Lupus, una enfermedad autoinmune con síntomas muy diversos y difícil de reconocer

Lupus, una enfermedad autoinmune con síntomas muy diversos y difícil de reconocer

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14 de mayo de 2026
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En circunstancias normales, el sistema inmunitario protege al organismo frente a infecciones y otros agentes externos. Sin embargo, en algunas ocasiones este mecanismo puede alterarse, como en el caso del lupus, una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca por error a los propios tejidos sanos del cuerpo. Esa respuesta puede provocar inflamación y daño en distintos órganos como la piel, los riñones, las articulaciones, el corazón, los pulmones o el sistema nervioso, lo que explica que sus síntomas puedan ser tan variados.

Esa variedad de manifestaciones es también una de las razones por las que el lupus no siempre se reconoce con rapidez. Aunque no se trata de una enfermedad frecuente, su impacto clínico es significativo. Según la Sociedad Española de Reumatología, el lupus eritematoso sistémico, la forma más común de la enfermedad, tiene una prevalencia aproximada del 0,21% en España, lo que supone cerca de 75.000 personas afectadas.

"El lupus es una enfermedad compleja porque puede afectar a distintos órganos y presentarse de formas muy diferentes en cada paciente. Por eso, muchas veces los síntomas no se reconocen de inmediato", explica la Dra. Laia Orpinell, especialista en Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.


Un mismo nombre para formas muy distintas de enfermedad

Bajo el término lupus se agrupan varias formas de esta patología. La más frecuente es el lupus eritematoso sistémico (LES), que puede afectar a múltiples. También existen formas cutáneas, que afectan principalmente a la piel; el lupus discoide, que puede provocar lesiones en forma de placas, especialmente en zonas expuestas al sol; el lupus inducido por medicamentos, relacionado con determinados fármacos; y formas menos frecuentes, como el lupus neonatal.

Lo importante es entender que no se trata de una enfermedad con una única cara. A veces las primeras señales aparecen en la piel, como el eritema malar o en "alas de mariposa" sobre mejillas y nariz. En otros casos predominan la fatiga persistente, el dolor y la inflamación articular, la fiebre sin una causa aparente o una mayor sensibilidad al sol.

También puede haber afectación renal, alteraciones hematológicas, problemas de coagulación, dolor torácico por inflamación del corazón o del pulmón, o síntomas neurológicos. Esta diversidad de síntomas, que no siempre aparecen a la vez ni con la misma intensidad, hace que el lupus pueda confundirse con otras enfermedades.

"Lo que suele dificultar el diagnóstico es precisamente que los síntomas no siguen siempre el mismo patrón. Hay pacientes en los que predominan las manifestaciones cutáneas, otros en los que el problema principal es articular y otros en los que la enfermedad debuta con afectación de órganos internos", señala la Dra. Orpinell.


Diagnóstico: un proceso que puede ser complejo

Para confirmar el diagnostico de lupus no depende de una única prueba, sino de la combinación de la historia clínica, la exploración física y determinadas analíticas. El especialista valora el tipo de síntomas, su evolución en el tiempo y la presencia de autoanticuerpos u otros marcadores que ayuden a orientar el cuadro.

Una vez confirmado, el seguimiento resulta clave para valorar cómo evoluciona la enfermedad, detectar posibles cambios a tiempo y ajustar el tratamiento según las necesidades de cada paciente. Esa vigilancia continuada permite controlar mejor la actividad del lupus y reducir el impacto que puede tener sobre distintos órganos y sobre la calidad de vida.

"Diagnosticar permite entender qué está pasando y adaptar el seguimiento y el tratamiento a la realidad de cada paciente, algo fundamental en una enfermedad tan diversa como el lupus", explica la especialista.


dra-laia-orpinell-huscdra-laia-orpinell-huscConvivir con el lupus

Aunque el lupus no tiene cura en la actualidad, los tratamientos disponibles permiten controlar la enfermedad, reducir los brotes y mejorar de forma notable la calidad de vida de los pacientes.

Entre las opciones terapéuticas del lupus eritematoso sistémico destacan como primera línea los antipalúdicos (hidroxicloroquina ) y los corticoides. En función de la gravedad y la afectación orgánica, pueden añadirse FAMEs convencionales y en casos seleccionados o refractarios, fármacos biológicos. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) pueden utilizarse de forma más puntual para el control sintomático, aunque tienen un papel más limitado.

Además del tratamiento farmacológico, adoptar hábitos saludables puede ayudar a mejorar el bienestar general. La actividad física moderada, la organización del descanso para controlar la fatiga, evitar el tabaco y el alcohol, y proteger la piel frente a la radiación solar son recomendaciones habituales en el manejo de la enfermedad.

"El seguimiento permite ajustar el tratamiento a cada momento de la enfermedad y acompañar al paciente de una forma más precisa. Ese control continuado es una parte fundamental para convivir con el lupus con más estabilidad y mejor calidad de vida", concluye la jefa de servicio de Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.

A ello se suma que, en los últimos años, proyectos impulsados por la Sociedad Española de Reumatología, como el registro RELESSER, han contribuido a conocer mejor cómo se comporta el lupus en la práctica clínica real, qué complicaciones son más frecuentes y qué factores influyen en su evolución. Ese conocimiento resulta clave para seguir mejorando el diagnóstico, el seguimiento y las decisiones terapéuticas.

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