El oftalmólogo de Centro Médico Teknon Ferran Mascaró protagoniza el libro 12 maratons i 1 tatuatge
Gemma Vilanova retrata en su nuevo libro la pasión por correr maratones de su marido, el Dr. Ferran Mascaró, y cómo correr se ha convertido también en una manera de conectar con su hijo Josep, un joven con autismo severo.

El Dr. Ferran Mascaró, oftalmólogo del Centro Médico Teknon, es el protagonista de 12 maratons i 1 tatuatge, el nuevo libro de la escritora Gemma Vilanova, publicado por Símbol Editors. La obra explora la historia de un corredor aficionado que afronta los entrenamientos y las competiciones con la exigencia de un profesional, y reflexiona sobre el esfuerzo, la ambición y la búsqueda constante de nuevos retos.
Pero detrás de los maratones también hay una historia familiar. Correr se ha convertido en una actividad compartida entre Ferran Mascaró y su hijo Josep, un joven con autismo severo, y en una manera de relacionarse y disfrutar del tiempo juntos.
En esta entrevista, el Dr. Mascaró explica cómo nació el libro, qué le impulsa a seguir compitiendo y cómo su experiencia personal ha influido en su manera de ejercer la medicina.
Eres el protagonista de 12 maratons i 1 tatuatge, el nuevo libro de tu mujer, Gemma Vilanova. ¿Cómo surgió la idea de contar tu historia como corredor de maratones?
Hace siete años, Gemma publicó 1 fill inesperat i 1 sofà, un libro sobre la crianza de nuestro hijo Josep que tuvo muy buena acogida, con varias reediciones e incluso una traducción al castellano, El hijo inesperado. Desde hacía tiempo, la editorial le proponía escribir algo parecido, pero ella no se veía haciendo una segunda parte de aquella historia.
El editor, que sabía que corro a menudo con Josep y que comparto estas experiencias en las redes sociales, le propuso explorar esta faceta mía como corredor. Mi afición por correr y los maratones que he corrido podían ser el punto de partida de un nuevo libro.
Al principio, Gemma no acababa de verlo claro. De hecho, creo que empezó a escribir buscando desde qué perspectiva quería enfocar esta historia. A diferencia del primer libro, escrito en primera persona, decidió contarla a través de un narrador omnisciente, que observa a los personajes desde fuera. De esta manera, ella misma también se convierte en un personaje: la mujer de un corredor aficionado que vive el entrenamiento y la competición con la exigencia de un profesional y que encuentra en correr una manera de vivir y de vivir mejor.

¿Cuándo empezaste a correr maratones y qué encontraste en este deporte para que acabara ocupando un lugar tan importante en tu vida?
Empecé a correr hace unos veinte años, sobre todo porque buscaba una manera sencilla de hacer deporte, sin tener que depender de nadie. Siempre había sido muy deportista, pero después de terminar la carrera universitaria me di cuenta de que el tenis, que había practicado de joven, era difícil de compaginar con el día a día: necesitaba encontrar a alguien con quien jugar, disponer de una pista... Al final, prácticamente había dejado de hacer deporte. En cambio, para salir a correr solo tenía que ponerme unas zapatillas.
Los maratones llegaron más adelante, cuando empecé a buscar nuevos objetivos y a plantearme retos. Descubrí que se me daban bien y que, cuanto más me dedicaba a ello, mejores resultados obtenía. Eso me enganchó. Al principio, lo que más me motivaba era esa obsesión por superarme, por mejorar constantemente mis marcas personales. Fue esa búsqueda de nuevos retos lo que acabó convirtiendo el running en una parte tan importante de mi vida.

Gemma describe a un corredor aficionado que se prepara con la exigencia de un profesional. ¿Te reconoces en ese retrato? ¿Crees que esa exigencia también forma parte de tu manera de ejercer la medicina?
Sí, me reconozco plenamente. Esta manera de afrontar el deporte, intentando mejorar constantemente y dedicándole cada vez más tiempo e intensidad, me ha resultado completamente adictiva. Creo que el libro refleja muy bien esta contradicción: soy un corredor aficionado, pero entreno con la intensidad y la exigencia de un profesional.
Y pienso que esto también tiene mucho que ver con mi profesión. Quizá esa necesidad de superación constante y de buscar la excelencia, incluso en una actividad lúdica como correr, viene de mi manera de entender la cirugía oftalmológica, un ámbito en el que la exigencia es máxima y siempre debemos buscar los mejores resultados posibles.

«Soy un corredor aficionado, pero entreno con la intensidad y la exigencia de un profesional».
Cada vez hay más personas que se animan a correr y a participar en carreras populares y maratones. ¿Cómo explicas este auge del running?
Creo que este auge del running se explica por dos factores. Por un lado, es una actividad fácil de practicar y muy gratificante. Con relativamente poco tiempo de dedicación, empiezas a notar mejoras tanto en el rendimiento como en la condición física. Es un deporte que te da resultados y eso te anima a continuar.
Pero tampoco podemos obviar el papel de las marcas deportivas y su interés económico en promocionar esta actividad. Hay toda una industria detrás, con nuevos modelos de zapatillas, ropa cada vez más atractiva y campañas protagonizadas por personas que proyectan una determinada imagen. Todo este marketing ha generado una presión que ha contribuido a poner el running de moda y ha hecho que muchas personas que quizá antes no se habían planteado correr ahora se interesen por ello y empiecen a practicar este deporte.
El libro habla de esfuerzo, ambición y resistencia, pero también de las contradicciones humanas. ¿Qué has aprendido de ti mismo corriendo maratones?
Correr maratones me ha enseñado muchas cosas, sobre todo acerca de mí mismo. He aprendido hasta qué punto estoy dispuesto a sufrir, a encontrar la felicidad en momentos de soledad y a conocerme mejor, tanto física como psicológicamente. Sobre todo, he aprendido cómo reacciono ante las adversidades.
Pero también he aprendido a situarme respecto a los demás.
La competición siempre es un baño de realidad: te permite tomar conciencia de quién eres y no creerte mejor de lo que realmente eres.
El running también ha adquirido un significado especial en vuestra familia. ¿Cómo descubristeis que correr podía ser una manera de conectar con vuestro hijo Josep?

Lo descubrimos a raíz de sus escapadas. Cuando era pequeño, Josep tenía tendencia a escaparse constantemente. De hecho, se perdió varias veces e incluso tuvimos que recurrir a la policía para encontrarlo. Era una situación que nos preocupaba mucho y que nos obligaba, a Gemma y a mí, a estar siempre pendientes de él, especialmente cuando estábamos en espacios abiertos.
Un día, en la playa de Tamariu, en lugar de intentar retenerlo como hacíamos habitualmente, decidí seguirlo a una distancia prudencial. Empezó a correr por el camino de ronda, incluso descalzo, y yo lo seguía desde lejos. Acabamos recorriendo más de cuatro kilómetros. Al día siguiente me puse unas zapatillas, cogí una botella de agua y decidí volver a intentarlo. Aquel día corrimos casi diez kilómetros por la montaña, durante más de una hora, y Josep estaba contento y feliz.
Descubrí que era una actividad que a él le encantaba y que yo también podía disfrutar, porque, además, me servía para entrenar. Así nació una rutina compartida. Durante mucho tiempo he adaptado mi horario para dedicarle una tarde a la semana. Salíamos de casa, cerca de Teknon, y subíamos corriendo hasta el Tibidabo. Una vez arriba, nos hacíamos una fotografía y Josep se tomaba un Calippo mientras contemplábamos Barcelona desde el mirador.
Para mí, lo más importante es que correr nos ha permitido conectar de una manera diferente. Cuando corremos juntos, no estoy cuidando de mi hijo con una discapacidad, sino que estamos compartiendo una actividad que nos gusta a los dos. Ninguno de los dos dedica su tiempo al otro: simplemente disfrutamos de estar juntos.
«Ninguno de los dos dedica su tiempo al otro: simplemente disfrutamos de estar juntos».
¿Qué papel tiene actualmente el deporte en vuestra relación con Josep? ¿Hay algún momento especial que recuerdes?
A medida que Josep ha ido creciendo, y especialmente con la llegada de la pubertad y de nuevas alteraciones neurológicas asociadas a su autismo severo, correr se ha convertido prácticamente en la única actividad que nos permite conectar y estar bien juntos.
Ya no nos limitamos a subir al Tibidabo, sino que también nos preparamos para participar en carreras populares, como la Cursa dels Nassos o la Jean Bouin, en Barcelona.
Uno de los momentos más especiales fue el año pasado, cuando Josep completó la Media Maratón de Puigcerdà en menos de dos horas. Fue el padrino de la carrera y el primer corredor con autismo severo que completaba una media maratón en nuestro país. Yo estaba lesionado y tuve que acompañarlo en bicicleta, pero su hermana, Jana, corrió toda la carrera cogida de su brazo. Fue un día muy emocionante.
Después repetimos la experiencia en la Media Maratón de Granollers, esta vez bajo un aguacero impresionante. Yo ya me había recuperado y pude correr a su lado.
Para nosotros, correr no es solo una actividad del presente, sino que espero que también lo sea en el futuro. Es una manera de compartir tiempo, disfrutar juntos y ser felices.
«Correr se ha convertido prácticamente en la única actividad que nos permite conectar y estar bien juntos».
Como médico y padre de un joven con trastorno del espectro autista, has vivido la atención sanitaria desde dos perspectivas diferentes. ¿Esta experiencia ha cambiado tu manera de entender las necesidades de los pacientes y sus familias?
Convivir con una persona como Josep, que tiene dificultades cognitivas y de comunicación importantes, ya que no habla y comprende muy poco el lenguaje, así como alteraciones neurológicas asociadas, como tics vocales y motores, hace que la relación con el sistema sanitario sea compleja.
Para Josep es muy difícil esperar y entender muchas de las situaciones que conlleva la atención sanitaria. Esta experiencia te permite ver en qué lugares te comprenden y te atienden bien y en cuáles no, y te enseña a ser más paciente, sobre todo cuando estás al otro lado de la consulta, como médico.
Siempre digo que convivir con Josep me ha entrenado, y me sigue entrenando cada día, para ser mejor oftalmólogo y cuidar mejor de mis pacientes. Creo que el doctor Mascaró de hoy es, en muchos aspectos, un médico mejor gracias al hecho de ser padre de Josep.
«Convivir con Josep me ha entrenado, y me sigue entrenando cada día, para ser mejor oftalmólogo y cuidar mejor de mis pacientes».
Después de tantos kilómetros, ¿qué te sigue motivando a ponerte las zapatillas y salir a correr?
Lo que me sigue motivando, después de tantas carreras, maratones y marcas personales superadas, es la competición. Quizá ya no tanto contra mí mismo, porque a medida que me hago mayor cada vez es más difícil seguir mejorando mis registros.
Pero desde hace un tiempo he descubierto un nuevo aliciente: competir con corredores de mi edad. Ahora estoy federado y participo en competiciones de atletismo máster, que me permiten competir con deportistas de la misma categoría de edad.
De hecho, espero con muchas ganas el cambio de categoría del año que viene, cuando cumpliré 55 años. Confío en que eso me permita ser más competitivo en los campeonatos de Cataluña o de España, y quién sabe si algún día en un campeonato del mundo de maratón. Este nuevo reto mantiene mi ilusión y mis ganas de seguir entrenando.
¿Qué te gustaría que descubrieran los lectores a través de este libro?
El libro es, sobre todo, una historia entretenida y divertida. Gemma lo ha escrito para que el lector disfrute leyéndolo. Pero, más allá de esta primera lectura, creo que también invita a una reflexión más profunda: ¿por qué una persona encuentra en el hecho de correr una actividad tan importante y qué le aporta?
Pienso que esta es la segunda lectura del libro: descubrir hasta qué punto la competición y esa adicción por mejorar pueden trasladarse a todos los ámbitos de la vida y hacerla más intensa, más divertida y más feliz.
Al final, se trata de entender cómo una actividad como correr puede ayudarte a mejorar en muchos aspectos y cómo, incluso cuando tienes una vida compleja o difícil, encontrar la manera de afrontar los retos puede hacerte más feliz.





