Trauma psicológico
El trauma psicológico se produce después de vivir una experiencia altamente estresante para la que no se tiene capacidad de asimilación. Puede mostrar síntomas mentales y físicos.
Síntomas y causas
El trauma psicológico es la respuesta emocional ante un evento estresante de extrema magnitud, normalmente, una situación que implique una muerte, o riesgo de muerte, lesiones graves o violencia sexual. Puede producirse como consecuencia de vivirlo en primera persona, ser testigo directo mientras le sucede a otra persona o tener conocimiento de que un ser querido lo ha sufrido (trauma secundario o vicario).
Existen tres tipos de trauma, dependiendo de las circunstancias que lo desencadenan:
- Trauma agudo: deriva de un solo evento peligroso, como un accidente, un ataque terrorista, una violación o un desastre natural.
- Trauma crónico: se produce cuando la persona está expuesta de forma repetida y prolongada a una situación estresante. Suele ser la consecuencia del abuso infantil, la intimidación, los combates bélicos o la violencia de género.
- Trauma complejo: surge ante la exposición a diversos eventos traumáticos.
El trauma psicológico no se desencadena en cualquier persona que vive una situación extrema, se estima que afecta a entre un 15 y un 30 % de los que lo sufren. Aquellos eventos en los que interviene la intencionalidad humana, como la violación o el combate, son los más difíciles de asimilar.
El pronóstico del trauma suele ser bueno cuando se sigue el tratamiento adecuado, aunque el tiempo de recuperación varía mucho de unas personas a otras, la mayoría suelen superarse a medio plazo.
Síntomas
Los síntomas del trauma pueden manifestarse justo después del evento o cuando ya ha transcurrido un tiempo. La respuesta ante la situación traumática puede manifestarse de dos formas:
- Respuesta emocional: los pacientes muestran dificultades para afrontar cómo se sienten y suelen alejarse de los demás. La reacción postraumática se puede clasificar en cuatro grupos diferentes:
- Reexperimentación del suceso: se revive la situación traumática en forma de:
- Recuerdos intrusivos.
- Flashbacks.
- Pesadillas.
- Reexperimentación del suceso: se revive la situación traumática en forma de:
- Evitación: se rehúyen lugares, situaciones, personas o conversaciones que recuerden lo sucedido. Normalmente, se desarrolla la negación como mecanismo de defensa.
- Pensamientos negativos: se mantienen un estado de ánimo negativo en relación a uno mismo o al mundo en general.
- Tristeza.
- Desmotivación.
- Apatía.
- Depresión.
- Arousal: se altera el sistema de activación del organismo:
- Irritabilidad.
- Ira.
- Agresividad.
- Miedo.
- Hipervigilancia.
- Confusión.
- Vergüenza.
- Insomnio.
- Culpa.
- Aislamiento.
- Desesperación.
- Nerviosismo.
- Problemas de concentración.
- Conductas autodestructivas.
- Desrealización: se percibe que el mundo no es real.
- Despersonalización: el paciente se siente como un observador externo de sí mismo.
- Respuesta física: la activación del sistema nervioso suele tener manifestaciones físicas, como:
- Dolor de cabeza.
- Fatiga.
- Problemas digestivos.
- Taquicardia: ritmo cardiaco acelerado.
- Sudoración.
Causas
El trauma deriva de sucesos con capacidad de provocar un sufrimiento excesivo, que sobrepasa los mecanismos naturales que los seres humanos tenemos para soportarlos. Se trata de circunstancias fuera de lo común entre las que destacan:
- Accidentes graves.
- Robos.
- Asaltos.
- Violaciones.
- Secuestros.
- Homicidios.
- Ataques terroristas.
- Suicidio de una persona cercana.
- Muerte de un ser querido.
- Bullying.
- Acoso laboral.
- Violencia de género.
- Maltrato físico.
- Abuso sexual.
- Abuso psicológico.
- Abuso infantil.
- Desastres naturales:
- Incendios.
- Inundaciones.
- Huracanes.
- Terremotos.
Factores de riesgo
El riesgo de padecer un trauma psicológico tras un evento especialmente estresante es mayor en estos casos:
- Antecedentes de problemas de salud mental.
- Especial vulnerabilidad.
- Baja resiliencia.
- Ausencia de apoyo social después del suceso.
- Edad de inicio: los eventos vividos en la infancia tienen un impacto mayor.
Complicaciones
El trauma derivado de una experiencia altamente estresante puede derivar en trastornos psicológicos graves:
- Trastorno de estrés postraumático (TEPT): los síntomas del trauma son persistentes y no disminuyen con el paso del tiempo. Puede llegar a durar años, aunque con terapia puede verse mejoría en varios meses.
- Trastorno de estrés agudo (TEA): reacción intensa ante el trauma, con una duración estimada de un mes.
- Trastorno de adaptación: malestar general que se traduce en bajo rendimiento escolar o laboral, cambios en las relaciones sociales, problemas de pareja o empeoramiento de una enfermedad física preexistente. Los síntomas son similares al TEPT, pero más leves.
- Trastorno de apego reactivo (RAD): solamente se diagnostica en niños. Se caracteriza por:
- Falta de capacidad para relacionarse socialmente.
- Tristeza intensa.
- Miedo sin motivo aparente.
- Irritabilidad.
- Limitación de los afectos positivos.
- Trastorno de compromiso social desinhibido (DSED): también es característico en los niños. Se produce una falta de selectividad de las figuras de apego, por lo que generan un ambiente de excesiva familiaridad con desconocidos.
Prevención
El trauma psicológico no se puede prevenir. Para evitar complicaciones y que se desarrollen síntomas crónicos, se debe intervenir de forma temprana para ofrecer apoyo al paciente lo antes posible.
¿Qué médico trata el trauma psicológico?
El trauma es una afección que se trata en las especialidades de Psicología clínica y Psiquiatría.
Diagnóstico
El diagnóstico del trauma se hace mediante una entrevista clínica en la que el especialista analiza la información sobre el evento desencadenante y los síntomas que presenta el paciente, así como sus antecedentes personales.
Con frecuencia, se utiliza el test PCL-5, la escala de estrés postraumático, para determinar el grado de afectación del paciente. Es un cuestionario con 20 ítems al que se debe contestar indicando el nivel de malestar que generan.
Es posible que se lleven a cabo algunas pruebas físicas específicas para descartar otras dolencias. También se realiza un diagnóstico diferencial con patologías que presentan síntomas similares, como la depresión o la ansiedad.
Tratamiento
El tratamiento del trauma tiene diferentes enfoques, por lo que debe hacerse un abordaje personalizado para cada caso. Las terapias más eficaces son:
- Terapia cognitivo-conductual: identifica los patrones de pensamiento negativos para cambiarlos y desterrar las creencias disfuncionales (pensamientos exagerados e irracionales sobre uno mismo y el resto del mundo). El objetivo es que el paciente adquiera las destrezas necesarias para aprender a controlar los sentimientos de ansiedad y miedo, así como los comportamientos autodestructivos. Aprender a procesar los recuerdos ayuda a reducir la culpa y la vergüenza.
- Terapia EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares): la estimulación bilateral para propiciar el movimiento de los ojos mientras el paciente rememora el evento traumático ayuda al cerebro a reprocesar los recuerdos. Como resultado, la intensidad emocional ante la situación se reduce.
- Terapia dialéctico-conductual: el paciente adquiere herramientas para manejar las emociones intensas (regulación emocional, mindfulness, tolerancia al malestar). Ofrece buenos resultados en la mejora de las relaciones personales y los comportamientos autolesivos.
El tratamiento psicológico suele complementarse con medicación para controlar los síntomas más graves y que el paciente esté en condiciones de afrontar la terapia. Los más frecuentes son:
- Antidepresivos: regulan la serotonina y la noradrenalina, que son neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, la ansiedad, la atención y el sueño.
- Ansiolíticos: controlan la ansiedad intensa.























































































