Rosácea

Todo sobre las causas, los síntomas y los tratamientos de la enfermedad crónica que causa enrojecimiento e inflamación de la piel del rostro.

Síntomas y causas

La rosácea es una patología benigna de la piel que provoca inflamación, enrojecimiento y picor. En algunos casos, también presenta pápulas purulentas y dilatación de los vasos sanguíneos. A pesar de su aspecto, no se trata de una enfermedad contagiosa.

Se trata de una enfermedad crónica que no tiene cura, pero el pronóstico es bueno si se recibe el tratamiento adecuado para controlar los síntomas y reducir la frecuencia de los brotes. El objetivo de la terapia es mejorar la calidad de vida de los pacientes, que suelen tolerarla mal porque afecta negativamente a sus relaciones sociales.

Síntomas

Los síntomas de la rosácea se manifiestan principalmente en la parte central del rostro, es decir, en la nariz, las mejillas y la zona perioral compuesta por los labios, la barbilla y los surcos nasogenianos. Aunque pueden variar de un paciente a otro, los más frecuentes son:

  • Enrojecimiento facial: comienza con una mayor facilidad para ruborizarse y suele evolucionar a un rubor facial persistente, que no desaparece.
  • Pápulas inflamadas: protuberancias con pus que pueden confundirse con acné.
  • Telangiectasias: los capilares de la nariz y la mejilla se rompen, por lo que los vasos sanguíneos se vuelven visibles.
  • Sensación de ardor.
  • Picazón.
  • En ocasiones, cambios fimatosos: engrosamiento y formación de nódulos en la piel.

Existen cuatro tipos de rosácea que se clasifican dependiendo de los síntomas que produzca:

  • Rosácea eritematosa: es la más difícil de controlar. Se caracteriza por un enrojecimiento facial permanente que se agrava durante un tiempo limitado de forma periódica. Es la que más afecta a la calidad de vida, ya que la sociedad suele asociarla con el consumo excesivo de alcohol, por lo que los pacientes no aceptan su enfermedad.
  • Rosácea papulopustulosa: presenta lesiones inflamatorias con pus.
  • Rosácea fimatosa: es más frecuente en los hombres y suele afectar a la nariz, cuyo tamaño aumenta por un engrosamiento de la piel.
  • Rosácea ocular: es difícil de tratar y provoca muchas molestias. Suele manifestarse con enrojecimiento de los ojos, picor, sequedad ocular, visión borrosa, mayor sensibilidad a la luz e inflamación de los párpados.

Causas

Se desconocen las causas concretas que producen la rosácea, pero los estudios indican una correlación con los siguientes aspectos:

  • Alteración del sistema inmunitario, que reacciona exageradamente ante agentes externos como el frío, el sol, el viento, el consumo de alcohol o determinados cosméticos. El estrés o la ansiedad también pueden desencadenar los brotes.
  • Desregulación vascular: el flujo sanguíneo no se adapta adecuadamente a las necesidades de los tejidos.

Factores de riesgo

Los factores que aumentan el riesgo de padecer rosácea son:

  • Edad: suele aparecer entre los 30 y los 50 años.
  • Sexo: aunque se da en ambos sexos, es ligeramente más frecuente en las mujeres.
  • Raza caucásica: es habitual que aparezca en la piel clara.
  • Embarazo: los brotes pueden empeorar debido a que la piel se vuelve más sensible y los vasos sanguíneos se dilatan por los cambios hormonales.
  • Antecedentes familiares de la enfermedad.

Complicaciones

La rosácea puede causar las siguientes complicaciones:

  • Infecciones cutáneas.
  • Acné.
  • Blefaritis: inflamación de los párpados.
  • Pérdida de visión.
  • Aislamiento social.
  • Depresión.

Prevención

La rosácea no se puede prevenir, ya que tiene un componente genético. Para reducir los síntomas y retrasar la aparición de los brotes, se recomienda:

  • Aplicar cremas con un factor de protección solar alto todos los días.
  • Mantener la piel correctamente hidratada.
  • Utilizar cosméticos diseñados para pieles sensibles.
  • En la medida de lo posible, evitar los factores desencadenantes.

¿Qué médico trata la rosácea?

La rosácea se diagnostica y se trata en la especialidad de Dermatología médico-quirúrgica y Venereología.

Diagnóstico

El diagnóstico de la rosácea es clínico, es decir, se basa en el estudio del historial del paciente, los síntomas y el examen físico. Actualmente, no existe ninguna prueba que pueda confirmarlo.

Cuando hay sospechas de otra patología, como el acné o la dermatitis, se lleva a cabo un diagnóstico diferencial para ir descartando las que no se ajustan por completo a todos los signos que muestra el paciente.

Tratamiento

Los tratamientos para la rosácea se centran en calmar los síntomas. Los más eficaces son:

  • Medicación tópica: se utilizan cremas o pomadas con efecto antiinflamatorio y capacidad para reducir el enrojecimiento.
  • Medicación oral: en casos más avanzados, se prescriben antibióticos para disminuir las lesiones y prevenir la infección.
  • Tratamiento con láser: se aplica de forma controlada sobre las zonas enrojecidas y las telangiectasias para mitigarlas.
  • Tratamiento con luz pulsada (IPL): se emiten haces de luz intensa sobre la piel para estimular la producción de colágeno y elastina. Como resultado, la textura de la piel mejora, se reduce el enrojecimiento y los vasos sanguíneos se contraen.
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