Síndrome subacromial
Todo sobre las causas, los factores de riesgo y los tratamientos más eficaces para el dolor de hombro.
Síntomas y causas
El síndrome subacromial, también llamado hombro doloroso, es un dolor intenso en el hombro que afecta negativamente a la calidad de vida del paciente, ya que puede interferir incluso en el descanso nocturno. Esta enfermedad recibe su nombre de la zona anatómica en la que se produce, es decir, por debajo del acromion, que es una parte del omóplato que se prolonga para formar parte de la articulación del hombro.
El dolor aumenta de intensidad con el paso del tiempo, a medida que la patología que lo causa evoluciona. Por norma general, esta afección se presenta en tres fases:
- Fase inicial: edema (inflamación) y microhemorragias en la bursa, que es el saco que contiene el líquido sinovial que amortigua la articulación durante el movimiento.
- Segunda fase: fibrosis de la bursa como consecuencia del proceso inflamatorio y tendinitis del supraespinoso.
- Fase final: se produce osteofitosis, que es la formación de crecimientos óseos en el omóplato y rotura del tendón.
Dependiendo de la zona del hombro afectada, el síndrome subacromial puede ser de dos tipos:
- Pinzamiento externo: los tendones del manguito rotador y la bursa quedan comprimidos entre la cabeza del húmero y el acromion cuando se eleva el brazo.
- Pinzamiento interno: la cara posterior del manguito rotador queda aplastada entre la cabeza del húmero y la cavidad glenoidea (depresión localizada en el lateral del omóplato) cuando se hacen diversos movimientos.
El pronóstico del síndrome subacromial suele ser bueno, ya que el dolor remite considerablemente en la mayoría de los pacientes sin necesidad de someterse a cirugía.
Síntomas
El síntoma principal del síndrome subacromial es el dolor de hombro, que se manifiesta de forma diferente dependiendo de la fase en la que se encuentre:
- Fase inicial: dolor después de hacer un esfuerzo.
- Segunda fase: dolor durante el esfuerzo y durante la noche.
- Fase final: dolor permanente.
Este dolor se concentra en la zona del hombro, pero en muchos casos se irradia hasta el codo. Normalmente, aumenta cuando se levantan los brazos por encima de la cabeza, se acerca la mano a la espalda o se permanece acostado.
Causas
El síndrome subacromial está causado por una lesión en el tendón supraespinoso, que conecta el músculo supraespinoso con el húmero para estabilizar la articulación y propiciar la movilidad del hombro. Esta afección suele deberse a un estrechamiento del espacio subacromial, que separa la cabeza del húmero del acromion.
Un espacio subacromial disminuido puede ser de dos tipos:
- Pinzamiento primario: causado por factores estructurales, como la aparición de osteofitos o cambios en la forma del omóplato.
- Pinzamiento secundario: la patología surge como consecuencia de otras afecciones, como desequilibrios musculares, inestabilidad articular o cambios en la biomecánica del hombro.
Factores de riesgo
Los factores que aumentan el riesgo de padecer síndrome subacromial son:
- Edad: aunque puede darse en todo tipo de personas, el desgaste natural de los tejidos con el paso del tiempo hace que sea más frecuente a partir de los 40 años.
- Artrosis: degeneración de los tejidos que forman la articulación. Suele manifestarse en mayores de 50 años.
- Falta de vascularización del tendón supraespinoso.
- Acromion en forma de gancho: el hombro tiene una constitución más estrecha de lo normal.
- Acromion bipartito: aunque no es frecuente, esta parte del omóplato puede estar formada por dos piezas en lugar de una. En estos casos, el hombro adquiere un movimiento anormal que provoca un aumento del roce de los tendones.
- Uso repetido del hombro durante muchos años (natación, tenis, voleibol o trabajos que implican elevación del brazo repetidamente).
Complicaciones
Cuando el síndrome subacromial no se trata adecuadamente o no responde a las terapias de la forma esperada, puede derivar en las siguientes complicaciones:
- Inflamación crónica.
- Desgarro de los tendones del manguito rotador.
- Desgaste del cartílago articular.
- Calcificaciones en los tendones.
- Capsulitis adhesiva, también conocida como hombro congelado: rigidez de la articulación y limitación del movimiento.
- Debilidad muscular.
- Contracturas musculares secundarias: tensiones musculares dolorosas en cuello y espalda.
Prevención
Adoptar unos hábitos saludables contribuye a la prevención del síndrome subacromial. Los especialistas recomiendan seguir estas pautas:
- Adoptar posturas adecuadas: evitar inclinarse hacia adelante y mantener los hombros hacia atrás.
- Hacer ejercicios que fortalezcan los músculos del hombro y aumentar la flexibilidad.
- En la medida de lo posible, evitar el esfuerzo y los movimientos repetitivos.
- Dedicar el tiempo necesario al descanso de la articulación entre momentos de mayor intensidad de uso.
- Evitar dormir sobre el hombro doloroso.
¿Qué médico trata el síndrome subacromial?
La especialidad de traumatología se encarga del diagnóstico y proceso terapéutico del síndrome subacromial. En la mayoría de los casos, los especialistas en fisioterapia intervienen en el tratamiento.
Diagnóstico
El diagnóstico del síndrome subacromial consiste en una combinación de análisis clínico y estudios de imagen. Por norma general, se sigue este procedimiento:
- Anamnesis e historia clínica: se analizan los antecedentes del paciente, así como su estilo de vida y los síntomas que presenta.
- Exploración física: se evalúa la amplitud de movimiento, la estabilidad de la articulación y la fuerza.
- Maniobra de Neer: se coloca una mano en el omóplato para mantenerlo quieto y, con la otra, se levanta el brazo sin doblar el codo. Con esta prueba, se detecta el momento en el que se produce el dolor.
- Prueba de Hawkins-Kennedy: con el paciente sentado, el especialista eleva el brazo hacia adelante. Después, flexiona el hombro y a continuación el codo a 90 grados mientras el brazo se rota internamente. Sirve para detectar molestias y dolor.
- Prueba del arco doloroso: el paciente levanta lentamente el brazo con el pulgar hacia arriba mientras el especialista observa si se produce dolor a los 60 y los 120 grados. Permite detectar molestias asociadas a la elevación del brazo y descartar otros problemas si se producen en la fase final del movimiento, a los 180 grados.
- Radiografías: se utilizan rayos X para obtener imágenes de las estructuras del hombro. Para confirmar o descartar este síndrome, se observan el tamaño y las características del espacio subacromial y la forma del acromion. Es una prueba útil para observar el estado de los huesos y detectar anomalías o signos de artrosis.
- Resonancia magnética: se crea un campo magnético y se emiten ondas de radio para generar imágenes más detalladas del hombro en las que se puede estudiar el estado de los tejidos blandos (tendones y bolsa subacromial).
Tratamiento
Las terapias utilizadas para tratar el síndrome subacromial suelen ser conservadoras, por lo que los resultados tardan en percibirse (de dos a tres meses). Entre las más habituales están:
- Cambio de hábitos: evitar el movimiento en el que los brazos se elevan por encima de la cabeza.
- Aplicación de hielo para reducir la inflamación.
- Tratamiento antiinflamatorio (AINES) y analgésico para disminuir el dolor y la inflamación.
- Fisioterapia: se incluyen distintos tipos de ejercicios:
- Ejercicios de movilidad que deben empezar siendo suaves e incrementar la intensidad según la tolerancia al dolor. Los estiramientos autopasivos y los movimientos controlados con apoyo, como la elevación contra una pared, son adecuados.
- Ejercicios de musculación para fortalecer la articulación y aumentar la resistencia de los tendones. Deben ser ejercicios de bajo impacto que combinen estiramientos suaves, rotaciones y movimientos pendulares.
- Infiltración de corticoides: si el dolor es incapacitante o no remite de la forma deseada, se inyecta medicación antiinflamatoria directamente en la articulación. Los resultados suelen ser temporales, por lo que es necesario repetir el procedimiento después de un tiempo.
En aquellos pacientes que no mejoran en un periodo de seis meses, dolor muy intenso o que necesitan recuperarse pronto, se realiza una intervención quirúrgica que se llama acromioplastia. Se trata de una cirugía laparoscópica en la que se practican dos incisiones de alrededor de un centímetro de tamaño para introducir el instrumental con el que se rebaja el acromion y evitar que los tendones rocen. Se puede aprovechar el mismo procedimiento para reparar un tendón roto y colocarlo en la posición adecuada o para extirpar la bursa si está muy dañada.
La vuelta a la rutina tras la operación depende de la actividad laboral que se realice. Mientras que los trabajos de oficina se pueden retomar en diez días, las actividades físicas pueden necesitar alrededor de cuatro semanas de recuperación.






































































































