Dolor de huesos
El dolor óseo provoca molestias de intensidad diversa en uno o varios huesos. Suele darse de forma continua, por lo que puede resultar invalidante para el paciente.
Síntomas y causas
El dolor óseo se caracteriza por la incomodidad o la molestia intensa en uno o varios huesos. Suele estar relacionado con una anomalía estructural o un cambio en su funcionalidad derivado de una enfermedad grave.
Las características del dolor de huesos difieren dependiendo de la causa subyacente. Mientras que algunos pacientes lo perciben de forma continua, en otros se acentúa al estar en reposo o al realizar movimientos. Aunque con frecuencia se confunde con el dolor articular, el dolor óseo tiene una mayor persistencia y suele manifestarse de forma sorda y profunda, por lo que la calidad de vida se reduce considerablemente.
El dolor de huesos puede estar acompañado de otra sintomatología, que varía en función de la enfermedad subyacente. Con frecuencia está asociado a inflamación, calor local, enrojecimiento, rigidez, fatiga y dificultad para moverse.
Síntomas
Las características principales del dolor óseo son las siguientes:
- Molestia persistente, difusa y constante que puede ser difícil de localizar (dolor sordo).
- Profundidad: parece surgir del núcleo del hueso.
- Sensibilidad al tacto.
- En la mayoría de los casos, se mantiene en todo momento, incluso cuando se permanece en reposo, por lo que se dificulta el descanso.
Dependiendo de la patología que lo provoca, el dolor de huesos puede estar acompañado de otros signos de enfermedad:
- Inflamación.
- Enrojecimiento.
- Deformidad visible.
- Fragilidad ósea.
- Limitación de movimiento.
- Fiebre.
- Fatiga.
- Debilidad generalizada.
Causas
El dolor de huesos puede ser un síntoma de:
- Traumatismo.
- Fracturas.
- Fisuras.
- Sobrecarga.
- Cáncer de huesos.
- Metástasis: cáncer originado en otro órgano que se ha desplazado hasta los huesos. Normalmente, cáncer de próstata, pulmón, mama, tiroides o riñón.
- Osteomielitis: infección del hueso y la médula ósea, normalmente causada por el estafilococo.
- Osteoporosis: disminución de la densidad de los huesos que causa debilidad ósea.
- Leucemia: cáncer que se origina en la médula ósea y afecta a los tejidos que forman la sangre.
- Inflamación sistémica: respuesta inmunitaria que afecta a todo el organismo.
- Lupus eritematoso sistémico: enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunitario ataca los tejidos sanos.
- Osteomalacia: desmineralización y ablandamiento del hueso por falta de minerales.
- Raquitismo: debilitamiento, reblandecimiento y deformación de los huesos, que no se desarrollan adecuadamente.
- Enfermedad de Paget: patología crónica que causa un crecimiento excesivo de los huesos, que suelen ser más débiles de lo normal.
- Suministro deficiente de sangre a los huesos.
- Deficiencias nutricionales, como la falta de calcio o vitamina D.
Factores de riesgo
Los factores que aumentan el riesgo de tener dolor de huesos, además de las enfermedades que lo provocan, son:
- Sedentarismo y falta de actividad física.
- Malas posturas.
- Movimientos repetitivos o uso excesivo.
- Dieta pobre en calcio (presente en los lácteos, el pescado azul, las verduras de hoja verde, las legumbres o los frutos secos) y vitamina D (pescados grasos, yema del huevo, hígado, hongos, quesos o cereales).
- Tabaquismo: reduce el flujo sanguíneo y la oxigenación del tejido óseo, además de disminuir la absorción del calcio.
- Consumo de alcohol: dificulta la absorción de nutrientes fundamentales para la buena salud de los huesos, como el calcio y la vitamina D. Es un factor clave en la pérdida de masa ósea.
- Obesidad: aumenta la presión en las articulaciones, que se debilitan y deben realizar un sobreesfuerzo que deriva en inflamación. La hinchazón articular afecta a la estructura de los huesos.
Complicaciones
Las complicaciones derivadas del dolor de huesos tienen relación con la enfermedad que las causa, no con el dolor en sí. Entre las más destacadas, están:
- Osteonecrosis: muerte del tejido óseo. Suele darse cuando se interrumpe el flujo sanguíneo por completo.
- Fracturas recurrentes como consecuencia de la osteoporosis.
- Artritis séptica: la infección del hueso se extiende hasta la articulación.
- Artrosis: inflamación articular crónica.
- En niños, problemas de crecimiento.
- Hipercalcemia: exceso de calcio en la sangre debido a la destrucción ósea derivada de tumores cancerosos, metástasis o inmovilización prolongada por la pérdida de masa ósea.
- Compresión medular que puede provocar parálisis.
- Pérdida de masa muscular por falta de uso.
- Alto grado de dependencia o discapacidad debido a la dificultad para moverse o llevar a cabo tareas cotidianas.
¿Qué médico trata el dolor de huesos?
El dolor óseo se trata en las especialidades de Reumatología y Traumatología y Cirugía ortopédica.
Diagnóstico
El diagnóstico de aquellas patologías que causan dolor de huesos, suele incluir alguna de las siguientes pruebas:
- Anamnesis e historia clínica: el especialista recopila información sobre los antecedentes médicos y familiares del paciente, así como de su estilo de vida. Además, se interesa por la aparición, evolución y características del dolor.
- Análisis de sangre: ayudan a determinar el factor reumatoide o encontrar los anticuerpos antinucleares responsables del lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide. También detecta si hay exceso de calcio o deficiencia de vitamina D.
- Análisis de orina: el exceso de calcio en la orina puede ser un indicio de osteoporosis, enfermedad de Paget o metástasis ósea.
- Radiografía de hueso: ofrecen imágenes de los huesos en las que se pueden detectar fisuras, fracturas, tumores o infecciones.
- Resonancia magnética: además de los huesos, se pueden ver los tejidos blandos, por lo que permiten identificar lesiones en los tendones, los ligamentos, los músculos o las bolsas sinoviales.
- Gammagrafía óseaGammagrafía óseaGammagrafía : se inyecta un radiofármaco que se adhiere a las células que se multiplican rápidamente. Al emitir rayos gamma para obtener las imágenes, esta sustancia aparece en un tono más brillante, por lo que es más sencillo detectar tumores o focos infecciosos.
- Densitometría ósea: mide el grado de mineralización del hueso para descartar o confirmar la osteoporosis.
Tratamiento
El dolor de huesos se puede aliviar con la aplicación de frío o calor cuando es leve. Si la intensidad es moderada se trata con analgésicos, como el paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos y, si es muy intenso, con opioides.
Las enfermedades que producen el dolor óseo requieren otros abordajes para curarlas o, al menos, reducir la intensidad de los síntomas. Algunos de los más habituales son:
- Antibióticos para las infecciones.
- Inmovilización y reposo para las fracturas.
- Fisioterapia.
- Suplementos de vitaminas, como el calcio y la vitamina D.
- Terapia inmunológica, quimio o radioterapia para el cáncer de huesos.
- Cirugía para extirpar tumores, retirar fragmentos de huesos o fijar fracturas complejas.









































































































