Vitamina D y suplementación: cuándo puede ser necesaria y por qué no conviene tomarla por cuenta propia

En los últimos años ha aumentado el interés por la vitamina D y por su posible déficit, especialmente en personas con poca exposición solar, rutinas de interior o determinados factores de riesgo. En la práctica, ese mayor conocimiento se ha traducido en un aumento del consumo de suplementos, que no siempre está acompañado de una valoración médica previa.
Por ello, conocer qué funciones cumple la vitamina D, cómo se obtiene y en qué situaciones puede estar indicada la suplementación resulta clave para evitar tanto déficits no tratados como un uso innecesario o inadecuado de estos complementos.
¿Qué es la vitamina D y para qué sirve?
"Cuando hablamos de vitaminas, es importante entender que no todas se comportan igual. Algunas se eliminan con más facilidad, mientras que otras, como la vitamina D, se almacenan en el organismo. Esa diferencia es relevante porque condiciona tanto su indicación como la forma de administrarla", explica la Dra. Laia Orpinell, especialista en Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Existen dos grandes grupos de vitaminas:
- Hidrosolubles, como las vitaminas del grupo B y la vitamina C, se disuelven en agua y se eliminan por la orina, por lo que deben incorporarse de forma regular a través de la alimentación.
- Las liposolubles, como las vitaminas A, D, E y K, se absorben junto con las grasas y pueden almacenarse en el hígado y el tejido adiposo.
La vitamina D forma parte de este segundo grupo. Su función más conocida es favorecer la absorción del calcio y contribuir al mantenimiento de una adecuada salud ósea, pero también interviene en el funcionamiento muscular, el sistema inmunitario y otros procesos del organismo.
Las fuentes de la vitamina D
La vitamina D se puede obtener de tres formas distintas: a través de la exposición solar, de los alimentos y, cuando está indicado, de la suplementación.
La exposición solar es una de las principales vías de síntesis de vitamina D. De forma orientativa, en población general puede ser suficiente una exposición breve y controlada, de unos 10-15 minutos al día en cara y brazos, aunque el tiempo necesario varía según la estación del año, la edad, el tipo de piel, la latitud, la superficie corporal expuesta y el uso de fotoprotección.
También existen alimentos que aportan vitamina D, aunque en cantidades variables. Entre ellos se encuentran los pescados azules, como salmón, atún o caballa; la yema de huevo; algunos lácteos enteros y productos enriquecidos.
En cualquier caso, la exposición solar no debe entenderse como una recomendación para tomar el sol sin protección ni durante las horas de mayor radiación. Tras una exposición breve y prudente, es importante aplicar fotoprotección adecuada y mantener medidas de protección frente a la radiación ultravioleta.
Cuándo puede ser necesaria la suplementación
La determinación de vitamina D no se realiza de forma rutinaria en toda la población. Suele indicarse cuando existe sospecha de déficit o alteraciones de su metabolismo, como puede ocurrir en personas con enfermedades óseas, mayores institucionalizados, pacientes con malabsorción, enfermedades crónicas o tratamientos que pueden interferir en su acción.
"La clave no es suplementar por rutina, sino identificar quién lo necesita. En consulta podemos valorar si hay factores de riesgo, solicitar una analítica cuando esté indicada y ajustar la dosis y la duración del tratamiento. Así evitamos tanto déficits no tratados como un uso innecesario o excesivo de suplementos", afirma la Dra. Orpinell.
El exceso de vitamina D puede provocar toxicidad y elevar los niveles de calcio en sangre, lo que se conoce como hipercalcemia. Esta situación puede causar náuseas, debilidad, alteraciones cardíacas y daño renal, incluidos cálculos o deterioro de la función renal.
Por ello, antes de iniciar una suplementación, conviene consultar con un profesional sanitario. La valoración médica permite decidir si realmente es necesaria, ajustar la dosis y evitar un uso prolongado o inadecuado que pueda implicar riesgos para la salud.
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