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Las olas de calor son episodios cada vez más frecuentes que pueden afectar a cualquier persona. La exposición prolongada a temperaturas elevadas puede desencadenar desde deshidratación hasta un golpe de calor, una situación que requiere atención médica urgente. Según los expertos, muchos de estos casos podrían evitarse con información y actuación temprana. "La clave está en no esperar a encontrarse muy mal para pedir ayuda. Ante los primeros síntomas, hay que actuar", advierte el Dr. Bernardo Gamboa, Responsble del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Badalona.

¿Qué es exactamente una ola de calor y por qué es peligrosa?

Se considera ola de calor cuando las temperaturas superan los valores máximos habituales de la zona durante al menos tres días consecutivos. El problema no es solo el calor en sí, sino la dificultad del organismo para regular su temperatura interna. Cuando el cuerpo no puede enfriarse correctamente, los órganos vitales empiezan a verse afectados. "El cuerpo humano tiene mecanismos de regulación térmica muy eficientes, pero tienen un límite. Cuando se superan, las consecuencias pueden ser graves en cuestión de horas", explica el doctor.

¿Cuáles son los signos de alerta que deben preocuparnos?

Existen síntomas que indican que el calor está afectando seriamente al organismo y que requieren atención médica inmediata. Los más importantes son:

  • Temperatura corporal superior a 40 °C sin sudoración, acompañada de piel seca y caliente.
  • Confusión, desorientación o pérdida de consciencia: señales de que el cerebro está siendo afectado.
  • Náuseas, vómitos o dolor de cabeza intenso que no cede.
  • Pulso rápido y débil, acompañado de mareo o sensación de desmayo.
  • Orina oscura o reducción notable de la cantidad de orina, señal clara de deshidratación.

¿Qué hacer si alguien sufre un golpe de calor?

El golpe de calor es una emergencia médica. Mientras se espera la llegada de los servicios de emergencia, hay pasos concretos que pueden salvar una vida: trasladar a la persona a un lugar fresco o con aire acondicionado, aplicar compresas de agua fría en cuello, axilas e ingles, y ofrecerle agua si está consciente y puede tragar sin dificultad. "Refrescar el cuerpo cuanto antes es prioritario. Cada minuto con la temperatura corporal muy elevada aumenta el riesgo de daño en órganos vitales", subraya el especialista. Nunca se debe dejar sola a la persona ni darle medicamentos para bajar la fiebre, ya que en este caso no son efectivos.

Un error frecuente es intentar bajar la temperatura de forma brusca sumergiendo a la persona en agua fría. Este cambio brusco de temperatura puede ser perjudicial, ya que puede provocar un shock térmico, contracciones musculares involuntarias o incluso alterar el ritmo cardíaco. Lo correcto es refrescar el cuerpo de manera progresiva.

¿Quién tiene más riesgo ante una ola de calor?

Aunque el calor extremo puede afectar a cualquier persona, hay grupos que presentan una mayor vulnerabilidad:

  • Las personas mayores de 65 años
  • Los niños menores de 4 años
  • Las embarazadas
  • Quienes padecen enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o problemas renales.
  • Personas que trabajan o hacen ejercicio al aire libre y
  • Quienes toman ciertos medicamentos, ya que algunos fármacos pueden dificultar la regulación térmica del organismo.

¿Cómo prevenir los efectos del calor extremo?

La prevención sigue siendo la mejor herramienta. Beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día (sin esperar a tener sed), evitar salir al exterior en las horas centrales del día (entre las 12 h y las 17 h), usar ropa ligera y de colores claros, y protegerse del sol con sombrero y crema solar son medidas básicas pero muy eficaces. También es importante revisar regularmente a personas mayores que viven solas, ya que son las más vulnerables y a menudo no reconocen los primeros síntomas. "En verano, una llamada de teléfono a un familiar mayor puede ser, un acto que salve su vida", concluye el doctor.