Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son episodios de gritos y miedo intenso durante la fase del sueño profundo. Son habituales en los niños y suelen desaparecer cuando llegan a la adolescencia.

Síntomas y causas

Los terrores nocturnos son un tipo de trastorno del sueño que causa miedo intenso, gritos y agitación corporal durante el sueño profundo (fase no REM). Una vez que el paciente se despierta, no suele recordar el desencadenante. Aunque suelen confundirse, no son lo mismo que las pesadillas, que se producen durante la fase REM y se recuerdan con detalle.

La duración de los episodios es variable, ya que los terrores nocturnos pueden durar apenas unos segundos o prolongarse durante varios minutos. Aunque pueden darse en adultos, son más frecuentes en los bebés y los niños y suelen desaparecer al llegar a la adolescencia.

Los terrores nocturnos son preocupantes, pero no suponen un riesgo para la salud física o mental de quien los padece. Dado que dejan de producirse con el paso del tiempo, no suele ser necesario un tratamiento a no ser que impidan dormir el tiempo suficiente o la agitación sea tal que ponga en riesgo la seguridad del paciente.

Síntomas

Los terrores nocturnos muestran los siguientes indicios durante el sueño, normalmente, dos o tres horas después de dormirse:

  • Gritar o llorar.
  • Sentarse en la cama.
  • Mostrar signos de miedo.
  • Mirar fijamente, con los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas.
  • Sudar.
  • Rostro enrojecido.
  • Respirar con dificultad.
  • Pulso acelerado.
  • Pegar y dar patadas.
  • Levantarse de la cama.
  • Correr por la casa.
  • Mostrar agresividad.
  • No tener consuelo.

Los pacientes con terrores nocturnos no son conscientes de que alguien intenta ayudarlos, ya que o continúan dormidos o se despiertan desorientados. En poco tiempo, se vuelven a dormir y, en el caso de los niños, se despiertan por la mañana sin recordar lo sucedido. Los adultos, por su parte, suelen tener un leve recuerdo del sueño que desencadenó el terror nocturno.

Los episodios aislados no son preocupantes, pero se recomienda acudir a un especialista en los siguientes casos:

  • Se repiten de forma recurrente, llegando a interrumpir reiteradamente el sueño del paciente o de sus familiares.
  • La respuesta física deriva en lesiones.
  • Se produce somnolencia excesiva durante el día debido a la deficiencia en el descanso.
  • Se mantienen después de la pubertad.
  • Se producen en la edad adulta.

Causas

Se desconoce la causa exacta de los terrores nocturnos, aunque podría estar relacionada con la inmadurez del cerebro durante la infancia.

Factores de riesgo

El riesgo de tener terrores nocturnos aumenta cuando interviene alguno de los siguientes factores:

  • Edad: los episodios son más frecuentes entre los 3 y los 7 años.
  • Antecedentes familiares, ya que este tipo de parasomnia suele ser hereditaria.
  • Falta de sueño.
  • Cambios en los hábitos de sueño.
  • Viajes, especialmente aquellos con cambio horario.
  • Estado febril.
  • Cansancio excesivo.
  • Tensión emocional: estrés, ansiedad, conflictos con otras personas, cambios de domicilio, dormir fuera de casa.
  • Apnea obstructiva del sueño: la respiración se detiene durante unos segundos o, incluso, minutos de forma repetida mientras se duerme.
  • Síndrome de las piernas inquietas: trastorno neurológico que produce la necesidad irrefrenable de mover las piernas debido a una sensación de hormigueo o picazón que empeora cuando se está en reposo o dormido.
  • Consumo excesivo de alcohol o cafeína.
  • Determinados medicamentos: los fármacos que afectan al sistema nervioso central pueden propiciar los terrores nocturnos. Por norma general, los antidepresivos, los betabloqueantes o los tratamientos para la enfermedad de Parkinson.

Complicaciones

Los terrores nocturnos pueden producir las siguientes complicaciones:

  • Sueño diurno excesivo.
  • Problemas de rendimiento en el colegio o el trabajo.
  • Daños físicos.
  • Lesiones a terceros.
  • Vergüenza o problemas para relacionarse.

Prevención

Aunque los terrores nocturnos no se pueden prevenir, se pueden adquirir algunos hábitos saludables que reducen el riesgo de padecerlos:

  • Buena higiene del sueño: acostarse todos los días a la misma hora en un ambiente tranquilo, con una temperatura templada y sin el uso de pantallas en las horas previas.
  • Seguir una rutina relajante antes de dormir, como tomar un vaso de leche, un baño, leer un cuento o escuchar música calmada.
  • Evitar el cansancio excesivo. En niños muy pequeños, puede ser necesario retomar las siestas durante el día.
  • En la medida de lo posible, controlar el estrés.
  • Trasmitir seguridad y tranquilidad al niño durante el día y en el momento de acostarse.
  • Cuando los episodios son recurrentes y suceden siempre a la misma hora, puede ser eficaz despertar suavemente al niño unos minutos antes. Al interrumpir el sueño, cuando vuelve a dormirse no suele producirse el momento de terror.

¿Qué médico trata terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos se diagnostican y tratan en las especialidades de Neurología, Pediatría y sus áreas específicas y Unidad del sueño.

Diagnóstico

El diagnóstico de los terrores nocturnos suele basarse en el relato de los familiares del paciente, que cuentan los episodios que suceden durante el sueño. También se tienen en cuenta los antecedentes familiares de parasomnias como el sonambulismo o los miedos del sueño, dada su naturaleza hereditaria.

Para encontrar el origen de los terrores nocturnos y proporcionar consejos para prevenirlas, el especialista se informará sobre los hábitos de sueño y el estilo de vida del paciente.

Cuando es necesario descartar otras patologías o cuando los síntomas descritos no concuerdan exactamente con los signos característicos de los terrores nocturnos, es posible que se solicite un estudio del sueño. Esta prueba se lleva a cabo en un centro médico, en una habitación privada, y consiste en medir la actividad cerebral, la frecuencia cardiaca, la respiración, el nivel de oxígeno en la sangre y los movimientos de los ojos y las piernas durante el sueño. Normalmente, se graba al paciente mientras duerme para detectar posibles comportamientos anormales.

Tratamiento

Los terrores nocturnos no suelen tratarse, ya que es habitual que desaparezcan cuando el cerebro alcanza la madurez. En aquellos casos en los que producen complicaciones o se dan en pacientes adultos, el tratamiento se centra en la causa subyacente, como la apnea del sueño o el estrés.

En raras ocasiones, se recurre a la medicación para abordar los terrores nocturnos. Los fármacos más eficaces son aquellos que ayudan a conciliar el sueño.

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