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En los últimos años se ha extendido la percepción de que eliminar determinados alimentos de la dieta —como la lactosa o el gluten— es, por sí mismo, una opción más saludable. Cada vez es más habitual encontrar personas que, sin un diagnóstico médico previo, deciden retirar estos alimentos como respuesta a molestias digestivas frecuentes tras las comidas o porque lo asocian, erróneamente, con un mayor bienestar digestivo.

Dolor abdominal, hinchazón, gases, pesadez o sensación de cansancio son síntomas habituales que generan inquietud. Ante su aparición, resulta fundamental realizar una valoración clínica adecuada que permita determinar si responden a una intolerancia, una alergia u otra patología, antes de eliminar alimentos de la dieta.

"El malestar digestivo es uno de los motivos de consulta más habituales que nos encontramos y no siempre responde a una intolerancia, alergia alimentaria, o diagnóstico de celiaquía. Eliminar alimentos sin una base clínica es un error y, en algunos casos, puede ser contraproducente", explica la Dra. Carmen Elena Jauregui, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud del Vallès.


¿Qué puede haber detrás de las molestias digestivas?

Aunque las molestias digestivas suelen manifestarse con síntomas similares, su origen puede ser muy diverso y no siempre está relacionado directamente con un factor dietético concreto.

Desde el punto de vista clínico, estas molestias pueden corresponder a:

  • Alergia alimentaria, cuando existe una reacción del sistema inmunológico frente a un alimento. Suele aparecer de forma rápida tras la ingesta y, en algunos casos, puede ser grave. Requiere un diagnóstico preciso y medidas específicas de prevención.
  • Intolerancia alimentaria, cuando el aparato digestivo no procesa adecuadamente determinados componentes, como la lactosa, la fructosa o algunos azúcares fermentables. En estos casos, los síntomas suelen depender de la cantidad ingerida y no implican un mecanismo inmunológico.
  • Enfermedad celíaca, una patología autoinmune crónica desencadenada por el gluten, que provoca daño en la mucosa intestinal. Su diagnóstico requiere pruebas específicas y, una vez confirmado, exige una dieta estricta sin gluten.
  • Trastornos digestivos funcionales, muy frecuentes en la población general, en los que no se detecta una lesión orgánica concreta. En su aparición influyen factores como el estrés, los hábitos de vida, el ritmo de las comidas, la sensibilidad digestiva individual o la interacción entre el sistema digestivo y el sistema nervioso.

"Es importante entender que síntomas parecidos no significan necesariamente el mismo diagnóstico. Por eso, ante molestias persistentes, es fundamental una valoración médica antes de modificar la dieta que permita identificar la causa y orientar correctamente el tratamiento", señala la Dra. Jauregui.


La importancia de un diagnóstico adecuado

La presencia de molestias digestivas tras las comidas no debe interpretarse de forma aislada ni abordarse únicamente mediante cambios dietéticos. La frecuencia de los síntomas, su persistencia en el tiempo, la intensidad y su asociación con otros signos —como pérdida de peso, anemia, diarrea crónica o dolor nocturno— son elementos clínicos relevantes que orientan la necesidad de estudio.

La retirada de alimentos sin una evaluación previa puede modificar temporalmente la sintomatología, pero también dificultar el diagnóstico posterior, especialmente en patologías como la enfermedad celíaca o determinadas intolerancias, cuyo estudio requiere que el alimento sospechoso siga presente en la dieta durante la fase diagnóstica.

"Una valoración médica adecuada permite decidir qué pruebas son necesarias, evitar exploraciones innecesarias y establecer un abordaje basado en evidencia, adaptado a cada caso", apunta la especialista.


Riesgos de eliminar alimentos sin indicación médica

Más allá del riesgo de déficits nutricionales, la eliminación innecesaria de determinados alimentos puede alterar el funcionamiento del aparato digestivo y generar problemas que no existían previamente.

En el caso de la lactosa, las personas con intolerancia presentan un déficit de lactasa, la enzima necesaria para digerir este azúcar presente en la leche y sus derivados. Cuando la lactosa no se absorbe correctamente, fermenta en el intestino y provoca síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases o diarrea. En estos pacientes, la retirada parcial o total de la lactosa está indicada y forma parte del tratamiento.

Sin embargo, en personas sin intolerancia, eliminar la lactosa no aporta beneficios adicionales para la salud. No mejora la digestión ni previene enfermedades. Además, algunos estudios sugieren que la producción de lactasa puede adaptarse al consumo habitual de lactosa, por lo que una eliminación prolongada e injustificada podría reducir esta capacidad y favorecer la aparición de síntomas al reintroducirla.

Algo similar ocurre con el gluten. Salvo en el caso de la enfermedad celíaca —que requiere una dieta estricta y permanente— o en situaciones clínicas concretas, retirar el gluten sin diagnóstico no ha demostrado beneficios claros. Iniciar una dieta sin gluten antes de llevar a cabo un estudio médico puede dificultar o incluso invalidar el diagnóstico, retrasando la identificación correcta del problema.


Cuidar la salud digestiva, clave para el bienestar

Más allá de su función en la digestión de los alimentos, alberga una compleja red de neuronas y microorganismos que interactúan con el sistema nervioso y el sistema inmunológico, motivo por el que a menudo se lo describe como el "segundo cerebro". Su correcto funcionamiento influye no solo en la digestión, sino también en el nivel de energía, el estado de ánimo y la respuesta inflamatoria del organismo.

Por este motivo, la relación entre alimentación y bienestar digestivo es compleja y variable entre personas. Un diagnóstico adecuado permite diferenciar entre causas orgánicas y funcionales y establecer recomendaciones dietéticas seguras, equilibradas y personalizadas.

"Cuidar la salud digestiva implica entenderla como un sistema complejo que necesita equilibrio y seguimiento médico. Adoptar decisiones basadas en evidencia clínica y acompañadas por profesionales es la mejor manera de preservar ese equilibrio y evitar que modas alimentarias sin fundamento acaben generando nuevos problemas de salud", concluye la Dra.Jauregui, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud del Vallès.