognitivo: orientación, memoria, lenguaje.
- Resonancia magnética con contraste: es la prueba que más se utiliza, ya que ofrece imágenes muy detalladas de las estructuras cerebrales. Sirve para localizar la neoplasia, conocer su tamaño y ver qué tejidos están afectados. Suele hacerse con contraste de gadolinio que permite ver con mayor claridad la vascularización del tumor y comprobar la permeabilidad de la barrera encefálica.
- Tomografía axial computarizada (TAC): es menos frecuente en estos casos, pero se utiliza en aquellos pacientes que no pueden someterse a una resonancia. Las imágenes son menos precisas, pero permiten detectar los tumores.
- Tomografía por emisión de positrones (PET): se recurre a esta prueba para determinar el margen real del tumor, ya que no suele definirse en la resonancia magnética. Se suele utilizar para tener toda la información posible a la hora de establecer el tratamiento y para comprobar su eficacia.
- Biopsia: con ayuda de una aguja, se toma una muestra de tejido para analizarla en el laboratorio y comprobar si hay células malignas en el tumor.
- Análisis de sangre: los avances científicos permiten utilizar el análisis de sangre para determinar la presencia de marcadores tumorales e identificar mutaciones genéticas en el ADN. De esta forma, es posible confirmar el diagnóstico sin necesidad de hacer una biopsia.
Tratamiento
El tratamiento del glioblastoma se personaliza para cada paciente y suele ser una combinación de terapias diferentes con el objetivo de eliminar todas las células cancerosas. Los abordajes más habituales son:
- Intervención quirúrgica: es muy eficaz en glioblastomas de grado I y II que no alcanzan regiones profundas del cerebro, ya que suele ser posible extirparlos por completo. En la mayoría de los casos, los de grado III y IV requieren otros procedimientos posteriores, ya que suele ser difícil eliminarlos en su totalidad.
El procedimiento poco invasivo más utilizado actualmente sigue estos pasos:
- Se administra ácido 5-aminolevulínico (5-ALA) oralmente unas horas antes de la cirugía. Esta sustancia hace que las células cancerosas sean fluorescentes.
- A través de una incisión pequeña, se introduce un microscopio quirúrgico con filtro azul que detecta las células cancerosas, que se ven de color rosa brillante.
- El instrumental quirúrgico se inserta en otras dos o tres incisiones para resecar el tumor y retirar la mayor parte de células malignas.
- Quimioterapia: se administran medicamentos químicos para eliminar los restos de tumor que puedan quedar tras la intervención. Suelen necesitarse alrededor de seis ciclos y, normalmente, sesiones de radioterapia posteriores.
- Radioterapia: se aplica radiación ionizante dirigida directamente a la zona en la que está el tumor para minimizar el daño a los tejidos sanos. Combinada con la cirugía y los ciclos de quimioterapia ofrece buenos resultados en pacientes con gliomas de grado alto.
- Actualmente hay nuevas estrategias y ensayos clínicos con fármacos experimentales (moléculas que puedan atravesar la barrera hematoencefálica; inhibidores de PARP (NIRAPARIB), que bloquean la reparación del ADN en las células cancerosas, potenciando la efectividad de la radioterapia y alargando la supervivencia).











































































